Ausencia llamativa del doble Gran Canciller, Javier Echevarría, en el Encuentro Europeo de los Docentes Universitarios

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Por Varios universitarios, 27.06.2007


Del 21 al 24 de junio de 2007 se celebró en Roma un gran congreso universitario que congregó a más de 2000 profesores universitarios de toda Europa. Fue el “Encuentro Europeo de los Docentes Universitarios” con ocasión del 50º aniversario de los Tratados de Roma (1957-2007). Este congreso se organizó bajo el alto patrocinio del Presidente de la República Italiana, del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y del Vicariato de Roma con su oficina para la pastoral universitaria. Estuvo presidido por el cardenal húngaro Peter Erdö, Presidente del CCEE. El título del encuentro fue: “Un nuevo humanismo para Europa. El papel de las Universidades”. Se abordaron cuatro áreas temáticas: 1ª) la persona humana [genealogía y biografía], 2ª) la ciudad del hombre [sociedad, ambiente, economía], 3ª) la visión de las ciencias [descubrimientos, inventos, tecnologías] y 4ª) creatividad y memoria [historia, literatura, lengua y artes]. El nivel de los ponentes fue magnífico, y las propuestas resultantes estaban orientadas a proporcionar esperanzadamente al presente y futuro de Europa ideas favorables al respeto de la dignidad humana. La sede principal del encuentro fue la Pontificia Universidad Lateranense, pero las sesiones del viernes 22 se celebraron en aulas de distintas universidades de Roma, civiles y eclesiásticas. Para más información: http://www.university2000.org/.

Entre los asistentes había importantes autoridades civiles (de las distintas instituciones de la Unión Europea, del Estado italiano y de la ciudad de Roma), eclesiásticas (de la Santa Sede y de muchas Conferencias Episcopales europeas) y académicas (de numerosas Universidades europeas, y no sólo las confesionalmente católicas, sino también públicas y privadas). A lo largo de esos días se celebraron varios actos académicos y litúrgicos y, por supuesto, numerosas reuniones científicas. Además, el papa Benedicto XVI recibió en audiencia a los congresistas; esa audiencia tuvo lugar en el aula Pablo VI la mañana del sábado 23.

Fue especialmente llamativa la total ausencia de don Javier Echevarría, Gran Canciller de dos universidades europeas: la Universidad de Navarra en España y la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma. Ni siquiera asistió a la mencionada audiencia pontificia.

De la Universidad de Navarra asistieron al encuentro unos ocho o diez profesores, que no pudieron disfrutar de la presencia de su “Padre”. La Pontificia Universidad de la Santa Cruz prestó varias aulas de su sede para que el viernes 22 tuvieran lugar ahí algunas de las conferencias que ese día se impartieron en distintas universidades romanas. Además, el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, también participó en calidad de Vocal de la Subcomisión de Universidades de la Conferencia Episcopal Española; recordemos que monseñor Pujol es numerario del Opus Dei. Por tanto, la presencia de gente de la Obra en ese encuentro universitario y la colaboración de obras corporativas y eclesiásticas del Opus Dei fueron dignas. Sólo resultó sorprendente la ausencia total del doble Gran Canciller, que reside habitualmente en Roma y que esos días se encontraba en esa ciudad.

Hay que reconocer que la gente importante –y más a esas edades de la vida, con 75 años– tiene agendas complicadas y responsabilidades serias, lo cual puede justificar plenamente ausencias como ésta. También cabría suponer algún imponderable o imprevisto de última hora, como problemas de salud o un pinchazo de las ruedas del coche o el fallecimiento de un ser querido y cercano, etc. En cualquier caso, es legítimo preguntarse por qué un doble Gran Canciller, residente en Roma, no asistió a nada de nada de ese gran encuentro universitario europeo. Evidentemente, a un doble Gran Canciller la vida universitaria le interesa muchísimo, y un obispo-prelado de una Prelatura como el Opus Dei está más que interesado por que en Europa se respete siempre la dignidad de la persona humana; por tanto, no sería justo concluir que a don Javier Echevarría le importan un bledo la vida universitaria y el futuro del Viejo Continente. A un gran humanista y hombre de Iglesia como él estos temas le apasionan.

Habrá que buscar la causa de su ausencia en algo muy serio, pues él es muy serio.

Llama la atención una coincidencia cronológica, que quizá sea, en realidad, insignificante. La mencionada audiencia del papa Benedicto XVI tuvo lugar la mañana del sábado 23 de junio, justo un día después de que en Opuslibros apareciera el artículo de Oráculo “La historia inmoral del Opus Dei”. Este artículo se centra en la actuación de dos personajes: don Antonio Petit y don Javier Echevarría. Sin embargo, sería tal vez demasiado ingenuo y presuntuoso pensar que el artículo de Oráculo influyera en que don Javier Echevarría no acudiera a esa audiencia pontificia. ¡No! La causa de su ausencia habrá sido sin duda algo serio de verdad.

Para salir definitivamente de dudas, esperaremos a la publicación del próximo número de la revista Romana, el Boletín oficial de la Prelatura del Opus Dei. En Romana hay siempre una sección dedicada a las actividades del Prelado. Ahí se explicará, pues, en qué estuvo ocupado monseñor Echevarría del 21 al 24 de junio de 2007 como para no poder participar en el “Encuentro Europeo de los Docentes Universitarios”.


En el “Encuentro Europeo de los Docentes Universitarios” (Roma, del 21 al 24 de junio de 2007), además de actos académicos y litúrgicos y además de numerosas reuniones científicas, se celebraron en la tarde del sábado, día 23, distintos encuentros promovidos por las “realidades eclesiales”, con el fin de analizar la aportación de cada una de ellas en la configuración de un humanismo para Europa y, más en concreto, para las universidades europeas.

Esos encuentros tuvieron lugar aproximadamente de 16,00 h. a 18,00 h. en distintas sedes de la ciudad de Roma. La Conferencia Episcopal Española, representada aquella tarde por los obispos don Agustín Cortés Soriano y don Jaume Pujol Balcells, promovió un encuentro para analizar la “Identidad y misión del profesor católico en la Universidad de hoy”. El encuentro promovido por la Compañía de Jesús estudió “La incidencia de las Universidades de la Compañía de Jesús sobre la cultura europea”. El encuentro promovido por el Camino Neocatecumenal, en el que intervino el mismo Kiko Argüello, trató sobre “Universidad y nueva evangelización”. El encuentro promovido por los Focolares, presidido por Giuseppe Zanghi, estudió “La espiritualidad de la unidad para un humanismo renovado”. El encuentro promovido por el meic – pax romana se centró en “Trabajo y empresa: la dimensión europea de una nueva ciudadanía solidaria”. El encuentro promovido por el movimiento de Comunión y Liberación, que contó con las intervenciones de Marco Bersanelli y de Carmine Dimartino, analizó “Universidad y Razón”. El encuentro promovido por los Misioneros y Misioneras Identes estudió “La concepción mística del hombre”. El encuentro promovido por la Fraternidad Misionera Verbum Dei abordó “La transmisión de los valores en la relación docente-estudiante”. El encuentro promovido por la Universidad Europea de Roma, presidido por Álvaro Corchera, Director General de la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi, analizó “El perfil del profesor universitario”. Y el encuentro promovido por la Comunidad de San Egidio, estudió “Fe y razón en la caridad”.

Efectivamente, el Opus Dei brilló por su ausencia, a pesar de ser una “realidad eclesial” como las demás. También estuvo ausente el Prelado de la Obra, don Javier Echevarría, que, en atención a su condición de obispo, no sólo es una simple “realidad eclesial”, sino la máxima “realidad eclesial” posible (siempre después de la eucaristía, claro está).

Al Opus Dei no le agrada que lo confundan ni con una orden religiosa ni con un instituto secular, a pesar de que lo fue desde 1947 hasta 1982, ni tampoco con uno de los nuevos “movimientos laicales”. Según la versión oficial de la Obra y sus planteamientos teóricos, un miembro del Opus Dei se limita a vivir su vocación cristiana desplegando las obligaciones y los compromisos inherentes a su condición de bautizado: ni más ni menos. Es un cristiano corriente igual a los demás, que vive en medio del mundo luchando por ser santo, y por ello no debe ser confundido ni con una persona consagrada ni con alguien comprometido en los nuevos “movimientos laicales”. Esta teoría puede explicar que, en la tarde del 23 de junio de 2007, no se celebrara en el marco del “Encuentro Europeo de los Docentes Universitarios” ningún encuentro promovido por el Opus Dei.

El problema radica en saber quién se cree esa teoría. Probablemente no se la crea ni el mismo que la inventó. Veámoslo. De la condición de bautizado no se deriva la costumbre de rezar cada jueves la oración del “Adorote devote”, ni la obligación de confesarse semanalmente con el sacerdote designado por los directores, ni mucho menos el hecho de que don Javier Echevarría sea “el Padre”, pues el Padre de un bautizado es Dios y nadie más que Él. Estos y otros compromisos que los miembros de la Obra contraen al ingresar en esa institución no se derivan de su condición de bautizados ni de cristianos corrientes, sino sencillamente de la propia institución que cree conveniente y necesario imponer o recomendar a sus miembros tales obligaciones. Por tanto, es evidente que los miembros del Opus Dei se encuadran en el fenómeno asociativo de la Iglesia y que son una “realidad eclesial” como las demás de ese fenómeno asociativo. Además, si la Obra funda universidades como obras corporativas y eclesiásticas, ¿por qué no puede estudiar de qué manera sus universidades influyen en la construcción de un humanismo europeo? Prestigiosos miembros de la Obra, como, por ejemplo, el gran universitario que es don Antonio Fontán, podrían aportar luces sobre esta interesante cuestión.

Por consiguiente, tiene razón Marypt cuando afirma que el comportamiento de la Obra, de momento la única Prelatura Personal, al esconderse como si no fuera una realidad eclesial, causa extrañeza ante los otros creyentes y se deja interpretar como un ridículo complejo de superioridad que causa risa a los demás.




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