Custodia Universidad de Navarra

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Por Cimarrón, 20.02.2006


Ordenando papeles viejos me encontré unas fotografias que me hicieron recordar muchas cosas de mi estancia en el opus. Se trata de unas fotos de la custodia de la Universidad de Navarra que se guardaba en una caja de caudales en Aralar. Estas fotografias las hice en 1976, cuando, despues de su muerte, se recogió y fotografió todo lo que pudiera ser algún día una reliquia.

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Yo llevaba unos meses en Pamplona después de haber estado en el Colegio Romano 3 años. Allá estaba para el fallecimiento de Escrivá y yo hice bastantes de las fotos de su velación y sepelio. Las otras las hizo alguien de la sección femenina.

Estando en Pamplona, se empezó a recoger todo lo que sonora a reliquia, y a mi me tocó recorrer todo lo que en aquel entonces era la Delegación de Pamplona fotografiando todos los lugares donde había estado Escrivá y hasta el último vaso que hubiera utilizado.

Esta custodia me impresionó muchísimo por su valor. A 30 años de distancia me recuerdo que me dijeron que una duquesa o marquesa, qué se yo, había regalado todas sus joyas a la obra para que se hiciera esa custodia, y en ese entonces, me dijeron que valdría el equivalente a dos millones de dolares. Solo hay que fijarse en los campos de brillantes que rodean a la rosa en la base y la cantidad de zafiros y otras piedras que tiene, sin contar las perlas que adornan los rayos. Algún día presumiré de haberla fotografiado, me dije, y me guardé estas fotos.

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Me vienen a la memoria también las dos columbas eucarísticas en Villa Vechia, en oro y piedras preciosas, así como la colección de cálices y copones que estaban en unas vitrinas, junto con regalos valiosísimos llegados de todo el mundo. Una coleccion de vasos sagrados y ornamentos cuyo precio es dificilísimo de calcular, pero que si se puede situar en algunos millones de dólares.

Tengo que encontrar el plano del conjunto de edificios que tambien lo copié de los planos originales y mis libretas de notas de aquellos tiempos. Tenía mentalidad de reportero y le gané a Alvaro del Portillo cuando escribió su primera carta después de Escrivá... Escribí la crónica de esos días del fallecimiento y del entierro de Escrivá y yo mismo fui a poner la larga carta de 16 hojas al correo para enviarla a Guatemala. Supe después que había ido a parar a muchos otros países, porque la otra se tardó mucho.

Ojalá alguno de los que lea esta nota haya estado en la construcción de Cavabianca, y podríamos recordar muchas anécdotas cuando nos tocó terminar los edificios y decorar los oratorios.


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