Argumentos ad hominem contra el Opus Dei: un camino equivocado

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Por Daniel M., 30.07.2007


Estimados todos:

Pasemos un tupido velo a la carta-burla de Unamuno. Se le contestó perfectamente el 27 de julio. Sin embargo, esta carta, como otras de ex-miembros, hace necesario plantearse los términos en que manifestamos nuestras opiniones en la web. Porque para un ex-miembro puede ser una tentación fácil descargar resentimiento por el trato recibido y llegar directamente al insulto a la institución y sus dirigentes cuando se critica al Opus Dei. Debo decir que esto ha sucedido en algunos casos en esta web. Me parece una actitud comprensible, pero no justificable. Sea esto como autocrítica de la que nunca efectúa el Opus Dei.

Sabemos que la institución jamás reconocerá sus responsabilidades ni modificará su funcionamiento interno. Tampoco la Iglesia se moverá para que cambien ni modifiquen su línea de funcionamiento. Hay que diferenciar en la Iglesia lo que es la enseñanza de la moral de lo que es su derecho organizativo. Aquí se les nota el atraso respecto a los modernos estados de Derecho. Especialmente en que el cristiano pese a que en una sociedad occidental tiene perfectamente delimitados sus derechos y deberes, en la Iglesia prácticamente sólo tiene deberes y casi ningún derecho (pese al Catecismo de la Iglesia). Un católico jamás podrá interponer un recurso de reposición contra la decisión de un Obispo, pese a que la decisión sea abusiva. Ejemplo, el caso de Don Antonio Petit y el decreto anti-jurídico del Prelado del Opus Dei. No es una democracia, y esto se nota en sus procedimientos organizativos.

El Opus Dei seguirá manteniendo sus tesis contrarias al código de derecho canónico y en contra de la autoridad de la Santa Sede. La Iglesia tolera esto y no reaccionará ante este comportamiento institucional prácticamente medieval. Seguirá llevando la contraria a la voluntad de Dios, que en su providencia ha establecido como Vicario de Cristo a quien defiende que las prelaturas personales son una forma de asociación y no una estructura jerárquica desde hace más de 30 años. Y el Opus Dei seguirá con su técnica de manipulación y desinformación respecto a sus miembros y a quienes quieran captar, para poder controlarlos mejor.

Pero yo quería referirme a las críticas al Opus Dei, porque al menos, nosotros si podemos actuar de otra manera que ellos, autoridades de la Prelatura y autoridades de la Iglesia. Podemos presentar la verdad de manera objetiva aunque ellos la rechacen con la excusa de “ataques a la Iglesia” y “ataques a la Obra”. Es esta sordera a las críticas de su funcionamiento por lo que luego pasa lo que pasa, como por ejemplo que una diócesis tenga que pagar millones de dólares de indemnización por centenares de casos de abusos ocurridos durante decenios. Tiene que intervenir la justicia humana –también querida por Dios- en el ámbito donde la justicia eclesial se manifestó inoperante.

Para aportar una tesis verdadera se debe evitar todo aquello que sea razonamiento errado. Es mejor siempre presentar los hechos veraces que caer en la tendencia de emitir opiniones. Una opinión nunca es un hecho. De la opinión se puede disentir, del hecho no. Quiero citar unas frases de un reciente artículo del periódico “El Mundo” (“Un debate dirigido al hombre”, Lourdes Martín Salgado, 7 de julio de 2007), es un análisis del último debate del Estado de la Nación en el Congreso de Diputados del Reino de España. Creo que podría servir como reflexión para mejorar nuestras futuras aportaciones a la web.

“El pasado martes, Rajoy dedicó a Zapatero, y Zapatero a Rajoy, toda una serie de argumentos ad hominen, aquéllos que implican responder a un argumento o afirmación refiriéndose a la persona que lo formula, en lugar de al argumento por sí mismo''. Por ejemplo, cuando Rajoy pide al presidente del Gobierno explicaciones sobre su política antiterrorista, éste opta por no darlas y, en su lugar, acusa a quien las pide de ser el “único líder de la oposición que haya hecho ese papel tan triste para la democracia”.
Los argumentos ad hominem o dirigidos a la persona suelen incluirse en los manuales de retórica como un tipo de falacia, pero no siempre lo son. Por de pronto, en política son imprescindibles…Así pues, no es falaz cualquier argumento ad hominem, sino sólo aquél que resulta irrelevante para la cuestión debatida o para determinar la veracidad o el soporte lógico de las afirmaciones del oponente”.
Falaz es también el argumento ad hominem circunstancial, que no se centra en supuestos defectos del oponente, sino que se trata de transmitir que la circunstancia o condición en la que éste se encuentra el impide emitir un testimonio veraz….”

Hay argumentos ad hominen que pueden no ser falaces, por ser pertinentes. La articulista cita un caso, restringido al campo de la política.

“Atañe al Estado de la Nación que su presidente mienta o no, y sobre todo si lo hace en relación a la lucha contra el terrorismo. La credibilidad es, sin lugar a dudas, el atributo más importante para un gobernante”.
…” para conocer esos pormenores [sobre la negociación con ETA] , el líder del PP [partido de la oposición] necesitaba asirse a un elemento objetivo, una tercera parte, unas actas conocidas por otros, cualquier dato que no dependiese sólo de la sospechosa palabra del presidente. Su argumentación, desde el punto de vista lógico, fue impecable”.

En esta cita y prescindiendo de cualquier filia ideológica del lector, se describen brevemente unos principios básicos en el razonamiento. El argumento “ad hominem” que no se centra en la idea del contrario sino que busca la descalificación de la persona es un error grave en cualquier tipo de dialogo. Son argumentos falsarios, falaces, errores serios en la conversación entre personas. Impiden el acceso a la verdad que la otra persona pueda estar exponiendo. Fácilmente se ofende al prójimo.

Otro principio es que para descubrir la verdad, se debe tender a localizar, descubrir los elementos objetivos que apoyen nuestra opinión. Los hechos que acreditan lo que exponemos. Algo fuera de nosotros, sea documental, o sean los testimonios o vivencias de otras personas que se asemejen a lo que contamos. La aportación de un elemento objetivo es básico para dar verosimilitud a lo que decimos.

Llevaba tiempo considerando necesario exponer estos principios básicos en opuslibros, pues a veces, las cartas de “correspondencia” adolecen de caer repetidamente en los argumentos ad hominen. Y cualquiera las descartará rápidamente como fuente de información veraz. A veces son simples insultos dirigido al Opus, a su prelado, sin pasar de eso.

Lo peor es que los insultos y el denigrar por sistema a la Obra, el fundador, el prelado o algún numerario o sacerdote son tanto para la Iglesia como para la Obra, parte del camino –lleno de tribulaciones- del cristiano. Se equiparan a las ofensas que recibió Jesucristo en vida de quienes, por seguir al diablo, se le oponían. De esta manera se levantan barreras en las mentes eclesiásticas y no hay nada que hacer para convencerles de ninguna verdad. Es más, ¡es que para ellos los ataques a cualquier institución eclesiástica son prueba de la verdad de la santidad de la institución y de su seguimiento a Cristo!




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