Conciencia vocacional y reforma en el Opus Dei

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Para Oráculo y Marcus Tank que no me conocen. Para todos, con afecto.

Por Chispita, 3.XII.2007


Mi casa es casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones (Lc 19,45-48)


Yo soy un anticonformista. Quizás lo que distingue a los hijos de Dios es el anticonformismo. Ese anticonformismo me llevó al Opus Dei y ese anticonformismo me ha sacado del Opus Dei para llevarme a la libertad gloriosa de los Hijos de Dios. Le doy gracias a Dios, que me ha sacado de Egipto, pues para mí, lo mismo que para el pueblo hebreo, la Obra fue al principio estupenda para luego convertirse en una prisión. Pero, ya saben ustedes, como el pirata de Espronceda, yo “el yugo del esclavo como un bravo sacudí” (Canción del Pirata). Y no les niego que también soy un poco pirata… pero eso si, de “rompe y rasga”. Por eso me cae tan bien Joseph Ratzinguer-Benedicto XVI, un papa de rompe y rasga cuyas reflexiones sobre la reforma de la Iglesia en un trabajo publicado en el libro Ser cristiano en la sociedad neopagana (Madrid, 1987, Encuentro Ediciones, pp 13-28) me han servido de base en la elaboración de este trabajo. Las reflexiones del Cardenal Ratzinguer –hoy felizmente Papa Benedicto XVI- tienen un sabor de sinceridad, de amor a la verdad y a la Libertad, de comprensión profunda del ser humano, sus angustias vitales y su deseo de libertad y de amor, que me han parecido muy apropiados para hablar de los problemas de la Obra de Dios (¿?) y de su posible Reforma en una Institución tan totalmente nueva que apenas tendrá parecido con la primera. También me he basado en las reflexiones que Ratzinguer realiza en su obra "El nuevo pueblo de Dios. Reflexiones para un eclesiología”. Espero que estas reflexiones animen a todos –y especialmente a Oráculo y a Marcus Tank a que participen en el debate que intento abrir –o reabrir-.

El descontento en el Opus Dei

Son cada vez más las personas de la Prelatura que consultan esta web. Les lleva a ello el constatar de una parte la irracionalidad de muchos de los consejos y advertencias que reciben en la Charla Fraterna. Y sobre todo, el constatar lo alejados que están de la realidad los directores y las directoras de la Institución, que se empeñan en configurar la vida de los fieles de acuerdo a criterios que les alejan de lo que son: fieles corrientes que viven en un mundo corriente...

En segundo lugar, porque pueden detectar sobre todo los enormes abusos y las enormes faltas de Caridad que cometen no pocos miembros y no pocos directores en la labor diaria de Gobierno. Como en su momento escribí, por desgracia, el humo del Infierno ha penetrado también en la Prelatura del Opus Dei, a través de la práctica del mobbing, que se puede resumir como un atentado múltiple contra la Caridad, realizada por personas que han dejado su conciencia en manos de otros. Recientemente hablaba yo con un excelente profesional, hace varios años muy encariñado con la Obra y con su vocación. En su trabajo ha recibido tales presiones de su jefe, numerario del Opus Dei, que ha entrado en una tremenda crisis de ansiedad y ya se está planteando dejar la Obra. Todo esto es un fracaso de la labor formativa del Opus Dei, en cuanto que no saber hacer de sus miembros auténticas almas de oración, verdaderamente contemplativos en medio del mundo, ni personas enamoradas de Jesucristo. Porque cuando una persona habla con Cristo no se presta a presionar a sus hermanos ni a hacerles sufrir. Las faltas de Caridad en la Obra están a la orden del día: en la frialdad del trato en los centros; en las presiones que sufren los miembros en los Colegios y Centros de Enseñanza; en las manipulaciones de la libertad de todos, pero especialmente de jóvenes y adolescentes. Se recurre a la mentira, a la doble verdad, al si pero no, a los oficios de tinieblas que enmascaran la realidad de las cosas.

En tercer lugar, sobre todo gracias a la gran labor de Agustina, y a los trabajos de Oráculo y otros, ha quedado patente la doble vida que vive la Obra con respecto a su Fundador, y con respecto a los Obispos, y con respecto al Código de Derecho Canónico. Y ha quedado especialmente de relieve la existencia de una legislación no conocida por las Autoridades de la Curia Vaticana, y la ilegalidad de todo el montaje de la dirección espiritual en el Opus Dei.

En cuarto lugar, la constatación de la soledad de la Obra en la Iglesia, hasta el punto de que no se puede hablar de la Obra en ambientes ajenos a ella, sin experimentar de inmediato en personas que eran antes amigos nuestros, frialdad y distanciamiento progresivo. Es el sensus fidei de los fieles. El mismo que llevó a defender la Inmaculada Concepción, ese instinto popular que rechaza lo complicado, lo enmarañado, lo insincero, lo complejo. Hoy no se puede hacer apostolado en la Iglesia con la marca Opus Dei, porque el Opus Dei huele a secta que tumba de espaldas. La palabra y la realidad del Opus Dei se han desacreditado, hasta tal punto que hablar hoy de “Reforma” parece tarea vana e inútil.

Nosotros habíamos visto en la Obra una esperanza, que nos ha defraudado, porque, la verdad, es que nosotros realmente “por todos lados chocamos contra barreras y bloqueos de calles (…) que nos detienen e impiden ir adelante” ( J. Ratzinguer, op. Cit, p. 14). No se trata de los criterios morales y éticos que nos ayudan a comprender y configurar nuestra libertad, sino que hay una presencia continua de miles de criterios inventados por los gobernantes de la Obra que ahogan y empachan provocando un cansancio y un hastío y un hartazgo que seguirá provocando crisis de salida. También toda esa acanonicidad ha quedado muy bien expuesta en esta web. Mas que nada el Opus Dei entero es una gran contradicción, un gran almacén que ofrece cosas que no tiene, que ofrece libertad y da opresión; que ofrece verdad, y devuelve sombras; que anima a la santificación de las realidades temporales y luego enclaustra e sus miembros en una burbuja; que ofrece felicidad y devuelve depresión; que habla de confianza y devuelve desconfianza.

Pero del mismo modo que no podemos transformar la Iglesia según nuestros deseos, porque la Iglesia la lleva Dios, y es de Dios, ocurre de modo distinto con la Obra, puesto que aunque en mi opinión no es descartable una intervención divina en los principios, indudablemente todo lo posterior no es de Dios. Lo que aprisiona la llamarada del 2 de Octubre, el mensaje de la evangelización de los laicos, está rodeado de una estructura que encorseta y agobia a las personas porque se basa en el control de la Libertad en la vida corriente, emanada del carácter ordenancista y controlador del Fundador y sus adláteres, que se disfraza con la idea de la entrega, y que acaba provocando depresiones y quiebras sicológicas sin cuento. Lo que acaba surgiendo en la vida de muchos fieles conscientes del Opus Dei es la percepción de estar alienados, de estar oprimidos, de navegar en un barco cuyo timón lo llevan otros y no se sabe hacia donde. Y el pánico es aún mayor cuando el interesado puede comprobar la inmadurez y la infantilidad de no pocos vocales y directores de la Obra. Inmadurez e infantilidad relativas, claro, porque no carecen de doblez, de engaño, de perfidia alguna vez, para cumplimentar los fines que les trazan otros aún a costa de hacer sufrir e incluso de hacer llorar. Yo lo he visto. Y en todos queda el anhelo de “un lugar donde se puedan expresar todas las libertades, un espacio en el que caigan nuestros límites, donde se experimente esa utopía que tendrá que existir en alguna parte” (Ibid., p. 15). Deseamos lo que los directores actuales no han sido capaces de edificar: un nuevo hogar espiritual para los que una vez nos identificamos con el mensaje de Monseñor Escrivá: una casa espiritual “llena de humanidad, llena de sentido fraterno, de creatividad generosa, un lugar de reconciliación de todos” (cfr. Ibídem), con todos y con nuestro pasado. ¿Es injusto soñar esto? En esta web hay libertad. Unos con todo el derecho del mundo han roto con la Iglesia. Otros nos consideramos con el corazón tocado por el amor de Dios, deseamos seguir sirviendo a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, nos sabemos convocados por Dios a un seguir actuando en la Iglesia recogiendo algunos elementos del mensaje fundacional de Monseñor Escrivá, pero sin duda anhelamos una estructura nueva, que haga posible el sano crecimiento en la Libertad y el Amor que Cristo nos ha ganado en la Cruz.

En definitiva, ese descontento, que se va extendiendo como una mancha de aceite, tiene su origen en la percepción de que hay un engaño, de que –digámoslo claramente- lo que hay es una estafa de proporciones monumentales, en cuanto a lo que se dice y en cuanto a lo que se espera y en cuanto a lo que se recibe.

Una vocación no realizada

La pretensión de iniciar la Reforma no es modo alguno cosa de iluminados. En relación a la necesaria reforma de la Iglesia escribe Joseph Ratzinguer unas palabras que se pueden aplicar por lo mismo a la Reforma del Opus Dei:

“Ahora bien, como se suele decir, de un modo u otro debemos comenzar. Suele decirse esto con la presunción ingenua del iluminado que está convencido de que las generaciones hasta ahora no han comprendido la cuestión, o que se han mostrado demasiado temerosas y poco inteligentes. Pero en este momento debemos tener tanto la valentía como la inteligencia. Se debe obrar igualmente a pesar de la resistencia que puedan oponer a esta noble empresa los reaccionarios y los “fundamentalistas” “. (Ibíd, p. 16).

Ahora bien, ¿quién tiene derecho a pronunciar la expresión ”Reforma del Opus Dei? ¿Con qué fundamento se debe hacer esa Reforma? Evidentemente no tienen ese derecho los que se han convertido en Silas de sus hermanos. Los que se han entregado al fanatismo de la estructura. Los que han abdicado su personalidad en reglamentos y estructuras. Tampoco –con todo el respeto y cariño- los que han abandonado la Iglesia. Solo aquellos de nosotros que, conscientes de nuestra llamada, nos hemos rebelado contra la tiranía y el engaño. No, no se trata de innovar por innovar, de crear unas estructuras por crear unas estructuras, con un apabullante “sabor a nosotros”. No se trata de obrar por gusto o por opinión, porque no se trata –como bien comenta Ratzinguer- de que la opinión sustituya a la fe. Sino que es la misma fe la que lleva a la Reforma. Es decir, porque antes que personas del Opus Dei hemos sido católicos, y hemos comprobado que en la Obra en la práctica se traiciona a Nuestra Madre Querida la Iglesia Santa de Dios. Porque:

  1. Se incumple el Código de Derecho Canónico en muchas materias pero sobre todo en cuestiones de dirección espiritual.
  2. Porque como demuestra Doserra, hay un magisterio paralelo.
  3. Porque hay una jerarquía propia y paralela.
  4. Porque se tienen muchas declaraciones del Papa, del Concilio Vaticano II a beneficio de inventario.
  5. Porque se falta gravísimamente a la confidencialidad ordenada por la Iglesia.
  6. Porque se murmura sobre cuestiones de conciencia.
  7. Porque se falta de modo reiterado a la caridad verbalmente y por escrito.
  8. Porque se engaña a los fieles.
  9. Porque se manipula a los fieles.
  10. Porque se presiona a los fieles.
  11. Porque se priva a los fieles de su Libertad interior.
  12. Porque desde el principio se ha engañado a los fieles con la vida y la obra del propio Fundador.

Y, ¿Quién tiene el derecho de tomar decisiones? Tiene el derecho de tomar decisiones quien no se siente servido y ayudado por la Institución a la que uno se incorporó. Si yo soy estafado en una tienda, tengo el derecho de reclamar, tengo el derecho de ir a otra tienda o de procurarme yo mismo los medios de subsistencia de por mí mismo o con ayuda de otros. Por tanto la Reforma del Opus Dei no es algo de opinión, sino que es algo exigido por la fe. Se trata de defender la Fe, de defender la Iglesia, de defender lo que en su día muchos de nosotros vimos: que Dios nos quería contemplativos en medio del mundo, santificándonos en y a través de las realidades temporales, y que, Dios nos llamaba a no repetir el ejemplo de Tomás Moro, sino a vivir en la Iglesia, compartiendo de modo asociado nuestro carisma y nuestra ilusión. Sin embargo, desde el primer momento nuestra vocación fue secuestrada por una estructura controladora y manipuladora, pues se nos ha impedido bárbaramente, vivir nuestro encuentro con Cristo ya que desde el primer momento caímos bajo la férula del reglamentismo asfixiante y paralizante del Opus Dei.

Sin embargo, pienso que muchos de nosotros hemos recibido una auténtica vocación de Dios, señorita Azanza. Una vocación que nos llama a tratar a Dios con intimidad, haciendo apostolado con nuestros amigos, que ¡¡¡no se ha actualizado nunca!!!! Porque la han falseado las autoridades del Opus Dei. Y la han falseado los directores del Opus Dei porque se ha querido controlar nuestro apostolado de amistad y confidencia, reduciéndolo a una operación de programación ideológica, que suplanta la genuina amistad cristiana. Porque se nos ha dicho que somos libres y luego se nos controla en todo. Porque se nos dijo que somos laicos y vivimos como si fuéramos clérigos. Porque se nos presiona de tal modo que se nos condiciona emocionalmente haciendo imposible nuestro coloquio contemplativo con Jesucristo. Porque se nos habla de paz y se nos declara la guerra. Porque se dice que se nos quiere y luego palpamos el mobbing, el desamor, el odio.

Entonces, algunos de nosotros sí tenemos esa llamada de Dios, y nuestra salida de la Obra no ha sido para vivir en la inmundicia y en el pecado, sino consecuencia de nuestro Sí a Nuestro señor Jesucristo, un acto de fidelidad y de esperanza en la llamada, un tomar posesión de la vocación de la que fuimos desposeídos por los directores del Opus Dei. Para muchos de nosotros el amor de Dios nos ha seguido estimulando tras nuestra salida y hemos palpado el amor que Dios nos tiene y hemos tomado nuestra decisión no sin la ayuda e inspiración de Cristo, Señor Nuestro. ¡¡¡Sí!!! ¡Eso lo tenemos que decir muy alto! Que no nos hemos ido tras los encantos de este mundo, sino por Fe, por Amor a la Iglesia, por amor y fidelidad al Carisma recibido de Dios. Por eso esta Reforma es algo justo y necesario, porque se trata de edificar LO QUE NO HAY, porque evidentemente la idea del 2 de octubre no se ha plasmado adecuadamente y porque hay una realidad eclesial que hay que defender.

Por caminos de Reforma

Ratzinguer habla de “no perder de vista el Misterio”. Nosotros nos sabemos portadores de una llamada de Dios a tratarle con intimidad, en primer lugar. En segundo lugar, una llamada de Dios a santificar el trabajo cotidiano. En tercer lugar, percibimos con nitidez que Cristo nos llama a colaborar con nuestros hermanos en la nueva evangelización, con un apostolado de formación doctrinal, abundancia de verdad y caridad, Y que Cristo nos llama a practicar con nitidez un verdadero apostolado de amistad y confidencia. Pero también, sentimos tras nuestra experiencia pasada que renegamos de estructuras de poder; que renegamos de dirigismos espirituales forzados; que renegamos de toda dictadura espiritual y personal ad modum religiosorum. Nos oponemos a los que deciden por nosotros y nos imponen su verdad y “buscamos la luz purísima de lo alto que es al mismo tiempo la irrupción de la libertad pura” (Ibíd,p. 18).

Es el Paráclito Quien hace su Labor. Quien hace la Obra de Dios en cada alma. Hay multitud de ritmos y de caminos, que la Reforma debe hacer respetar. Una Institución SECESIONADA del Opus Dei deberá plantearse como una estructura muy ligera que proporcione formación a todos y consejo a quien lo pida, y que anime y cure a los miembros enfermos por la dictadura del Opus Dei. A este respecto escribe Raztinguer:

Permitidme decir con una imagen lo que yo comprendo, una imagen que he encontrado en Miguel Angel (…) Con la mirada del artista Miguel Angel veía ya en la piedra que tenía ante sus ojos la imagen-guía que esperaba secretamente ser liberada y sacada a la luz. La tarea del artista, en su opinión, consistía sólo en quitar lo que aún cubría a la imagen. Miguel Angel concebía la acción artística como un sacar a la luz, un poner en libertad, no como un hacer” (Ratzinguer. Ibíd.,p. 18).

Y más adelante, refiriéndose a San Buenaventura comenta que el escultor hace su obra quitando lo que sobra: ¡¡QUITANDO LO QUE SOBRA!! En un proceso de ablatio por el que sale a la superficie la nobilis forma, la figura preciosa. Esto ocurre en el Opus Dei, que, como otras estructuras, “envejecen y corren el riesgo de presentarse como algo esencial, apartando la atención de todo lo que es verdaderamente esencial . Y por esta razón han de ser retiradas siempre, como si fueran andamiajes superfluos. La reforma es siempre una ablatio, un quitar, para que se haga visible la nobilis forma, el rostro de la Esposa y junto con él también el del Esposo, el Señor vivo” (Ibí. P. 19).

El Opus Dei es todo un andamiaje humano sobre una realidad vocacional secuestrada. Como “ellos” no quieren prescindir de sus andamiajes, parte de los obreros se van a otro sitio a hacer una casa nueva pero profundamente cristiana y profundamente eclesial. “Semejante ablatio –continúa Ratzinguer- representa una vía hacia una teología muy positiva. Sólo así penetra lo Divino y sólo así surge una congregatio , una asamblea, una reunión, una purificación, esa comunidad que anhelamos; una comunidad en la que un “yo” no está contra otro “yo”, un “él mismo” contra otro “él mismo”. Es más bien, ese darse, ese fiarse que forma parte del amor, el que se convierte en un recibir recíproco de todo el bien y de todo lo que es puro”. (Ibídem).

Ratzinguer insiste en que de la ablatio surge la congregatio. Bastará –pues- que varias personas procedentes del Opus Dei conscientes de su llamada a la santidad, con una fe fuerte en su vocación, tomen conciencia de su responsabilidad, para que surja un nuevo fenómeno asociativo, una nueva familia en la Iglesia, que proporcione a sus miembros el apoyo básico para sacar adelante su vida interior y sus actividades apostólicas, actuando no como “una ventana que en lugar de permitir una mirada libre hacia el horizonte lejano, se pone como una pantalla entre el observador y el mundo”, sino como un espejo que refleja el mundo tal y como es. A ese pequeño grupo se unirán otros, mas tarde, surgiendo la congregatio con su correspondiente Pastor. Por tanto, la Reforma del Opus Dei debe nacer como una renovada conversión de cada persona, y como un gran acto de fe, porque “no tenemos necesidad de una Iglesia más humana, sino de una Iglesia más divina; solo entonces ella será verdaderamente humana” (Ibíd. p. 21).

Siguiendo los pasos del razonamiento de Ratzinguer, en esa congregatio reformada, el gran principio es la Libertad la cual “depende del hecho de que ninguno pueda imponer su propia voluntad a los otros, aunque todos se reconozcan ligados a la palabra y a la voluntad del Unico, que es nuestro Señor y nuestra libertad” (Ibíd, p. 21) de modo que “ninguno es esclavo del otro; domina el Señor y por eso vale el principio de que el Señor es el Espíritu y donde está el Espíritu del Señor allí está la Libertad (2 Co 3, 17). “

Así pues, la palabra clave de la futura Reforma será la Libertad. Libertad para reconstruir un Camino común de Senderos variados –e pluribus unum-porque es necesario quitar opresiones y formulismos para dar libertado para devolver la libertad a quien la perdió. Libertad perdida, libertad escondida bajo el pecado, el pecado del control, de la desconfianza. La desconfianza, actitud de Satanás que no se fiaba de los planes de Dios. Desconfianza de los directores, desconfianza de unos con otros, de tal modo que al final no se sabe por qué ni para qué se está en el Opus Dei, si para ser contemplativo y hacer apostolado, o para satisfacer los caprichos infantiles de unos directores inmaduros. Vocación perdida, vocación robada, vocación cubierta de polvo. Vocación que hay que rescatar, vocación que hay que purificar de tantas cosas que la oprimen.

Llegados a este punto, la reflexión de Ratzinguer se centra en el perdón. Nuestro acto de fe, nuestra revitalización en nuestra vida interior exigen un perdón profundo a los directores de esta antigua estructura y un mirar hacia delante. Solo así podremos dejar que Dios obre en nosotros y haya una transformación, una reforma personal que luego sobreabundará en lo institucional. Debe haber una ruptura total con el pecado en nuestras vidas lo cual implica una conversión hacia El, un dejar que El penetre nuestras vidas, las limpie y purifique en la Oración, en el Sacrificio, en la Confesión, en la Eucaristía. Reconocimiento de nuestros pecados, y expiación por ellos, atrae la Gracia que nos ayuda a perdonar y que trae consigo la Fe y la Fuerza para construir ese Camino de Senderos personales variados, la Reforma del Opus Dei.

El criterio de la renovación

Básicamente, no se trata de pregonar una reforma en base a una adaptación a lo que piden los tiempos modernos, sino en preguntarse o en volver a preguntarse de cara hacia dentro qué es lo cristiano y que es lo no cristiano dentro del Opus Dei. Y como resulta que el actual Opus Dei no está dispuesto a cambiar lo que no es cristiano, entonces, nosotros, que somos cristianos, nos vamos.

Y es que como escribió Joseph Ratzinguer en El nuevo pueblo de Dios. Esquemas para una eclesiología, Herder, Barcelona, 2005) en realidad la fe cristiana es más bien (dicho con una imagen que resulta incompleta y débil) la medicina divina, que no debe dirigirse por los deseos del cliente ni por lo que sabe bien, si no quiere dañarle” (op. Cit. p.301). La falsa reforma es aquella que quiere hacerse la simpática, que quiere darle al hombre todo lo que pide en aras de un falso aggiornamiento. Al contrario, “podemos decir que la verdadera reforma es quella que trabaja por lo verdaderamente cristiano, que está oculto, y por lo cristiano se hace dirigir y transformar” (Ibídem). Se trata de facilitar el que cada persona pueda en verdad cantar al Señor un cántico nuevo, como dice el salmo 95. Habrá que adoptar nuevas formas, nuevas maneras, nuevas estructuras que aseguren la Libertad y el ejercicio de la Caridad, el ejercicio de la sinceridad de tal modo que brille la pureza de la verdad (cfr. Op. Cit. p. 303) que, en definitiva, aseguren el crecimiento en la fe, que es para lo que uno se asocia.

Joseph Ratzinguer anima a rastrear qué es lo falso en la Iglesia. Yo animo a rastrear qué es lo falso en el Opus Dei (creo que ya está especificado), esos envejecimientos que en el caso del Opus Dei son verdaderamente natalicios: el apego verdaderamente fariseo y que ha quedado expuesta en esta web, a lo fariseo, a la letra de la ley. Y hay que ir al sentido, no a sus exteriorizaciones. Por ejemplo, el detalle de los regalos y su entrega. El espíritu de desprendimiento no puede ser nunca algo forzado entre laicos sino que debe brotar del interior: debe ser autónomo, no heterónomo. La Obra se aferra a las acciones piadosas, se aferra a las tradiciones del Fundador, pone el acento en los ejercicios de piedad, pero éstos no hacen buenos por sí mismos a las personas. “La fe no es cuestión de cantidad, de dilatados ejercicios y acciones, por lo que tampoco puede renovarse porque se añadan nuevas devociones a las antiguas, ni se la puede tampoco dañar porque se disminuya la cantidad de los ejercicios. La fe es vida, que, como vida del espíritu, solo prospera en la veracidad, que requiere la libertad como marco para su realización” (op. Cit. p. 307)

Parte de esa sinceridad es reconocer nuestras raíces, que están cerca de los ardores piadosos y apostólicos de Monseñor Escrivá de Balaguer, pero no podemos encerrarnos, como ha hecho la Obra, en una especie de ghetto amurallado y bien amurallado, en un seguimiento de la letra sobre el espíritu.

Renovación y Reforma del Opus Dei es apostar por lo cristiano, que es apostar por la Libertad, por la Verdad, por la Caridad, por la sencillez de lo primitivo: “volver a la sencillez que en el fondo es un eco de la sencillez del Dios único”. Y para nosotros, volver a la sencillez evangélica es huir de lo no querido por el Código, preferir lo autónomo a lo heterónomo, la Libertad a la Coacción, la Caridad y el Amor al disimulo y la imposición.



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