Argentina: una labor en caída libre

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Autor: Segundo, 6 de agosto de 2008


"Mi regla del juego era maniáticamente simple,
era bella, estúpida y tiránica” (J. Cortazar).


Primera parte

Durante el periodo 2004 – 2007 en la Argentina abandonaron la Prelatura varios numerarios que llevaban décadas en la institución.

Para algunos el fenómeno es novedoso por partida doble; quienes eligieron otro estilo de vida no sólo exhibían años de servicios sino que habían cumplido un rol protagónico en el desarrollo de la Obra en este país.

La fugacidad de las vocaciones era un asunto que no escapaba a las autoridades locales. Corrían los años ochenta cuando, en una convivencia de consejos locales, escuché por primera vez la siguiente frase: “Es necesario que piten diez para que perseveren dos”...

Aquellas palabras no provenían de un director inexperto inflamado por los objetivos apostólicos sino del propio Vicario Regional Don E.B., cuya sagacidad y experiencia nadie se atrevía a cuestionar. Aquel Vicario percibía que la vocación al Opus Dei era de corta duración.

En mi entender, una de las razones de la crisis actual consiste en que, con el decurso del tiempo, la modesta espiritualidad contenida en “Camino” ha derivado en una minuciosa disciplina en donde la norma primaria se expresa en la conocida fórmula: “obedecer o marcharse”.

De allí se deriva, entre otros errores, un notable equívoco conceptual y de lenguaje ya que a la disciplina se la denomina “espíritu” y, al ajuste de la conducta individual a la misma “fidelidad”. No hay “fidelidad” al Evangelio, a la Iglesia, la fidelidad es a la disciplina interna y, en todo caso, al ejemplo de Escrivá.

Otro fenómeno, ligado con el anterior y que produce efectos internos devastadores es la pérdida de confianza en algunos directores o, más claramente, en la mayoría. Su palabra se encuentra devaluada, bien por incompetencia, bien por falta de veracidad.

En su tarea pastoral los directores argentinos se desempeñan como pulcros funcionarios administrativos que velan por el cumplimiento de los mandatos. El “buen director” es una persona con facilidad para el “no”; allí radica su fortaleza y su principal virtud. Se trata de un “no” defensivo, atrincherado. Pero la cuestión va más allá; detrás de esos “no”, hay un valor subyacente que se puede formular del siguiente modo: al Opus Dei le interesa de modo visceral el Opus Dei; quienes transitoriamente revisten en el mismo son fungibles.

Puede ocurrir que haya situaciones en las que no existan reglas en cuyo caso los directores argentinos tienen a su disposición refranes. Así, para las situaciones de enredos afectivos de los numerarios el refrán a mano era el siguiente: “hay que poner agua de por medio”.

El refrán ordenaba despachar al atribulado numerario al exterior, generalmente, a España; ello no significa que, siempre y en todos los casos, los numerarios argentinos residentes en ese país hayan dejado la Argentina con el corazón roto.

Lo cierto es que entre reglas humanas y refranes no hace falta ser un sabio para advertir que la tarea de los directores está lejos de reunir la calidad de “dirección espiritual” en el sentido que le otorga, sin ir más lejos, el Catecismo de la Iglesia Católica. Sus actividades son más bien un mecanismo de control por el cuál se conocen los problemas de conciencia de los numerarios en los distintos niveles de gobierno. Este es un tema cuya gravedad ha sido denunciada por Oráculo; lo que no sabemos es si los funcionarios de la Iglesia alguna vez lograrán conocer el problema en su verdadera magnitud y si lo conocen tendrán la voluntad de resolverlo.

En la Argentina el control de las autoridades sobre los numerarios se ve reforzado porque la mayoría se desempeña en labores internas y/o en trabajos que dependen de modo directo del favor prelaticio de modo que, salvo contadas excepciones, carecen de un trabajo independiente. Habitualmente, se desempeñan en los colegios de la Obra, en la Universidad Austral, en sociedades interpuestas como la poderosa “Asociación Para el Fomento de la Cultura”, en el “Instituto de Altos Estudios Empresariales” etc.

Ocurre que bien vistos los numerarios de este país se pueden describir como un conjunto de laicos consagrados que se dedican a las tareas pastorales propias del Opus Dei y al desempeño en emprendimientos educativos de la Prelatura a título de “encargo apostólico”. La proclamada santidad “en medio del mundo” es tan sólo una pauta publicitaria de la Obra algo tan carente de contenido como afirmar “Things go better with Coke” el célebre slogan de Coca Cola del año 1963.

Esta situación – por elemental que parezca - condiciona a quienes experimentan una verdadera crisis de pertenencia al Opus Dei ya que la comodidad de un standard de vida de clase media alta en donde el techo y el pan están asegurados no es poco en un país donde los problemas laborales han expulsado a más de un millón y medio de argentinos.

En la actualidad, es difícil encontrar un centro en Buenos Aires donde no haya numerarios que padecen depresión, síndromes de pérdida de personalidad, problemas notorios de inmadurez, crisis de identidad etc. No en vano D. Alvaro del Portillo, allá por los años noventa, designó al Dr. A.P., un psiquiatra de nacionalidad uruguaya, para la atención de aquellos que padecían problemas psicológicos.

Hoy los numerarios en la Argentina recuerdan a esas gentes demoradas en los aeropuertos. La mayoría está aburrida y desencantada con excepción de los funcionarios.

Si todo sigue igual, si nada cambia, en pocos años los numerarios serán algo tan extraño y digno como los Caballeros de la Orden Malta aunque sin sus obras de beneficencia.

Original

Segunda parte

24 de noviembre de 2008


Queridos/as amigos/as:

Os comento que hace unos días retomé contacto profesional en Madrid con un ex numerario argentino. Le pregunté si podía escribir lo que me contaba y me autorizó.

Goza de buena posición; lo supo hacer. Como director del apostolado de la opinión pública en Argentina tejió una red de contactos internacionales que le han valido no quedarse en la calle (dicho sea de paso, me contó que su sucesor en el cargo también se fue. Argentina ha perdido en dos años dos directores regionales del apostolado de la opinión pública: MAMBV y ELdP).

También se fue PB, director del centro del Mar del Plata; la ciudad de Posadas se “comió” dos directores; el que era hasta hace poco tiempo, director “senior” de Córdoba, ha contraído matrimonio; y RD, director del centro de estudios de la delegación de Rosario, abandonó el barco y a los alumnos les dijeron que se había ido de viaje de trabajo, (a los pocos días los chicos se enteraron de la verdad por sus familias y amigos, dejando en evidencia otra mentira de los directores).

El argentino me contó también que el sacerdote numerario uruguayo ADG, quien fuera director espiritual de la delegación de Buenos Aires, y después director espiritual de la comisión regional de Uruguay, ha iniciado los trámites para secularizarse. Además, que en Buenos Aires han cerrado ya un centro de numerarios mayores; que en el centro de estudios (un edificio enorme) viven sólo doce alumnos y que en todos los otros centros de numerarios/as sobran lugares, porque son muchos/as los/as que se han largado, etc. etc.

Otro sacerdote numerario, JAV, español destinado a la Argentina. Vive en una casa de religiosos. Cumplía con las labores que el opus le había encargado. Pero los del opus dicen que está loco. ¿Cuál es su locura?, dedicarse a los más pobres, darle trabajo distribuyendo periódicos católicos a niños de la calle en Asunción de Paraguay; instalar comedores para necesitados; ayudar a que la pobre gente aprenda un oficio digno y abandone la mendicidad. Su razonamiento es simple: “si los vicarios pierden el tiempo jugando al tenis con ricachones en clubes, en los que además las señoras no van decentemente cubiertas (¿lugar ideal para un sacerdote y además vicario?), yo puedo dedicarme a los más pobres, como nos dijo Juan Pablo II al término de la beatificación de Escribá; ¿no nació acaso el opus entre los más pobres de Madrid?” JAV ha pedido desincardinarse de la prelatura pero el prelado se lo niega.

Algo parecido pasó con el sacerdote numerario EA, uruguayo. Fue corrido de ciudad en ciudad (Mendoza, Salta, Asunción), en todas dejó capillas y comedores construidos en zonas pobrísimas. Lo mandaron a Chile y nadie sabe nada de él. Nunca dejó de atender los encargos del opus. Su pecado: conseguir dinero para trabajar con los pobres; lograr la construcción capillas y locales para dar catequesis en barrios abandonados de Dios y entregárselos a las diócesis, (¿es realmente el opus una gran catequesis?)

DG, otro sacerdote numerario, vive encerrado en un centro mientras está en Buenos Aires. Buen filósofo, autor de varios libros y antiguo profesor de la universidad de la Santa Croce (otro más!!!) A DG, lo tienen drogado, está catalogado de enfermo siquiátrico ¿Está enfermo o su cosmovisión no coincide con la cosmovisión oficial de la prelatura?

El ex-n argentino también me relató la historia de otros varios ex-n, medicados con sico-fármacos por el siquiatra uruguayo ALP, al que en el ambiente de los numerarios lo denominan “Mengele”, tal es su fama de drogar a todo el que se le cruce. El Dr. A. P. fue designado siquiatra oficial de las tierras del Plata y más allá, viaja por toda América (Colombia, Venezuela, Ecuador) drogando numerarios, supernumerarios/as y gente cercana al opus.

Dicho sea de paso el Dr. A. P. ejerció sin licencia, ilegalmente, durante años en Argentina, viajando todas las semanas desde Uruguay (otra nota para la larga lista de violaciones a las leyes civiles por parte de los directores y socios rasos del opus: por el Reino de los Cielos). Parece que ahora consiguió, al menos en Argentina, que un colegio médico de provincias le habilitara su título, (el colegio médico lo dirigía un supernumerario manejable, es decir, con lenguaje interno, “en buen plan”). Ese colegio médico dista centenares de kilómetros de Buenos Aires, ciudad en la que atiende su consulta itinerante el Dr. A. P. y su reconocimiento no lo autoriza a ejercer allí, sin embargo le da una “cierta” cobertura legal en el país.

Mientras tanto, los directores de la comisión regional argentina consiguieron otro médico que prescribiera lo que el Dr. A. P. mandaba (otro delito). Por supuesto que a todo ese “mercado cautivo de supuestos enfermos siquiátricos” A. P. les cobró y les cobra el doble que otros profesionales, y además como en ningún país fuera de Uruguay trabaja legalmente, en ninguno paga impuestos; ni es responsable ante las leyes que regulan el ejercicio de la medicina.

El Dr. A. P. pasa periódicamente a los directores todos los detalles de los “enfermos” que trata. ¿Y el secreto profesional? Los siquiatras “normales” no hacen eso ni con los parientes más directos de sus enfermos, a los sumo dan indicaciones genéricas de cómo tratarles en casa.

¡Ay de los vencidos!

Hemos comentado con mi amigo que vivió “tan cerca del Padre” (y así terminó), al que hice referencia en mi escrito anterior del 18 de julio, (el que volvió de Roma desilusionado de todo el opus y de todos en el opus), que en el opus ha desaparecido la confianza en los directores y también entre los socios. El recelo sustituyó a la confianza (si alguna vez la hubo).

Ante el mal trato, las delaciones, las calumnias, las enfermedades siquiátricas reales o inventadas por las/os directoras/es para drogar a la gente y el clima de sospecha que crean los que mandan, cada vez son más los numerarios y agregados que toman sus “recaudos” económicos por si se van, y los supernumerarios que relatan en la charla confidencial una vida ficticia, alejada por completo de su vida real.

Otro dato sobre el grado de desconfianza. Mi amigo volvió de Roma con noticia cierta del descenso de las confesiones de gente del opus con los curas del opus (estadística que se lleva sumando cada hoja de actividad sacerdotal que cada sacerdote debería hacer mensualmente). Mucha gente (incluidos numerarios/as con cargos internos) acude a sacerdotes de fuera; yo mismo vi hace pocos años a un afamado numerario director de San Gabriel salir de un confesonario en una iglesia de los jesuitas en Madrid; por si esto fuera poco, muchos sacerdotes numerarios consideran una violación de la intimidad del prójimo dar cuenta, por ejemplo, de cuántas/os numerarias/os han confesado en el mes, y no hacen la estadística o mandan números al azar; otros, para evitarse problemas registran el número ideal: si en el centro que atienden son 10 los socios y el mes es de 4 semanas, apuntan 40 confesiones de numerarios/as o agregados/as o lo que sea, y así también evitan problemas a los demás.

En Roma, en las oficinas centrales, nadie medianamente listo se fía ya de esas cifras, pero de cara a los súbditos, incluso de los que llaman a Roma para convivencias especiales, se hace el teatro dar por ciertos esos números.

Los vulnerables

Ay del cura numerario!, que se niegue a entrar en el perverso círculo de la delación o que reaccione y rompa con él. Me refiero al cura que quiera ser fiel a Jesucristo y a la Iglesia y no al “espíritu de la Obra”: que no “informa de la gente” a él encomendada; que no pasa a los directores otro tipo de novedades; que aconseja actuar en conciencia y no por las indicaciones recibidas de la charla; que se niega usar la confesión para confirmar la autoridad de los/as directores/as; que no “pasa” en la confesión los avisos que la delegación o el concejo local le indican para ésta o aquel penitente.

Ese cura será difamado y marginado, no se le darán labores apostólicas “importantes” de las que se quieran sacar vocaciones o dinero o ambas cosas; (Otro que irá “a confesar viejas” como decía un vicario regional, formado por Escribá, y añadía: “encárgale algún confesionario de viejas pobres para que se entretenga”). Y para más inri se le indicará expresamente a todos los del opus que se pueda, que no acudan a ese cura, ni para confesarse (con lo que aquello que dice el derecho interno que los socios podrán acudir a cualquier sacerdote numerario, queda en la nada).

Tampoco lo dejarán acercarse al clero secular de la diócesis en la que trabaja y mucho menos a obispos ajenos a la prelatura. Ese cura tampoco dará clases o meditaciones en ninguna labor: “es que lía a la gente”, dirán. Lo difamarán en los ambientes eclesiásticos. Tratarán por todos los medios de mandarlo al siquiatra. A los laicos “de fuera” –y también a sacerdotes y obispos- se les dirá que don fulano está enfermo, deprimido o tiene surmenage. Si alguien lo nombra en una tertulia los demás cambiarán el tema o harán como que no oyeron. Algunos se intercambiarán miradas de complicidad como diciendo “nosotros sabemos lo que pasa”.

Los directores/as hacen diagnósticos siquiátricos de las personas “que dependen” de ellos, también de sacerdotes, sin que les corresponda por oficio y sin ser médicos, difunden esos “diagnósticos” según convenga a las “necesidades de la Obra”, configurando con esta conducta inmoral verdaderos delitos contra la fama de las personas.

Hace años viví en un centro con un sacerdote ejemplar, pero que no se dejaba dominar. Le encargaron labores lejanas, confesonario en urbanizaciones populares, de gente “común”. El cura se iba al amanecer y llegaba por la noche, el director lo perseguía con saña: que cumpliera el horario, que no se durmiera en las tertulias, que no viera ni llamara a nadie en la ciudad aunque fueran viejos amigos o parientes.

Como el sacerdote en cuestión hizo amigos en razón de su encargo en la periferia, el director mandó a un numerario que dependía de él en su trabajo profesional y al que por eso podía coaccionar, a visitar a los amigos del cura, con el cuento de que el sacerdote no se encontraba en sus cabales. Gracias a Dios, los amigos del cura mandaron a por uvas al emisario y a su mandante. El emisario, pasado el tiempo, se fue del opus; ignoro si el cura sigue, de él no hablan mis relaciones opusianas.

Ay del numerario/a! que no informe de todo lo que le cuentan los que hacen la charla confidencial con él/ella; o que diga honestamente a los que hablan con él/ella: “no me cuentes esto; sobre esto no me corresponde opinar”. Ese numerario será marginado. De ese modo algunos podrán dedicarse más a su profesión hasta que a algún iluminado de su centro o su delegación se le ocurra que ha caído en la “profesionalitis”, e intenten hacerlo resignar su trabajo y hundirlo en la miseria material y sicológica.

Ay del supernumerario/a! que no cuente sus intimidades, las de su cónyuge, las de sus hijos, la de sus compañeros de trabajo, las de sus amigos, y que no cuente con detalle todos los pormenores de su ejercicio profesional, aún aquellas cosas que caen bajo el secreto de oficio. No contarán con él para nada y, por ejemplo, si lo tiene, perderá su trabajo en labores corporativas.

Dinero

En el opus el dinero, que es lo que les interesa, se usa también para manipular a las personas. Los numerarios que responden a los requerimientos de la institución viven a lo grande: automóviles, deportes de ricos, viajes, tarjetas de crédito, inversiones profesionales administradas por ellos mismos, y como son de fiar el opus les proporciona relaciones profesionales y con el “alto mundo”. Es que son fieles.

A quienes “no responden”, ni ropa vieja. Se les corta su trabajo: han llegado a hablar con los jefes, ajenos al opus, de algún “rebelde” para comunicarles que el susodicho “tenía comportamientos extraños”. Si sus familias los apoyan material y/o afectivamente tratan de cambiarlos de lugar.

En estas semanas se desató una caza de brujas, para averiguar quien tiene ahorrillos fuera de caja, pero como decía Escribá “no se le pueden poner puertas al campo”. Si queréis un coche, compradlo; ponedlo a nombre de una tía viuda, firmando ante notario un documento privado que diga que el coche es vuestro.

Después de las arengas de del Portillo en el 89 en España, un viaje en el que reunió a todas las delegaciones de varones y mujeres (por separado) en Molinoviejo, en sólo una de las delegaciones de Madrid, más de 40 numerarios conmovidos por la prédica de Don Alvaro, entregaron las llaves de automóviles que eran de ellos y estaban a nombre de familiares de confianza. Espero que ahora la gente de dentro sea más avispada.

(Hay otra caza de brujas acentuada en estos días, tratan de averiguar quiénes conocen Opuslibros, sólo saber de la existencia de esta página indica “deslealtad”)

La charla

Para que el opus cambie debe desaparecer la charla fraterna o confidencial con los directores/as. La charla no es ni puede ser un medio de dirección espiritual, como muchas veces lo habéis dicho vosotros. En realidad es un medio para obtener información y tener dominadas a las personas.

En el Catecismo de la Obra, antes se decía con respecto a la charla confidencial, “los socios deberán manifestar con qué espíritu trabajan”, ahora se dice, “deberán hablar o dar cuenta de su trabajo”. Cualquier buen entendedor sabe que eso implica todos los aspectos de su trabajo, no sólo del espíritu con que lo llevan adelante. En el opus, para ser valorado hay que contar todo, cuando se hace la charla fraterna o confidencial no se debe respetar el secreto natural ni el profesional ni el secreto de oficio, aunque las notas del prelado digan lo contrario. El “espíritu de la obra” está por encima de los mandamientos, de la moral y doctrina de la iglesia.

Así, por ejemplo, los vicarios regionales saben (y saber es poder) e informan al prelado, si hay obispos o sacerdotes diocesanos que consultan a determinado médico siquiatra o se están tratando de un cáncer. Así la comisión y las delegaciones saben de las fluctuaciones económicas: por ejemplo, en qué invertir o de qué acciones desprenderse o si es mejor cambiar las cuentas en euros a cuentas en dólares americanos. Así los directores/as saben las intimidades de las familias influyentes de la ciudad… Es esencial al opus el trasiego constante de información calificada cuyo origen en la charla confidencial.

Ejemplos

Cuando yo trabajaba en una delegación de España, pasó por mis manos una nota dirigida a Argentina. Se trataba de lo siguiente:

El historiador LS (supernumerario) viajaba a Chile a dar un curso en la universidad del opus, la de Los Andes. Los de Argentina querían que LS fuera también a la universidad del opus de allí, la Austral. Lo normal en estos casos en el mundo profesional corriente, opuesto al rebuscado y mafioso mundo del opus, es que si un centro académico quiere invitar a un profesor, se ponga en contacto directamente con él. Pues no, en el opus antes de invitar a uno de ellos se acude a sus directores internos, en este caso los del profesor universitario al que se quería contratar.

La respuesta que pasó por mis manos, más o menos decía, “no vemos conveniente que invitéis a L (S) (el apellido va en un papel a parte, “por discreción”), porque se encuentra muy cansado”. “No vemos conveniente” quiere decir como todos sabemos, no le invitéis.

¿Por cuántas manos habrá pasado esta respuesta? ¿Se enteró el profesor del proyecto de invitarlo a Buenos Aires? ¿Alguien se preguntó si al profesor le interesaba pasar por Buenos Aires? ¿Le interesaba al profesor que se pregonara su cansancio, o era algo que él había comentado en su charla confidencial pensando que no pasaría de allí? ¿No se habría negado el profesor, aduciendo estar cansado, a alguna actividad “cultural” programada por la delegación y se vengaron cortándole la posibilidad del viaje a Buenos Aires? Jamás lo sabremos.

Lo que sí sabemos es que ni siquiera los supernumerarios son “libérrimos en su profesión”, como berreaba Escribá. Que se manipula a las personas. Que el trasiego de información no es cosa de algunos indiscretos, sino que está institucionalizado. Que se limitan impunemente las posibilidades de trabajo de la gente. Que hay que caerles bien a los directores para progresar en la profesión, es decir, hay que estar dispuesto a delatar, a mentir, a vivir en permanente estado de “doblez” y a darles siempre la razón. Que hay socios del opus que siendo magníficos profesionales están censurados por “cansancio” o “por motivos ascéticos” o por lo que sea, y que ellos ni se enteran.

Otro caso que me tocó de cerca fue el de un socio del opus que ocupaba un cargo en una universidad pública que no tenía vinculación con la secta. Algunos profesores de su departamento propusieron invitar a Jacinto Choza. El del opus contó el tema en su casa, a continuación recibió la indicación de evitar que ese proyecto se llevara a cabo, porque Choza era “peligroso”. El susodicho “poniendo todos los medios” y con “santa picardía” hizo abortar el plan. No podía “fracasar” ante sus directores. Si fracasaba corría el riesgo de entrar él en la nómina de “peligrosos”.

También sé de una ex-supernumeraria de México, que viene con frecuencia a Madrid. Es miembro de un tinglado cultural del Vaticano en cuya directiva está un cura numerario. Al susodicho se le ha dado la indicación de conseguir que la cesen como miembro de ese cuerpo sólo porque dicha profesora “dejó de ser de casa”. En esos organismos sólo cesan a alguien por “conducta impropia” o “por opiniones contrarias a la doctrina católica” ¡Pobre mujer! ¿La acusarán de adulterio sacrílego o de hereje?

La información

Quisiera comentaros lo que se me ocurrió cuando hace unos meses el obispo Javier Echevarria dictó cátedra sobre la familia. Sentí indignación y pena, no porque esperara otra cosa, sino porque son incorregibles.

A las familias las destruyen, por ejemplo, con su “formación”, la presión sicológica que ejercen sobre sus miembros y todos los que los rodean. Y muchas veces con sus consejos sobre el número de hijos y sobre cómo educarlos.

¿Cuántos hay a los que se les ha dicho que sean “más generosos”?, y ahora con cinco, siete, once o catorce hijos no saben qué hacer; y quien dio esos consejos -cura o laico o laica- se lava las manos y hasta suelen decirles, “libremente optaste por tener esos hijos, no te quejes”.

Las familias tan alabadas por Echevarría, son “manoseadas” por los concejos locales; padres e hijos degradados en su intimidad por el concejo de dirección del colegio (obra corporativa o labor personal); temas personalísimos -también de gente extraña al opus- se ventilan impunemente.

En el lenguaje interno se llama “hablar de la gente” o “despachar”: se habla continuamente de unos y de otros. Los directivos y profesores de los colegios hablan de los alumnos y de sus familias. Los consejos de dirección, consejos locales y delegaciones, comisiones regionales y asesorías “despachan” sobre los profesores/as, los alumnos/as, los chicos/as de San Rafael y sus familias, sobre todos los socios de la prelatura y sobre todas las personas que los rodean.

De ese modo la delación, la calumnia, la difamación, se han institucionalizado dentro del opus. Todos saben qué mentira contar sobre otro “para sepultarlo”, y de qué forma hacerlo (nota, comentario verbal, advertencia, corrección fraterna), ya sea porque lo envidian o les cae mal o les estorba para ascender de estatus en la prelatura.

Murmurar de los demás es obligatorio si se quiere mantener una posición de privilegio o un cargo de gobierno (que llevan anexo automóviles, viajes, deportes de ricachones, habitaciones con aire acondicionado, comidas y cenas en lugares exclusivos, y sobre todo, están exentos de mantenerse: la prelatura paga sus gastos, sin que los obliguen a firmar pagarés).

Los consejos locales y las delegaciones tienen un schedule, que indica de quién o de quiénes se hablará en cada reunión, previo informe por escrito que cada uno de los participantes en el conciliábulo debe leer antes de la sesión.

Los miembros o socios del opus pueden estar seguros que los temas que hablan o de los que “dan cuenta en la charla” no son confidenciales, serán tratados y manoseados (“llevados a la oración”) por 12 ó 15 personas en el mejor de los casos; a veces intervienen más. Seguramente lleguen notas del prelado en las que se asegure que del contenido de las charlas confidenciales nadie habla: ¡eso es mentira!

En otros casos, por ejemplo, los médicos como el citado A. P. “despachan” sobre sus pacientes con los directores regionales o de delegaciones, directores locales, vicarios, etc. y lo dicho por esos médicos es puesto por escrito y tratado en múltiples reuniones.

Quien tenga cerca a alguien del opus (salvo casos realmente extraordinarios), que se aleje. Este es mi consejo después de muchos años dentro y con alguna experiencia fuera.

De los consejos locales y delegaciones “emanan” (ellos “ven” en la oración), las “sugerencias” y los consejos, por ejemplo, para cada supernumerario/a sobre cómo tratar al cónyuge. Se puede decir que el director o directora y algunos curas “se meten en la casa y en la cama” de los supernumerarios y supernumerarias.

Los directores/as dicen, informan, comentan, sobre supernumerarios/as: que si el marido bebe, que si la mujer es loca (para algunos de ellos –curas y laicos- todas las mujeres están locas y lo dicen tan campantes); que si fulanito se “inspira” viendo películas porno; que si la mujer de otro lo engañaba y a escondidas tomaba anticonceptivos; que si son estériles; que el marido es impotente; que tienen un hijo homosexual; y hasta que si se lió con la vecina o el vecino (con nombre y apellido del tercero/a en discordia); o está enamorada del párroco (con nombre y apellido del religioso en cuestión), etc. etc. La obsesión por los temas sexuales llega hasta la pornografía (eso sí, “por el bien de la Obra”. No por el bien de las almas o la Iglesia, que sería igual de reprobable; sino por “el bien de la Obra”, palabras mágicas con las que justifican cualquier inmoralidad).

Si reina la paz en el matrimonio: es que “fuiste sincero/a, fiel al espíritu de la Obra”; en caso contrario, “tú tienes la culpa porque no rezas ni te mortificas, o no fuiste del todo sincera/o, porque no contaste que a tu marido (o a tu mujer) le gustaban ciertas caricias previas al acto conyugal”. Hasta a eso llega la “sinceridad”!

La obsesión sexual es típica del opus (y de las sectas, por ejemplo, la cienciología). Es un modo de crear relaciones perversas director/a-dirigido/a y de tener dominadas a las personas. La dignidad personal no cuenta. Actúan así con el convencimiento ciego, irracional, antinatural y anticristiano de que obran por “el bien de la Obra”. A veces se atreven a decir que lo hacen “para Dios”, “de cara a Dios”, pero del modo que los nazis decían: ¡Dios está con nosotros!, Gott mit uns!

Continuaré, si no me callan

Salvador


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