Andanzas y desventuras de un "nume" por tierras castellanas y sus aledaños

From Opus Dei info
Jump to navigationJump to search

Por pepgrass@gmail.com, 12.11.2014


Hace tiempo que quería contaros mis experiencias en lo que algunos denominan “la cosa”, otros el “lado oscuro” o “Dark side” y otros sencillamente “la Opus” o “el Opus”. Recuerdo a un tío mío sevillano cuando me decía, ¿así que “eres delopus”?, pues yo he conocido y tengo varios amigos “delopus”, era un poco déspota y sus hijos no terminaron del todo bien con él… (No era de la Obra). Pero a lo que vamos, siglo pasado, el siglo de los conflictos bélicos, las crisis económicas y el desarrollo económico-social de occidente. Los españolitos de la transición, nacidos en democracia, pero perseguidos por las explosiones y asesinatos de grupos terroristas, por las nuevas tecnologías que hacían su aparición en la España cañí y por un futuro incierto desde todos los puntos de vista. Un adolescente frustrado con su entorno, infeliz y con carencias afectivas, tímido e introvertido, que no encuentra su sitio en el mundo, que busca algo que le pueda acercar a Dios un poco más… En esas estamos, con una inteligencia media, luchando por terminar sus estudios con las notas suficientes para entrar en la Universidad a la que sus progenitores le han convencido que tiene que ir, cuando aparece inesperadamente un lugar agradable, limpio, con gente educadísima, que se preocupa por todo lo que haces desde que entras hasta que sales por la puerta y que son muy practicantes de una religión que empezaba a estar de capa caída en toda la cristiandad...

Aprendes oraciones y formas de hacer que nunca habrías imaginado, todos están siempre contentos y felices, luego… esto me “mola” mucho, me gustaría quedarme por estos “lares”. Después de unos meses en los que encuentras por fin tu identidad, decides que es un sitio estupendo para quedarse y siguiendo el consejillo de turno; te ha tocado la lotería, pues no hay vuelta atrás, este es el mejor sitio para vivir y para morir, así empezamos la andadura en la Obra. Lo decidí una vez y... -de La Obra al cielo-.

Decido escribir la carta, no doy más datos porque en estos momentos no puedo ser muy explícito con lugares y fechas, espero que podáis entenderlo, no es por cobardía, es por prudencia. Escribo la carta porque efectivamente me parece el sitio ideal para que una persona cristiana pueda desarrollarse en este mundillo que cada vez está más loco y en el que nada merece la pena, o eso pensaba yo en ese momento. Sin embargo, la Obra, era el sitio perfecto, seguridad 100% de salvación, hagas lo que hagas, “eficacia probada”, somos los mejores y si no lo somos… se acude a lo que dijo el fundador y “santas pascuas”, el que diga lo contrario está equivocado, no hay que hacer nada, solo lo que te digan, sin ser autómatas, pero sin un resquicio para pensar algo diferente a lo corporativo. Lo que dicen los directores es la verdad absoluta y quien diga lo contrario está equivocado y si no, acudir al artículo primero, “el jefe siempre tiene razón”.

A partir de ahí, tengo que decir que hasta unos años después, nunca tomé una decisión sin consentimiento de la “madre superiora”… Todo, absolutamente todo tenía que pasar por la criba de alguien, por lo que sin faltar a la verdad, se puede decir que como decía Víctor Frankl en “El hombre en busca del Sentido”, nuestra libertad estaba condicionada, o “semicondicionada” se podría decir. Piénsalo, medítalo y luego… ¡haz lo que te digo!, no sé, no es exacto pero los tiros van un poco por ese caminito.

He vivido con muchos numerarios de todas las edades que se han ido quedando por el camino, al principio se nos aconsejaba que no se tratara con ellos porque eran efectivamente “traidores a la causa”, y eso a mí concretamente me hizo bastante daño, porque me cuesta despegarme sin más de la gente que tengo alrededor o que quieres, pero lo que más daño me ha hecho, con muchísima diferencia, es no poder tener amigos dentro de la Obra, eso es lo que “me ha matado” porque he tenido que ir a buscar el consuelo y el apoyo entre los amigos de fuera, que son los que me han sacado del atolladero en el que me había metido últimamente, porque todas las soluciones “en casa” suelen ser parecidas, eso sí que es un gravísimo problema, si ocurre “A”, aplíquese “B” y si “C” se aplicará “D”. (Es cierto que también me han ayudado, aconsejado y animado algunos amigos n., sp. y ag. de la prelatura, es lo que tiene tener muchos amigos, que puedes elegir las cosas, qué haría yo sin ellos). En cualquier caso, tengo que aclarar que yo no tengo nada contra la Obra, sino todo lo contrario, estoy muy agradecido, es cierto que tiene sus carencias, pero supongo que como todo el mundo y como todas las instituciones cristianas o profanas.

Para terminar este primer capítulo, deciros que estaba muy contento, acababa de hacerme numerario, pero no tenía ni idea de nada, ni de que estaba a prueba, ni de cómo me tendría que poner a funcionar a partir de entonces, yo estaba muy feliz y punto. El primer susto me lo di cuando ese verano perdí las oraciones en latín que todavía no había podido aprenderme de memoria… y el director del lugar me dijo muy seriamente que no me daba otras para que aprendiera… y yo pensé, este tío es un poco “gil”, si todavía no me las sé, pues no podré rezarlas entonces. Pero lo importante era ir a la convivencia de verano costase lo que costase y por supuesto no ir al lugar de perdición masiva… ¡la playa!!!! Conseguido esto, todo lo demás se iría haciendo con paciencia, aunque yo estaba más contento que unas castañuelas y quizá no era del todo consciente, pero estaba a gusto y cerca de Dios, eso era lo importante.




Estaba yo muy feliz por esos mundos de Dios, muy convencido de ser un “elegido divino”, tanto que hasta tuve que ir dejando las cosillas a las que me había aficionado, deporte, cine, cañas con los amigos, porque no me daba tiempo a hacer otra cosa que ir al cole, estudiar y por supuesto pasar por el centro –everyday-, que era lo más “chic” y a mí me gustaba mucho. Eso de estudiar en una sala de estudio en la que se estudiaba solo por el hecho de estar allí…, tanto me gustaba todo que un día me dediqué a leerme varios capítulos del auténtico “bestseller” de la historia “Camino”, poco después me comentarían, -si ya sabíamos nosotros que ibas a “pitar” cuando te veíamos leer y releer ese librito-, y yo que pensaba que nadie me miraba… qué ingenuos somos a veces los hombres, sí los hombres, lo he escrito bien porque me refiero al género masculino. Otra cosa que no me resisto a contar es la del misterio del armario cerrado...

Las ganas que tenía yo de saber dónde se guardaba la famosa llave del armario que, solo en contadas ocasiones y de repente, aparecía abierto y como por arte de magia a los pocos minutos se cerraba otra vez. Con la mosca detrás de la oreja siempre pensaba, “a ver si hoy pillo al que lo abre con las manos en la masa… pero nunca se habría estando yo en la salita, me cachis”, al poco tiempo de escribir me contaron el truco del almendruco… las publicaciones internas que debían estar siempre bajo llave.

La segunda gran sorpresa vino cuando me enseñaron los instrumentos de tortura personal, y yo, ingenuo de mí, a mis tiernos años cuando me enseñaron el “cecilio” pregunté… ¿Oiga y eso, se pondrá con las puntas “pa rriba”, no?, que si no me voy a hacer pupita en la piernecita, pero cómo vas a hacer eso hombre de Dios, que se te romperá el pantalón… Jo, pues haberlo dicho antes, eso no vale!!! Y luego las mil y unas formas para encontrar el lugar, el momento y la posición para poder usar el “látigo castigador” procurando no errar en el intento por las consecuencias terribles que se producían en tal caso.

Lo pasábamos fenomenal en el centro, la verdad, éramos chicos jóvenes y valientes con ganas de comernos el mundo. En mi afán por animar al personal para acercarse a Dios, topé con la cruda realidad del momento, yo iba con mi lirio en la mano y la gente te miraba cual marciano aterrizado hacía unas horas en el planeta Tierra, la sociedad cambió en el país nodriza a marchas forzadas, en solo una década Alfonso Guerra acertó de pleno, a España no la conocía ni la madre que la parió y me parece que superó las expectativas de todo hijo de vecino.

Un día, en mi afán de perseguir al infiel estaba leyendo el famoso librito delante de mi “rojeras” profe de Literatura y me soltó una fresca tal que: “Pues yo he leído ese libritoooooo”… y dice muchas tonterías, o algo parecido. Yo en la primera afirmación me quedé pensando… -ya le tengo en el bote-, sentimiento que pasó a indignación al segundo siguiente, claro. Desde entonces no conseguí sacar más de notable en su asignatura y hasta ahora no me había parado a pensar el porqué . (Me encantaba la literatura).

Todavía se cuidaban las formas en aquella época y la gente tenía algo de formación pero se intuía la que se nos venía encima. Por otro lado, siempre me fastidió que nunca me invitaran a desayunar en el centro cuando era adscrito, sobre todo después de la sorpresa de oír la Misa en el idioma de César Augusto. Yo me hacía “el longuis” por el hall de entrada, dando vueltas y más vueltas, a ver si caía alguna vez, pero que si quieres arroz catalina.

Todo iba fenomenal hasta que llegó la primera convivencia anual en la que íbamos descubriendo las distintas cosas. Vino el gran palo para cualquier estudiante que se precie, en verano también hay que estudiar. No puedor!!!!! Y lo peor no es eso, también latín. Lo paliaba todo un poco los impresionantes partidos de fútbol diarios en los que, por mi fogosa forma de ser, tan competitiva, siempre terminaba “picado” con algún contrario, después la piscina y por supuesto la extraordinaria comida que nos esperaba tan estupendamente cocinada y presentada. Después de esos alocados partidos, siempre me esperaba la inevitable corrección fraternícola sobre si me había pasado un poco en el fútbol o similares y me encontraba con algo así como “que te metas la camisa por dentro del pantalón que se te ve la faldilla…” o la de la consabida manga larga en el comedor, que nunca entendí, la verdad.

Con la administración las anécdotas son innumerables, lo de no mirar a las chicas tan guapas que nos servían y el no poderles decir nada rompía todo tipo de esquemas a un mozalbete hormonadísimo y con ganas de marcha, alguno contaba la famosa historia de aquel que quedó encerrado en la zona de limpieza y al intentar “escapar” por la ventana para no ver a las chicas se rompió una pierna en el salto, luego a urgencias con él.




Eran esos lugares de las convivencias tan increíbles y estupendos para imberbes como nosotros, que cualquiera diría que teníamos 15 o 16 añitos recién cumplidos. Nos pensábamos ya unos tíos hechos y derechos al estar tan cómodamente instalados y servidos en semejante posada. Recuerdo el sofocón que pasó el “dire”, yo no me atreví, para decirle a mis progenitores que me tenía que ir un mes entero de convivencia a la sierra, pero que podrían ir a visitarme un día entre medias… la vergüenza que pasé cuando mi “madrecita linda” no hacía más que besarme como si tuviera 6 añitos, ¡qué horror!!! Y yo tragando para que no pensase que me importaba un comino que estuvieran por allí visitándome, -a ver si se iban cuanto antes que nos estaban dando un poco la murga-...

Por supuesto la visita duró una o dos horas; jardín, aposentos, oratorio, administración… (Claro que lo mismo me pasaba cuando, a esa edad o anteriormente, me iban a visitar a cualquier otro sitio, como a Inglaterra donde pasé un verano o cuando aparecían de improviso a buscarme en los campamentos de verano, alguna vez muy agradecido de ello, porque estábamos casi como en las “Goes”, sobreviviendo con lo puesto).

La convivencia terminaba y salíamos todos con ganas de comernos el mundo y en concreto al primer paisano que se nos acercaba, al que le colocábamos una estampita o le tildábamos de condenado a los infiernos si no se arrepentía de ser un pecadorrr, “cistrol”. Al mes siguiente, como buenos burgueses, la mayoría nos íbamos a nuestros respectivos lugares de veraneo familiares y a sobrevivir como se pudiera, dependiendo del sitio, unos mejor y otros peor.

Todos queríamos ser como el señor Mario Conde, ricos banqueros procedentes del pueblo llano, empezó ya la moda del estudio de Administración de Empresas, me hace gracia porque el dicho de aquella época era algo así como, “El que no vale a empresariales”… y la cantidad de gente que no debía valer porque desde entonces hasta ahora a todo el mundo le da por estudiar lo mismo, pero bueno ahora se llama ¡Bussiness Administration! or something similar. (MBA). Al igual que a Ruiz Mateos, a Mario Conde le quitaron los aires de grandeza también y hablaban de meterle en la cárcel, nadie sabía porqué, pero bueno eso lo contará mejor la famosa periodista de la transición.

Nosotros empezábamos la Universidad y dependiendo de cada cual, pasábamos uno o dos años en un centro y después a “West Point”, el lugar donde peor lo pasé de mis 10.000 días en la institución, más que un Centro de Estudios aquello parecía una academia militar, además con 100 tíos universitarios, cada uno de su padre y de su madre, a cual más brutico… pues eso, disciplina militar y horarios en los que no teníamos tiempo nada más que para el deporte y la piscina diarios y poco más, el resto, o rezar, o estudiar, o clases, o charlas, o reuniones, o encargos, o más encargos, o cualquier cosa menos más de 30 minutos seguidos libres… No sé si era para no pensar o para que no estuviéramos ociosos o yo qué sé!!!! (Tampoco se piense el personal que hacíamos instrucción militar, era todo con muy buenas maneras y los fines de semana algo más relajados, pero apretaícos de tiempo casi siempre). El caso es que, aunque el lugar era impresionante, piscina, campos de deporte, tenis, fútbol, lugares espaciosos, jardín… la comida irrepetible.

Pero llegado el invierno, recorte energético, no hay calefacción hasta diciembre… no hay presupuesto. Levantada tempranito, 6 de la mañana, desayuno antes de Misa, academia especial, universidad, comida de bocadillos, prácticas de la universidad, no merienda, cena tarde… y a veces se la habían comido!!!! Y a esas horas… dónde ibas si estaba todo cerrado alrededor… Ayuno voluntario tocaba… Además de las mil y una anécdotas de la convivencia diaria.

Nunca me olvidaré de algunas cosas que me pasaron o que “no me pasaron allí”, el “gilito” del dire, un domingo después de horita y media de rezos, estábamos desayunando plácidamente en el comedor, intentaba cuidar las formas de la manera más educada posible, más si cabe delante del jefe, pero “ete” aquí que se me cayó un trocito de bollo en el café y el tío pegó un salto hacia atrás con tal ímpetu y pegando un grito de “loco histérico”… que a punto estuve de tirarle el café encima y salir yo corriendo a buscar a los “loqueros” para que le encerraran en el sanatorio más cercano. (Qué tío más raro era).

Otro día, había quedado con unos amigos para ir a escalar a la sierra y, como era novato, no sabía todavía que hasta eso había que preguntárselo a la “madre superiora”. Voy a saludar a mis “compis” y antes de salir le digo al jefe que me piro vampiro… Y me dice, ¡que nooooo! ¡que los numes no pueden ir a escalar!!! Joeeee, pues haberlo dicho antes!!!! (Ahora vete a decirle una mentira piadosa a los coleguis… ) Me armé de valor y terminé por despedir a mis amigos con viento fresco, sí señor. Tengo que decir en honor a la verdad, que en el fondo me daba un poco de mieditis ir… y quizás aproveché las circunstancias un poco, pero les dejé colgados…

Andando el tiempo toda la gente que conozco a escalado sin problemas, pero bueno, a veces estas cosas pasan.




Un verano nos dedicamos todo el centro de estudios a poner en marcha una nueva adquisición inmobiliaria para casa de convivencias. Como éramos jóvenes y fuertes, nos pasábamos trabajando 12 horas diarias para ponerla a punto y poder usarla cuanto antes, incluso los últimos quince días estuvimos hasta 14 o 15 horas para poder terminar a tiempo. Ahí no importaban tanto las tertulias ni los planecillos apostólicos, había que terminar y punto y como era por una buena causa… Aunque después de todo aquello nos pasamos una semana descansando del duro trabajo sin nada que hacer más que disfrutar del sol y de la lectura sosegada...

Volviendo después de esos intensos días de trabajo en el coche con el jefe de la dele, estaba tan cansado que me dormía y como íbamos haciendo la oración, el susodicho me echó una “peta” de aquí te espero puesto que, me decía, que no podría ser santo si no hacía oración etc., y yo pensaba, lo que tú quieras pero déjame dormir un poco por favor!!!!!

Andando el tiempo, tras mucho curro, días sin sueño, festivales y encontronazos varios con algunos individuos, llegó el verano del primer encuentro del Papa con los jóvenes en el Monte del Gozo, primera JMJ, yo feliz y emocionado a mis tiernos añitos. Recibimos el mensaje de ¡¡¡hay que llevar un amigo, como sea, al evento!!!! Emocionado por haber conseguido que un amigo de la facultad accediese a venir conmigo al acto, no cabía en mí mismo de alegría, un medio ateíllo se venía a la JMJ!!!!, todo preparado, emoción total, primer gran viaje largo con gente joven a ver al Santo Padre.

Nada más aparecer mi amigo por la puerta del centro de estudios, grandes abrazos y saludos, las presentaciones pertinentes a la madre superiora, este es mi amigo, aquí mi controlador aéreo… y a los pocos segundos llegó uno de los peores momentos de mi vida, en un “a parte” me dice “mi monja”, tú te quedas a estudiar en Madrid que necesitas ponerte al día y le pregunto… ¿Y mi amigo???, nada, nada, tu amigo se viene con nosotros no te preocupes por eso… Estuve a punto de darle un corte de manga, mandarle al colega a paseo y mandarlo todo a tomar viento, pero me tuve que tragar hasta la papilla de nacimiento y explicarle a mi amigo que yo era tan imbécil que le había invitado a ir conmigo pero sin mí a Santiago de Compostela… Claro mi amigo me mandó a tomar viento, como es lógico y se fue a su casa. Desde entonces no he vuelto a saber nada de él. ¡Viva la sensatez! (Yo por supuesto no estudié una “m” en todo el fin de semana).

El ritmo del centro de estudios era tan fuerte que mi carrera el primer año iba de mal en peor, no me recuperé hasta el año siguiente en el que me pasé al turno de tarde y claro, con todas las mañanas libres, sin nadie que “te enhuerte” en gilipicheces ni chorradas varias, pues saqué las mejores notas de mi vida, tan es así que ni mi padre se lo creía. Hay que decir que estos días he podido ver sus notas en mi casa y quién iba a suponer que yo sacaría mejores notas que él, ja,ja,ja.

Ese año terminábamos el centro de estudios y antes de acabarlo ya nos habían dejado algunos de la promoción, pero “no comments”, desaparecen todos misteriosamente, nadie sabe por qué… Nadie sabe absolutamente nada y no preguntéis que es malo… (Yo sí que preguntaba algo preocupado por la salvación de su alma…, oye, ¿y este?, bueno pues nada que se ha ido y tal y tal).

Se acabó West Point, por fin vamos a un casa “normal”, lectura de despachos, tú pallá, tú pacá, el otro al de más allá y yo, pues a universitarios… bien!!!!! Estuve poco tiempo, pero todos los compañeros “numes” con los que coincidí allí dejaron poco después de ser combatientes y “yo con estos pelos”, claro que me fui enterando con cuentagotas de todo, algunos de ellos de la misma quinta mía e incluso “amigos” y compañeros de facultad… (Yo estaba un poco en la inopia esos años) Llegué finalmente a un club juvenil, cosa que al principio temía por mis estudios, pero a la postre fueron mis mejores años en la Obra, eso sí, me dediqué a ser más que “nume”, monitor de tiempo libre y se resintieron tanto mis estudios como mi propia vida, todo ello sin darme cuenta realmente. Uno pone lo mejor de sí mismo en las cosas que hace y no mira ni tiempo, ni estudio, ni esfuerzo, ni nada… Luego todo eso me iría pasando factura, poco a poco. Pero al principio todo era genial, los chavales, las actividades, las excursiones, todo estupendo.




Se me olvidó contar alguna otra cosilla que me pasó con el famoso dire “gili” que poco después se piró con viento fresco y yo sin enterarme siquiera, era tan ingenuo… y me parece que lo sigo siendo un poco. La que más me fastidió fue, con el mismo amigo al que después dejaría colgado para ir a la famosa JMJ, en dos ocasiones en las que quería jugar al tenis con él, -de las contadas veces que yo lo hacía porque no era mi deporte preferido precisamente-. El caso es que ese tío debía tener la negra conmigo, porque ¡las dos veces! que le había invitado, la pista misteriosamente estaba ocupada por unos gerifaltes, y yo con el cabreo correspondiente fui a quejarme a las altas instancias, pero claro, pichamos en hueso otra vez…

Eran gente del Olimpo de los dioses (la comi) y ya se sabe. La culpa en realidad no fue de ellos, sino del famoso gil de dire que por sus pistolas les reservó la pista, y a mí me dieron por donde la espalda pierde su dulce nombre… gracias a sus estupendas gestiones.

Además, cosa que me llamaba mucho la atención, al individuo en cuestión no se le podía ni toser, parecía que estaba siempre en el Olimpo y era inaccesible, tenía una especie de guardia mora que también me chocaba bastante, puesto que en aquel entonces éramos todos imberbes y de edades muy similares, pero estos señoritos tenían como una especie de privilegios… El caso es que todos ellos terminaron donde debían, no pegaban en ese ambiente ni con cola, como es lógico en la calle.

Aunque fue duro, eso no significa que no disfrutáramos mucho con todo, realmente solo teníamos verdadera libertad el sábado por la noche… parecíamos niños pequeños en “el recreo del cole”, eran dos o tres horas para nosotros!!!!, sin nadie dándote el coñazo para ninguna cosa. Y ojo si hacías algo fuera de lo normal, como el día que me quedé con un tío a tontear por la noche, nada del otro mundo, hablar de lo divino y de lo humano, además fue culpa suya, me viene al día siguiente con una “corre frater” a traición, y me pregunté si este tío era tonto o se lo hacía.

Me viene otra a la memoria muy curiosa, unos tíos viendo estrellas en el tejado, pues yo ¡allá que voy!, con tal de salir de aquella monotonía insufrible… Y me dice el “mayor de turno”, oye ¿¿dónde vas?? Quo vadis? Pues chico, a hacer lo mismo que tú… no, no, que nosotros ¡¡¡lo hemos consultado!!!! ¡¡¡Tú no puedes!!!! Y claro no le di el corte de manga correspondiente pero me fui a ver estrellas a otro sitio con mi lógica aplastante, o me fui a dormir, ya ni me acuerdo.

Muchas cosas estupendas, mucha gente buena y muchos momentos geniales, pero también algunas cosillas que no eran del todo normales y que te llamaban un poco la atención, sobre todo al principio, luego te vas acostumbrando y es lo contrario lo que te producía la sorpresa. De esas hay millones, porque claro siempre estaba el que sabía consultar las cosas para que le dejaran hacerlas y los “pringaos” de turno que, o bien pasábamos de todo y lo hacíamos por nuestra cuenta, o bien nos tocaba pringar por poco avispadillos.

La vez que me quedé más alucinado fue el día que se me ocurrió decirle al jefecillo de turno que no pude ir a misa, cosa que todavía no está penada por la Iglesia ni por ningún Estatuto de Autonomía, que yo sepa… Pues me dice algo así el colega como, Qué!!!! Que no has ido a misa??????, pues no, se me ha olvidado chico o no he podido… Total que me pegó un susto el tío, que desde entonces pocas veces me apetecía comentarle al colegui de turno si había hecho o no alguna norma, cualquiera se lo comentaba al chavea, viva la sensatez!!!




En honor a la verdad tengo que decir que o no me enseñaron bien, quizás yo no lo entendí bien, o las dos cosas, pero para mí las conversaciones fraternales, charlas o chats…, eran casi siempre como un entona del “mea culpa” más que una charla, a mí me parece que nunca llegué a comprenderla del todo. Es más, parecía más una confesión que una charla, probablemente por mi culpa, pero era como una lectura de despachos; normas de piedad, chahi, orasao, de trasero, apostolate, soy una máquina, coleguis, pss… Total que unas veces me ayudaba y otras veces pues me dejaba indiferente, no sé, pensaba que tenía claro el espíritu del Opus Dei pero quizá nunca lo tuve claro y más que ser de la Obra, estaba apuntado...

Hacía las cosas, cumplía los servicios y sobrevivía con mis estudios. Tuve la suerte o la desgracia, no sé qué será más cierto, que en los últimos años de mis estudios me pagaran la pensión mis progenitores, si no, probablemente todo habría saltado por los aires mucho antes.

Los primeros años me sacaba la pasta currando en “movidillas institucionales” o dando clases particulares, cosa que me dejaba poco tiempo para el resto de cosas que tenía que hacer, además, con mi caos personal vital era todavía más complicado. Un verano se me ocurrió sacarme la pastuqui para poder pagar el carnet de conducir dando clases particulares a un chavea al que no había manera de introducirle los conocimientos matemáticos, ni a tiros. Pero con mucha paciencia conseguimos que saliera adelante… Iba yo todo contento con mi pasta para obtener el preciado carnet y hete aquí que la misma monja que me fastidió la JMJ me dice, ¡no! ¡no! ¡no!, parecía Joda vestido de ingeniero listillo, la pasta “pa mí” y se las pides a tus papis que pa eso los tienes. Yo le mandé a la “miércoles” y le dije que precisamente lo había hecho así porque no me lo pagaban, pero ya se sabe, ¡el jefe siempre tiene razón! Pues me tuve que jo…robar y conseguirlo de mi progenitora que engañó a mi progenitor, como es lógico, para que me lo diera.

Con los enanos me lo pasaba en grande; excursiones, acampadas, senderismo, montaña, visitas culturales, partidos de fútbol, salidas de todo tipo y las maravillosas convivencias de esquí, de fútbol, de estudio… que culminaban en los campamentos y cursos de inglés del verano. Quizá te pasabas el tiempo pensando más en cómo, cuándo, y con quién, hacer todos esos planes, que en lo realmente importante, de ahí lo de monitor de tiempo libre, que por cierto me saqué el título, ja, ja, ja.

Lo más importante era sacar adelante las cosas y a ello pusimos manos a la obra sine die, hacer muchos socios y llevar más chicos al campamento. Me convertí en una auténtica máquina de hacer socios y conseguir que todo el mundo fuera al campamento acompañado de dos amigos como mínimo. Todo iba estupendamente durante años pero, de vez en cuando, había problemillas estructurales, en especial los relacionados con mis estudios, tanto afán ponía en las cosas del club que “mis cosas”, casi siempre por mi culpa, en ocasiones no iban todo lo bien que debían ir. Poco a poco, sin pena ni gloria, iría terminando mi Carrera y después como guinda, la mili.

En el servicio militar me encontré al principio cual pulpo en garaje. El campamento en especial, fue una prueba de fuego de la que salí como pude. El primer fin de semana que nos tocó pringar en el cuartel casi nos cogemos una cogorcia en el bar, ese día estuve a punto de apuntarme a las Goes, pero no me atreví a entorpecer los "planes previstos para mí", pasar cuanto antes la mili y punto. Total que para despedir a uno del grupo que sí se había metido, invitamos cada uno a una ronda de tercios y como éramos seis, pues la última ni entraba. Luego en la formación, las pasamos canutas, menos mal que el sargento de guardia era un cabo primero jovencito y no se enteraba de nada, si no, todos arrestados al día siguiente. Me lo pasé fenomenal en el campamento, hice buenos amigos, pero los perdí posteriormente por no saber en esos momentos compaginar la amistad con la libertad de cada uno, después de eso aprendí que la amistad iba mucho más allá de las personas, gracias a Dios.

En el destino militar me lo monté bastante bien, tenía que pringar 15 días seguidos pero luego disponía de 9 días libres, por lo que compensaba olvidarse unos días del cuartel, aunque estuviera encerrado los otros días. En esos meses de soldado estuve bastante alejado de mi vida habitual, fue un paréntesis de la “realidad virtual” de la Obra y pensaba que estaba haciendo algo extraño porque fue la primera vez, después de unos años, que iba un poco “a mi bola”.

Una vez pasado el mal trago del servicio militar, donde me di cuenta de lo mal que estaba el personal español en general a la edad de 18 años, sin muchos estudios y sin nada concreto que hacer en la vida, te hacías un poco más cargo de cómo era el mundillo real, pero pensabas que esos estaban en otra guerra, nunca mejor dicho. El caso es que por una vez me mantuve al margen de todo, sin nada que hacer en concreto. Después de la mili vino el final de mi vida de estudiante, esa que nunca llegaba porque siempre te despertabas con que te había quedado alguna asignatura por aprobar, pero ¡sí!, se terminó y empezó mi vida profesional.




Cuando apruebas la última asignatura y acabas la Carrera te crees el rey del mambo y con ganas de comerte el mundo, pero dentro del “mundillo virtual” en el que estás ves las cosas todavía mejor, todo es maravilloso, estupendo, y el orbe caerá rendido a tus pies en un instante. (Luego compruebas que vives en otro planeta).

Al principio trabajé fuera de la órbita de Neo, Trinity y Morfeo, un añito en el mundo real, pero por el club de bachilleres y porque me apetecía trabajar en las historias relacionadas con los imberbes, me animé a probar en la educación y pasé al mundo virtual total: 24 horas de niñera especializada en niños pijos con pedigrí…

Te metes en esos mundillos de El Pinsapar, Rocacorva, Valdelugueros, La Molina, Parquelagos, etc. (Como del primero ya se comentó algo por aquí, quizá se pueda decir algo de los otros, si no canso demasiado al personal y si me queda fuelle). Y te pasas el día jugando literalmente con los nenes o pensando cómo jugar. Demasiado tiempo dedicado a los infantes y adolescentes y muy poco a los verdaderos amigos o a tus cosas personales, por lo que terminas bastante “añiñao”. Alguno, pobre, tan metido estaba en ese mundo virtual, que incluso se olvidaba de la realidad, dejaba de estudiar o se inventaba aprobados. Es cierto que en algunos momentos tenías tanta presión por los encargos de todo tipo que muchos, qué os voy a contar, explotaban. El caso es que conocí más de dos y más de tres que iban uno o dos cursos más atrasados de lo que teóricamente deberían ir, pero sin que lo supiera nadie, ni jefes ni progenitores, y es lógico, los hiperinteligentes, hiperresponsables e hiperordenados conseguían cumplir todos los objetivos, incluso alguno podía estudiar dos carreras a la vez… Los menos afortunados nos dábamos con un canto en los dientes para poder pasar bien el curso y, si suspendías, después de currar todo el año, no tenías el premio de la convivencia o lo que fuese, ja, ja, ja, eran “mentirijillas piadosas” provocadas por la situación, se podría decir que accidentales que como siempre dependían de la monja de turno.

Es cierto que una cosa lleva a la otra y al final, se vivía en el mundo irreal del ¡vamos a hacer millones de cosas que todo es posible! y si te sobra tiempo, pues a dar algún medio de formación, aprovechadores-del-tiempo-compulsivos.

Lo que peor he llevado siempre es lo del sueño por las mañanas. Para los que tenemos la tensión arterial muy baja, y más a esas horas que está por los suelos, era como hacer una pista Americana a las 6:00 de la mañana. Si encima te acostabas un poco más tarde, ya ni te cuento. Varios días así y eras un zombi viviente, ponte ahora a estudiar a las 4:00 de la tarde o a rezar, el dios Morfeo te atrapaba entre sus brazos y venía lo inevitable.

En los campamentos pasaba algo parecido con los enanos, la formación Cristiana recibida tanto en el club como en las convivencias era impecable, pero claro tener misa todos los días, en especial para los enanos era un poco llamativo, sobre todo si era antes de desayunar, los pobrecillos se nos morían de hambre y de sueño. Conseguimos cambiar esos horarios insufribles para los pobres críos que estaban pensando más en la tostada con mermelada y mantequilla que en si el cura les contaba una nueva aventurilla o había que sentarse o levantarse del banco, sobre todo con la “tostá” que teníamos todos encima.

Por otro lado estaban las convivencias estelares, las de la nieve, las de Semana Santa y las de verano en el extranjero. Esquí, supercampeonatos deportivos, cursos de inglés y Roma, eran las más preciadas.

Había un dicho de la jerga opusina que me cabreaba un montón, la del famoso “hinchable”, nunca lo entendí, era una de las cosas que me sacaban de quicio. ¿Llevas ya a tu hinchable?, ¿Es ese tu amigo el hinchable? Pero gilitronco, tú te crees que yo hago esto por ver Roma o qué… Pues alguno había que iba todos los años con un amigo, que de todo hay en la viña del Señor. Y otra cosa que me alucinaba también mucho es que viviésemos siempre a tomal polculín de Roma, tardábamos más de una hora larga en llegar desde el sitio que fuera al alojamiento, a veces también por la ineptitud de algún que otro chofercillo.




¿ES EL OPUS DEI, LA OBRA, “LA COSA”, “EL LADO OSCURO”…, UN ENGAÑO?

Con este escrito no pretendo otra cosa que ayudar en positivo a todos y a todas los que lo pasáis o lo habéis pasado mal dentro de este lugar tan controvertido y problemático, que se ha convertido en una cárcel dorada. He sido siempre un firme y sólido defensor de la Obra durante toda mi vida, podéis comprobarlo en todos mis escritos, en el fondo solo he contado chascarrillos… Después de casi 3 décadas dentro, y muy poquito tiempo fuera, han ocurrido ciertas cosas últimamente que quizá hayan abierto mi entendimiento a la realidad… Me viene a la memoria el escrito de Unocomocualquiera y otros, que se quejaban de que podíamos tener el llamado “Síndrome de Estocolomo”. He podido comprobar en mis propias carnes que tenía toda la razón…

Después de unos años de reflexiones y descubrimientos, en los que he pasado de una fase absolutamente “estocólmica”, a la verdadera y cruda realidad de lo tangible. Es un cambio tan alucinante en mi existir que ni yo mismo me lo creo. Me decía hace poco mi gran amiga catalana, a la que debo tanto, que le encantaba oírme reír cuando le contaba estas cosas, realmente era yo el primer sorprendido porque para mí ahora es lo más normal.

El cerebro tiene una capacidad impresionante para sobreponerse a todos los embates que sufrimos durante nuestra corta existencia, incluso es capaz de darle la vuelta a una misma cosa para que parezca otra según cómo se mire. Ya me advertía un sacerdote exnume que tuve la suerte de conocer, que yo he tenido la suerte de tener muy buenos amigos en la vida a los que contarles mis penas, tanto de “dentro” como de “fuera”, y que eso me salvó de pastillas, de grandes sinsabores y de muchas terapias de choque postcombatiente… Además, me recomendó algo que a la postre ha sido el mejor consejo que me podía dar alguien, encomendarme al Espíritu Santo para encontrar una buena novia, y -vaya si sirvió el consejo- que he aprovechado estos meses de incomunicación en la web para casarme con una criatura maravillosa de la que estoy locamente enamorado y a la que quiero con una ternura que jamás hubiera podido saber que existiera en mi ente en cuanto ente… No sabía que se pudiera querer tanto a una persona, que hasta la ausencia más pequeña te duele.

El comienzo de mi vida en esta institución tuvo como enganche el atractivo de todo lo que a mí me costaba por aquel entonces, cada uno/a tendrá sus motivos personales. Hago ahora una enumeración de algunas de esas cosas llamativas por si le sirve a otros:

  1. Tomarse la vida cristiana muy en serio. (Yo buscaba eso desde siempre en mi vida y ahí lo encontré aparentemente, fue concretamente en un curso de retiro, luego me he enterado que es copia de los ejercicios de San Ignacio).
  2. El trato personal e individual que te daba todo el mundo con el que te cruzabas por delante. (Yo en aquella época era muy tímido, en mi casa no hablaba con nadie de la familia, había pasado una época complicada de adolescente, muy introvertido, no tenía verdaderos amigos y tampoco tenía mucho trato con chicas, alguno esporádico, pero no era demasiado lanzado, ja,ja,ja).
  3. El atractivo de una sala de estudio muy seria y sin ruidos que molestasen. (Era genial para concentrarse y estudiar bien).
  4. La gente tan sonriente y feliz, siempre era todo perfecto y maravilloso. (A eso se apunta cualquiera).
  5. Cientos de estudiantes de la mima edad de convivencia en cualquier lugar, jugando al fútbol, con un montón de deportes, actividades y festivales estupendos. Toda la gente alrededor escribiendo cartas, “los otros” “persiguiéndote” con la mirada, con sonrisitas e indirectas, tertulias piratas, películas y tertulias “teledirigidas” para que escribas… (Recuerdo una pregunta que hice provocando la carcajada general del auditorio porque le pregunté al gerifalte de turno… -¿y cómo se hizo usted del OPUS?-, así como suena, ja,ja,ja).
  6. Las “PELÍCULASMISIL” de Don Josemaría, siervo de Dios…, de momento. (Con los miles de personas rindiéndole “culto de latría” en vida).
  7. Todo el mundo rezando continuamente, fueras donde fueses… (En un UNIV sometí a mi mejor -ya ex amigo- a un continuo acoso de normas y más normas, hasta 3 rosarios le hacía rezar en los viajes).
  8. El mundo es maravilloso, todo era perfecto, no parecía que hubiese pecado original en el centro. (Pero de vez en cuando se notaba como vacío, sin alma, serían figuraciones mías, con el primer revés que me llevé tenía que haberme largado, nunca me invitaron ni a desayunar ni a comer en ese centro).
  9. No te puedes equivocar nunca porque estás eligiendo a Dios. Además hay miles de miembros en todo el mundo, “somos la pera”, está “chupao” chaval, no te preocupes por nada, aquí estamos nosotros para ayudarte. ¿Cómo te vamos a engañar? (Como en cualquier lugar que esté dentro de la Iglesia o eso parecía).
  10. Dios te quiere santo, dentro del mundo. No te va a sacar de tu sitio. Vas a ser el mismo de antes. No te preocupes por nada!!! (Después por la “santa obediencia” tienes que hacer hasta de payaso, o irte a otro mundo, “si quieres”, o hacerte “cartujo”, si quieres. Vienen las trescientas normas con las cuatrocientas costumbres y las mil millones de manías persecutorias que dependerán del director de turno).
  11. Somos laicos totales, pura sangre. (Pero rezas más que los monjes, perdón haces que rezas más que ellos. Y “sorpresa” ahora hay que usar el “cecilio” y la “fusta” de caballo, ahora tienes que dormir lo que puedas, ahora no hay que merendar, ahora no puedes hablar, ahora tampoco puedes hablar, ahora no puedes llamar por teléfono, ahora no puedes ir a ver a tus padres, ahora no puedes usar el coche, ahora no puedes quejarte, ahora tienes que acostarte, ahora tienes que levantarte, ahora tienes que estudiar latín, ahora vas a dormir de esta manera, ahora vas a no comprarte ropa, ahora vas a ponerte esta ropa que odias pero que hay que aprovechar, ahora me vas a dar toda la pasta que tengas, ahora vas a tener trescientos encargos, ahora tienes que estudiar en dos horas todo, ahora tienes que ir a los mil millones de medios de “FORMACIÓN-DESTRUCCIÓN-DE-LA- PERSONALIDAD” que te van a ayudar mucho para que te podamos sofronizar del todo, ahora no puedes saltarte ni una norma, ahora hay que obedecer ciegamente al director, ahora hay que rendir pleitesía al fundador, ahora hay que no hacer amigos con la gente que te rodea…, tienes que ser hermano pero no amigo, tienes que ignorar a todos los que “nos han dejado” porque no han sido “fieles a Dios”, tienes que querer mucho, porque sí, a todos los que no conoces pero no a los que conoces…)
  12. Ah!!! Se me olvidaba lo mejor. Esto es la pera…, cuando ya estabas totalmente convencido, a punto de escribir la carta, “Por cierto… ¿te comenté alguna vez que aquí venimos al calvario no al Tabor…?




Comentaba en anteriores entregas que lo mejor eran las convivencias, en especial las del extranjero, supongo que sería porque tenías una mayor libertad de movimientos y porque no te perseguían en el cuerpo a cuerpo diario… Era como respirar aire puro durante unos días e incluso, en ocasiones, hasta todo un mes en las más largas. Esa libertad te daba un poco de vidilla para sobrevivir unos meses más dentro de la jaula dorada…

Pero al final llegaba siempre lo inevitable, la vuelta al redil y a las rutinas habituales en las que te sometías a los sistemas de “control de calidad” diarios, semanales y mensuales, la “autoinculpación” por los “deberes” no cumplidos o ignorados o las autoreflexiones sobre tus faltas de cualquier cosa, de perfección en vida o de las tropecientosmil y una chorradas en las que, como es lógico, todo el mundo tenía que mejorar.

Me he ido dando cuenta de que funcionábamos como autómatas, ahora toca o-ra-ción, después mi-sa, a continuación de-sa-yuno, no-ol-vi-dar mor-ti-fi-ca-ción, ahora cum-plir en-car-gos, lla-mar a-mi-gos pa-ra plan a-pos-tó-li-co… y así sucesivamente. No éramos nosotros mismos, éramos una representación caricaturesca de nuestro “yo virtual”, vivíamos en Matrix habitualmente y de vez en cuando tocábamos la realidad, pero ¿sabéis por qué no salíamos de allí, o al menos eso es lo que yo pienso? porque nuestra familia no supo aplicarnos las contramedidas correctas.

Hubiese bastado con un tratamiento tipo Morfeo. En lugar de luchar contra nosotros o enfadarse con nosotros, tenían, pienso, que mostrarnos simplemente la realidad con mucho cariño, tratarnos como enfermos con trastorno de personalidad continuado y hacerlo con mucho cariño. (No sé si esto les puede servir a esas dos estupendas y maravillosas mujeres con la iniciativa de ayudar/nos a los excombatientes, si os puedo ayudar en algo, encantado).

Os puedo decir que, en mi caso, se ha ido solucionando todo después de hablarlo con mis amigos largo y tendido, transmitirlo a mi familia y encontrando a una persona que te quiera de verdad en este mundo lleno de mucho egoísmo y de discordias. Es cierto que teniendo un trabajo y viviendo con familiares es todo mucho más sencillo. Quizás solo, hubiese sido muchísimo más duro y complicado.

Supongo que la forma de ser de cada uno ha influido mucho en la forma de recibir las diferentes cosas que nos han acaecido en tan singular morada. La formación militar inicial en la que cual marines, si pasabas las pruebas, estábamos preparados para cualquier cosa. Don y doñas Perfectos son capaces de resolver cualquier problema que se presente, “somos” los mejores organizadores, campeones en logística, en tratamiento de datos, en diseño, marketing y comunicación. El principal problema era que todo se hacía acudiendo a la retroalimentación de los “supermanes” del principio y, por supuesto, a los argumentos de autoridad como prueba de que era posible hacer cualquier cosa, ante los que no se podían poner pegas de ninguna clase, puesto que todos eran Perfectos ya en vida.

De las cosas que siempre me han llamado la atención, y me la siguen llamando todavía, es la total y desfasada actitud cuando se cruzaban dos numes de distinto sexo, exageración al límite de las formas y recelo absoluto. En más de una ocasión me ocurrió, y continúa ocurriendo ahora, que al saludar a una “ella”, notabas una especie de repulsión y una frialdad impropias de personas, es algo tan llamativo que sin saberlo ya intuías que la otra tenía algún problema… De hecho en el tema de los afectos tengo una asignatura pendiente, que gracias a la que ahora es mi mujer ha ido cambiando paulatinamente, sin ella me hubiese costado infinito volver a querer o, mejor dicho, empezar a querer a alguien de verdad.

Con mi familia todavía tengo muchas carencias de afecto, tan es así que el otro día al abrazarme una sobrina con tanto cariño casi me emocionaba porque hasta el momento nunca había notado o sabido lo que era querer de verdad. Y se lo debo todo a mi mujer que me va curando de ese mal endémico del Opus, que es el “desquerer” o el no saber querer. Hasta el cariño más humano se nos robó de una manera sibilina y luego cuesta tanto cerrar esas heridas… Esa y no otra, pienso que es la única forma de poder estar separados de nuestras familias, el no tenerles afecto verdadero, el pensar y perdonadme la expresión, que casi era pecado querer de verdad a tus padres y hermanos… No digamos al resto del personal.

Bueno, gracias a Dios, el río vuelve a su cauce después de salirse de madre y los familiares terminan por comprenderte, esto es lo más importante. Si no fuera así, se haría muy difícil volver a ser personas normales. La familia es fundamental en este proceso y los amigos también.




Qué importante es querer y saberse querido de verdad, el ser humano necesita el afecto más que el comer, no sé cómo pudimos sobrevivir en el mundo de Mátrix, supongo que al no tener un segundo libre para pensar o para actuar de una manera no controlada y sin un fin para cada cosa en sí mismo… Supongo que es lo que nos hizo estar ciegos ante la realidad morfeínica, ese automatismo era el que nos mataba en vida y nos hacía insensibles ante la pura realidad...

Me encantan los escritos de Lizzy, me hacen llorar de felicidad y de alegría, plasma la realidad de una manera tan sencilla y poética que uno se mete en el momento y parece que está viendo la escena. Debes dedicarte a escribir, como diría mi mujer, “Li”, porque tienes mucho arte en tu “pluma” cibernética, ¡qué madraza! Mi mujer, gracias a Dios, es muy normal, es una cristiana sin aires de grandeza y con un sentido común aplastante, tampoco sabe ni conoce en absoluto ni el lado oscuro ni la web, por supuesto que no entendería nada de lo que hablamos aquí, bueno algo sí porque es bastante inteligente, pero me refiero al fondo de lo que nos pasa a cada uno. Anda todavía preocupada conmigo por los retales que coletean de mi “otra vida”…

Pero volvamos a la historia principal que nos concierne en estos momentos, el tratar de dilucidar la problemática de la institución que nos aglutinó a todos en torno a una persona, una forma de pensar, una forma de vivir, una forma de ver la vida. ¡¡ATENCIÓN!! ¡¡DANGER!! ¡¡Ahí está el problema!! Ese y no otro es el quid de la cuestión. Alguien lo comentó una vez, so capa de no igualitarismo… el famoso “denominador” que nos iguala a tutto il mundo, pero, un momento, ¿no éramos todos cristianos y no era eso lo importante o además tenemos que ser “supercristianos”?, pero si Jesús era Jesús, no era superman, sino todo lo contrario, no le gustaban las cosas especiales, ni los superpoderes, ni las tropas de élite… Al final va a resultar que sí nos cortaron a todos por el mismo patrón y nos hicieron esclavos de nuestra forma de ser autoritaria e inflexible, en ocasiones inhumana.

Se confundió la perfección divina con la humana me parece a mí, sólo los que sacan las mejores notas, los mejores, pueden ser de la élite, el resto tiene que ser el pueblo llano e “infiel”. Solo los perfeccionistas, los “guay”, porque si no es imposible, que hagan las millones de cosas que hay que hacer bien y a la vez trabajar y hacer los encarguitos y asistir a todo tipo de reuniones-charlas-discursos-clases-y-si-no- ya-se-nos-ocurrirá-algo…

Si tuviera que explicar mis primeros 20 años en la institución, diría que fueron un túnel interminable en el que no tenía tiempo ni para respirar, solo fui consciente de mí mismo cuando estuve en lugares lejanos y apartados, sin compañías habituales, el tiempo suficiente para tomar verdadera consciencia de mí mismo y ahora entiendo porqué fue así.

Cuando dejas de formar parte del engranaje, -ellos lo ven al revés claro, si el eslabón de la cadena se rompe debilita la cadena… y es cierto-. Pero si vives la experiencia de Neo, te das cuenta que formas parte del sistema solamente cuando estás en él, después eres una “pila” más que se ha estropeado y te echan al lugar de los desperdicios. Mientras estés haciendo algo; carrera, estudios, trabajo, etc., no hay problema alguno. De ahí la necesidad de los estudios institucionales para “formarte”, yo diría para rellenar el tiempo libre, o estudiar idiomas para al final quedarte en tu pueblo, o el no tener tiempo suficiente para dormir. Me hacía gracia un tipo, director “guay” de esos… que le decía a otro colega por lo de dormir poco: mira tú lo que tienes que hacer es lo siguiente: a media tarde vas a la sala de estar, te pones a leer un libro y de esa manera “sí vale” quedarse un buen ratito durmiendo y ya está… así cumples con el criterio 235/29. Yo con esas cosas siempre me quedaba pensativo y razonaba para mis adentros, ¿pero cómo se puede ser tan hipócrita?... O esas famosas tertulias-piratas-consultadas en las que valía todo, hasta beber alcohol de más de 15 grados, siempre y cuando sean apostólicas y bajo supervisión de la policía secreta, otra hipocresía más del sistema. De tal manera que, mucha gente se había convertido en “Señores Smith”, los que vivían en un sistema intermedio entre la realidad y Mátrix. Estaban pero no estaban pero en el fondo hacían lo que les daba la gana. Realmente estas situaciones y algunas otras cosas similares, fueron los detonantes para tomar decisiones definitivas. Al fin y al cabo, unos menos que otros, somos todos humanos. Esa debe ser la razón por lo que la mayoría de los jefecillos son ingenieros o similares, tipos hiperordenados que son capaces de manejar todo tipo de situaciones y a la vez hacer sus cosas personales. En el fondo la mayoría son organizadores y animadores natos, en especial los de los clubes.

Decía, me parece que Joseph hace dos semanas, que lo de escribir aquí es una terapia y una forma de demostrar que todavía estamos sofronizados por Matrix. A mí me ha pasado al contrario, hasta que no he dejado de estarlo no he podido volver a escribir, de ahí mi vuelta repentina. Me decía Agustina y algún otro que los escritos les sirven a muchos aunque no los respondan o no los comenten.

Este es mi particular granito de arena por el agradecimiento a la web, me gusta contar las cosas y compartirlas con la gente que los valora. Me gusta ayudar a la gente y más a los que me han ayudado a mí. Me encanta serles útil a las gentes que lo necesitan en la medida de mis posibilidades y del tiempo disponible. Esta es una forma como otra cualquiera de intentar arreglar las cosas sin hacer daño a nadie, nada más.




Como decíamos ayer… mi única intención con todo esto ha sido contar la historia de un “indio” de la tribu opusdeística en Mátrix, que ha hecho todo lo posible para acercar a las almas a Dios, respetando enteramente la libertad de todo el que se acercaba a él y sin forzar jamás a nadie a tomar ninguna decisión de la que no estuviera completamente seguro. (Es cierto que no tuve que forzar a nadie a nada jamás, por lo que en ningún momento he sentido que estuviera haciendo algún daño, si hubiera sido así, tened por seguro que hubiera salido zumbando mucho antes)…

Durante casi 3 lustros de estancia en la institución, como el bueno de Sátur pensando que prácticamente todo era quasi perfecto y que si había algún error era personal. Siempre con la intención de ayudar al personal para que fuera feliz en nuestro mundo virtual. Hacer una sana “autocrítica” y encontrar una salida o una solución a los problemas institucionales, que por mucho que se haya intentado y alardeado de ello, se aleja mucho de ser perfecta y que, aunque nunca lo pensáramos dentro, tiene fallos importantes que no justifican algunas de sus acciones y decisiones injustas.

Mi salida fue debida fundamentalmente a que mi organismo se iba rebelando contra esos cuerpos extraños que no me dejaban vivir con tranquilidad, a esa falta de afecto real entre las personas, a las decisiones e intentos de justificar decisiones tomadas sin ningún fundamento, a decisiones arbitrarias en lugares de trabajo afines, a las graves injusticias cometidas, con el único argumento de “porque es así”, “porque siempre se ha hecho así”, “porque hay que obedecer”, “porque estás en mal plan”…, en definitiva, porque les daba la gana. Me sentía como Neo, tenía una batalla en mi interior entre la razón y el corazón, pero no por Mátrix, sino por mi relación con Dios, el mundo de las máquinas me era indiferente, ya lo había superado, las máquinas seguían con su funcionamiento automático, buscaban los clásicos fallos externos en el comportamiento, en el cumplimiento de los infinitos criterios, pero años antes ya había optado por el razonamiento de Morfeus: “estás aquí porque sabes algo, aunque lo que sabes no lo puedes explicar, pero lo percibes… ha sido así durante toda tu vida, algo no funciona en el mundo, no sabes lo que es, pero ahí está como una astilla clavada en tu mente y te está enloqueciendo”.

Decidí salir de la prisión para mi mente tomando la pastilla roja para encontrar la verdad. Y la mente ya no la podían controlar. Por eso van saltando los casos de las injusticias que claman al cielo, puesto que ahora hay muchos más medios para hacerlo y la gente se ha cansado de ser estúpida. Llega un momento en el que las faltas de caridad y de justicia son tan graves que no se pueden tapar con un, -lo siento, ¿¿es palabra divina??- No se debe pedir a personas mayores de edad algunas de las cosas que se les exige, ni se debe tener a la gente obnubilada con la eficacia probada de uno de los mayores sistemas de información y autobombo del mundo, como es “la cosa”. Ni se puede decir que todo vale si es por salvar al sistema, cuando la mayoría de los “metepatas” lo hacen siendo mayores de edad y con uso de razón. A más de uno tuve que decirle alguna vez un par de cosas, en ocasiones por intromisión en lo personal, en otras por exigir cosas que superaban tanto lo profesional como la interioridad misma.

Otro asunto que te hacía saltar todos los resortes eran las tertulias “teledirigidas” y de asistencia obligatoria bajo pena de no se sabe qué, era algo ya patético. Salvo que estuvieras haciendo un superplan (apostólico, claro). Nunca lo entendí, supongo que sería otra manera de tener controlado al personal como el famoso e interminable circulito semanal. Los últimos años me hacía hasta daño escuchar una y otra vez lo mismo como si fuéramos analfabestias totales. Es decir, que si asistías a todas las tertulias querías más a la gente, claro lo dijo quien lo dijo…

Me pasó algo que se le parece con un familiar hace unos meses, esa persona en particular me pedía que me preocupase mucho más de él, para abreviar, a lo que tuve que contestarle, majete el cariño hay que ganárselo, no se puede ir por ahí exigiéndolo. Desafortunadamente el personal se piensa que “cumpliendo” con todas las formalidades de turno, organizando el sistema de recopilación de nuevas gentes para la causa y teniéndolo todo controlado, ya “me puedo dedicar a mis cositas”… Lo veo un poco como aquello de los “guías ciegos que guían a ciegos”… La verdad es que ese aislamiento tan acentuado de las personas maduras de “la cosa” y sus “locuras”, tanto prescritas como no prescritas, fue uno de los detonantes más importantes que hicieron decantarme por salir del manicomio dorado “por piernas”. Quizá fue eso lo que me hizo tomar la pastilla roja y viajar con Morfeus a la realidad, pero antes tuve que luchar con numerosos Sres. Smith e incluso con las máquinas directamente para poder despertar en un nuevo amanecer en el que descubres que la vida es más rica que un conjunto de normas y de personas.

Me han ayudado cientos de personas; amigos, familiares, conocidos, la web, la gente de la web, pero la persona que más me ha ayudado a aprender a querer, sin ninguna duda, ha sido mi mujer, que empezó por ponerme los pies en la tierra y a que me diera cuenta de las muchas e imaginativas tonterías que tenía en la cabeza. Ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida y es la que me está ayudando a ser otra vez una persona de verdad. Si tuviera que dar un consejo a alguien para que le ayudase en este proceso de adaptación a la realidad de Mátrix, le diría tres cosas, déjate querer, quiere sin medida a la gente… Y cuenta las cosas sin miedo a todas las personas que puedas con las que te sientas a gusto.




Original