Carta abierta al Romano Pontífice

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Carta abierta al Romano Pontífice y a los señores cardenales, obispos y sacerdotes del mundo entero, incluyendo los pastores de la jerarquía eclesiástica actualmente miembros del Opus Dei.

Por FM, 11.11.2011


Recuerden que llegado el día, como los demás seres humanos, serán juzgados por Dios y habrán de darle cuenta de todas sus acciones y omisiones.

Muchos son los frutos buenos dados por miembros del Opus Dei a lo largo de la historia de esa institución ―porque muchas son las personas de recta intención que pertenecen a ella― y muchos también los que espero sigan dando.

Sin embargo, de ser ciertas las informaciones aparecidas en la web Opuslibros, muchos serían también los motivos de preocupación sobre el modo de funcionar y ser gobernado el Opus Dei y mucha la urgencia en adoptar medidas caritativas pero contundentes para resolver tal cantidad de barbaridades...

No olvidemos que, para la inmensa mayoría de personas que pertenecen y asisten a los medios de formación del Opus Dei, su principal motivo de confianza en la institución es, precisamente, su aprobación y bendición por las autoridades de la Iglesia.

Las acusaciones al Opus Dei vertidas en Opuslibros no guardan relación con esos pecados leves o graves que todos cometemos ―o en cualquier momento podemos cometer― y que Dios está deseando perdonarnos.

De ser ciertas, tales acusaciones revelarían la existencia de una institución ―el Opus Dei― completamente pervertida en su modo de funcionar e indigna de recibir la bendición de la Iglesia y de merecer la confianza de las decenas de miles de personas ―incluyendo la gran mayoría de sus miembros, que desconocen su forma de ser gobernada― que acuden a ella buscando, a pesar de sus pesares personales, acercarse a Dios.

Nos preguntamos si todos los miembros de la Obra, si esas decenas de miles de personas que acuden a las instituciones educativas promovidas por miembros de la Obra y controladas por ella, si esas muchedumbres que a veces llenan las reuniones con el prelado, si esas personas que asisten a los actos y encuentros espirituales del tipo que sean organizados por la prelatura conocen estas acusaciones y cuáles son las respuestas oficiales dadas por el Opus Dei a cada una de esas imputaciones.

¿Alguien ha preguntado en público al prelado sobre estos temas? ¿Puede pedírsele libremente información sobre estas escandalosas cuestiones en las tertulias públicas a las que asiste? ¿Ha dicho el prelado algo al respecto con la claridad y la extensión que todos merecemos?

En este caso parece que los supuestos derechos de autor sobre los escritos y documentos internos del Opus Dei, si los hay, quedan relegados ante la obligación y el derecho que la jerarquía de la Iglesia tienen de saber si determinados textos se escribieron o no y, especialmente, si ciertas consignas constituyen criterios organizativos del Opus Dei.

Esto que para ustedes, los jerarcas de la Iglesia es, además de un derecho, también una obligación, para todos aquellos que de una u otra manera tienen relación con el Opus Dei es sobre todo un derecho.

Si fueran ciertas esas acusaciones no bastarían ni las respuestas marginales ni las ambiguas frases tratando de negar sin hacerlo esas graves perversiones supuestamente institucionalizadas.

Y ya que este artículo lo leerán muchas personas que tienen o han tenido cargos de gobierno ―sí, de gobierno, no inventemos ahora nuevas teorías― en el Opus Dei, aprovecho para decir que si tienen constancia de que así funciona la institución pesa sobre ellos la GRAVE obligación moral de denunciarlo, porque GRAVES son también los perjuicios personales derivados de esa actuación.

¿Y denunciarlo a quién? De entrada, a las autoridades de la Iglesia. Pueden hacerlo, entre otros modos, enviando correos electrónicos a todos los Dicasterios de la Curia romana y a todas las diócesis del mundo (las direcciones están en sus páginas web y, todas juntas, en las de las respectivas conferencias episcopales). El portal Opuslibros, de hecho, ofrece la estupenda posibilidad de enviar los artículos publicados de forma anónima a “un amigo” haciendo “clic” en uno de los iconos que aparecen al final de cada texto.

También pueden denunciarse esas perversiones, por ejemplo, inundando las redes sociales con revelaciones sobre estos temas y enviando correos electrónicos para informar de esos hechos a los principales medios de comunicación internacionales, especialmente a los difundidos en aquellos países donde se encuentra el Opus Dei.

Pero si esas acusaciones no son ciertas lo mejor sería que esta página web desapareciera cuanto antes y dejara de hacer daño.

Sin embargo, los testimonios personales aparecidos en Opuslibros son tan numerosos y muchas veces también parecen tan cualificados (no tanto por su origen cuanto por el conocimiento interno de la institución que se desprende de quienes los escriben, con cargos de gobierno y de formación actuales o pasados en el Opus Dei) que hacen dudar de la transparencia de esta organización y de su observancia a algunos de los principios fundamentales de la doctrina de la Iglesia.

Pienso por tanto que quienes servís actualmente a la Iglesia con algún cargo de gobierno y quienes ocupáis puestos de dirección en el Opus Dei tenéis, vuelvo a repetirlo, la grave obligación de actuar y de emprender una profunda reforma de esa organización...

  • si fueran auténticos los textos filtrados por Opusleaks y los numerosos escritos aparecidos en muchas otras páginas de esta web sobre la violación sistemática en el Opus Dei de los secretos de conciencia expuestos en las llamadas "confidencias" e incluso en las confesiones,
  • si fuera verdad que esas informaciones recibidas en confidencia son reveladas a terceras personas, sean quienes sean,
  • si fuera verdad que dichas informaciones se vierten en textos y son remitidas a miembros pertenecientes a la dirección/jerarquía/gobierno (local, provincial, regional o mundial) del Opus Dei,
  • si fuera verdad que tales informaciones o textos son aireados por terceras personas en reuniones institucionalizadas convocadas para meter el hocico en la vida de los demás,
  • si fuera verdad que hay miembros de la Obra aleccionados para confesarse con sacerdotes concretos,
  • si fuera verdad que algunos sacerdotes del Opus Dei aconsejan a sus penitentes el cumplimiento de indicaciones previamente recibidas por cargos de dirección de la institución,
  • si fuera verdad que hay miembros de la Obra instados o coaccionados de cualquier manera a revelar su interioridad a personas no elegidas por ellas para vivir lo que el Opus Dei proclama que es una vocación a la santidad en el mundo,
  • si fuera verdad que, de modo habitual, se producen graves abusos sobre las personas y que a los que salen de la institución se les desprecia y deja económicamente desamparados tras pocos o muchos años de servicio y generosidad a la Obra en tareas que de hecho son buenas,
  • si fuera verdad que en el Opus Dei hay enfermos y otros miembros marginados por la razón que sea,
  • si fuera verdad que cuestiones relativas al trabajo o al secreto profesional propio de cualquier oficio (políticos, médicos, limpiadoras, banqueros, funcionarios, conserjes, policías, juezas, jueces, fontaneros, secretarias, periodistas, profesores, cocineros, etc.) entran en colisión con ciertas exigencias de los directores del Opus Dei,
  • si fuera verdad que la comunicación selectiva a otros miembros de la Obra del propio estado de ánimo o de cuestiones relacionadas con la propia intimidad se consideran ilícitas, de "mal espíritu" o inmorales por el mero hecho de no hacerse a quienes detentan cargos de dirección o de gobierno,
  • si fuera verdad que en el Opus Dei el ser y el amar se supeditan al hacer y al deber,
  • si fuera verdad que en los medios de dirección y formación espirituales impartidos por dirigentes del Opus Dei los criterios morales no coinciden -por exceso o por defecto- con la doctrina cristiana,
  • si fuera verdad que la vida del fundador del Opus Dei es predicada o proclamada como ejemplo de perfección,
  • si fuera verdad que en el gobierno y en los medios de formación impartidos por miembros del Opus Dei con cargos de dirección la vida y obras del fundador de esa organización tienen mayor protagonismo que las de Jesucristo,
  • si fuera verdad que ante posibles contradicciones las enseñanzas de Jesucristo y de los Papas quedan supeditadas a las directrices del fundador, del prelado actual o anterior y de los restantes directores de la Obra,
  • si fuera verdad que de una u otra manera la elección a formar parte del Opus Dei, vendiéndose como una llamada divina o vocación, contempla criterios puramente humanos,
  • si fuera verdad que quienes dirigen los centros y labores de la Obra están equivocadamente convencidos de que el aumento de miembros y de asistentes a sus actos garantiza la "sobrenaturalidad" de la institución y el contento de Dios,
  • si fuera verdad que las exigencias (espirituales, económicas, de disponibilidad, etc.) del Opus Dei a sus miembros no se ajustan rigurosamente a los Estatutos aprobados por las autoridades de la Iglesia,
  • si fuera verdad que algunos escritos fundacionales y de espiritualidad citados o leídos en actos espirituales y medios de formación impartidos para los miembros de la Obra son contrarios a la dignidad y libertad de las personas,
  • si fuera verdad que hay miembros casados del Opus Dei presionados para que sus hijos asistan a los centros de la organización,
  • si fuera verdad que los miembros célibes del Opus Dei son presionados para dar sus ganancias a la institución y testar a favor de esta o de las fundaciones que la organización controla,
  • si fuera verdad que muchos miembros célibes del Opus Dei quedan aislados en la institución por dedicarse solo a ella, abandonando su trabajo y con grandes dificultades para volver a él al cabo de los años,
  • si fuera verdad que la no perseverancia en la institución se confunde con la infidelidad a Dios,
  • si fuera verdad que miembros célibes del Opus Dei temen salir de la institución por miedo a quedar completamente desamparados,
  • si, en general, el prelado y los directores del Opus Dei se empeñaran obstinadamente en mostrar la institución como una organización inmaculada y perfecta, marcada con el sello de la divinidad en todos sus aspectos y, por tanto, imposibilitada de cambiar o corregir cualquiera de sus características institucionales.

Queridos Romano Pontífice, cardenales, obispos y sacerdotes del mundo entero:

Si alguno, algunos o todos los condicionantes arriba enunciados fueran ciertos habría que actuar ya, con urgencia, para cambiar por completo el pervertido funcionamiento interno del Opus Dei.

Habrán de dar cuenta a Dios si, conociendo estos graves abusos y aberraciones, no hacen nada por acabar definitivamente con ellos.




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