Carta abierta a Torre

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Por Zartan, 15.08.2008


Querida Torre,

Por un tiempo pensé que yo era un bicho raro. Lo sigo pensando pero creo que lo soy solo para algunas cosas, no todas. Te cuento.

Cuando dejé la obra me llevé en la maleta una fenomenal maldición de rejalgar por la que se me aseguraba que nunca podría ser feliz, cualquier cosa que tocara la convertiría en amargura, algo así como lo del rey Midas pero al contrario, traducido al lenguaje de mi pueblo sería el rey Gafe (lo que toques lo cagarás). Y esto no solo para mi sino que sus efectos llegarían a cualquiera que se me acercara, cualquiera que entrase en mi círculo de intimidad.

Además de esta maldición, el “combo meshumad” como yo lo llamo, incluye otros vaticinios y regalos tan simpáticos como el anterior, algunos dependen para su cumplimiento de la buena voluntad de la gente de la prelatura y otros se darían en forma automática. Del primer tipo está una condena tipificada ya en el derecho romano, la “damnatio memoriae” por la que la persona que deja la institución deja automáticamente de existir para la memoria tanto colectiva como personal. Nunca existió. Esta condena exige una serie de tareas para los “in”: si por desgraciada casualidad sales en alguna foto de Noticias o Crónica hay que sustituir la página en cuestión; pasas a ser un “innombrable” lo que exige ciertos esfuerzos en las conversaciones y tertulias del tipo “esta obra corporativa la inició gente que tenía ese encargo” (tu pasas a ser esa indeterminada “gente”) o simplemente hacen saltos históricos, lagunas, por la que se dan divertidos fenómenos tales como que la labor en una ciudad haya empezado sola, algo así como ¡zas! ¡pitaron tres! Y se pasa rápido a años posteriores, sobre todo si esos tres primeros duraron menos que un bombón a la puerta de una escuela.

Recuerdo, hace muchos muchos años, haber visto una foto de S. Josemaria en la puerta de la Villa Vecchia junto a D. Alvaro y a D.Javier, era una foto muy buena, los tres saliendo con naturalidad y no en pose. Al poco tiempo -y no sé porqué ni como- vi el original de esa foto y detrás de los tres, cerrando la puerta, estaba Miguel Fisac ...¡¡¡había sido eliminado de la foto oficial!!. Y eran tiempos en los que no existía el Corel Draw, había sido eliminado a golpe de pincelito y de horas de numerario. Exigencias del revisionismo histórico y de las maldiciones rejalgáricas.

Del segundo tipo, los que se cumplen en forma automática, las bombas de tiempo, está por ejemplo la incapacidad total, absoluta y radical de hacer algo positivo en el campo espiritual. Pasas a ser, como diría Santo Tomás, una de esas personas que solo pueden “construir casas o plantar viñas” y eso es lo mas elevado que puedes realizar. El abandono de la institución tiene una pena “late sententiae”: quedar inhabilitado en forma permanente para cualquier expresión o acción de tipo sobrenatural. Vamos, que quedas en la categoría confusa de “cosa-demonio-hereje-masa_amorfa”, no puedes hacer nada y si lo haces es malo o no tiene ningún valor trascendente.

Recuerdo que, tiempo después de haber dejado la institución, tuve que tratar a un supernumerario al que había conocido antes, le había dado círculos de estudio; pues bien este buen hombre (te aseguro que es un buen hombre en el sentido bueno de la palabra), aplicando esos criterios y olvidándose de que Dios es ante todo Padre (con la P mayúscula) me preguntó repetidas veces si yo asistía a misa los domingos. No podía creerlo hasta que una vez, cansado ya de su insistencia le dije “Arnaldo, sigo asistiendo a misa por la misma razón por la que lo hacía antes, porque tengo fe y -además- porque antes no lo hacía obligado por ser una norma de piedad del plan de vida sino porque quería hacerlo y sigo igual”. Te reconozco que no lo dije exactamente así, fue una expresión mas “colorida”, pero creo que me entendió y desde ese día me trató normalmente. La gente “in” tiene claro que nosotros, los ”ex”, no queremos y si queremos no podemos hacer nada trascendente.

Por eso me encantó el otro día ver en el chat como ofrecías ayuda a la chica que te lo pidió y eso que tu buena acción no sería apuntada en ninguna hoja estadística de esas que terminan en asesorías o lugar similares. En el fondo estabas intentando arreglar la metida de pata de tus anteriores hermanas, sin pasarles la cuenta, por simple bondad de tu parte. Por ganas de ayudar a alguien que se sentía abandonada. Pero eso no es todo, también le contabas como colaboras en la catequesis de tu parroquia y eso es mas sorprendente todavía: no solo te ofreces para ayudar a quienes la obra en su caminar ha ido pisoteando por el camino (que podría verse como solidaridad con tus iguales) sino que -además- colaboras con la Iglesia. ¡¡ Inaudito !! ¿Acaso te han dado una dispensa con extensión para hacer cosas buenas? Bueno, tu sigue igual pero no se lo digas a nadie, no sea que algún “in” de esos que leen esto con mas atención que Crónica (¿será por gusto a lo prohibido o porque es mas creíble?) le vengan tentaciones.

Bueno, Torre, te decía que gracias a tu intervención me siento menos perro verde o -al menos- que no soy el único que como tu sigue creyendo que Dios es infinita misericordia y que no necesita permiso de ningún vicario regional para seguir usándonos como instrumentos cuando y como le da la gana. Para terminar también quiero decirte que no todos ni todas las “in” tienen esa visión miope e inmisericorde de nosotros. Me consta que también los hay que piensan que la obra es un medio y no un fin, que admiten que aunque nos hayamos marchado seguimos siendo hijos del mismo Dios y que lo importante es lo que hacemos y no desde donde lo hacemos. Haberlos hailos y yo los he visto. Pero son pocos.

Besotes, Zartan



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