De mi casa se fue un adolescente y volvió un despojo

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Por Marea, 3.12.2007


Gracias Dolorida por tu escrito "El dolor de los familiares", has podido escribir lo que durante años yo tambien he sufrido. Mi hermano más cercano fue numerario muchos años, desde que tenía 14. Al principio me sentía orgullosa porque mi familia al completo es miembro del opus, y en ese tiempo, con 10 años, creía que pertenecer allí era una cosa muy importante.

Pero fui creciendo y pensando por mí misma, apartándome de todo lo que tenía que ver con toda esa historia, o con la iglesia. Mi hermano y mis padres sufrían en silencio esa rebeldía mía tan marcada. La verdad, he vivido como he querido, buscando la verdad que me llenara, a mí el opus no me engañó, es más, me dijeron que me fuera y no volviera nunca más a sus centros, porque yo era la manzana podrida y podía contagiar a las demás. Menos mal, ni siquiera pude entrar en sus colegios, gracias a dios, si es que existe, claro.

Pero un día, muchos años después, muchas rebeldías después, todo cambio... y mi hermano volvió a casa, enfermo, angustiado, drogado con pastillas, en reposo. Ya no les servía, había sufrido tanto, pero tanto, que acabó con una depresión bastante delicada, supongo que no pudo más con la presión, y lo devolvieron. De mi casa se fue un chico adolescente, de 14 años con ilusiones, lleno de vida, y volvió un despojo. Me dolía ver como convencieron a mis padres que no podía seguir en el centro, porque ya no podía ni estudiar ni trabajar. Es decir, no les servía más.

A mi me daba una pena, una rabia, no entendía qué había pasado, todo era un secreto, solo se que les odiaba, me robaron a mi hermano, una parte de su vida y no les importó nada.

Hasta mis padres se sintieron decepcionados con esta vuelta, como si tuviera la culpa el pobre!!!!. Tiene tela mi familia, lo sé muy bien.

Aún recuerdo, esas navidades patéticas en el centro donde él estaba, con esas canciones en latin que no entendía y encima rezando con esa gente que no conocía, lo que menos me apetecía era estar alli, pero al menos podía ver a mi hermano.

El recuerdo más doloroso, y que él no se acuerda, fue cuando le pregunté, con toda inocencia, si iba a ser cura. No me olvidaré jamás, me dio vuelta la cara de una bofetada, luego me pidió perdon, pero yo le miré sin entender, lo que ahora sí entiendo, estaban presionándolo demasiado.

Ahora ya todo pasó, pero nunca les perdonaré lo que nos hicieron, y tampoco a la iglesia, que tiene la misma culpa, por permitir estas cosas y no ponerle fin a esta locura de secta.



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