Absolutamente sin descanso

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Por Nachof, 18.07.2008


Desde las dos últimas semanas del mes de junio y hasta mediados del mes de octubre, salvo excepciones, el Opus Dei celebra en España sus cursos anuales (para numerarios y algunos agregados) y convivencias (para supernumerarios y algunos agregados). En estos momentos todas las casas de retiros y convivencias estarán llenas o casi llenas. En cualquier caso, muchos numerarios y agregados apenas repondrán fuerzas del desgaste producido durante al año. Será un estar casi absolutamente sin descanso. Me explico a continuación.

Los cursos anuales tienen una duración de 25 días más dos noches (la de la entrada y la de salida) y en ellos se cursan o se repasan asignaturas de los estudios de Filosofía y Teología. Las convivencias anuales son de 15 días para los agregados que no cursan estudios que ellos llaman internos de Filosofía y Teología, y de 7 días, para los supernumerarios. En los cursos anuales existen exámenes de las distintas asignaturas, que deben ser superadas con las máximas calificaciones (summa cum laude o summa). Sin embargo, en las convivencias no existe ningún tipo de exámenes. Hago estas aclaraciones porque algunos de mis lectores que no han pertenecido a la Obra me han pedido que deje todo muy claro...

Mi profesión de periodista me ha hecho dedicar muchas horas a mi trabajo. Otros en sus actividades profesionales habrán tenido un agotamiento igual o superior al mío. Nadie es un caso único y todos hemos pasado por una situación parecida, como consecuencia de pertenecer a la Obra. Lo que parecía que era un momento de pasarle muy bien, al final se transformaba en algo muy pesado y, en muchos casos a lo largo de algunos años, de lo que no se guardaba un buen recuerdo. Claro, el Opus Dei lo arreglaba diciendo la frase: "para nosotros el descanso no es no hacer nada, sino cambiar de actividad". Y esa era la frase manoseada que repetía el director o el sacerdote de cada curso o convivencia anuales en la primera charla o en la primera meditación, respectivamente. Debo hacer una aclaración. La mayor parte de los numerarios participan en cursos anuales que se celebran en casas de retiros o de convivencias que son obras corporativas o labores personales. Siempre están bien atendidas por "la Administración" (las mujeres de la Obra, numerarias, agregadas o numerarias auxiliares que se dedican a estas tareas). Entre los hombres a ellas --"nuestras hermanas", dicen los opusianos-- se les suele poner como ejemplo de buenas profesionales que cocinan muy bien y hacen estupendamente las otras faenas de la casa. Es como una categoría superior de un grupo de selectos que casi nunca llegan a vivir los grupos antes citados (fundamentalmente agregados que no cursan estudios internos de Filosofía y Teología o algunos supernumerarios). En todo hay excepciones.

Por ejemplo, la Obra hace que a un ejecutivo o empresario de alto rango no vaya a una convivencia en un sitio en el que es frecuente que se tenga que hacer la cama. Y claro, en muchos de estos casos de convivencias de agregados sin estudios o de algunos supernumerarios, la "Administración" tampoco pertenece a la prelatura. La única que es de la institución es la jefa de las mujeres que atienden esa casa.

El Opus Dei afirma que en su interior no existen castas, pero las hay. El caso que acabo de describir es uno de esos ejemplos de castas. Dos de los últimos diez años en el Opus Dei fui de curso anual a La Pililla, una casa de retiros y convivencias situada en Piedralaves, pueblo de la provincia de Ávila en España, a unos 80 kilómetros de Madrid, donde a la entrada existía una residencia de invitados a la que acudían ocho o diez numerarios. Era como un curso anual para pocos. Uno de los invitados que recuerdo fue Joaquín Navarro Valls, cuando era portavoz de la Santa Sede en Roma. Pocos metros más allá, estábamos un grupo de unos cincuenta agregados que cursábamos entonces asignaturas de Teología. El contraste era muy grande cuando llegábamos a la piscina cada día. Nosotros los agregados hablábamos de las dificultades de las materias y Joaquín hablaba junto al agua de sus viajes por todo el mundo con el Papa Juan Pablo II. Unos estudiaban mucho y otros ya estaban de repaso. No hace falta aclarar quienes eran unos y quienes eran otros.

El descanso como cambiar de actividad es un pretexto que emplea el Opus Dei para explotar más a los suyos. No solo saca provecho al dinero que le entregan, sino también al tiempo que dedican. Los cursos anuales y convivencias son un ejemplo. Y si los amigos preguntan a los de la Obra que dónde han pasado las vacaciones de verano, éstos responderán que en un curso internacional en Cádiz (puede ser la casa de retiros de Pozoalbero y no haber visitado una playa) o en otra región española. En 1977 tuve la experiencia de ir de curso anual a la escuela infantil del Colegio El Romeral de Málaga, donde ocho dormíamos en una misma habitación, no había perchas y los servicios sanitarios no tenían cierre interior, por lo que había que poner un papel higiénico pinchado en el manillar de la puerta para indicar que estábamos haciendo nuestras necesidades. Si nos preguntaban nuestros amigos, respondíamos que ese verano habíamos ido de vacaciones a Málaga. ¡Qué cinismo! Fue tan gordo tan gordo todo lo que pasó que Rafael Solís, uno de los cargos del gobierno de la Obra en España, nos pidió perdón por lo que habíamos estado viviendo. A los agregados de la siguiente convivencia se los llevaron al Colegio Mayor Albaicín de Granada.

Otro de los cursos anuales que no se me olvidará nunca tuvo lugar en julio de 1974 en el Colegio El Prado, de Fomento de Centros de Enseñanza, o, lo que es lo mismo, labor personal del Opus Dei, pero Opus Dei. Hace tiempo, escribí un artículo titulado "Cuatro huevos al día", en el que describo en qué consistía nuestra alimentación: cuatro huevos al día, fritos, en tortilla, en ensaladilla. ¡Qué bien lo disfrazaban! Ahora que ha pasado el tiempo he recordado que Jaime, hoy ex agregado, vivía con su familia a pocos metros del colegio. Y yo, a pocos kilómetros. Mis padres nunca entendieron que viviendo en Madrid pasara mis vacaciones a las afueras de Madrid. Salvo los numerarios jóvenes, los restantes iban a casas alejadas de sus residencias.

En un determinado momento de la historia de la Obra en España, con el régimen del general Franco, durante los años sesenta del siglo XX, el entonces instituto secular asumió las llamadas "residencias de ingenieros" de algunos pantanos, como los de Buendía, en la provincia de Guadalajara lindando con Cuenca, y de la Fuensanta, en Albacete al lado de Murcia. Esos, sobre todo el primero, se utilizaron mucho tiempo como lugares de convivencias. Aunque el pantano estaba cerca, existía una piscina en Buendía. Pues bien, una noche se nos ordenó que la limpiáramos. Eso es explotar a la gente. De la Fuensanta recuerdo que dormía en una habitación con camas separadas con Sebastián, un agregado entonces y hoy sacerdote numerario. Supongo que continuará. Tuve suerte con mi dormitorio. Cada mañana me duchaba con varios chorros de agua que salían a la vez. Eso sí, Suge, un agregado que continúa dentro, casi se dejó un testículo por bañarse en la cola del pantano, sin ver que había unos hierros en el fondo.

A finales de los años setenta y toda la década de los ochenta del siglo XX, el Opus Dei llegó a un acuerdo con las Cajas de Ahorros --entonces había numerarios y agregados al frente de estas entidades financieras-- para la utilización de sus colegios mayores en la ciudad de Córdoba, una de las zonas más calurosas de España. Existían habitaciones individuales y hasta aire acondicionado. Era como un lujo, que utilizamos principalmente los agregados y una o dos veces lo numerarios, así como los supernumerarios. ¿Sabéis cual era nuestra sala de estar en esos colegios mayores a los que se denominó "Névalo"? Pues el hueco de la escalera que se llenaba de cojines procedentes de distintos sitios. Otro de los sitios de las distintas tertulias era la biblioteca del complejo. A diferencia de los lugares donde existe Administración, allí no era obligatorio llevar manga larga en los brazos para acceder al comedor. No se me olvida que una empleada de allí, que había sido religiosa, nos hacía preguntas sobre la Obra. Dentro de la prelatura se nos dijo que estaba "en mal plan".

He explicado algunos casos de las condiciones en las que nos encontrábamos. Lo que hace el Opus Dei con sus seguidores es como el niño al que su madre una y otra vez le dice que coma un alimento. Al final el hijo termina diciendo: mamá, siempre pones lo mismo. Eso es lo que hace la Obra y todavía lo justifica diciendo que es el mejor alimento, el mejor espíritu, que se transmite. Se suele hablar de tertulias, algunas de las cuales son tremendamente aburridas. Muchas veces no se pueden formular preguntas. En mi interior he repetido muchas veces la palabra "rollo", como algo pesado y sin ningún atractivo. Cada día tenía más claro que las tertulias eran los momentos de las consignas de la secta opusiana. Algunos de los directores jefes centrales tenían una pinta de mafiosos... "El Padre tiene mucho interés que os transmita que.....", decían algunos de ellos. Y luego en las charlas fraternas o dirección espiritual, en los círculos, charlas y meditaciones se repetían muchas veces las mismas cosas.

Estos días se ha hablado aquí de los estudios internos de la Obra. Algunos tuvieron la suerte de repasar asignaturas al final. En invierno tambien se estudiaba. Cuando estabas deseando que llegara el domingo para descansar, algunas veces hasta eso no tenías tiempo, pues había que cursar asignaturas de Filosofía o Teología. Y eso se hacía recortando vida de familia con tus padres y estudiando para superar las asignaturas. Yo estuve veintisiete años estudiando. Lo hacía poco a poco, pero al final no acababa de ver el final de todo, que al final no ha llegado, porque soy libre y ya no soy de la Obra.

Muchos de vosotros habéis aguantado bastantes años en el Opus Dei. Yo llegué a casi los treinta y cuatro años. Y aunque han pasado diez años de la marcha, todavía me quedan restos del lavado de cerebro que tuve. Me voy desprendiendo de ello poco a poco, pero no es suficiente. Necesito contaros todo lo que he vivido. Si estáis dentro de la Obra, pensad que cuando vais de curso o convivencia anuales no descansáis. Ahora sí descanso haciendo lo que quiero... porque tengo la suerte de estar prejubilado en mi trabajo, y he elegido Canarias, un lugar paradisiaco. Ojalá algún día podáis hacer vosotros lo que yo estoy haciendo.



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