Algunos hombres buenos

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Por Books, 7.11.2007


QUERIDOS NUMERARIOS:

Por cosas de la entrega me vi involucrada durante un tiempo, en mi vida en el opus dei, a sacar la obra adelante, muy pegada a vosotros.

Nunca pude agradeceros vuestros detalles, que fueron muchos. A veces me entraban ganas de pasar la puerta de comunicación y daros un besazo, pero me contenía, haciendo grandes esfuerzos, esfuerzos heroicos. Otras, pensaba en ponerme el uniforme de numeraria auxiliar y salir al comedor para veros. Y os puedo asegurar que ésto no solo me ocurría a mí.

Gracias por vuestra sensibilidad, sencillez, por vuestro orden y por vuestras pocas quejas. ¡Qué diferencia con vuestras parientas numerarias! Yo, calculando por lo bajo, creo que el 80% eran unas sibaritas. Se creían con derecho a todo. Exigentes, prepotentes. Se quejaban por todo y de todo:

¡Pláncheme esta camisa para esta tarde!
¡Otra vez pasta para comer!
¡La comida está fría!
¿Hoy no ha venido la administradora? ¿Por qué?
¡Otra vez a recoger los desayunos!

En una ocasión en un curso anual, estábamos charlando unas cuantas. Una dijo que dejaba la administración. La reacción de una sibarita fue: ¿pero es que se van a ir todas la administradoras? ¿Pero quién esperan que haga las cosas de la casa? .... ¡pues, tú so jilip...! (ésto es lo que yo le diría ahora)

En los centros de mujeres, en los días de fiesta [ver tomos de Meditaciones 5 y 6 sobre cuáles son las fiestas de la Obra], sólo una o dos se quedaban a echar una mano a las empleadas, para que se fueran a sus casas a su hora. En las denominadas fiestas "A", lo normal era que trabajaran media hora más de lo que les correspondía. Pero a nadie le importaba y nadie agradecía nada. Todas a "hacer la visita", con mucha devoción, pero con muy poca caridad. Y después a la tertulia, con el estómago lleno a hacer la digestión.

Y ahora me centro en lo que os quería pedir.

Os quería pedir, a vosotros, queridos numerarios de a pie, que tuviérais un gran detalle con vuestras hermanas numerarias auxiliares, antes, sirvientas.

Estareis conmigo en que ya es hora de que sepan lo que es un domingo o un festivo. Que puedan leer, pasear, escuchar música o tocarse las narices. El detallazo estaría en que pidiéseis a vuestros directores que descansen. No sé de nadie que se haya muerto por comerse un bocadillo o por usar platos de plástico.

Estamos en el siglo XXI, siglo de la igualdad y la paridad. Pedid una plancha, para poder estirar un poco los pantalones cuando os venga en gana. Pedid una buena despensa y un gran frigórifico, no un armarito con infusiones y galletas y una neverita para excursiones. Las doncellas ya no se llevan. Estáis desfasados. ¿En vuestras familias cuentan con estos servicios tan fuera de tiempo?

Hay algunas auxiliares que son muy buenas. Hay algunas que pienso que se escandalizarían con lo que os propongo, porque desde siempre han mamado el espíritu de la obra, de una manera muy concreta y muy servil. Yo nunca he creido en la vocación de numeraria auxiliar. Creo en que: "conviene que haya numerarias auxiliares".

Me atrevo a afirmar que muchas, al verse un domingo, después de desayunar, sin tener que ir a la "casa pequeña" no sabrían ni qué hacer. Porque están como robotizadas y se irían como por inercia por su camino de todos los días.

Sé que hay auxiliares que dicen que se sienten felices de prestar este servicio a la Obra. Me alegro por tanta felicidad.

Hace muchos años, hablaba con el director espiritual de mi delegación de este tema. El me decía: "¿Qué madre no se levanta un domingo para preparar una excursión a su hijo?" Yo le contesté: "Usted lo ha dicho, un domingo, no todos los domingos del año, llueva o haga sol. Además, los niños crecen, y llega un momento en que se van de sus casas, y las madres con sus hijos ya crecidos, descansan". El no me contestó, se limitó a sonreir. No conseguí nada.

Quizá vosotros sí podáis. Vosotros que siempre teneis palabras alagadoras para vuestras hermanas, dejad que descansen el séptimo día, porque Dios, así lo hizo.



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