Acerca de las razones para ser objetivo

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Por Elena Longo, 9.01.2009


Escribo para comentar que me pareció muy impactante la reflexión de la última intervención de EBE: "Una razón para ser objetivos". Leer las palabras de Isabel de Armas citadas por EBE me produjo aquella sensación extraña que te produce algo que de repente reconoces fuera de tí habiendolo vislumbrado tantas veces de forma confusa dentro de tus pensamientos.

Siempre he experimentado la sensación de que un exceso de critica hacia el mundo opus que hemos experimentado en primera persona pudiera producir efectos exactamemte contrarios a los que pretendemos, aunque hasta el momento tuve dificultad a verbalizar esta certeza. Encontrarlo en las palabras tan claras de Isabel de Armas me afianza en esta opinión...

Cualquier exceso de critica que pueda provocar, en una persona de dentro que nos lee, el álibi de pensar que tiene que defender la institución de ataques injustos o exagerados, atrasando de esta forma su proceso personal de distancia critica hacia la obra, sería un autogol, además de una falta a la justicia a la que tiene derecho cualquiera, por muy grandes que puedan haber sido sus errores.

Reflexionando acerca de esto, es cierto que hay que reconocer que en muchos casos la gente que escribe en Opuslibros es gente muy damnificada no sólo por la praxis, de suyo equivocada, del Opus Dei, sino aún más por actitudes personales de directores, especialmente rigidos e institucionalizados, y exaltados por el sistema. Estas personas tienen el derecho de poder escribir sin tantos filtros, desahogandose de sus sufrimientos y encontrando la comprensión que solo podemos proporcionarles los que hemos pasado por situaciones parecidas. La pagina de Opuslibros existe principalmente para estas personas.

Pero cuando se pretende realizar una acción de profundización y de denuncia más que de desahogo y de busca de comprensión, creo que es muy importante acordarnos de este riesgo que podemos correr, y esforzarnos por distinguir entre los errores substanciales –que los hay y son muy gordos- y los errores circustanciales, debidos más bien a circustancias concretas de mentalidad personal o de cultura local.

A veces, cuando se hace exagerado hincapié en la mortificación corporal o en otros asuntos más o menos pintorescos, pero que no llegan a tocar el meollo del problema –que es transformar las personas singulares en medios cuando la ética quiere que siempre cada persona tenga dignidad de fin- casi me parece que las personas que las relatan no estén convencidas de la real maldad de las experiencias que cuentan y que tengan el temor de que, si no se cargan un poco las tintas, o no subrayan los hechos más folcloricos, no logran sensibilizar a sus oyentes.

Poco a poco, a lo largo de estos años, se han evidenciado unos aspectos que son especialmente criticos y acerca de los cuales es más dificil negar la evidencia, mientras que otros a lo mejor pueden estar màs subjetos a cambios culturales, caracteriales, historicos… Y si esto es cierto, yo creo que mucho de nuestro trabajo tiene que estar orientado a que la gente de dentro que nos lee se dé cuenta de que en todas las latitudes, en el Opus:

  • se mantiene la gente en minoría de edad alargando indefinitamente la época de formación inicial y no reconociendole nunca a uno la capacidad de reconocer la volutad divina hacia si mismo sin el avalo de la aprobación de los directores;
  • se juega continuamente con el doble sentido que sa da a conceptos como “libertad, “responsabilidad personal”, “familia”, ...
  • se piden como exigencias asceticas actuaciones que permiten mantener dependientes las personas de la institución;
  • que este último se persigue especialmente con una dirección espiritual realizada de forma inconciliable con la prudente pastoral eclesiastica, como certifica muy rigurosamente el escrito de Oraculo: "La libertad de las conciencias en el Opus Dei", y con el respeto inalienable a la intimidad personal;
  • que se mantiene un estilo de vida más propios de gente consagrada que de laicos especialmente llamados a dar testimonio de laicidad;
  • que se falta en muchas circustancias a la justicia hacia la familia de origen, y que el trato con padres y hermanos no es el normal de un laico cualquiera;
  • que son autorreferentes, y que en el magisterio de la Iglesia sólo buscan y aceptan lo que se ajusta a su supuesto carisma en vez de ajustar su carisma particular al magisterio universal.

Yo creo que poco a poco estos argumentos puedan ser percibidos y reconocidos por quienes, desde dentro, nos leen, pues no son interpretaciones: son hechos. Los acondicionamentos por los que estan sumidos son muchos y esta recapacitación puede ser más o menos larga, pero en quienes tienen buena fé es casi inevitable, creo yo. Lo importante es que nosotros vayamos eliminando todo lo que puede dificultar percibir la realidad de estas experiencias.

Está a nuestro cargo, es nuestra responsabilidad, trabajar también en este sentido para facilitar que, además del espacio que hay que otorgar a quien necesita entenderse, reconstruirse, dasahogarse y encontrarse acompañado, haya también espacios, claramente identificables, en los que ahondar cada vez más estos aspectos especialmente críticos e imposibles de negar. Y en estos espacios cuidar especialmente de limpiarnos de pasiones, amarguras, resentimientos en otros lugares admisibles, justificados y legitimos, para que solo luzcan los hechos.

Creo que ya, hasta ahora, gracias también a la coordinación tan prudente de Agustina, la pagina de Opuslibros ha ido realizando esta labor, pero tomar mayor conciencia de esta responsabilidad nos puede ayudar a todos a realizarla cada vez mejor y con más eficacia.




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