Como un cartujo!

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Por Kipepeo, 15 de septiembre de 2010


Me gustaría relatar una anécdota para introducir unas consideraciones, que seguramente no son nuevas en esta web.

Hace un par de años, durante un curso de retiro predicado por un sacerdote ya mayor y de “peso” en mi Región y la Obra - que es toda una referencia -, con muchas obras de espiritualidad publicadas, además de conocido por su inteligencia y capacidad pastoral; por ocasión de la meditación sobre secularidad y mentalidad laical de dicho retiro, al considerar los problemas, claudicaciones y enfrentamientos que la vida moderna suele presentar a los rarísimos laicos numerarios, se le escapó por la boca repentinamente sin grandes vacilaciones que ... ¡“nuestra entrega es como la de un Cartujo”!

Como podéis imaginar, ¡me quede asombrado! por dos motivos; primero porque finalmente alguien lo dijo clarísimo y lo racionalizó; algo que después de tantos años dándole yo vueltas y sintiéndolo en la piel (incluso, se me escapó de golpe en una charla), la duda si no estábamos llevando una vida muy semejante a la de una parte de religiosos; segundo porque yo decididamente tengo desde muy temprana edad una idea de la Cartuja (he visitado un monasterio-eremitorio) y os aseguro con todos los ya no muy abundantes pelos de mi cabeza que ... ¡nunca quise ser un Cartujo! - Hay un Blog por esa weblife donde se cuestiona a la gente ¿Porqué no es Usted del Opus Dei?... pues yo les preguntaría a los del Opus ¿Por qué no es Usted entonces de la Cartuja?...

Tengo personal admiración por ese sacerdote y, viniendo de donde viene esa afirmación categórica, especialmente por su mente clarividente, el hecho de que no encontrara un término de comparación en toda la Iglesia para nuestra entrega que la Cartuja, para explicar las exigencias de nuestra vocación en “medio del mundo”, es altamente revelador de los niveles de apoplejía esquizofrénica a la cual ha llegado el Opus Dei y que se nos impone en nuestra vida de “seglares”.

Vamos a meditarlo una vez más, todavía no totalmente recompuestos de la sorpresa: - ¡Sí! Es la pura Verdad... algo de la envergadura ascética y espiritual de la Cartuja es el único término de comparación disponible en la Iglesia actual para servir de termino de comparación sobre el ideal de entrega que se pide a los célibes del Opus Dei. Lo triste es que uno se lo descubra a duras penas y elevado coste personal, después que embarca en su ermitaña peregrinación por el camino laical asignado por Dios a Escrivá (el que se engañó no fue este último, ya se ve...). Que yo sepa, un aspirante a Cartujo ya lo tiene bien claro antes de iniciar el viaje.

Claro está, que en dicha meditación sobre ‘Secularidad’ no se terminaba de sacar a relucir cómo se compagina o mezcla la entrega propia de un Cartujo con el tipo de vida secular de los fieles laicos... y terminamos la meditación sin llegar al meollo de la cuestión: la medida y el meollo de nuestra secularidad y mentalidad laical. Eso sí, se quedó en el aire el peligro que supone una interpretación distinta a la de los Cartujos de lo que es la ‘Secularidad’ que el pobrecito y ordinarisimo numerario debe vivir. Entonces ¿qué hacer cuando la misma secularidad que se nos propone vivir se vuelve el enemigo número uno de la perseverancia, y causa de tantos ‘descaminos’?

Mi pregunta: ¿será que hay alguien en la Obra que sepa destrincar esta cinta de Moebius que resulta ser la asimilación de la secularidad a la entrega cartusiana???? – Si dicha persona existe, pues ya se puede considerar invitada a contestar una de las paradojas del ‘siglo’.


Otro punto muy interesante, pero que sopesa el fin del presente escrito, es lo que se entiende en casa por Santidad. Es que tenemos un concepto móvil, con las siguientes santidades:

  1. Santidad (¿común?)
  2. Santidad de Altar
  3. Santidad Heroica

Cuando conocí la Obra se hablaba mucho de la ‘santidad de altar’, pero en la última década solo escucho lo de ‘santidad heroica’… ¿en qué quedamos? – ¿Será que hay apenas ‘santos’ en muchos altares, por lo cual la santidad de altar hoy se vivió heroica?- ¿Existe santidad no heroica? – ¿Y en cuanto al Fundador?


¿Cuantas vocaciones hay?

Me explico: estoy seguro que muchos en la Obra conocen al libro de TissotLa Vida Interior”; al contrario del Tanquerey lleno de meticulosidades (reconozco que hay almas que les gustan los detalles, especialmente el mundo femenino, y otras que cogen preferencialmente el vistazo), este es una joya, lectura indispensable para las mentes que quieren tener un vistazo sobre en qué consiste dicha Vida, su Meta y Camino y Medios (sin confundir estas cosas y, por ejemplo, hacer de los medios el Fin, cosa muy,... pero muy común en la Obra), sin enredarse en detalles, desvíos y cosas paralelas. Este libro es insospechado, porque existe una copia en muchos centros y es indicado como lectura espiritual. Eso sí, os confidencio que solamente empecé a entenderlo después de la tercera o cuarta leída, quizás porque con los años, me fue deparando con tantos problemas interiores debido a la seudo-dirección espiritual impartida por la Obra, que ahora se hace luz.

Resumiéndolo: se habla de la existencia de tres “Piedades” reiteradamente; en el capítulo sobre la Voluntad de Beneplácito Divina, donde define la verdadera Piedad como la manera como el creyente da gloria externa a Dios de acuerdo con las respectivas formas

  • la piedad religiosa, conformada esencialmente por la regla
  • la piedad sacerdotal, ó clerical, de los diáconos, presbíteros y obispos, cuya forma viene dada por la Liturgia y el Código de Derecho Canónico
  • la piedad del laico, donde la voluntad de beneplácito se muestra esencialmente mediante los deberes que la profesión impone... y la familia si existe.

Citando:

Segunda Parte; El Camino

[…]”Por eso esta segunda parte se divide en tres libros que llevan por título:
El primero, la voluntad manifestada.
El segundo, la voluntad de beneplácito.
El tercero, el concurso de ambas voluntades.

LIBRO I – Capitulo II – Los Deberes de Estado

8.° Para los sacerdotes.—Los deberes de estado para los sacerdotes están contenidos en las leyes eclesiásticas. Estas leyes son de dos clases, leyes litúrgicas y leyes de disciplina. Las leyes litúrgicas, tomando esta palabra en su acepción más amplia, regulan las relaciones del sacerdote con Dios; las leyes de disciplina regulan sus relaciones con la criatura: las unas le despojan en algún modo de sí mismo, las otras le conducen a Dios: son dos operaciones que en el fondo sólo constituyen una y que ordenan el hombre a la gloria de Dios. En las leyes litúrgicas es donde se precisan para ellos los tres mandamientos, así como los consejos que determinan sus relaciones con Dios, y ahí es donde encuentran su forma sacerdotal. Asimismo, en el derecho canónico es donde se precisan, para su conducta eclesiástica, los mandamientos de la segunda tabla, como los consejos que regulan sus relaciones con las criaturas, y ahí también es donde hallan su forma sacerdotal. De modo que el miembro del clero debe buscar y descubrir la regla más próxima y la forma más apropiada de la piedad clerical en esa doble categoría de las leyes propias de su estado.

9.° Para los religiosos.—Para los religiosos los deberes de estado están expresados en la regla de su respectiva religión: la regla es la expresión completa de las obligaciones especiales que les incumben. Dios ha puesto un cuidado paternal en trazarles, hasta en sus más pequeños detalles, su voluntad sobre ellos. Dos partes esenciales resumen toda regla religiosa: la una, ritual, regula las obligaciones respecto a Dios; la otra, disciplinar, despoja al hombre de sí mismo y de todo lo criado, en la medida y forma particular de cada instituto religioso. Aquí también encontramos las dos operaciones fundamentales de toda piedad. Así, pues, preceptos y consejos se reúnen y encarnan para el religioso en su regla, revistiendo en ella esa forma especial que da a la vida monástica su fisonomía especial. Y la piedad del monje aparecerá en su verdadera forma religiosa si sabe buscar en su regla la ley más inmediata de su movimiento hacia Dios.

10.° Para los seglares.—Los deberes de estado están fijados por las reglas de la profesión propia de cada uno. El magistrado tiene las reglas de su deber, el militar los reglamentos de su cuerpo, el comerciante, el abogado, el médico, el obrero, el padre de familia, la madre y los hijos, todos y cada uno en su situación tienen obligaciones respectivas que les son propias y que están trazadas por reglas más o menos explícitas, o por costumbres que tienen fuerza de ley. Estas obligaciones, propias del deber profesional, son para los seglares la regla más próxima de su piedad. Si la piedad del sacerdote no es sacerdotal sino por su conformidad con las leyes eclesiásticas; si la piedad del religioso sólo es religiosa por la observancia de la regla, "la piedad" del seglar únicamente es verdadera en y por las prácticas de sus deberes profesionales. Cada estado tiene de esta manera una forma propia de su piedad, y esta forma es querida por Dios de tal suerte que la piedad del sacerdote no es la del religioso ni la del seglar, y la de éste no es la del sacerdote ni la del religioso.”

Consecuencias:

¡Señores Directores Espirituales de la Obra! ... esto hila muy fino; significa, entre otras, que colocar una norma de piedad por delante de un deber profesional o familiar importante puede ser descamino para un laico (por ejemplo gastar tres horas para ir y venir de una Misa en día de semana), además de resultar muy peligrosa la afirmación tajante del Fundador que garantiza la Santidad por el mero cumplimento de las normas... eso es quizás verdad para un religioso; un laico pode pasar toda una vida cumpliendo normas de piedad y faltar a deberes básicos profesionales como pagar impuestos, no pagar salarios justos, vender Secretos de Estado a otro país, etc., etc., etc. Sin eso, ¡no se santifica la profesión! – El nombre de esta situación es muy conocido... FARISAÍSMO. Me preocupa no poco que en más de 20 años, solamente conocí una persona – sacerdote – que solía traer a menudo esta cuestión de la importancia de ver en la charla como efectivamente se trabajaba, se trataba a los demás en el trabajo y como se vivían la justicia y los deberes de estado. Lo habitual es preguntar por el cumplimento de las Normas, Fe, Pureza y Vocación o Apostolado y encargos (creo que las dos últimas son cosas más de gobierno que de dirección espiritual). ¿No resulta esto tan extraño?

Quizás por la mentalidad jurídica del Fundador se le aplicó el formalismo legal farisaico a la mismísima Santidad. Les remito además para los extraordinarios libros de Jacques Philipe ... ¡y pasmaos!... ¿cómo es posible que la misma dirección espiritual de la Obra recomiende el Libro de Tissot y las obras de J.Philipe sin darse apenas cuenta que hacen una diagnosis perfecta del descamino espiritual que lleva la vida interior en la Obra, abocando sus miembros más a una ‘adecuación’ (gracias Pergolessi por tan buena definición) de las almas a la máquina institucional, que dándoles el alimento para abocarse en el Dios mismo? – Además de las arideces propias de la vida espiritual, uno aún tiene que enfrentarse a un voluntarismo sin alma... ¡ahora me explico que en la edad madura de mi vida tenga mucha menos vida interior y contemplativa que en mi adolescencia!

Pensándolo:... Muy bien, antes de uno entrar en la Obra, seguramente es un fiel corriente, bautizado en la Iglesia local bajo una jurisdicción Obispal; dentro de la Obra –al menos teóricamente– sigue siendo un “fiel corriente” y, como la Obra “no saca a nadie se su sitio”, me creo que al salirse sigue... siendo un fiel corriente. – Si así es y no existe un cambio de estado (no se pasa al estado clerical, mucho menos al religioso), entonces ¿por qué rayos es tan grave ‘abandonar’ una vocación que, de hecho, no supone cambio exterior alguno? – Pongámosle el ejemplo de un supernumerario: tiene familia, trabajo, empieza haciendo y fortaleciendo una vida de Piedad, recibe unos cuantos o pocos encargos... si después se va, sigue con la familia, el trabajo y casi seguramente con algunas de las normas, quizás aquellas que mejor se adaptan a los dedos del guante que es su vida, puede incluso hacer el apostolado que le dé la gana y hacer unos donativos mensuales para las víctimas del terremoto en Chile. ¿Y entonces qué? - ¿Qué cambio o fractura ocurrió de hecho en su vida que le suponga un grave alejamiento de la Voluntad Divina para él, Dios, etc.? – ¡No sigue igual todo, como antes?

Esto es demasiado obvio: si la Obra no saca a nadie de su sitio y condición vital, el acto inverso lógicamente produce resultado de idéntica calidad... en otras palabras, es un cambio accidental, no substancial. Esta simple consideración es suficiente para hacer dudar ontológicamente de una vocación fundamental (¿sustancial?) a la Obra.

Pero... ¿será que a algunos, sí, los saca de la normalidad, o estado secular? – Porqué sacar a uno de su secularidad diocesana y moldearlo a una entrega de Cartujo, eso si presupone quizás un cambio sustancial.


¿Y cuántas ‘vocaciones’ hay en la Obra?

La Obra es algo muy complicado porque el Fundador quiso construir una estructura paralela a la Iglesia con la missio de enseñar la santificación del trabajo y de la vida cotidiana al seglar, en vez de hacer ese trabajo desde y dentro de las Iglesias particulares diocesanas. Para tal ha abocado a una entidad hibrida: hoy una mezcla mal cocinada de Instituto Secular con una Prelatura Personal. Unos socios - los que garantizan la estructura paralela - viven según una regla formalmente muy semejante a la de los Religiosos, y los demás como fieles laicos que cooperan. Yo nunca me tragué la consabida explanación de que la “vocación es la misma” para Numerarios Agregados y Supernumerarios... ¿No es verdad que siempre escuchamos que los numerarios dedican a la institución el tiempo que los supernumerarios a su familia? – Pero, si para conseguir compatibilizar su vida de trabajo y familiar con el guante escrivariano, su plan de vida es más bien light; ¿por qué entonces no se aplica lo mismo a quienes “dedican a las cosas de la Obra el tiempo que otros dedican a la familia de sangre”, en vez de obligarles a llevar una vida con tintes de Cartujo?


Resumiéndolo:

Tissot expone cuales son las 3 vocaciones esenciales en la Iglesia. Yo añadiría humildemente que cada una podrá admitir grados accidentales, por ejemplo, la vocación religiosa tiene variaciones de acuerdo con las diferentes reglas, misiones y órdenes. Así es muy difícil entender la vocación a la Obra como algo más que una determinación accidental de la del laico. Por tanto, uno es laico entes de entrar en la Obra, lo debería seguir siendo – lo que quizás es correcto para los supernumerarios – y si sale, pues no pasa nada, sigue siendo un fiel laico corriente. Es la sencilla conclusión que uno saca de la lectura de la mencionada obra. Siendo algo accidental y no sustancial, de origen contractual, es muy difícil ver como la supuesta “infidelidad” pueda comprometer la salvación eterna; otra cosa seria un laico hacerse religioso sin vocación (como algunos dicen del caso de Lutero), o un religioso hacerse laico. ¿Qué pasa en una parroquia o diócesis cuando un fiel laico decide salirse de la catequesis de adultos para dedicarse a una cofradía de la Adoración Perpetua?: Pues... nada, un cambio accidental.



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