De despistes y fueras de juego

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Por Supo, 7.03.2008


Aprovecho para contar a continuación, mi último 19 de marzo en la Obra, al objeto que sirva de estrategia.

Yo había decidido que me iba de la Obra mucho antes, casi en el mes de abril anterior. Claro que no quería decirlo y es cierto que tenía mis dudas sobre si podía sobrepasar el momento que estaba viviendo. Sin sentimiento de culpa, yo meditaba sobre mi futuro. Quizá lo que hice mal, para los miembros de la Obra, es que no lo hablé en la dirección espiritual. No lo hablé porque en muchas ocasiones anteriores no había encontrado la solución a mis problemas espirituales, no había encontrado la guía que se espera en la dirección para salir adelante. Así, que tenía que ser yo -y debe ser así- quien solucionase mi situación.

En esta circunstancia lo mejor era esperar a la fidelidad, que haría antes del 19 de marzo siguiente. Y comunicarlo en ese momento. Así viví varios meses en los centros que me tenían asignados. Para los supernumerarios esto es más fácil pues no estás todos los días en el tunel: levantarte, oración, misa, desayuno, trabajo, comida, tertulia, rosario, trabajo, oración, cena, tertulia... Siempre acompañado de tus hermanos, cuando no vigilado por alguno. El super puede faltar un día a una norma y no se entera más que Dios. El numerario tiene que hacer muchos normas en familia y tiene que comer en familia, cenar en familia, descansar en familia.

Bueno, a lo que íbamos. Me llamaron de la Delegación para hacer la charla previa. Y allí, ante la pregunta de si haría la fidelidad, solté lo que quería: no sigo, esto no es para mí. El tipo, recién fallecido por cierto, me mandó para mi Centro y llamó por teléfono. El director de mi Centro me llamó. Volví a tener una charla con él sobre la fidelidad. ¿Cómo era posible que no hubiera dicho nada? ¿Cómo era posible que acabándose de marchar hacía poco otro numerario yo no hubiera dicho nada en ese momento? Para mis adentros pensaba: si lo hubiese dicho, me hubieras dado la paliza. Ahora queda poco y me la daréis poco. De hecho, a mí no me dieron mucho la paliza. Me dijeron que tenía que confesarme de no cumplir mis compromisos con Dios. Así lo hice y el cura, que seguro estaba al tanto, no me dijo nada especial. Cierto es que no tenía mucho tiempo porque me confesé durante la oración de la mañana y había que celebrar la misa. En cualquier caso, se comprobó que lo que se deseaba era cumplir un formalismo. Te confiesas de algo: no cumplir mi compromiso con Dios y punto.

Viví poco más de un mes en el centro y pocos días antes de que me tocara la fidelidad y posteriormente sería 19 de marzo, me marché. El 20 de marzo se acercó el director de mi centro y en un pasillo de la Universidad me preguntó si había renovado. Le dije que no. Y me dijo que ya no era de la Obra. Yo pensé que hacía mucho que no era de la Obra. Me sentó mal que aquello fuera en un pasillo, una convesación vulgar. Cuando pité, me llevaron a dar un hermoso paseo por una ciudad hermosísima, entré en el despacho del cura, entré en el despacho del director, al que no había entrado hasta entonces, me prestaron una pluma, todo fueron abrazos y parabienes. No digo que me hubiesen hecho una fiesta (estarían siempre de fiesta), pero preguntarte en un pasillo... por el que estaban pasando cientos de estudiantes... Ni siquiera me llevó a un despacho, o me dijo demos un paseo por el hermoso campus. Nada de nada.

Por lo tanto, como decía Agustina en respuesa a un supernumerario: si no has hecho la fidelidad: despareces varios días y el 21 dices algo así como "Ay, se me olvidó renovar" o más divertido despareces y cuando al cabo de varios días te llamen dices: "Ay, se me olvidó renovar y como ya no soy de la Obra, lo siento no vuelvo". Porque la teoría dice que el que no renueva, no es de la Obra. Lo mejor es ni llamar. Cuando llame el encargado para el círculo, le das las gracias y no dices nada. Que sean ellos los que se pongan nerviosos buscándote. Los numerarios que viven en un centro. Haced la maleta el 19, no pagéis el mes en el centro, y el 20 os vais a vivir a otro lugar, como a una pensión, la casa de vuestros padres, etc.

El que haya hecho la fidelidad, que escriba la carta con las hermosas frases que le pidan y se marche.

El que quiera renovar, que renueve, pero de paso que piense si puede renovar la Obra, como Santa Teresa renovó el Carmelo. Ahora, ese será más santo que la santa, seguro.

Hay testimonios en esa web acerca de lo pesados que son, de las persecuciones y presiones al que se quiere marchar para que no se marche. No es mi caso. No sé por qué. Seguramente, me iban a decir que no hiciera la fidelidad y mantuvieron el paripé. A mi hermano ya lo echaron varios años antes y era mucho mejor que yo. En fin, esto último puede ser una justificación por mi parte. Pero llevaba sin hacer la charla más de dos meses y sin confesarme más de 9. ¿Era el único que había logrado escapar al control de las fichas? No creo. Estaban esperando para darme puerta, pero yo lo dije antes, cosa que seguro esperaban, y quedaron de maravilla, sin tener que volver a explicar a mis padres que su hijo no valía.

Conclusión: paciencia, ocultarse y desaparecer, que sólo Jesús lo sepa y el 21 decís: ah se siente.




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