Casi extraño en tu centro

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Por Nachof, 6.10.2008


El otro día comentaba que, desde que me hice de la Obra, era un mediopensionista en la casa de mis padres, pues les descuidé bastante y muchos días solo estaba con ellos para cenar y dormir. Pues bien, en el centro de la Obra al que me incorporé, era casi un extraño y eso que decían que eran mi familia. Despues de treinta y cuatro años de pertenecer a la prelatura puedo decir que eso es una auténtica mentira, lo diga quien lo diga, sea santo oficial de la Iglesia Católica o no lo sea. ¡Qué triste descubrir esto! Lo hago porque quiero que se sepa toda la verdad...

Armando comentaba en Opuslibros que los residentes de "Amaniel", donde estuve mis últimos días en la Obra, habían protestado porque un grupo de agregados del centro del mismo nombre habían merendado en su comedor. La situación no es nueva. A mi me sucedió tambien en el centro llamado Monte Esquinza 22 de Madrid, donde existe un centro para numerarios, agregados y supernumerarios. A partir de ese momento las cosas en los centros de la Obra no fueron igual para mí, y eso que lo intentaron los diversos consejos locales que tuve en el Opus Dei. Poco antes, José Luis L.L., el director del centro, me había invitado varios días a comer, despues de haber practicado los dos natación en un club deportivo en el que existe separación de sexos.

Mis primeros tiempos en la Obra fueron en el centro de la calle General Oraa, 5, donde no existía administración. Estaba situado enfrente de la embajada de Estados Unidos en España y de Castellana, 50 , entonces sede del centro de estudios que entonces se denominaba Colegio Mayor Santa Cruz, cuyos alumnos cruzaban la calle para ir a merendar. Luego vino Vitruvio, 3, donde una o dos veces se me invitó a merendar.

La falta de calor de la supuesta familia vino más tarde, cuando pasé a ser oblato del Opus Dei. Por supuesto que el centro de Recoletos, 5 no contaba con administración. Lo más que se hacía era que alguien bajara a la calle y comprara pan y embutido para merendar un bocadillo y un refresco. ¿A esto se le puede llamar familia?. Yo creo que para nada. El modelo al que podía responder el centro es a un medio de locomoción donde van muchas personas, pero se conocen muy poco entre ellos, aunque se vean todos los días. En vocabulario de la calle diría que era una leonera.

El apelotonamiento que vivíamos era más grave cuando alguien del consejo local de Recoletos, número 5 nos soltaba broncas, porque algo no iba. Parecía que teníamos que ser autómatas y responder ciegamente a lo que se nos decía. Por lo menos eso era lo que parecían desvelar Paco y Oscar, el director y el secretario. No fueron años felices, aunque éramos jóvenes y las cosas no se veían con la profundidad que lo hago ahora. Ricardo, el sacerdote, nos trataba de otra manera. Con él existía cariño.

En el Opus Dei existen reglamentaciones para todo y, sobre todo, siempre está previsto que haya una jerarquía cuando se reunen varios de sus seguidores. Muchas veces he oído frases como ésta: "Lo que pueda hacer un supernumerario, no lo debe hacer un agregado, ni un numerario. Lo que pueda hacer un agregado, no lo debe hacer un numerario". Y es que la escala va de la base (supernumerarios), pasando por el intermdio (agregados) y subiendo hasta la altura (numerarios).

A su vez, en cualquiera de estas clases de miembros de la Obra, si alguien no tiene nombramiento específico, los que tienen hecha la incorporación definitiva (fidelidad) están antes que los que han hecho la oblación (incorporación temporal que se renueva cada año dyrante cinco años), la admisión (han pasado un periodo de prueba de por lo menos seis meses) o han pitado. ¡Cuanto clasismo!, me digo, con lo fácil que es ser sencillo.

Lo que no entendía de ninguna manera es que algunas veces llegaba al centro Recoletos y descubría que algunos tenían una tertulia especial para ellos con uno de los directores regionales o de la delegación de la Obra. Pedía explicaciones y se me decía frases como es que era reunión era solo para gente con fidelidad o la oblación, con la admisión, o simplemente recien pitados. Si yo pertenecía al Opus Dei, ¿por qué se me clasificaba así?. Por esos motivos no asistí a muchas tertulias. Fue muy grave cuando descubrí que Peluis, al que ya me he referido otro día, no había hecho la oblación y le dejaban asistir a una tertulia con Don Florencio Sánchez Bella, cosa que ni se me había avisado ni permitido cuando quería entrar. ¿ Qué misterios eran esos? El Opus Dei dice que es una organización transparente. ¿Esto que describo indica transparencia? ¿Cual era la materia secreta que yo no debía saber?

Pero es que esa discriminación no solo era con los directores regionales o del país, de la delegación o del consejo local. Lo era también con el fundador, hoy San Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás. Luego la decisión venía de muy adentro. Alguna vez se me explicó que a los niños pequeños hay que darles leche y papillas, antes de digerir alimentos como carne o pescado. ¿Tan mal me iba a sentar asistir a una tertulia con el que llamaban Padre sin entender muchas cosas?. Me gustaría que alguien tratara este tema en Opuslibros. ¿Tan complicado es el Opus Dei? Cuando hice la fidelidad el 5 de abril de 1975 ya podía estar presente en esas reuniones.

Normalmente un centro de agregados depende de un consejo local, cuyos director, subdirector y sacerdote residen en una residencia de numerarios. El secretario suele ser agregado. Hubo un momento en que los pisos de los centros de agregados varones tenían publicaciones internas (entre los hombres "Crónica" y "Obras"). Pero se produjeron una serie de robos y eso hizo que las citadas revistas solo pudieran ser vistas en las residencias de numerarios, donde siempre existían personas viviendo. Hubo un tiempo que los directores venían con unas pocas publicaciones internas y, al terminar la tarde, volvían al lugar de donde procedían. Aclaro que para preparar un círculo de supernumerarios debía acudir a la residencia de los numerarios.

El acudir a preparar una charla en la residencia de numerarios siempre se prestaba a incomprensiones. Algunos residentes numerarios o no nos conocían, o si nos conocían, guardaban distancia con los agregados. Ya expliqué otro día que una de las cosas que más daño me hicieron fue el día en que fui a la sala de estar del centro Lima donde había un sacerdote viendo un partido de tenis por la televisióin y, como no le hacía caso de que me fuera, fue al director de la residencia para echarme por haber realizado un comentario. Yo llevaba más de veinte años en la Obra y no me explicaba porqué se me trataba como un extraño.

Las residencias de los numerarios del Opus Dei, por lo menos en los que yo conozco como agregado, tienen unas zonas que son para los residentes. Está mal visto que un agregado, aunque sea el más veterano del mundo, entre en esos lugares. En "Amaniel", mi último centro, conocí esa zona poco antes de irme como consecuencia de haber ido a una charla para encargados de la labor de San Gabriel en su sala de estar. ¿Dónde se está mejor, con tu familia o con estos señores del Opus Dei que se dicen tu familia? Me parece que las personas que en Opuslibros dijeron que los agregados éramos uns catetos no se diferencian en nada de los que he presentado en el día de hoy.



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