Cómo enfrentar la depresión al salir de la obra

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Por Elena Longo, 30 de abril de 2008


Querido Oscar_dos,

Me siento empujada a contestar a tu pedido de ayuda, pués –aunque ya han pasado muchos años- yo misma he pasado por tus actuales vivencias, y por esta razòn puedo proporcionarte consejos y sobre todo esperanza de que puedes salir de tu actual situación.

Por las paginas de Opuslibros he aprendido que muchos que experimentaron angustia en su situación vocacional, y creyeron -o fueron inducidos a creer- que tenían depresión, al salir acabaron con sus sintomas y se curaron sin más. Otros –yo concretamente, y tú, por lo visto- en cambio sí, realmente enfermamos de esta enfermedad. No creo que por esta razón somos mejores o peores que otros: sólo, las mismas vivencias nos afectaron de forma distinta. Una de las causas de la depresión es experimentar, aunque tan solo a nivel inconsciente, que la vida que vivimos no realiza nuestras más hondas expectativas y, por lo tanto, no es autentica. Nuestro sentido de la lealtad, más o menos correcto, nos empujó a perseverar mucho más allá de lo que hubiera sido razonable y prudente, y la depresión se adueñó de nuestra existencia...

No es suficiente salir de la institución: hace falta «reconstruirse», deshacer en nuestras vidas los mecanismos incorrectos que se estratificaron a lo largo de muchos años de «fidelidad» (que realmente fue «infidelidad» hacia nosotros mismos, pero en la mayoría de los casos sin que nos dieramos demasiada cuenta) y volver poco a poco, con mucha paciencia y humildad, a construir y hacer arraigar dentro de nosotros formas más normales y equilibradas de estar en el mundo y relacionarnos con las vivencias y las personas. Si las cosas están así, puedes entender que puedes tardar bastante tiempo para hacer contigo este trabajo de des-estructuración, antes, y después de re-estructuración de la personalidad. Y, según mi experiencia, es muy importante apoyarse en algún profesional para recorrer este camino, pués es la relación que establecemos con esta persona, y los mecanismos de transfert que se activan, que nos hacen recorrer, más rapidamente y más acertadamente, este camino. Por cierto, tiene que ser una persona de confianza, con la que tengas una buena empatía, y no del opus.

Otra causa de la depresión es la acumulación en nuestro organismo de toxinas, provocadas sobre todo por el estrés, pero también por la mala alimentación y las malas costumbres (no dormir lo suficiente, no descargar el cansancio y la frustración, dependencia de fumar o beber alcholicos en cantidades importantes, etc.). Después de muchos años de curarme de mi depresión, yo sigo experimentando con demasiada frecuencia mucho cansancio y, en general, un bajo nivel de resistencia a la fatiga. He intentado de muchas formas remediar esta situaciòn, y lo único que tuvo cierto éxito ha sido cuidar mucho de mi alimentación, con la ayuda de un médico experto en esto, y descargar ansia y tensiones con la ayuda del yoga y de técnicas respiratorias que me ayudan mu-chi-si-mo a estar centrada en el presente, en no anticipar problemas y criticidades, en administrar temores y angustias fisiologicos en la vida de todos. Además, el yoga me ayudó mucho en tomar confidencia con todas las partes de mi cuerpo, también las internas –organos, musculos, circulación arterial, etc.- logrando contactar mi cuerpo como las practicas de mortificación y las demás practicas asceticas habituales en el opus impiden hacer, y fomentando en cambio autenticos “huecos” en la representación que tenemos de nuestro mismo cuerpo, y en la conciencia que tenemos de ello. Si el yoga no te atrae, puedes experimentar el baile u otras formas de deportes, pero –creo yo- siempre muy soft, que te permitan entrar en contacto con tu dimensión más fisica y que no hagan hincapíe en el voluntarismo y en el esfuerzo agotador.

Y al final, otra causa de depresión que hay que eliminar es la costumbre, arraigada por muchos medios de formación, de invertir contra nosotros mismos nuestra agresividad. La costumbre de repetidos examenes de consciencia; la aceptación forzada de las indicaciones recibidas en la charla; la actitud de buscar siempre dentro de nosotros mismos, de nuestra conducta, de nuestras faltas y pecados, la razón de los problemas de la iglesia y de la obra y de la falta de vocaciones; el tener que tragarse en silencio las reacciones naturales frente a las «correcciones fraternas» y a los «consejos» de la charla sin poder exponer nuestras razones y puntos de vista; el escuchar en silencio las indicaciones y notas que llegan de delegaciones y gobiernos regionales y centrales; etc., nos empujan a interiorizar nuestras reacciones naturales, a orientar en contra de nosotros mismos las normales reacciones de defensa que nuestra personalidad tiene frente a cosas que no entendemos y no compartimos. Todo esto, a la larga o a la corta, acaba provocando reacciones depresivas. El remedio a esto es tomar conciencia de este mecanismo y aprender poco a poco, con mucha paciencia, a exteriorizar nuestras reacciones naturales, que al comienzo es muy posible que sean algo destempladas pues utilizamos un instrumento –nuestra reactividad- largo rato inutilizado. Hay que concederse a si mismo el permiso de no estar de acuerdo, de tener razón aunque otro –u otros- piensen distinto. Y también en este recorrido es mejor poder contar con la ayuda de un “entrenador”, un profesional que pueda guiar y facilitar nuestras “practicas de normalidad”.

Lo último que quiero decirte es que la depresión no es un enemigo: es la modalidad que la vida ha utilizado para alejarnos del opus, y de esta forma permitirnos tomar perspectiva y darnos cuenta de la realidad en la que estabamos sumidos. Hay personas –a lo mejor como tu y como yo- que tienen un sentido de la lealtad a los compromisos y una desconfianza en su proprio sentido crítico que les impide tomar consciencia clara de su situación. En otros prevalece su capacidad crítica, su consciencia, en general su inteligencia; yo ahora no quiero, ni me sirve, juzgar a nadie, ni si una situación es mejor o peor que otra, y cada caso es distinto. Pero es cierto que si no llegara la depresión, muchos no llegaríamos a tomar distancia critica y a darnos cuenta de dónde nos habíamos metido.

Además, la depresión es como un medicamento que nos ayuda a salir del voluntarismo tan típico en el opus: hasta que nos quedamos dentro, pensabamos y nos llevabamos como si la clave de todo fuera nuestro empeño, nuestra lucha: hablar con sinceridad total, escuchar con entrega los consejos, luchar cada día en los puntos que nos indicaban, era la garantía de que ibamos a triunfar en nuestra lucha interior (en este sentido puede ser muy interesante volver a leer el escrito de EBE Llamados al éxito). En cambio ahora descubrimos que no, que nuestra voluntad no lo alcanza todo. Que los demás no tienen en sus manos nuestra vida y los remedios para cualquier problema. Entonces, hay que aprender a abrir el corazón a la realidad, a cosas que no se pueden cambiar con una formula magica, a la aceptación de sufrimientos no sólo porque pueden representar para nosotros la cruz de Cristo, sino porque el sufrimiento puede indicarnos un recorrido alternativo para llegar a una real felicidad, a una serenidad y aceptación gozosa de nuestra vida, a la que no tenemos ni derecho, ni menos aún deber, de renunciar ya en esta vida. El sufrimiento nos empuja a sacar de dentro de nosotros recursos que no sospechabamos tener, fuerzas que sólo la desesperación que provoca la depresión puede inventar y crear en nuestro interior. Y, parafrasando una frase de Jacinto Choza de hace mucho tiempo en estas paginas, hay mucha más salud en tu actual depresión de la que hay en tanta insana, aparente salud y equilibrio de quienes viven tan en contra de las leyes que Dios puso en nuestra naturaleza humana.

Si aceptas esto, como el Principito vas a “domesticar” tu depresión: ya no va a ser este monstruo que de repente se adueña de ti, estrujando tus tripas y paralizandote, sino una amiga que te salvó de perder tu vida y que te va a enseñar, aunque con metodos a veces duros, lo que es cierto y lo que es equivocado. Como muchas otras cosas, va a perder su poder cuando tú acabes de tenerle miedo. Y no porque ya no duele, sino porque duele, es dura, pero tu vas averiguando que eres más fuerte y más duro que ella.

Concretando:

  • buscar la ayuda de un profesional de tu confianza (aunque tengas que cambiar unos cuantos)
  • aceptar una temporada de medicamentos, lo más blandos posible dentro del objetivo de contener tus sintomas, que te permitan encontrar las fuerzas para reconstruir tu psique y tu personalidad
  • intentar mantener un estilo sano de vida
  • practicar algún deporte y alguna aficción que te ayude a contactarte hondamente y autenticamente contigo mismo y a crearte unos amigos que comparten tus aficciones e intereses
  • hacer un plan real para tu profesión (si te encuentras sin trabajo): algún curso breve de capacitación profesional, recibir alguna orientación, escribir tu curriculum y hacer un trabajo ordenado y metodico de las fuentes de anuncios de trabajo (periodicos, paginas web de recruitment on line, ect.)
  • aceptar que vas a pasar una temporada más o menos prolongada en la que vas a experimentar angustia, sensación de depresión, de desorientación, de infelicidad, pero que estas vivencias te van a enseñar cosas importantes de tu vida y te van sacando fuerzas cada día más energicas y arraigadas
  • gozar de cualquier pequeño momento de felicidad y de serenidad, especialmente cuando vas experimentando tu independencia, tu libertad, tu posibilidad de dar y entregar sin tacañeria ni calculos (algún regalo a quien quieres, una limosna, una visita,…)
  • desentenderte de la gente que te aconseja «reaccionar», «esforzarte», y que pretende estimularte desafiandote.

Esta ha sido mi experiencia. Te la deseo con toda mi alma. Y si precisas ahondar alguna cosa, Agustina te puede proporcionar mi correo. Un abrazo lleno de cariño,

Elena



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