Ciertas víctimas de la rejalgación del Opus Dei han perdido la fe en Dios

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Por Canencio, 9 de abril de 2010


El escándalo de la corrupción imperante en las instituciones políticas y eclesiásticas españolas desde la mitad del siglo XIX hasta el final de la segunda guerra mundial, abocó a la intelectualidad hispana al ateísmo. La restauración de Cánovas del Castillo, los directorios militares del final de la monarquía y el franquismo mostraban una cara de Dios obsoleta que se adecuaba muy bien a los detentadores del poder, egoístas y opresores. La revolución científica del siglo XIX aportó al mundo intelectual tantos nuevos paradigmas empíricos e inductivos que desarmaron todo trabajo erudito deductivo, por lo que las viejas demostraciones de Dios aristotélico-tomistas quedaron inservibles, incapaces de confrontarse con los ateos argumentos empíricos y científicos. Por un lado el nuevo pensamiento postuló el axioma de la verdad tangible, el cual axioma dice que si toda evidencia científica se induce por el principio de causalidad experimental, entonces todo lo que no es causal, lo que no es experimentado no es científico ni evidente y pasa a ser una conjetura meramente artística. Por otro lado el pensar científico propuso el principio de no contradicción en la deducción causal, que viene a decir que si se induce por la experiencia que todo efecto fenoménico procede de una causa y ese es el único criterio de verdad, entonces si se deduce algún efecto no proveniente de alguna causa, ese efecto es falso…

Estos dos axiomas irrebatibles destruyeron de plano la demostración de Dios escolástica del Studium generale, pues el motor inmóvil no se induce por evidencia causal ya que no tiene causa y todo efecto no procedente de una causa no es verdadero por lo que la teodicea escolástica quedó relegada al mundo del arte. Ante el golpe vivencial de la corrupción socio religiosa y la revolución científica, la intelectualidad española de principios del siglo XX perdió la fe en Dios y se presentó a si misma bajo dos posturas antagónicas una era de franca militancia atea o masónica y otro porte fue el de interpretar el papel de un buen cristiano aún careciendo de toda creencia en Dios, tal es el caso de la novela de Unamuno “San Manuel bueno mártir” en la que se relata la excelente vida de un párroco rural que estaba falto totalmente de Fe.

Tanto la postura masónica como la actitud que dramatiza la existencia de Dios en un “como si viviera mi redentor” fundado en la descreencia, manifiestan la angustia y la amargura de los que no tienen agarraderos intelectuales para mostrarse a si mismos la existencia de Dios. Ya Romano Guardini en 1921 lo anuncia –“Un acontecimiento de gran importancia ha comenzado: la iglesia despierta en las almas” Y en ese momento, en 1928, apareció el opus dei como un caballo en una sala de cristales, en vez de hacer teodicea sobre el encuentro fenoménico con Dios a través de los hechos empíricos de la naturaleza tal y como predica san Pablo en la carta a los romanos. “Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras.” Entonces el fundador del mismo modo como el Profeta Jonás no se dirige a Nínive sino que se dirige a Tarsis, Escrivá se sube a la nave del fideísmo subjetivo y proclama que todo el fundamento de la fe procede de sus conversaciones particulares con la divinidad. De tal manera que se establece un credo “quia absurdum” pues en el dos de octubre el fundador mantuvo una supuesta conversación con el Trono de la gloria y la historia del opus dei se convirtió en un cúmulo insoportable de acontecimientos mágicos esotéricos, que ilustraban la intervención directa de la divinidad en los aconteceres inmediatos del pequeño mundo del opus dei. Así de puertas a dentro en el opus dei se divulgaba cómo el fundador había visto cara a cara al demonio, cómo ciertos acompañantes habían observado a santa María Virgen sosteniendo a Escrivá en sus brazos, también se decía que si la humanidad desapareciera en una catástrofe y solo quedara un ser único humano este sería del opus dei y en este tono chamánico, internamente se propagaban otras extravagancias. Todos estos hechos se comentaban como pretendidamente certificados por el vaticano ya que circulaba por los pasillos de la obra una supuesta frase que Paulo VI le había comentado a del Portillo “Escrivá ha tenido los mismos carismas de comunicación con Dios como Moisés o san Pablo”.

Así pues la fe de las víctimas del rejalgar del opus dei no está basada en datos científicos, se fundamenta en una creencia artística consoladora que procede del relato de una historia fantástica repleta de acontecimientos sobrenaturales innecesarios. Cualquier víctima del rejalgar del opus dei, en el choque diario con el trabajo cotidiano donde se aplican hasta la saciedad principios científicos, vive una esquizofrenia entre su fe artística y la pragmática científica del trabajo. Esta colisión de modos de pensar en un mismo cerebro provoca una reacción obsesivo compulsiva en el alma desde la parte de la fe porque el individuo nunca desea estar desasistido por Dios. La conducta obsesiva del afianzado en la fe por razones artísticas se manifiesta en una continua represión de las dudas de creencia que se le vienen a la cabeza realizando de manera compulsiva conjuros mentales y rituales simbólicos que le distraen de tenerse que enfrentar con sus dudas ideológicas.

Muchas de las víctimas del rejalgar del opus dei cumplían las normas y costumbres de piedad de un modo compulsivo para aliviarse de sus dudas de fe, porque estaban muy pobremente alimentados en los fundamentos científicos de la existencia de Dios. Si un individuo no resuelve a lo largo de su vida el antagonismo entre creer en Dios de modo artístico frente a evidenciarlo de modo científico, entonces ese inicial desarreglo mental obsesivo progresará en su deterioro psíquico hasta hacerle caer en las más altas formas de la locura bien sea la depresión o bien la psicosis.

El opus dei por su peculiar mensaje y su estructura organizativa, está incapacitado para elaborar cualquier trabajo científico teológico demostrativo del hecho divino, que pueda curar la esquizofrenia que padecen sus miembros, el opus dei fuera de su historia mágica no les aporta a sus víctimas ninguna razón científica que demuestre la existencia de Dios y la existencia de la misma organización. Y estos terribles hechos suceden porque el opus dei no aprecia el primer mandamiento de la Ley y ha fabricado un simulacro de Dios. “Shemá Israel Adonai Eloheinu, Adonai ejad. Escucha Israel el Señor es nuestro Dios el Señor es uno.

Las víctimas de la rejalgación deben considerar con seriedad que el Dios de Israel recibido por la Iglesia de Cristo es muy distinto a la deidad proclamada por el opus dei. Moises recibe del altísimo las tablas de la ley en la cumbre del Sinaí mientras en sus laderas todas las tribus escuchaban sin entender las conversaciones cara a cara del creador con su profeta, el pueblo de Israel fue testigo de los comunicados de Dios. Cristo hizo testigos de su mensaje a su Madre a los apóstoles a sus discípulos y a toda Palestina proclamando, públicamente, sus palabras y sus hechos como perfecto hombre y perfecto Dios. Santa María Virgen se presenta ante los pastores de Fátima y ante Bernardette de Lourdes cuando estos están acompañados de muchedumbres. Pero el opus dei, el dos de octubre de 1928, proclama la palabra de Dios desde un mensaje individual oculto que sugiere algunas dudas de su autenticidad teológica, es un comunicado que no puede ser constatado por ningún testigo presente, pues fue recibido en un rapto místico del fundador y además carece de toda certificación explícita de la Iglesia de Roma.

Cuando Israel acepta el pacto del Sinaí, El Señor introduce su amor infinito en cada corazón, en toda la realidad de cada creyente, en todas sus entrañas y entonces en el católico su vida estalla en ternura hacia sus hijos de la sangre, en cariño dentro su hogar, en diligencia en el trabajo y en empatía amorosa con el mundo. El Altísimo acaricia con su viento divino al cristiano cuando sus párpados se cierran por el cansancio. El Ser Supremo alegra al despertado con la ruidosa aurora del amanecer. Adonai se enlaza cuidadosamente a las manos del que trabaja y se apega como un incienso adhesivo y fragante a la frente del que investiga el modo de erradicar el dolor del mundo. El Todopoderoso le muestra su providencia al creyente en la entrada de su casa y en los caminos que se introducen en las ciudades. Estos hechos los ejecuta Dios nuestro Señor con todos los católicos sin exceptuar a ninguna persona porque este mensaje es global y se puede entender de manera ecuménica católica por toda la humanidad. Sin embargo la deidad del opus dei viene explicada por el fundador y por los primeros inscritos en base al contacto divino sucedido el dos de octubre del 1928, y esa divinidad hace acepción de personas porque su mensaje no refrendado por testigos solo se puede entender por unos cuantos elegidos.

La deidad del opus dei es celosa, sufre y se ofende cuando no se cumple alguna de las normas del plan de vida, se supone que esta divinidad está tan necesitado del cariño de sus hijos del opus dei que si estos fallan en la ascética, él padecerá daño. El dios menor del opus dei es vigilante y ha dotado a los directores de la gracia del espíritu santo para inspeccionar y sancionar a sus hermanos no sea que dejen de ser cariñosos con esta caprichosa divinidad. La deidad del opus dei es cruelmente censuradora a través de la corrección fraterna en materias que no tienen materialidad de pecado. Y la divinidad que muestra el opus dei maldice y se burla de sus hijos cuando no perseveran. El pequeño dios del opus dei no introduce su amor infinito en cada corazón. La vida de los que aman al extraño dios del opus dei no derrama ternura desde los superiores hacia sus hermanos, los del opus dei rehúyen mantener una empatía amorosa con el mundo. El extravagante dios del opus dei obliga a sus hijos a examinarse con severidad de sus fallos al fin de cada jornada, les fuerza a conjurar al maligno derramando agua bendita en el lecho del sueño y los pobres de sus seguidores se consuelan del miedo a la noche rezando a Santa María cuando sus párpados se cierran por el cansancio.

El terrible dios del opus dei espanta al despertado con la ruidosa exigencia del servicio esclavizante a una divinidad extorsionante. La cruel divinidad del opus dei les muestra a sus seguidores sus revanchas en los desastres naturales. Así pues aquel que ame a la deidad formulada por el opus dei, no ama al verdadero Dios con todo su corazón y con todo su ser, está amando a un simulacro de Nuestro Señor. Esta pseudo fe integrada de modo iterativo por las víctimas de la rejalgación del opus dei, a través de consignas que han sido repetidas hasta la saciedad en charlas personales, en meditaciones y en confesiones, ha hecho que con cierta probabilidad algunos católicos que han abandonado el opus dei hayan perdido la verdadera confianza en Nuestro Señor.




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