Crónicas de Mascletà

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Por Matilde, 19 de marzo de 2010


Estaba recordando las fiestas de fallas que se viven estos días en Valencia. La gente aglomerada en la plaza del Ayuntamiento para oír, oler y sentir la Mascletá.

La primera vez que fui a una no daba crédito. Tanta gente que había salido un rato antes de sus trabajos, estudiantes faltando a la última hora de clase, para ver humo y ruido. Para pasarse cinco minutos con un nudo en la garganta por si alguno de aquellos petardos se descontrola, sale del recinto y explota a tu lado. ¿Tu mejor amiga te ha llevado a donde más cerca se puede llegar de los petardos, prometiéndote que allí es el mejor sitio, y tú solo crees que si sales de allí viva te quedarás sorda el resto de tu vida si o si? En aquellos cinco minutos también te da tiempo de pensar si corriendo hacia atrás, haciéndote milagrosamente paso entre tanta gente, te alejarás de la plaza, pero también sientes el temor de si con aquel nivel de ruido, se romperán los cristales de las casas y te caerán encima...

Resumiendo, se ven tres posibilidades cuando vas por primera vez a una Mascletá: o salir vivo y sordo, o salir vivo y con cortes de cristales, o que alguien te saque siendo fiambre. Lo cierto es que cuando acaba, te palpas, pides a alguien que te hable, sigues oyendo, no tienes sangre en ningún lugar del cuerpo y no tienes recuerdo de haber estado en el túnel de luz (que dicen los que han estado a punto de morir) no sé por qué, pero tras este auto-chequeo médico dices en voz alta y clara: ¡¡Vuelvo mañana!!

Y van pasando los días, y no quieres que llegue nunca el 19 de marzo, que será la última Mascletá de ese año. De hecho ese día de ese primer año que viví las Mascletás, me tuve que contener las lágrimas, porque sabía que al día siguiente 20 de marzo, ya no habría más hasta el año siguiente. Increíble pero cierto.

¿Seremos los amantes de las Mascletás unos interesantes casos clínicos para estudio, por un equipo multidisciplinar?

Y con todos estos pensamientos en mi cabeza, me quedo mirando la orla que tengo de la carrera, con todas las fotos de la promoción, con algunos profesores en lo alto de la orla, y mis ojos van pasando por caras y mi cabeza trayendo miles de recuerdos de los años que pasé en el Politécnico.

El Dragón, Perú y el UNIV

El UNIV

En una ocasión iba caminado por la Escuela, y me paró un profesor y me dijo si podía pasar a su despacho a hablar con él. Era profesor de matemáticas y aunque nunca nos habían presentado, él se dirigió a mí por mi nombre e hizo mención a que yo era numeraria. No sé quien le dio mi nombre pero supongo que el ser la única mujer en la Escuela que lleva faldas todos los días, tapando las rodillas le pudo haber dado el segundo dato... No lo sé. No le pregunté cómo había obtenido esos dos datos míos porque realmente no me interesaba ni me importaba.

Pues me senté en el despacho de este profesor y la conversación fue algo así.

- Se te ve que no tratas mucho con los chicos de la Escuela, como con falta de naturalidad, como que te falta, ¿cómo lo diría? ¿desinhibirte un poco?
- ¿Perdón?
- Bueno, tampoco es para tanto, quizá me he expresado mal. Se nota que has cambiado en los años que llevas aquí. Cuando entraste era más acentuado. Tienes que tomarte las cosas de otra manera.
- Muchas gracias por sus comentarios. Los tendré en cuenta.
- Esto no es una corrección fraterna ni nada, eh?
- Por supuesto.
- ¿Te puedo hacer algunas preguntas?
- Si se las puedo contestar, no tengo inconveniente.
- ¿Tú no crees que la Obra se debería abrir un poco? Vamos, ¿que hay cosas que deberían cambiar? Como el trato con las personas del otro sexo, la separación tan excesiva que hay entre las secciones, que si los 5000 km de distancia… jajaja. Es un poco exagerado ¿no crees?
- Pues la verdad que somos dos secciones diferentes, con muchas exigencias diferentes. Lo que a mí me parece mal de mi sección lo comento a las directoras de mi sección. Creo que comentándolo usted conmigo, pues no está en mi mano arreglar nada de lo que me dice. Coméntelo usted en la suya, a sus directores, lo que le parezca mal.
- No, no, no quería decía eso. Solo era para saber si en la sección femenina se funcionaba igual que en la masculina, y no conocía a nadie a quien preguntárselo. Espero que no te haya molestado. He visto que estás metida en el viaje a Roma para el Congreso UNIV, pues he aprovechado para preguntártelo, pero no le des importancia, no tiene importancia. ¿Conoces a M., D. e I.? Fueron alumnas mías y he intentado algunos años que vayan al Congreso UNIV. A ver si tú lo consigues.
- Si quieren ir que vayan y si no, pues no. Plazas hay.

Ese año, dos de estas tres chicas que él nombró se apuntaron para ir al Congreso UNIV. Estuvieron ayudándonos a vender dulces. Unas semanas antes de salir hacia Roma decidieron no ir y pidieron que se les diera la parte correspondiente del dinero ganado, argumentando que quizá lo utilizarían para ir otro año. Yo me negué a dárselo, principalmente porque los dulces que vendíamos, iba yo a recogerlos en furgoneta a cuatro horas de viaje cada semana. El panadero nos regalaba esos dulces para que pudiésemos reunir cuanto antes el dinero necesario, sacar algo de tiempo para estudiar e ir al Congreso.

Estas tres chicas, de todo el proceso de recaudación de dinero, ayudaban solamente estando alguna hora a la semana en el puesto que montábamos en San Juan del Hospital. Por tanto consideré que no les correspondía, ni de lejos, llevarse el dinero que pedían, a no ser que sobrase algo después de estar pagados todos los gastos de las que habían trabajado e iban al Congreso, con previa comunicación al panadero.

Como no se dio el caso, así acabó la historia.


Perú

Y siguiendo con el hilo de los recuerdos que viendo la orla, me llegaban del Politécnico, sigo contando. En una ocasión acompañé a una residente del Colegio Mayor donde vivía, para solicitar ayuda para un proyecto de cooperación, al Rector de la universidad. Ella le llevó toda la documentación del proyecto que se pretendía realizar en Perú, le explicó los objetivos y demás datos importantes. El Rector mostró mucho interés no solo con el proyecto, sino con nuestra marcha en las diferentes Escuelas: yo era de Industriales y ella de Arquitectura. Sobre todo nos regaló un trato de tal calidad humana, que pocas veces he vuelto a ver igual. Nos despidió diciendo que se quedaba con la documentación, que lo estudiaría y que en caso afirmativo, nos contestaría con una carta. Le dejé mis datos.

La carta del Rector en que nos comunicaba su conformidad, llegó después de que se hubiera realizado el viaje a Perú. Las chicas que fueron habían conseguido el dinero necesario por otros medios.

Cuando me llegó la notificación al Colegio Mayor donde vivía, lo comenté con la directora del centro al que yo pertenecía, y que había organizado entre otras el viaje a Perú. La directora me dijo que se podían llevar al Politécnico las facturas, recoger el dinero, y que luego ella lo iba a destinar a los gastos de las numerarias del Consejo Local que fueran al siguiente Congreso UNIV. Mostré mi desacuerdo y comenté que lo lógico era informar a las personas que habían hecho esa labor humanitaria, para que o bien se devolviese algún tipo de préstamo que hubiesen pedido para la realización del viaje o bien para enviarlo al lugar donde ellas habían hecho lo mencionado en el proyecto que se entregó al Rector.

La directora me volvió a recordar una vez más que yo era poco espabilada. Y que las chicas del viaje a Perú no se tenían por qué enterar, y que la secretaria del Consejo Local había ido a Perú y quizá iría al próximo UNIV, por lo que era razón suficiente para que se quedase mi conciencia tranquila.

Decidí no ir a llevar ni recoger nada del Rectorado.

Nota: para los que pueda extrañar el hecho de que yo recibiera una carta sin antes haberla leído el Consejo Local y poner sus “típicos” comentarios en el sobre, les aclaro que yo era una numeraria viviendo en un Colegio Mayor que no pertenecía al Opus Dei. Los puestos de dirección administrativa del Colegio y el sacerdote que iba al Colegio, sí eran miembros del Opus Dei. Las labores de limpieza y cocina no estaban supervisadas por el Opus Dei. Es decir, desde mi punto de vista, era uno de los pocos Colegios Mayores que llevando la dirección espiritual a cargo del Opus Dei, cumplía las condiciones que una Universidad exige.


El Dragón

A veces pienso que para explicar las experiencias y circunstancias que se viven o vivieron en el Opus Dei, y sobre todo como explicarlo a personas que no lo han vivido, las palabras se quedan cortas. Los libros también se quedan cortos. A mi modo de ver los foros como este de opuslibros.org o las películas, se acercan algo más a poder explicar los diferentes matices que tiene esta realidad que es el Opus Dei.

Me viene a la cabeza dos películas, que a mi modo de ver, vienen al hilo:

La primera: “El Dragón Rojo”.

Me parecen magníficos Edward Norton, Anthony Hopkins y Ralph Fiennes. Pero los diálogos, y el personaje de Edward Norton es simplemente espectacular.

La segunda: “Happy-un cuento sobre la felicidad”. ¡¡¡Me pido ser Poppy….aa aaa, se siente. Lo pedí primero!!!

La princesa de Baviera

Me encanta ponerles nombres de princesas a mis amigas. Porque creo que las mujeres somos princesas de cuento y los hombres príncipes de cuento. Lo que no cuadra con la realidad es que los ratones se conviertan en caballos, o tengamos las princesas el pelo tan largo como para hacernos trenzas que sirvan de escalera. El resto es más o menos igual que en los cuentos.

Pues la historia empieza en el Castillo del Mar donde vivíamos muchas princesas. Recuerdo a una de ellas que era como Sissi Emperatriz, en sus tierras de Baviera. Otra, que había nacido en el Torreón de San Luis. Para este cuento, yo seré la princesa de las minas de Olivina.

Una noche de junio, cerca del Mediterráneo, con una temperatura que invitaba a estar en la playa, en nuestro castillo se proyectaba una película del antiguo Gobernador, que había sido escribano, después de cenar. La princesa del Torreón se había ido a la biblioteca. A la princesa Olivina no le eran de su agrado las proyecciones del Gobernador, pero la reina del castillo le había dicho terminantemente que nunca mostrase en público su poca simpatía con aquel Gobernador. La princesa Olivina, si solicitaba ir a estudiar, podía ausentarse de una proyección del Gobernador al año. Las normas del castillo estaban para ser cumplidas...

La princesa Olivina encontró a la princesa del Torreón algo distraída en la biblioteca, y la saludó diciendo

- ¿No tienes calor?
- Lo que no tengo es ganas de estudiar, pero el lunes tengo examen
- ¿El calor no te da por bailar?
- Siiiiiiiii
- Lástima que no podamos poner música…
- ¿Tú te sabes la canción de “Ya llegó el verano”?
- …mmm….pues no.
- ¡¡¡¡Nooo???!!! …¿ya llegó la fruta?
- …mmm…no me suena.
- A ver, tienes que ir haciendo lo que dice la canción. Si la canción dice que saltes, saltas, si la canción dice que subas a las mesas, subes….ok? Y repites lo que yo diga.
- Ok!!
- Ya llegó el veraaaa-aaaano
- ya llegó el verano-oooo-ooo
- Ya llegó la fruuuu-uuuta
- ya llegó la lluvia-aaaaa
- Y el que no boooo—ooote (venga! A saltar!!!)
- y el que no botee-eeeee …yujuuuu!:
- es un hijo puuuu-uuuuta
- que-eeee???!!! Jajajaja
- repite y no pierdas el ritmo y ¡¡¡¡salta!!!
- es un hijo puuuu-jajajajaja-uuuuta

Se abre la puerta de la biblioteca del castillo y entra la princesa de las tierras de Sissi. Pide perdón por interrumpir nuestro estudio sobre los saltos, la fruta y el verano. La invitamos a cantar con nosotras. Rechaza educadamente el ofrecimiento, sale de la biblioteca y seguimos practicando. A los pocos minutos oímos que abren la puerta de la sala de estar, señal de que empieza el tiempo de la noche. Se hace silencio de clausura en el Castillo del Mar, hasta después de la misa del día siguiente.

A la mañana siguiente, se abren las puertas de la Capilla tras el Amen, y se disponen las princesas hacia el comedor para proceder a disfrutar del desayuno de castillo.

La princesa Olivina cruza las puertas y la princesa de las tierras de Sissi le indica que la acompañe, para indicarle que se ve en la obligación de hacerle una corrección fraterna. El comportamiento de la noche pasada en la biblioteca no es propio de princesas.

La princesa Olivina nunca jamás ha visto a alguien tan rápido como la princesa de las tierras de Sissi haciendo correcciones fraternas, y eso que la princesa Olivina recibe una media de siete correcciones fraternas a la semana. Digamos una por día. Olivina cae en la cuenta de que solo hubieron escasos minutos entre el “incidente biblioteca” y el comienzo del tiempo de la noche. “Sí que es rápida, si” se dijo, y pensó: le dio tiempo anoche de comunicar a la reina del castillo en sueños sus preocupaciones, o quizá fuera en la cola de la comunión.

Llega la tarde y la hora de la merienda en el castillo. Al comedor entra en primer lugar la princesa Olivina. Mientras mordisquea una galleta ve entrar a la princesa del Torreón. Tras ella, a tres pasos, va la princesa de las tierras de Sissi.

Nuestra princesa del Torreón, en cuanto me ve, empieza a saltar cantando “Ya llegó el verano”. Me mira, no entiende por qué no salto, y por qué sigo mordisqueando la aburrida galleta. Me pregunta, algo molesta, si me pasa algo. Le digo que he pensado que mejor no salto.

Durante estos segundos, la princesa de las tierras de Baviera no me quita ojo, y resuelve probar una de las galletas, ¿quizá porque piensa que es el complemento ideal con la mermelada de corrección fraterna silvestre? No lo sé, no poseo el don de leer las mentes.

Llega la cena, y antes de entrar al comedor, la princesa del Torreón me coge del brazo, aprieta, y me dice: ¡¡¡me la ha hecho!!! Y tuuuuuu me podías haber avisado, hacerme un guiño, algo!!!! en la merienda. Le respondo que la otra princesa entró tras ella y no me quitaba ojo. Imposible hacer una señal. Me responde en tono cariñoso “esta me la vas a pagar”. Vale.

Y cuentan las crónicas siguientes, que la princesa de las tierras de Sissi, con ese espíritu rápido, ejecutor y diplomático que le caracterizaba, se trasladó al reino del Norte, y llegó a ser legisladora.

Y colorín colorado, este cuento (veraniego) se ha acabado.

El cojo y la muchacha

Hoy he vuelto a mirar las fotos de la orla, y me han venido a la cabeza imágenes de una práctica de destilación del petróleo, que nos dio un especialista en petroquímica.

Nos citaron fuera del laboratorio y fueron llamando a los diferentes equipos de prácticas por orden de lista. Nuestro equipo lo formábamos cuatro personas, y cuando nos tocó pasar al laboratorio solo estábamos un compañero, al que acababan de operar de una rodilla, y yo con mi falda por la rodilla, marcando estilo (no sé por qué no tuvo tirón en el mundo de la moda politécnico de aquella época). Bueno pues, no habían llegado la otra compañera y compañero, con el que formábamos el equipo completo. El profesor que daba las prácticas nos dijo que entrásemos y que ya se incorporarían los otros dos, y añadió que él no sabía que se podía hacer “con un cojo” y “una mujer”...

Mi compañero y yo nos miramos pensando que nos íbamos a reír los tres, pero el profesor de prácticas se giró igual de serio que había pasado lista, y nos llevó hasta la mesa que nos correspondía de prácticas. Allí, dirigiéndose solamente a mí, me explicó en casi medio minuto, en qué consistía la práctica y que yo era la encargada de recoger todos los datos de presión y temperatura cada x tiempo en etapas distintas del proceso. Como no me dio tiempo de memorizar todo lo que me acababa de decir, le pedí si podía repetirlo mientras yo lo anotaba en una hoja.

Para ese entonces, acababan de llegar la compañera y el otro compañero que faltaban, y este último compañero fue avanzando hasta quedarse posicionado entre el profesor y yo. El profesor, al oír mi petición de repetir lo que había dicho, contestó en tono alto y fuerte, que lo oyeran todos los equipos del laboratorio, algo así como:

- “En los años que llevo de docencia, que son muchos formando a Ingenieros Industriales, jamás y nunca he visto a una persona tan incompetente e inepta como usted”.

Tras esta intervención, se marchó a solucionar las dudas de otros grupos. El compañero que había llegado en último lugar me explicó que se había acercado tanto a mí para protegerme, porque pensó que el profesor me iba a pegar, y me preguntó que qué había pasado entre nosotros. Le expliqué que era la primera vez en mi vida que veía a este señor, y nos reímos contándole la bienvenida de “¿qué se puede hacer con un cojo y una mujer?”. Le preguntamos a otros grupos cómo se hacía la práctica, entregamos los datos y práctica aprobada.

Al día siguiente le comenté este suceso a un supernumerario, y me dice que conoce a ese profesor, que ha jugado a tenis con él, y que es una bellísima persona. Que no le tenga en cuenta eso, que es agregado y que quizá tuvo un mal día.

Para los que no se sitúen muy bien en lo que es un agregado y un supernumerario, tengo las dos definiciones que me dieron a mi cuando las pedí.

Definición de supernumeraria dada por una directora de club de bachiller en Tenerife, allá por 1990. “Persona que podía haber sido numeraria o agregada, y que por falta de entrega y generosidad no lo ha sido. Con los años tendrá más vida interior y entonces podrá ser generosa en la cantidad de hijos, y su formación tendrá fruto. Lo normal es que sus hijos piten de numerarios o agregado. Aunque como en toda familia, ya se sabe que habrá alguna oveja negra y se cuenta con ello, no vamos a pretender que todos sean de la Obra. Se nos ha dado el caso de hija de supernumerarios que se metió en un convento de Clarisas.”

Definición de agregada dada en Valencia por directora de centro universitario, allá por 1996. “Persona que pudiendo ser numeraria no lo es. Esto es debido a que pueda tener alguna enfermedad o deficiencia física. También puede ser porque la separación de esta persona, de su núcleo familiar, conlleve que esa familia se quede sin el mantenimiento económico o bien fuera la última hija en salir de la casa paterna. A veces se da el caso de que pitan de agregadas, no porque cumplan estas condiciones, sino porque iban a un centro de agregadas, y a las agregadas solo se les ocurre plantear la vocación de agregadas o de supernumerarias” (nunca me especificaron si había una la lista de enfermedades o deficiencias establecida),

Quizá, igual que los documentos internos están actualizándose, también lo hayan hecho estas definiciones de supernumerario y agregado. Ahora mismo no tengo especial curiosidad en saberlo. Lo que sí me quedó claro es que todas las vocaciones en el Opus Dei son la misma vocación, pero con circunstancias diferentes.

Esto de hacer prácticas en equipo tenía sus inconvenientes. Como había que quedar fuera de clase a realizar los trabajos en grupo que nos pedían los profesores, intercambiábamos los números de teléfonos fijos. En una ocasión llamó un compañero de carrera al centro al que yo pertenecía. Habíamos quedado en su casa para hacer una práctica, junto con otras compañeras y compañeros de la carrera, y comunicaba que había un cambio en la hora. La directora buscó una salita para comunicarme el recado y me preguntó si tenía algo más que decirle. Como yo no tenía nada que decirle, sino darle las gracias por darme el recado, ella me invitó a pasear por la Alameda, para interesarse por mi estado, digamos, afectivo. Menos mal que no fueron un día a verme a clase, y contaron la cantidad de chicos que había frente a la cantidad de chicas, en la Escuela de Ingenieros Industriales hace una década.

En una ocasión, entré en un aula a hacer un examen de recuperación de una asignatura, creo que era Estadística. Esta vez la proporción chico-chica era más acentuada. En aquel aula habían sesenta chicos y una chica. Si pudiera volver a aquellos tiempos cantaría a todo pulmón esta canción: It´s raining men! ¡¡Alleluia!!



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