Comenzar después del opus

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Por Doby, 2 de octubre de 2006


Preguntaba Picapiedra el pasado 29, sobre historias de los comienzos fuera del opus.

Creo que hay tantas historias como ex miembros (ex fieles, ex socios o lo que fuera en cada momento, que el opus no ha dejado de transformarse). En mi caso, era universitario en un país extraño, haciendo mi centro de estudios luego de haber estado en un consejo local en mi propio país. Cuando al comenzar el segundo año decidí abandonar el opus, pese a las presiones, chantajes y amenazas del director del ce, opté por no regresar a mi país de origen (imagino que les aterraba que continuara viendo a los otros 3 numerarios que compartían mi carrera universitaria), pues allá, en mi país, mi círculo de amigos giraba alrededor del opus y acá quería empezar sin ese lastre, sin la posibilidad de referencias directas o indirectas al opus.

Lo primero fue ubicar una pariente lejana que habiendo enviudado me aceptó en su casa, hasta que se casó nuevamente y me mudé con la familia de un compañero de universidad que me recibió con los brazos abiertos, como un hijo más; cuanto les agradezco a todos ese recibirme sin hacer preguntas. Luego buscar un trabajo acorde a mis estudios universitarios, allí jugaron un papel crucial un grupo de "ex" quienes me apoyaron y recomendaron. Con el pequeño sueldo pagaba mis estudios y sobraba un pequeño, muy pequeño remanente, así que aprendí la diferencia entre la pobreza del no tener y la pobreza del estar desprendido que predica el opus; y me convencí de lo fácil que es estar desprendido cuando sabes que nada te falta y nada te faltará, pero la pobreza del no tener.... caramba! esa es cosa seria...

Me tocó dormir en el suelo no por mortificación sino porque cuando me mudé a mi primera habitación para vivir independiente no podía comprar una cama y no imaginan (o sí?) la felicidad de volver a dormir en un colchón cuando pude comprarla. No tomar refrigerio los sábados? Supe muchos meses lo que era hacer solo una comida al día hasta ver estrellitas de colores en tu trabajo antes de salir corriendo para las clases nocturnas. Y qué de los gastos por capricho, vanidad, comodidad, etc cuando caminaba bastante para encontrar un lugar donde la comida estuviera más barata?. Pero en medio de toda esa estrechez y dificultad respiraba LA LIBERTAD, los errores y los éxitos eran resultado de ella, no de seguir o desobeder un criterio, encontraba la constante solidaridad y aprecio de mis compañeros de clase que hasta entonces (y hasta la fecha) se convirtieron en amigos, de esos que saben darte una mano, un consejo, dinero, casa, un apoyo incondicional, desinteresado y duradero, y descubrí la maravilla de la amistad, la de ellos y la de ellas, también prontas a sostener al recién descubierto amigo.

Recuperé la pasión por la lectura y los libros empezaron a amontonarse sobre unas maderas sostenidas con ladrillos... mi biblioteca!!. Autores antes mirados con sospecha me volvieron a revelar la gracia de la palabra escrita, filósofos que eran motivo de burla me mostraron nuevas y apasionadas visiones de la Verdad, descubrí que un libro bien valía muchos almuerzos. Navege en otras espiritualidades y comprendí que realmente el Espíritu sopla donde quiere, que se necesita mucho engreimiento para creerse "ese resto de Israel" que salvaría al Mundo y a la mismísima Iglesia de Dios y que la Historia de la Salvación se escribe sin tantos planes, sin tantas metas, sin tantas listas de amigos pitables, de trato intenso y demás marqueting apostólico. Encontré una Iglesia muchísimo más grande que el opus, donde caben todos y donde se practica la fe de muchos modos. Conocí el amor, el desengaño, la ilusión, la esperanza, los éxitos y los fracasos, o sea, conocí la vida que vivimos todos los que ya no estamos en en esa "torrre de marfil" desde donde se mira al mundo con sospecha y siempre con aires de superioridad.

Antes de graduarme encontré el apoyo de profesionales con quienes trabajé que retribuyeron con largueza mis esfuerzos, recuerdo con especial cariño a uno, ya fallecido, quien me cedió gratuitamente una oficina en su despacho y puso a mi disposición todo lo que no podía pagar: computadora, equipo de oficina, secretaria, electricidad, teléfonos, para que hiciera mi clientela, y supe con toda claridad que en el mundo hay mucho bien y muchísima gente buena que ayuda desinteresadamente.

Ahora me considero profesionalmente exitoso, vivo feliz y he aprendido a ser agradecido con la vida, con la gente, pues todo este tiempo no han dejado de darme lecciones de generosidad y solidaridad; así que también me he unido a esa cadena de apoyar a otros, lo cual es un motivo adicional de alegría y satisfacción.

Aprovecho ahora para darle las gracias también a Picapiedra por hacerme recordar esos duros comienzos y estas dulces actualidades, pues no es cierto lo que te dicen en el opus, que a los que "abandonan la barca" sólo les espera la infelicidad, que quede claro: Mienten!!!. ¿Qué puede saber un numerario de felicidad, encerrado en esa vida solitaria, en esas casas ajenas al movimiento del mundo, extraños a la felicidad de las cosas grandes y pequeñas que llenan la vida?, atentos sólo al plan de vida, a acusarse de faltas ridículas en confesiones semanales, a llenar su día de tonterías como preocuparse de que las velas tengan exactamente la misma altura, o corregir al "hermano" que se metió un dedo en la nariz mientras el Santísimo estaba expuesto, convertidos en eternos invitadores a meditaciones y retiros... realmente que vidas más pequeñas y mas llenas de ... nada!!.

Hace poco escribía alguien acá sobre morir en el opus y yo pensaba que terminas en un "memento" en la misa de difuntos, un alguien que "partió al Cielo", sin nadie que te recuerde más o te llore; ahora yo sé que cuando me muera seré recordado y llorado, que alguien mirará alguna de mis cosas y soltará una lágrima, que posiblemente alguna de mis pertenencias será guardada, no porque sea una reliquia, sino porque quien la guarda me ama, sé que mi tumba no será una tumba abandonada, sino que irán el aniversario de mi muerte o el día de difuntos y hablarán seguramente de mí y mis tonterías mientras acomodan las flores y así hasta después de muerto seguiré siendo recordado y querido; sólo con eso tengo suficiente para darle gracias a Dios por haberme ido.



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