Aprendiendo a aceptarse a uno mismo

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Por Australopitecus, 20.10.2008


Esto de poner los pensamientos en orden para escribir es una tarea ardua y por eso me cuesta cada vez mas escribir algo sobre algún tema que no sea muy puntual. Pero hoy haré un esfuerzo por tocar un tema que puede servir a algunos. Soy consciente de no estar diciendo ni la ultima palabra ni nada novedoso como dice Steve Jobs (el famoso cofundador de Apple Computer) "¡Los buenos artistas copian, los mejores roban!".

La idea que me da vueltas es la de explicar un poco sobre como funcionan los mecanismos de auto-censura que son claves en la "formación" del carácter en el Opus Dei y ¿porque no decirlo? en la Iglesia misma...

De alguna manera irónica el Opus tiene algo de razón al decir que no le quita la libertad a nadie, lo que pasa es que la sicologia humana es frágil y es fácil "secuestrar" la autoestima para lograr que uno mismo se reprenda y no se atreva a tomar decisiones que son de sentido común cuando uno no esta bajo la amenaza de condenación eterna (o sus equivalentes: mal espíritu, entristecer al Prelado "padre", volver a crucificar al Señor, ponerle una espina en el corazón a la Virgen, destruir la obra de Dios, etc, etc, etc.)

El núcleo de lo que digo es que uno mismo es el responsable en ultimas de autoreprimirse y es un logro de cierto tipo de educación que uno mismo aprenda a no querer hacer algo para no llamar la atención de los que tienen autoridad sobre uno. La cosa empieza con una de esas correcciones en tono amenazante y piadoso que le hacen a uno al comienzo de su vocación por algo tan pequeño como no llevar mucha gente a la meditación o "pensar demasiado en uno mismo" o estar apegado a la familia de sangre, etc, etc, etc. La amenaza esta siempre ligada a una de esas "razones sobrenaturales" que consideran a Dios como un ser maniático, pendiente mas de las formas y los resultados (números de la labor de San Rafael, porte externo uniformado, dar siempre "buen ejemplo"=ser el mas borrego y el que menos cuestiona lo mandado incluso cuando parece arbitrario).

Una de los momentos que a muchos no se nos borraron nunca de la memoria es la primera vez que le censuran a uno las cartas que uno le intento escribir a la familia propia y al "padre"= prelado del Opus. Este es un ejemplo claro de lo que digo. La primera vez le devuelven la carta de uno tachoneada y el director le hace a uno algun comentario amargo sobre no darle un mal rato al prelado o sobre no escandalizar a los padres con los problemas personales (no olvidar que cara al exterior la vida en el Opus Dei es perfecta). Lo efectivo de esta forma de maltrato sicologico es que con el tiempo uno deja de escribir a la familia y lo poco que le escribe al "padre" tiene una fuerte dosis de autocensura que hace la escritura de estas cartas (se supone que hay que escribir por lo menos una vez al año al "padre") toda una tortura mental.

Con el tiempo esto cobra la fuerza de los hábitos y algún día uno mismo ya se da los latigazos uno mismo y no se atreve ni a consultar (otro de esos extraños hábitos opusinos, uno consulta hasta para hacer un plan con los amigos para asegurarse de que no sean tan amistosos y mas bien apostólicos); uno no se atreve ni a consultar alguna idea sobre cualquier cosa que parezca de "mal espíritu": compra de ropa nueva, planes demasiado divertidos, visitas a la familia de uno. Y son cosas importantes pero pequeñas no grandes problemas, eso prueba la infantilizacion que induce la Obra para su conveniencia.

Bueno mi idea con este escrito es la de que es bueno ser consciente de esto y aprender al principio a "perdonarse" uno mismo por desear tener una vida normal y luego incluso no perdonarse el estarse censurando todo el tiempo: valga la paradoja. Esto incluye (ver un escrito anterior mio) no censurarse ni siquiera por no ser demasiado religioso o incluso por tenerle fobia a la religión. Créanme si uno le pierde el miedo a esa fobia (otra paradoja) hasta se quita y uno puede hasta asistir a Misa así no le encuentre mucho sentido (y si le encuentra sentido de nuevo, pues no hay problema, cada uno siga su camino)

Es chistoso que uno al principio se censure hasta para pedir el mejor café en la cafetería o el plato que mas le gusta en un restaurante, o pedir algo que sea un poquito mas caro así sea para probar algo nuevo. Pienso que en esto no hace falta ser un derrochador ni mucho menos, que el costo de la vida no esta para ciertos gastos, pero si la vida le da a uno la ocasión hay que hacer como todo el mundo y despreocuparse a veces de gastar un poco de lo que uno gana en uno mismo.

Hay un libro en esta web que se llama Tus zonas erroneas y que es despreciado por muchos por ser un libro de autosuperacion, claro en la Obra es algo humillante reconocer que un autor no cristiano y que no tiene demasiados titulos (es un terapeuta tipico) le pueda ayudar a uno en algo. Como que solo hay que leer Santos doctores de la Iglesia y premios Nobel en siquiatria de la confesion (si existiera eso). Pero a mi me ayuda -soy un simplon :-)- y una idea que aparece alli es que uno mismo es responsable de su respuesta emocional. La paradoja es que para empezar a controlar sus respuestas emocionales de forma constructiva y no autodestructiva uno debe hacerse consciente de esto. Este ultimo punto es clave para acabar con la auto inculpacion: lo unico que nos produce culpabilidad es la propia mente (precondicionada por la "formacion" para esto) y la culpabilidad es inutil (infantiliza), asi que hay que liberarse de ella y aprender a ser responsable.

La responsabilidad es mas sana cuando es fruto de la propia reflexión sobre las consecuencias de los propios actos -que en general no es que tengan consecuencias muy dramáticas y probablemente uno no tenga dilemas morales profundos todos los días- mas que de la auto censura por fobias a no ser tenido como "niño bueno" o numerari@ ejemplar, etc. Yo pienso que si uno hace el esfuerzo por meditar en lo inutil de la culpa ese esfuerzo lo conscientiza a uno de que los actos de uno tienen consecuencias y no es inteligente enredarse la propia existencia para satisfacer apetitos pasajeros.

Como dice Melomano, la vida corriente no es nada extraordinaria pero tiene mucha flexibilidad y esto le permite a uno gozar de cosas muy pequeñas que los pobres prelaturos no alcanzan a probar: ellos viven en el rejalgar.

Es bueno volver al mundo real despues de la prelatura y no preocuparse por "dar la talla" en nada, que nadie nos pide, ni nos pedira eso. Por lo menos nadie que nos aprecie de verdad.




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