Crecer para adentro/Surge et ambula!

From Opus Dei info
Jump to navigationJump to search

SURGE ET AMBULA! (21-V-1937, Viernes de las Témporas de Pentecostés)

J. M. Escrivá, fundador del Opus Dei


Unas palabras, antes de daros a Cristo en la Comunión. Ahora, al ir a recibirlo, se va nuestra tristeza de hoy y recobramos nuestra verdadera alegría. Aquí está Él y todo es indigno de su presencia: un cajón, unas maletas...; sin cáliz, sin patena (70). Pero yo lo voy a dejar en vuestros pechos, para que allí encuentre el calor de amor que busca, el único homenaje que ahora pide de nosotros. Le repetiremos con el Introito de la Misa: llénese mi boca de tus alabanzas, para que pueda cantar: Aleluya (71). ¡Y con qué firme esperanza, llena de alegría, añadimos: en Ti, Señor, espero, no sea yo confundido para siempre (72)! ¿Cómo puede caber en nosotros la preocupación, la tristeza? Yo tengo en Él la esperanza segura de que pronto estaremos sueltos, para trabajar por su gloria (73).

Dice la Epístola, con palabras que se acomodan a nosotros, como anillo al dedo: vosotros, hijos de Sión, alegraos y gozaos en el Señor vuestro Dios, que os ha dado un doctor de santidad y hará descender sobre vosotros lluvias de otoño y de primavera como antiguamente. Y las eras se henchirán de trigo y los lagares rebosarán de vino y aceite (74). Sí, sin ningún género de duda, la Obra va a salir de estos trances robustecida; va a conocer, si somos fieles, una plenitud, un despertar, un rebosamiento de fuerza y de vida, que a nosotros mismos nos asombrará. El campo se ha abonado y nos espera una cosecha segura.

Continúo leyendo la profecía de Joel, de quien son estas palabras: y conoceréis que en medio de Israel estoy Yo, y que Yo soy el Señor vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo jamás será avergonzado (75). ¿A qué preocuparse, para qué prisas, para qué desazones? Dios está en medio de nosotros, Dios está con nosotros. No estamos solos, hay que repetirlo. Él nos acompaña y ahora nos asegura: "Si Yo estoy contigo, ¿qué temes? ¿Por qué ha de estar revuelto todo lo tuyo? ¿Porqué no has de esperar y confiar en Mí?". ¡Dios está con nosotros! No, Dios mío, no serán avergonzados los fieles que en Ti esperan, lo dice esto el Señor Todopoderoso (76).

El Evangelio nos habla de aquel paralítico a quien, con atrevimiento, hijo de la santa desvergüenza, colocaron para su curación delante de Cristo. Las palabras de Jesús suenan dentro de nuestro corazón y lo llenan de aliento: tibi dico, surge (77), a ti te digo, levántate. Después de la prueba, después de haber puesto los medios para salir de esa situación, surge etambula! (78), ¡levántate y anda! Y los caminos se abren, cuando el horizonte parecía más cerrado. Tibi dico, surge! Nos lo dice ya a nosotros; ¿no te vamos a creer? Sí, Dios nuestro, creemos y esperamos en Ti, queremos poner los medios para obtener de tu mano la curación. Sabemos que la recompensa de nuestra fe y de nuestra esperanza serán tus palabras de vida, palabras que devuelven la alegría y la luz: surge el ambula!

La respuesta de Cristo es cierta, indefectible; pero, para obtenerla, creamos y esperemos en Él y amémosle, con un amor fuerte que haga verdadera en nosotros nuestra afirmación de siempre: non est amor, nisi Amor (79).


(70). Al ocupar, con sus acompañantes, una pequeña habitación en el Consulado, el Beato Josemaría debía celebrar la Santa Misa valiéndose de un cajón de botellas, sobre el que colocaban unas maletas, que servía de altar; con un vaso de cristal por cáliz y un pequeño plato que hacía de patena, sin ornamentos sagrados... No había otra posibilidad de renovar el Santo Sacrificio, en esos meses de persecución religiosa.

(71). Misal Romano de San Pío V, Viernes de las Témporas de Pentecostés, Intr.(Sal 70, 8).

(72). Ibid.,Ant. ad Intr. (Sal 70, 1).

(73). Por aquellas fechas, parecía próximo el momento en que podrían salir del Consulado de Honduras y ser evacuados de Madrid. Pero, una vez más, las gestiones en curso fracasaron.

(74).Ibid., Ep. (Jl 2, 23-24).

(75). Ibid. (Jl 2, 27).

(76). Ibid.

(77). Ibid., Ev. (Lc 5, 24).

(78). Ibid.

(79). Cfr. Camino, n. 417.