Curar el pasado

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Por Isabel Nath, 14 de marzo de 2007


Me ha parecido muy interesante el tema de ‘hacer las paces con el pasado’ que sacó Diógenes hace unos días y que han contestado Spiderman, Iván y EBE recientemente. A mí también me ha gustado mucho el libro de Rojas Marcos ‘La Fuerza del Optimismo’ (que por cierto ha sido editado en 2006 por Punto de Lectura SL, Madrid, http://www.puntodelectura.com/. Yo lo compré la pasada Navidad en El Corte Inglés en oferta 2x1… Merece la pena incluso sin la oferta, palabra).

Decía que me gustó mucho el libro, pero no acabo de estar de acuerdo en la aplicación a la Web y sus habitantes general que parece querer hacer Diógenes. Por varias razones, algunas de las cuales ya han sido expuestas aquí, pero yo resumo las que me parecen más acertadas (el orden es lo de menos):

  1. el pasado Opus Dei no es tal pasado, es también y desgraciadamente presente porque la misma historia se repite una vez detrás de otra, y es para evitar que esas barbaridades cometidas en nombre de Dios sigan siendo presente que yo al menos colaboro en esta Web;
  2. para liberarse del pasado cuando este pasado ha sido traumático o desagradable hasta el punto de que nos condiciona aún en el presente, ‘hablar’ es una terapia tan útil como barata;
  3. personalmente no guardo rencor hacia nada y hacia nadie, hacia el Opus Dei y sus miembros (a la inmensa mayoría de los cuales no conozco) evidentemente tampoco; colaboro de formas varias con esta Web porque pienso (sé) que mi experiencia puede ayudar a otros que están pasando ahora por lo que yo pasé hace tiempo. Sin más. No tengo objetivos ni estrategias. Yo tiendo mis dos manos, y si alguien piensa que le pueden ser de ayuda, las coge. Os sorprenderíais de la cantidad de gente que las coge, señal de que efectivamente son de ayuda. Las mías y las de todos los demás.

Tiene gracia que leyendo un mismo libro, personas distintas podamos fijarnos en frases o ideas tan diferentes para aplicarlas a un mismo hecho, en este caso la pertenencia al Opus Dei y la participación en la Web Opuslibros.org. Yo mientras leía este mismo libro de Rojas Marcos, también me sorprendí aplicando muchas de las cosas que en él se exponen a este tema que nos ocupa, pero a mí lo que más me llamó la atención fue esto...

“El estudio de la memoria humana ha aportado importante información al entendimiento del optimismo. Las personas poseemos dos tipos de memoria: la memoria verbal y la memoria emocional. La memoria verbal es donde almacenamos, por separado, los sucesos recientes y las experiencias del pasado remoto. (…) La memoria verbal es la que utilizamos normalmente en el día a día y la que contiene nuestra autobiografía.

La memoria emocional, por el contrario, está reservada para experiencias que nos conmocionan. En la memoria emocional se conservan, con toda su intensidad y sin palabras, las escenas que presenciamos durante situaciones abrumadoras, los sonidos y los olores que nos impactaron, y las sensaciones corporales –palpitaciones, sudores fríos, sequedad de boca, ahogo en el pecho- que nos invadieron. Esta es la razón por la cual es tan importante que las víctimas de trauma emocional pongan en palabras y relaten la experiencia vivida, porque les permite disminuir su intensidad y transformarlas en recuerdos más manejables bajo el control de la memoria verbal. De esta forma, un fragmento muy penoso de la vida puede incorporarse al resto de nuestra historia personal”. (La negrita y el subrayado es mío, claro).

Me pareció escrito a propósito. Es decir, que para los que están en un momento de su historia en el que el pasado todavía ‘duele’, es muy bueno contar sus experiencias, lo que pensaban, lo que piensan, lo que sienten, cómo lo ven. Verbalizarlas, analizarlas con detalle, una vez y otra, mientras elaboran y sanan los recuerdos de la memoria emocional y los van incluyendo en la memoria verbal. O sea, que el escribir la propia experiencia en esta Web o cualquier otra, ayuda a sanar y a normalizar.

Ahora que he vuelto sobre el libro de Rojas Marcos para buscar esta cita, he releído más cosas que el autor expone a continuación de esta, y que aún a riesgo de hacerlo largo voy a copiar…:

“En la memoria verbal (…) también anotamos las interpretaciones personales que hacemos de los acontecimientos que nos afectan, sus connotaciones y los sentimientos que los acompañan.

(…) La autobiografía no espera a ser recordada sino que influye constantemente en las decisiones presentes y en las perspectivas de futuro. (…) Nos sirve para reconstruir nuestra historia, para definirnos, identificarnos, valorarnos, relacionarnos con los demás y para percibir y evaluar el mañana.

La memoria autobiográfica tiene dos funciones, una personal y otra social. En el terreno personal, la selección que hacemos de los recuerdos modula nuestro estado de ánimo, estimulando emociones agradables o desagradables. Además la forma positiva o negativa de sopesar nuestra historia y de reconciliar lo que fue y lo que pudo haber sido moldean el concepto que tenemos de nosotros mismos. En cuanto al aspecto social, el significado que damos a las reminiscencias determina una parte importante de nuestra disposición hacia los demás. Por otra parte, contar historias autobiográficas nos ayuda a dar significado a nuestra vida en el contexto del mundo que nos rodea, y contribuye a formar nuestra identidad social”.

O sea, que parece altamente recomendable eso de revivir y verbalizar la propia experiencia, sobre todo si ha sido de alguna forma traumática o negativa. Es bueno y también importante hacerlo, y el leer antes otras experiencias similares a la tuya, te hace sentir menos marciano y te anima a exponer tu caso.

Pero pienso que lo que remarcaba Diógenes también tiene su parte de verdad, y hay gente que vive anclada en un pasado que califican de ruinoso, y eso les impide reconciliarse con su historia y seguir viviendo. No creo que haya que rasgarse las vestiduras por ello. Esto ocurre y en las páginas de esta Web puede verse, y me parece que nos engañamos si decimos lo contrario. Pero que ocurra a mi solo me dice una cosa. Bueno dos: la primera que es muy triste, y la segunda que hay personas que necesitan más ayuda. Nada más. Quizás alguno de los que hoy están tan felices hace un tiempo estaba en situación semejante. Esa es la ventaja de esta Web, que más o menos hemos pasado todos por lo mismo o similar, y siempre hay alguien que pasó por lo mismito que tú. Y esa posibilidad de que alguien te comprenda porque pasó por dónde tú pasas y lo superó, me dice que inyecta espectaculares dosis de ánimo y optimismo y ayuda en gran manera a salir adelante con garbo.

También el Dr. Rojas Marcos dice cosas que ‘menos agradables’ que conviene tener en cuenta, como las siguientes:

La memoria autobiográfica es selectiva y subjetiva. (…) La memoria nos permite mantener muy vivas y reales unas experiencias, distorsionar inconscientemente otras para adaptarlas al argumento que más nos conviene, u olvidar sucesos pasados con el fin de preservar nuestra armonía mental”.

De esto hay que ser consciente y no perderlo de vista en el proceso de curar el pasado. Hay que saber que es posible que estemos distorsionando nuestros recuerdos de forma inconsciente (o consciente) para tranquilizar nuestra mente o para justificar nuestros argumentos. Y podemos hacerlo tanto hacia el lado negativo (ej: para justificar que en el Opus Dei todo es malo, o para justificar que realmente nosotros ‘no sabíamos nada’, o ‘no nos enterábamos de nada’, o ‘no éramos libres’, o etc) como hacia el positivo (me interesa argumentar que en el Opus Dei hay cosas buenas y entonces suavizo lo que no puede ser suavizado, justifico esto y lo otro, etc). O en hacia ambos lados a la vez, según el momento… Pienso que en ese sentido es muy importante hablar y re-hablar, sacar los temas que nos inquietan/interesan una y otra vez, para en el proceso de escribir y por lo tanto razonar nuestras propios argumentos para exponerlos a los demás, y leyendo los contra argumentos de los demás acerca de nuestros escritos, vayamos ‘puliendo’ los recuerdos, y dejando a un lado en la medida de lo posible, las distorsiones que nos impiden ver las cosas como realmente son.

“La verdad es que el olvido cura muchas heridas de la vida. (…) Distanciarse de un ayer penoso facilita el restablecimiento de la paz interior, y anima a ‘pasar página’ y abrirse de nuevo al mundo. Para las personas marcadas por fracasos o infortunios inolvidables, el desafío es explicarlos y entenderlos desde una perspectiva más lejana, menos personal, más amplia”.

Y aquí viene ese párrafo que citó Diógenes y después otros:

“El problema de quienes permanecen estancados en el ayer doloroso de su autobiografía, es que viven prisioneros del miedo o del rencor, obsesionados con los malvados que quebrantaron su vida, lo que les impide cerrar la herida. La mezcla de culpa y resentimiento les amarra al pesado lastre que supone mantener la identidad de víctima, un papel que debilita y paraliza. Quienes hacen las paces con el pasado, por fatal que éste sea, se liberan, se reponen y controlan mejor su destino”.

Pienso que es muy cierto lo que dice, y aunque no es aplicable al menos a una gran parte de los colaboradores de esta Web, es evidente que a algunos sí lo es. Nuestra tarea es intentar que los que estén aún paralizados por el miedo u obsesionados con los malvados, dejen de estarlo. Pero que tampoco se nos pongan los pelos tiesos y verdes de escuchar esto, porque es así. A mí me lo parece al menos. Aquí hay gente (algunos lo escriben, otros lo cuentan en un chat o en un correo privado, o en una conversación por teléfono, o sencillamente no lo cuentan de momento) que está atornillada al pasado y doliéndose en su dolor de forma innecesaria y negativa. A veces se da uno cuenta y lo admite en público, otras se da cuenta y ni muerto lo reconoce ante los demás, otras ni se da cuenta ni por supuesto lo reconoce. Y otras no está en esta situación, claro, gracias a Dios. Pero no veo ningún problema en reconocer que esto es así. Hay que intentar que lo corrijan, y ya está.

“Al reflexionar sobre su vida pasada, los optimistas emplean una mayor dosis de comprensión que los pesimistas, se consideran con mayor frecuencia exentos de culpa por sus errores y tienden a pensar que bajo las circunstancias de entonces, hicieron lo mejor que pudieron. En este sentido, una persona optimista demuestra realismo cuando reconoce que no es justo juzgar el pasado con la ventaja que da saber los resultados de las decisiones que se tomaron”.

“La importancia de la memoria autobiográfica crece con los años. Con el paso del tiempo, el futuro se contrae y el presente se transforma rápidamente en pasado. Las personas mayores optimistas se caracterizan por repasar con benevolencia el ayer, por aceptar sin resentimiento la inalterabilidad de la vida ya vivida y por reconciliarse pacíficamente con los conflictos que no pudieron resolver, con los errores que no rectificaron y con las oportunidades perdidas”.

A mí personalmente me encantaría ser así de mayor… Independientemente del Opus Dei, porque no nos olvidemos que este libro no está escrito pensando en los Ex fieles de la Prelatura, sino en la gente de la calle en general. Dice además el Dr. Rojas Marcos que el optimismo depende de factores biológicos (los genes), psicológicos (el desarrollo de la personalidad) y sociales (la influencia de los valores culturales). Es seguramente por esto que algunos de nosotros son más optimistas que otros, pero el optimismo también se aprende, o se fomenta.

Cada cual tiene su tiempo para evolucionar, para madurar, para comprender, para todo en general. Y mientras la gente hace las paces con el pasado sigue mostrando en ocasiones actitudes que dejan traslucir rencor, o pesimismo, o excesivas raíces en el pasado. Pasa también que cada día entra gente nueva, por eso que decía al principio que el Opus Dei no es ni de lejos pasado, sino una realidad muy dolorosa para muchas personas, y por eso siempre hay algunos que están en la fase ‘resentimiento’. Pero si se hace un estudio serio de los escritos de cada uno de nosotros, en muchos casos se puede ver una evolución clarísima hacia muchísimo mejor. Por ejemplo (me consta que no se enfadará si os remito a sus escritos) mi queridísima amiga Emeve. Leed un escrito de hace un año o año y medio y otro reciente, y decidme si no veis entre líneas a una mujer diferente. MUY diferente. Estoy segura de que su familia y sus amigos no relacionados con esta Web tienen un grandísimo mérito en ese cambio, y por supuesto ella misma, pero tengo también la certeza de que el escribir aquí, el leer lo que escribimos los demás, le ha ayudado a ir colocando las piezas en su sitio y a recuperar la alegría contagiosa y las ganas de vivir que ahora derrocha por todas partes (un besazo para ti, guapa).

A mí personalmente me llena de felicidad ver estas cosas, igual que me estruja el corazón el ver lo contrario: personas desorientadas, doloridas, con la autoestima por el suelo, con una culpa sobre los hombros que no las deja andar. Y verlas cómo dejan que la vida se les escape entre los dedos sufriendo lo indecible, me rebota. Es entonces cuando tengo más claro que nunca que hay que seguir escribiendo, escuchando, comentando, analizando desde este ángulo y desde este otro, una vez y otra y otra, ahora para éste y mañana para aquella, las veces que haga falta, porque merece la pena el esfuerzo para volver a ver la sonrisa en el alma de la gente. Aunque eso suponga arriesgarte a que te digan que eres narcisista contando solo cosas tuyas (que vas a contar que no sea lo tuyo…?), que eres rencoroso porque no perdonas y olvidas, que qué ganas con eso ( J ), etc, etc. A mí me habría ayudado contar con esto cuando me largaron, y como decía mi abuela “lo que no quieras para ti no lo quieras para los demás”, y aplicado en positivo: “pórtate con los demás como te gustaría que los demás se portasen contigo”.

No sé si me he ido un poco por los cerros de Úbeda… Espero que no…



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