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José Car anda erre que erre

Josecar anda erre que erre con su historia. Y hace bien. El tío cita a Noé, rememorando la escena en que Cam y Jafet (jafet con leche y jafet solo) se cachondean del Patriarca porque lleva un colocón del patín de la baraja y lo encuentran en pelota picada cantando el "Endequete vi que te vi con la pata de palo, dije para mí malo malo malo, malo".. Y defiende su derecho a ser un buen hijo de la Iglesia. Eso está muy bien.

Pero cada uno es como es y reacciona ante las injusticias según sus modo de ser. Con la Iglesia, con la opus del Padre Etenno, o con el alcalde de Nueva York de Arriba. No vamos a poner de ejemplo a Jesucristo, que es mucho poner, pero, por citar alguien, San Pablo, que no era precisamente un mirlo blanco, las cascaba del treinta y tres a quien le quisiera escuchar. Y santa Catalina - "la gran murmuradora", en boca de San Josemaría- no se quedaba manca. Ya no digamos Escrivá, que cuando daba, daba (como el amor que lo es mientras dura, dura). Es la ventaja de pertenecer a la Iglesia, que allí cabemos todos, y tenemos ejemplos de santidad de todo tipo. ¿Qué eres panfilín?, pues tienes un santo pánfilo, no sé San Martín, el que le dio media capa a un pringado que se estaba helando de frío (Escrivá decía que si era santo eso era mentira, que le hubiera dado toda la capa: pues no, don sabelotodo, listillo, la leyenda dice que le dio media capa, y tú no estabas allí, así que a callar. Le dio media capa.

¿Qué te va la cosa social?, pues allí tienes a San Francisco de Asís, o a Juana de Jugan, o a la Madre Teresa. ¿Tiras más hacia lo intelectual -teológico- nivel Maribel?, pues al Acetato, o San Agustín, o San Bernardo de Claraboya`s. ¿Te mola la cosa mística Ca`lo Jesú?: San Juan de la Cruz, El Padre Pío -lo de éste ya es de mucho miedo, éste bilocaba por bilocar. ¿Que lo de uno es el follón y montarla de aquí te espero?: Juana de Arco. Y así hasta el infinito y más allá.

Haces bien, Josecar, en defender lo que piensas que es verdad en tu vida, lo que tú has visto y vivido. Y en escribirlo en tus noches de guardia en el hospital mientras cienes y cienes de pacientes desfallecen, sufren y mueren por culpa de tu celo apostólico. Menos Orejas y más a la guay con la peña del Center Hospital of Masasuses of Mernabo. Lo primero es lo primero, Josecar.

No sé. Yo querer explicar a tú que no todo ser de bien ni todo ser de mal. Pero haber en la obra cosas como que no.

Por ejemplo, esos métodos, que están en la configuración, que no dependen de las personas, ni de los lugares. Yo también he vivido en centros donde se vivía, más o menos, como tú cuentas (aunque tú lo pintas tan chachi piluli que no me extraña que allí no pitara ni Benito Cámelas y que tíos como tú -que no se entiende que lo dejaras- se marcharan, porque eso que pintas de opus dei tiene más bien poco...). Digo, me había distraído, que hay modos en la obra que son contri menos sospechosos.

Esas formas curiosas de introspección en la intimidad de los demás buscando que se conozcan, que se sinceren, ese derroche de espíritu reflexivo que desnuda el alma hasta sus raíces y la sitúa, como una planta arrancada de su tierra, bajo una luz que alumbra sin alimentar, que no es la natural, la del sol. Es el flexo de un despacho de dirección, o de una sala de estar. Esas confidencias forzadas a base de sentimentalismos y de una pretendida voluntad de Dios que "quiere esa sinceridad salvaje". Se hurga, en un plano inclinado de semanas, meses, años, hasta los últimos recovecos en lo afectivo, en lo sexual, en lo familiar, en lo apostólico, en lo divino y en lo humano, para después ser medidas, puestas en guiones, estadísticas y experiencias de todo tipo. La misma virtud se convierte en una ciencia exacta. Cosa rara. Un prontuario de cómo hacer oración, cómo vivir el trato con las mujeres, cómo vivir la pobreza, cómo vivir el trato con la familia de sangre, cómo actuar con los que abandonan la vocación.

Lo peor de todo esto es el peligro de agotamiento y de esterilidad que, a la larga, lleva consigo. Esta historia tiende a la esterilidad espiritual que es, curiosamente, lo contrario de lo que se pretende. El alma forzada en su intimidad -pues no madura de un modo natural, según sus ciclos propios, su forma de ser, su condición y carácter-, se desespera. Y llegará a un punto donde no podrá aprender nada nuevo sobre él. Cosas banales, muy normales en sí mismas, y que en cualquier persona están veladas e impregnadas de un misterio fecundante, que cada cual descubre por su propia cuenta con admiración y sorpresa, pierden todo su encanto al ser violentadas y forzadas por una dirección espiritual que "tiene mucha prisa" por saber y que sepas.

Esta saturación lleva a la inapetencia (¡cuantos están hasta los whestinhouse de oír siempre lo mismo, de hacer siempre lo mismo, de hablar siempre de lo mismo!) y a la necesidad de condimentos más fuertes, de revelaciones más extraordinarias. No son pocos los que buscan milagros aquí, allá y en ultramar, de Escrivá, del director de su centro, de una supernumeraria que tiene psicofonías con Santa Magdalena de Pazzi, o de un agregado que su Ángel Custodio le aparca el coche, le despierta por las mañanas, le lava los dientes, y por las noches le canta el ¡hala Madrid!. Hace unos días alguien escribió sobre la entrevista de Escrivá con María de Palmar... ¿Y la de Don Álvaro, años después, con esa misma mujer...?: un testigo me comentó que Don Álvaro le pidió que le mostrara la llaga del costado (María estaba estigmatizada), y así lo hizo.

¡Ojo, que me parece muy bien!, que yo a mi suegra le pedí hace unos días que me enseñara el callo que tiene en el pie izquierdo, un melón de alucine, que si dice que se lo ha enviado San Pantrocrator, cuela: pero mala señal esa, en el opus dei, de andar buscando espiritualidades milagreras y, contri menos, raras, raras, raras. Yo conocí uno que tenía una cinta donde se escuchaba la voz cadaverosa y rasgada de un vidente del sur de España que le hablaba a él, al numerario que pasaba por allí casualmente un día de crisis que pensaba dejar su vocación, y que le decía : Melnabo... ¿está aquí Melnabo?... (voces de fieles preguntando por Melnabo y que decían "sí, sí, está aquí"). Melnabo -proseguía el vidente con una voz que ponía la gallina de piel de piel- tú no me llegas ni a la zuela de la zandalia, Melnabo. Güerve a donde estabas, que allí ez donde eztoy Yo... Melnabo...". Bueno, pues Melnabo se escuchaba esa cinta en todos los retiros mensuales, en los retiros anuales, en los momentos de crisis, en las fiestas.

Al final, si uno consigue salir normal de tratamientos espirituales tales, pues se busca la vida o dentro, pasando bastante de todo, o fuera volviendo a empezar: ¡NUN CHEPAS! (o algo asín). El viaje alrededor de uno mismo, ya agotadas las reservas, hace que uno se sienta impulsado, si aún le queda algo de esa vocación que vio en su día, a buscar el único misterio inviolable, el de su relación con Dios. Como un principiante, como un torpe muchacho que sólo quiere dejarse querer, lejos de voluntarismos y profundidades sin sentido.

Y no escribo más porque hoy estoy apenado y, además, me ha caído un paquete de La Piedra espantoso.Y todo es que- atención Orejas todos, que no suceda a vosotros- la guardia civil de tráfico ha puesto nuevos radares en coches camuflados y acaba de llegar una afoto a casa que no sé el multón que me puedo caer.

¿Qué has hecho del pasado?

"¿Qué has hecho del pasado? ¿De qué te han servido todos esos años de fidelidad que ahora tiras por la borda haciendo que todo en tu vida se quede sin sentido?"... nos dicen los que recuerdan a los que olvidamos, los fieles a los traidores. Y quizás tengan razón. Quizás; porque puede suceder que la "fidelidad" del primero no valga mucho más que la "traición" del segundo. ¡Es todo tan relativo! Hay muchos motivos en las fidelidades y en las traiciones que se mueven por idénticas intenciones tan egoístas como miserables. Son los mismos egoísmos los que llevan a un hombre viejo a aferrarse a su joven amante, y los que mueven a ésta a intentar la ruptura. Para él ha terminado el festín de la vida, mientras que para ella apenas ha comenzado, todo cargado de platos fantásticos y sabrosos. En realidad ambos se encuentran en el nivel en que se ama como se come, y a ese nivel la traición consiste en vomitar y la fidelidad en rumiar...

Llama la atención la cantidad de correspondencias agresivas con la opus del Único.

Las cosas no son lo que parecen, y las personas menos. La fidelidad o la traición a un amor, a una institución, a lo que se quiera, se han de medir en conciencia, en lo más profundo de cada uno, a solas. Nada ni nadie pude asegurarnos la felicidad, el no haber errado el camino, nuestra vocación, sólo por pertenecer y estar a su lado. Ya no digamos el amor, el nuestro. A veces La Piedra me pregunta si la quiero, y yo a ella. Necesitamos saberlo, que nos lo digan, y decirlo. Como er pápa hitano cuando está con la máma.

-A vel , Pieeeedra, que no sé si me quieres, que me lo estás hasiendo de pasar mu malamente.

-Pos claro que te de quieeeeero, Saaaatur, mi Patliaaalca. Amos a vel, y tú, enga, dímelo, ¿me de quieeeeres?.

-Ayyyyy Pieeedra, pos clairo que te de quieeeero. ¿ No te de recuerdas que siempre te de acompaño con la fregoneta al Carreful y ande seeeea?

Y así parece que el amor está allí... pero, quizás no.

Conozco un amiguete, viaja mucho, que una tarde, después de seis días ausente de casa, llegó con ganas de guerra y le dijo a su mujercita "chica, prepárate, que esta noche hay festival de Eurovisión" Así fue. Y en esas estaban, en el fragor de la batalla, cuando se oyen unos golpes en la pared del vecino de al lado, y una voz que grita: ¡¡¡VAYA SEMANITA LLEVAMOOOOOOOOSSSSSSS!!!.

El hombre está que no levanta cabeza.

Y es que nada es lo que parece. Y nadie mejor que uno para saberlo.

Es algo muy normal y habitual que los contratos, los juramentos y los votos más solemnemente formulados son, en general, los que menos se respetan (respeto interior, digo, no el conformismo de "guardar las apariencias", que de eso hay mucho, y en todos los sitios). Y es lógico. Tendemos a hacer promesas en la medida que nos sentimos más o menos exteriores a la cosa prometida, por eso no la cumplimos. Una madre no jura fidelidad a su hijo. Su fidelidad se confunde con su existencia.

Cuando yo estaba -buen verbo este de "estar"- en la opus de dei mi fidelidad estaba definida sólo por cosas exteriores, contratos, cumplimientos exteriores de normas, costumbres y estilos... pero, ay, mi interior andaba arrastrado por afectos, movimientos extraños, impulsos desbocados, necesidades muy humanas que negaban la naturaleza de esos compromisos y promesas. Había que buscar solución a todas esas cosas, centrarlas, encauzarlas: dejar de comprometer el futuro, el mío, con los labios y llevar la eternidad en mi corazón. ¿Qué pudo salir mal?. Pues sí. Pero, mira, colegui, pisha, no salió mal. Dios no abandona nunca un corazón que busca. Nunca.

Admiro cada vez más a aquellos -hace unos días nos enteramos de otro en estas páginas- que vuelven a empezar a edades que los demás tachan de locuras, de despropósitos, y de traición. Pienso que son gente que busca al final del camino de su vida un espacio de amor verdadero, de sinceridad, de auténtica lealtad. Se les acusará de haber caído en el señuelo de la carne, de la pasión estúpida del viejo, del "punto de corrupción" que hablaba el santo, y tengo para mí que, probablemente, quieran encauzar y enfrentarse a muchos años de mentiras, de paréntesis ocultos y vergonzosos, de apariencias estériles y de miedo al juicio de su propia conciencia cuando ya sea demasiado tarde.

Enhorabuena. Bendita la hora.

Y como hay quien no creerá que acompaño al Carreful a La Piedra, aquí envío afoto que lo prueba. Vamos camino del aparcamiento... ¡¿Qué?, ¿la quiero, o no la quiero?, ¿eh?.

Satur y la Piedra

Se ha escrito esta semana...

Se ha escrito esta semana sobre temas que tienen mucho que ver con eso que se llama " de fuero interno", o sea de que, con actos que no se conocerían si no fuese porque su protagonista los ha contado en confidencia. El porqué los contó da igual; los contó buscando, quizás, un consuelo, una ayuda, un desahogo de conciencia... en fin, ¡son tantos los motivos que nos llevan a sincerarnos!. La reacción de la opus de Napoleón Chú ante esa sinceridad no siempre es la misma , depende de muchas cosas. En algunas biografías traga, calla y mira hacia otro lado, en otras te pega un meco que te envía donde el viento da la vuelta. Conste que no fue mi caso; conmigo se tagaba. La obra conoce casos de su gente con amantes, señores que han hecho su fortuna sobre cimientos de corrupción y engaño, sacerdotes que envían de acá para allá ocultando sus debilidades, supernumerarios con hijos de locas aventuras. La obra conoce bastantes algunos comportamientos extraños, difíciles de entender, incluso de disculpar...

Pues porque en la opus del tercer Ojo hay gente de tipo A, de tipo B y de tipo C. Las cosas dependen de quién es quién. Muchos de nosotros tuvimos que empezar de cero y se nos cerraron la puertas a cualquier trabajo que oliera a prelatura. Sin embargo, se conocen exnumerarios con muchos años de pertenencia a la Cosa que continúan ejerciendo su labor docente en obras corporativas de nivel. O sea, que él sí y yo, por ejemplo, no. A ver, no lo entiendo. ¿Qué pasa aquí?, ¿que él es más listo?, ¿que él se casó con una secretaria nivel Maribel y yo con una chica más de pueblo que un kilómetro de ribazo?, ¿que él tiene un master por la universidad "J punto P punto Warrendor", y yo soy licenciata por la universidad "Canuto Chumino"?. Pues no lo entiendo.

Zutanín tiene un hijo fuera de su matrimonio y es un desliz. A tragar todos y a perdonar, sobretodo la mujer. Vale. Lo tiene Caspo y a freír espárragos. Muy bonito, hombre. Caspo es chófer de autobuses de la línea dieciséis y medio, y Zutanín es Doctor Honoris Causa de la Mens Sana in Córpore in Sepulcro. O sea, que uno es tipo C y otro tipo A. Pues que me lo expliquen.

Y así podríamos contar hasta el infinito y más allá.

Hay mucha mentira y mucha vanidad. Mucha tontería.Y mucha gilipollez.

En un centro que viví me dio por hacerme amigo del portero de la casa. Un buen tipo, con menos luces que un barco contrabandista, pero muy trabajador y bellísima persona. Se me ocurrió un día invitarle al centro, enseñárselo y animarle a subir al oratorio siempre que quisiera, o lo necesitara. El hombre se emocionó, en su sencillez, de que los señores de la opus le trataran con tanta confianza. Y al cabo de unos días se presentó en el oratorio -era pequeño, de centro de mayores- y se sentó a rezar un ratín. A la noche me llama el director -un hight class - y me dice que no invite más ese señor porque Don Ramoneawer de Próstratos, sacerdote de los primeros, tenido por santo, él también lo cree, que le parece que no pinta nada el portero en nuestra casa y está muy mosqueado con su presencia... ¡Por los huesos de las olivas todas!, ¿y el oratorio de quién es?, ¿eh, campeón?, ¿de tu prima la del pueblo?. ¡¡¡Pim pím!!!. Sabelotodo. Listillo. Más que listillo. Que, bueno, sólo de recordar la anécdota me enervo.

Pero es que lo llevan en el cuerpo.

Y es que cuando se intenta vivir una vida cumpliendo "Acciones Elevadas del Espíritu", pero desde un estado de autosuficiencia, de engreimiento, de acritud, de exclusividad de alma elegida, tarde o temprano esa alma acaba en la mentira, en la decadencia y en la falsedad farisaica. Más vale arruinarse con alma de santo, que hacer obras de santo con alma ruin. La santidad no es estirada ni altiva, sino que se inclina con amor sobre cualquier necesitado. No sólo sobre los del IESE, o los forrados de pasta gansa, o los aristrócratas, o los grandes del mundo. Atontados, que no os enteráis. Y cuando veáis esa penícula que tanto vais a de flipar, La Pasión, pues os aplicáis el cuento: un Dios que tomó la forma de un esclavo.

Y no sigo, que me está entrando un no se qué de almíbar al rejalgar que me pierdeeeeeee... me voy a buscar a La Piedra.

Esta Semana Santa...

Esta Semana Santa coincidimos La Piedra y yo con un matrimonio, ella supernumeraria emergente y ¡supersocorro que me ataca un Lacoste!, de las que van por el libro, él no es de la Cosa, es un pobre chico que empieza a decir frases como "morir es como dormir, pero sin levantarse a hacer pis", y cosas así. Empieza a estar harto y le falla el temporal. Él se enamoró de ella sin saber que, junto a ella, se enamoraba de todo un mundo de normas, costumbres, nombres raros tipo "espera que hacemos la acción de gracias y me acompañas a rezar el Trium Puerorum". Lo de "Triumpuerorum" le sonaba a una cordillera que hay en el Nepal, pero pronto aprendió quienes eran Ananías, Asarías y Jodías. Se enamoró de ella sin saber que se tenía que de chupar unos cuantos cienes de cursos de Orientación Familiar donde enseñan a ser "padres piadosos de hijos piadosos en una tríada fecundante entre entendimiento, voluntad y corazón"; tuvo que trabajar casos y casos sobre niñas, por ejemplo, que decían palabrotonas como "¡caspita!".

Se enamoró de ella y a la vuelta de los años se ha encontrado casado con Don Luis de Cepeda y Ahumada y García Baxter, un sacerdote muy listo, confesor de su señora, que fue Ingeniero Nabal -hizo Agrarias- y es un cielo de hombre. Y también comparte horas con Inés Pazpagüeta, numeraria de la quinta hora (ya sabemos que en ellas no hubo ni primera hora, ni segunda, ni tercera, todas monjas o en el Pogapoga), y con Mariallufa, una agregada que trabaja atendiendo la portería del colegio Mayor Montemount.

Ahora le ha tocado sufrir el visionado compulsivo de La Pasión de Gibson. Su señora, y el centro todo, están montando todo tipo de sesiones para sus amigas y no amigas en los lugares más inverosímiles: casas de convivencias, cines alquilados, sesiones en los centros... El pobre la ha visto, y sólo ha transcurrido una semana desde su estreno, tres veces.

- Está bien - me comentaba- lo que pasa que se nota el fieltro que hay en el interior de la corona de espinas para que actor no se dañe. Y las sandalias Pilatos se las cambia dos veces, y eso en aquella época creo que no se estilaba. La Magdalena lleva fijador, y eso tampoco.

El tío se la tenía super estudiada. Al paso que va -le pueden caer dos o tres sesiones más (una por colegio de sus hijos)- se sabe el nombre del extra que hace de burro en el suicidio de Judas.

Se queja poco, es un bendito, pero empieza, no sé, a tener tics en un ojo y en el brazo derecho (tiende a levantarlo a media asta con intermitencia nerviosa).

-Macho -me decía en un aparte mientras su mujer le preguntaba a La Piedra si pensábamos tener hijos y le endilgaba una estampa de Don Álvaro para que le encomendáramos una fertilidad superabundante- yo no sé que pasa con el Gibson ése. Se han vuelto locos. No paran de organizar sesiones, hasta las numerarias han ido al cine (guiño de ojete y, pimba, levantada de brazo). Y, encima, me dice mi mujer "¡ay, qué bieeen!, con esta película ya está hecha la oración, nos lo ha dicho una direstora de la delegación. Como cuando nuestro Padre otro guiño y, pimba, el bracico parriba) estaba en una tertulia y si alguien le decía que había que hacer la oración él comentaba "¡pero si estáis conmigo!, ¡si estando conmigo ya se hace oración!"... Y el pobre hombre no entiende nada ni de nuestro Padre -¿nuestro?, ¿ suyo?, ¿mío?- ni de eso de hacer la oración con Mad Max.

Sólo quien ha comido ajo puede dar una palabra de aliento, y así lo hice. Pero el tipo está mal.

- Chico -me decía-, va por el libro (guiño y, ¡alehop!, apunta con el codo). Tengo que estar a las 7, 30 en Misa por la tarde todos los días, luego todos a casita a bañar al niño. Siempre a la misma hora. Mis amigos, digamos que normales, huyen como si fuésemos de la Yidah; y es que siempre anda con los mismos temas. Ahora, después del último COF (Curso de Orientación Familiar) le ha dado por poner posits en la nevera con frases tipo "INGREDIENTES DE LA FELICIDAD: SEGURIDAD: PLENITUD: ALEGRÍA: DARSE: AMAR Y CUMPLIR EL ENCARGO." O en el corcho de la habitación de los niños te coloca "ATRACÓN DE CARIÑO... A tención... TRA nquilidad... CON fianza... DE licadeza yyyyyyy.. .¡¡¡CARIÑOOOO!!!.. Está como una chota, y a los niños me los va a dejar fús, pero fús fús (guiño de ojito y, ¡pamba!, el bracete a lo alto).

No sé, él esperaba una palabra de consuelo, pero no es fácil. Mientras lo intentaba, escuchaba a su señora que intentaba explicar a La Piedra lo mucho que sufrió Jesús en La Pasión y lo de bien de hecha que estaba la penícula. Ya la veía venir y, efectivamente, patapám, la invita a una sesión en casa de una amiga. Ella desconoce una de las grandes virtudes de La Piedra: se duerme en todas las películas. En todas. Fuimos a ver La Pasión y en las escena de la flagelación me giro y le digo "¡jooooder con ..." , y la chica planchando oreja como una bendita. Pero Prelatureitar La Ville no descansa, el celo de su casa le consume, e insiste: desde luego, chica, es un flim que te lleva a la conversión, no sé, te das cuenta de lo que el Señor hizo por salvarnos. Dicen que las ventajas del nudismo saltan a la vista, pues la del proselitismo también. La señora iba a saco, sin cortarse un pelo, en vena, al trigémino.

- ¿Quién es el Señor? -pregunta ingenua my wife.

- ¿El Señor?, pues...Jesús, Jesucristo. También se le llama el Señor, ¿sabees?.

- ¿Cómo el de los Anillos?.

En ese momento aprendí algo que no sabía de La Piedra: sabe hacerse la tonta de maravilla. Sólo le faltaba chupar una piruleta a lametazos y llamarse Abundia.

Esta película tiene trastornada a mucha gente. Y eso está bien, Y hay quien piensa que a río revuelto ganancia de pescadores. Yen eso están los chicos de Josemaría, que se lo comen todo. Pero sin olvidar que las sensibilidades son muy diferentes, y las formaciones. Que a uno no le guste esa película no significa que no crea en Jesús, ni en los hechos de la Pasión, ni en su Resurrección. Ni que sea un hombre de poca fe, rudo, superficial.

Es imposible abarcar el alma de Jesús en su totalidad, su interior, incluso sus gestos. Jesús se enfrentó -no se olvide- a una moral ferozmente pegada a los actos, a los preceptos, a los ritos y prohibiciones, y para que le entendiera una humanidad tosca utilizó una pedagogía sencilla: vino a salvarnos, y estamos salvados. Esa es la primera obligación de la Iglesia, enseñar al mundo entero que ya estamos salvados. Por eso murió. Yo no sé si le dieron cuarenta o cien latigazos, ni si le salió el superchorro de sangre que Gibson coloca en el flim cuando le lanceó el romano Longanizo`s, sólo sé que murió por Amor.

Y si hubiese sido hoy la Redención, me gustaría saber qué tipo de muerte le infringirían los poderes de nuestros días. Nosotros.

Muy buena la anécdota de Salomé

Muy buena la anécdota de Salomé (supongo que no será la que cantaba la canción "¡desde que llegaste sólo vivo cantando, ¡¡¡jey!!!, vivo soñando, ¡¡¡jey!!!...") sobre el rezo del Rosario delante del busto de Concha Espina, confundida con una imagen de la Virgen.

Una de las ventajas de vivir en la opus es la cantidad de anécdotas que se generan en la convivencia diaria. Son tantas horas juntos, y en situaciones tan distintas, con caracteres tan diferentes... Allá van unas de tipos muy, pero que muy despistados...

Estando en un curso anual falleció el padre del director. El dire salió urgentemente para atender sus deberes de hijo. Consternación en el curso anual, dolor, Misas por el difunto. Se contaron anécdotas del finado, un buen grupo de nosotros asistimos al funeral y al entierro contando al regreso, en la tertulia, la serenidad, la paz que se respiraba en la familia del director. En fin, que fue un bombazo en medio de ese medio de formación que asistíamos con la alegría de la primera vez.

Tres días después del entierro el director todavía no había regresado al curso anual. Era de noche, y en la sala de estudio estábamos tres mangutas preparando un examen de algo, no sé, Patrología del Esse Subsistens. Se abre la puerta y aparece el director. Y en esto, uno de los que estaba allí estudiando (de este se podrían contar libros y libros) se levanta y le dice así, como de cachondeo.

- ¡¡¡Míralo ar tío!!! (es andaluz). Anda que no le has echado cara, tío. Nozotros aquí currando, jodidos con los ezámene, pazando la de Caín, y tú de fiesta por allí. ¡Si é lo que yo digo, que aquí hay gente tipo A, tipo B, y tipo C. ¡Y mira que color trae er tío!. ¿ Tú dónde te ha metío, golfo?

El dire le miraba como si viese a Pío XII vestido de Axteris el Galo. No daba crédito a lo que oía. A mí se me puso todo el vello de punta. Incluso el de los brazos. Y el dire va y le contesta muy sereno.

- De enterrar a mi padre. Murió hace tres días.

Nunca olvidaré la cara que puso aquel hombre, el andaluz. Como la del busto de Concha Espina. El que lo vio, lo escribe, y da testimonio de ello.

En un centro viví con un colegui que le dio por aprender ruso a los cuarenta años. En ello puso todo su empeño. Era un personaje muy bueno, muy despistado, y muy ingenuo. A éste, un día que me vio cojeando y preguntarme que qué me pasaba, le colé "nada, que me está saliendo el huevo del Juicio".

- ¿Cómo,?, ¿el huevo del Juicio?.

- Sí, sí, el testículo del Juicio.

- ¿Qué es eso del testículo del Juicio?

- Pero, ¡cómo!, ¿no sabes lo del testículo del Juicio?

- Macho, ni idea.

- ¿Y dela muela del Juicio tampoco sabes nada?. ¿No te han explicado que a algunas personas les sale la muela del Juicio y que es doloroso, y que se pasa mal?.

- Sí, eso sí que lo sabía... ¡pero lo del testículo del Juicio!

- Jolines, tío, ¿pero a ti no te han explicado de pequeño todo eso de la sexualidad y los niños y tal?.

- Hombre, mucho no... eran otros tiempos.

- Pues lo mismo, hombre, lo mismo. A algunos hombre les sale el testículo del Juicio, y el proceso es, como te puedes imaginar, pelín doloroso hasta que se forma el testículo.

El tío no dijo nada y al cabo de unos día me viene mosqueado.

- Muy gracioso los del huevo del Juicio, ¿eh?.

Se lo había comentado al director en la charla, y las risas se oyeron en Sebastopol.

Bueno, pues éste estaba aprendiendo ruso y fuimos juntos a la beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás. Al parecer, en Roma hay una iglesia que visitan los peregrinos rusos por no sé qué devoción que tienen, y allá se fue nuestro hombre con la ilusión de poner en práctica su dominio de la lengua. Fue solo.

De vuelta de la beatificación, ya en el centro, todos notamos un cambio en las costumbres de Smirnoff: no comía y no cenaba con nosotros. Ningún día. Estaba en la casa, pero siempre tenía alguna excusa para no acompañarnos. Así que un día le abordé y le pregunté por su misterioso comportamiento.

- Me da corte contarlo.

- Venga, Smirnoff, ¿qué pasa?. ¿Una promesa a algún icono?...

- Peor... En la beatificación me fui a un santuario donde van de peregrinación muchos rusos. Quería practicar el idioma. Entro en la Iglesia y, zumba, me encuentro una familia entera allá dentro: los padres, dos hijas y un hombre. Macho, parecían de la estepa de Vladilostok. Ciento por ciento estepa. Me acercó a ellos y empiezo a hablarles en ruso "¿Riskochof triblianki petruscha natasha?". Y los tíos me miran como si fuera un marciano. Insisto "¿Riskochof triblianki petruscha natasha?". Nada. Se miran, me miran. Nada. Ni un rictus de que me entienderan. Cambio de frase "Cachachof nureyev bolinski...". Y, en esto, que pienso "joé, ¡cómo me suena la cara de esta chica!" (habría que ver, efectivamente, la cara de la chica)... Y caigo en la cuenta que era... ¡¡¡la numeraria auxiliar que nos sirve aquí!!!. ¿Me oyes?: ¡¡¡la de aquí que estaba con su familia!!!. Tío, qué corte, qué vergüenza. Y, claro, no me atrevo a estar en el comedor y que ella entre y... ¡qué vergüenza!.

En fin, le quité hierro al asunto, le reconforté en la fortaleza y en la humildad, y le dije que la mejor manera de no darle importancia es que actuara con normalidad.

En aquellos días Smirnoff, como no comía ni cenaba, se ponía ciego en el desayuno y en la merienda. Con la merienda estaba muy quemado porque la administración nos deleitaba con unos pequeños montaditos con queso dentro, o chorizo. A Smirnoff le tenía intrigado quién de nosotros se comía los trocito de queso, o de chorizo, dejando el montadito de pan al pairo, sin nada en su interior. Era yo. También por aquellos días yo tenía la costumbre de tocar la guitarra en mi habitación dando la brasa de mala manera al personal. Se me ocurrió, el día que me contó el afaire de Roma, escribir una nota, como si fuera de la administración- , y la puse encima del carrito de la merienda. La nota decía "el queso para el de la guitarra, y el montadito PARA EL RUSO". Smirnoff, con un hambre que no veía, bajaba el primero como un poseso, y al ver la nota me viene a la habitación, supercoloradote, "¡¡¡ machooooooooo, no te lo vas a creer, no te lo vas a creer... ¡¡¡qué fueeeerte!!!. ¡¡¡Lee esto!!!".

- Oye - le digo- esto no es de recibo. Aquí se ha pasado. Vete al director y se lo comentas. Esto es grave.

Y allá que se fue a contarle todo.... Las risas se oyeron, otra vez, en Sebastopol. Nunca mejor dicho.

Con Father Robert viví cuatro años. Era un hombre muy nervioso, aunque cuando salía a la calle tenía un porte distinguido y algo exclusivo. Se diría que estaba hecho de otra pasta. Parecía un gentleman. A mi me tenía absolutamente alucinado cuando conducía: no entendía que ese hombre hubiese vivido tantos años con esa manera de conducir. Se adelantaba el asiento hasta que tocaba su vientre al volante y, pimba, a darle zapatilla. Una de sus manías -incompresible, pero cierta- era accionar el portero automático de la puerta de entrada al garaje del centro al encarar la calle donde vivíamos. Comenzaba a apretar con fruicción el llavero a un kilómetro del garaje pensando que ya se abría desde allí. No había manera de convencerle de lo contrario, a pesar de que siempre debía de esperar al llegar al umbral de la puerta que se abría con una lentitud desesperante.

Pero un día no fue así. Al llegar a toda velocidad y ver la puerta abierta, emocionado, se lanza rampa abajo mientras me dice "¿Qué, funciona, o no funciona?".

El tortazo que nos dimos contra el coche de una pobre viuda, vecina de la casa, que subía en ese momento -fue la que pacientemente había accionado la apertura de la puerta- fue memorable. Inolvidable.

Sigamos con más anéldotas

Sigamos con más anéldotas curiosas y divertidas esta deliciosa tarde de domingo mientras espero ir a buscar a La Piedra a las diez al curre. Trabaja en un hospital, y en sus horas libres es embalsamadora en una empresa de Pompas Fúnebres. Nunca olvidaré la maravillosa tarde en que le pregunté en qué trabajaba, "bueno, hago de todo -comentó sin darle más importancia, mientras yo sentía los latidos de mi corazón en las sienes por estar hablando junto a ELLA, de ELLA, de nosotros -soy enfermera y también hago extras como embalsamadora". En ese preciso instante mi corazón dejó de latir. "¿Embalsamadora de cadáveres, por ejemplo?", le dije... " Clairo -contestó sin inmutarse- no creerás que se embalsaman seres vivos, o lechugas...

Un segundo antes aquella mujer me parecía la persona más atractiva que jamás había visto en directo -fuera de algunas cuantas bastantes realmente extraordinarias, pero inaccesibles para un tipo con mi figura y cartera-, sin encambio, La Piedra, en aquel momento, despertaba pasión.

Bueno, que me enrollo con La Piedra, y el tema va de anéldotas.

Curso anual. Nos anuncia el director -juez de profesión- que asistirá a la tertulia un alto cargo de la Magistratura de la comunidad autónoma del lugar. No es de la obra el señor magistrado, aclara el dire, pero puede ser interesante que nos conozca y, además, podremos formarnos y preguntar aspectos de esa apasionante profesión. Yo en aquellos años era un tipo más bien ingenuo, por no decir tontolaba, y tragaba bastante. Llegó la tertulia y el tío ese era un puro de hombre, un auténtico tostón: como bailar la música del telenoticias de la uno. A mi lado estaba un numerario de los mayores, que andaba picado -lo supe más tarde- con el director, y va y me dice muy serio: "oye, Satur, ¿por qué no le preguntas a qué hora se acuesta el magistrado medio español?. A mí, la verdad, la pregunta me pareció magnífica, muy interesante, más que nada porque el que me la había sugerido, un médico prestigioso, era un buen referente, así que levanté la mano como si me fuese la vida en ello. ¡¡¡Yo, yo, yooo !!!. El dire miró.

- Oiga, ¿a qué hora se acuesta el juez medio español?.

Era lo mismo que preguntarle, ¿por qué no te largas ya, coñazo de mieeerda?. Pero yo, lo juro, no advertí esa intención.

No vi la cara del director, pero me dijeron que se le parecía mucho a la Hanibal Lecter. Sí vi la del señor juez. Enrojeció, balbuceó una respuesta, y a los dos minutos se dio por terminada la tertulia. A los cinco me calló un paquete del director en su despacho que salí sin abrir la puerta, por la ranura de abajo. ¡¡¡Vaya paquete!!!

Don Braun Minipimer era un sacerdote jailevel. Un auténtico Petronio: gominolo a saco, siempre perfumado, sebagos relucientes, gemelos en la camisa, ropa deportiva de marca -verle salir a jugar a tenis era un espectáculo- ...en fin, un auténtico dandy. Un día debía de predicar una meditación en un centro de nuestras hermanas. El tipo era muy afectado en las formas, y le encantaba darse aires de así como de muy interesante. No salía de casa sin sus complementos habituales. Aquella tarde, antes de salir hacia el centro de la otra sección, entró en mi habitación y me preguntó si tenía Oraldine para enjuagarse la boca. Yo no usaba de eso, pero lo había visto en un armario en las duchas comunes que disponíamos para seis residentes en aquel centro. El propietario del Oraldine era un tipo que estudiaba Farmacia y, además, gente curiosa y algo excéntrica. Éste, por las mañanas, se metía en la ducha y al cabo de un rato se ponía a jadear como si se estuviese duchando con agua fría en el Polo Sur... sólo que de la ponía ardiendo.

Bien. Don Braun, cogió el recipiente de Oraldine, se dio un lingotazo generoso, y comenzó a hacer gárgaras y frucciones bucales de izquierda a derecha durante un buen rato. "¡Gracias!", me dijo, y se marcho todo tieso y señorial a predicar su meditación.

Lo que no sabíamos entonces, ni Minipimer ni yo, es que el contenido de Oraldine no era tal: era un anestisante fortísimo que había preparado el Farmas Jadeante en el laboratorio de la facultad para paliar unos dolores de muelas que tenía en aquella época. Digo que el anestesiante era fortísimo porque al cabo de una media hora regresa don Braun con la cara desencajada, los ojos desorbitados, y diciéndome algo así como "¡ o é é é aa ¡o é é e aa ¡" (que traduje como "no sé que me pasa"). El hombre estaba realmente asustado, y yo, pues parecían los síntomas clarísimos de un derrame cerebral del treinta y tres.

- Pero, ¿qué le pasa? - le pregunté.

- O é, o é. O aó, a uenia. ¡¡¡A uenia!!! - Me rogaba casi llorando que le llevara a urgencias.

Su mandíbula, antes perfecta, su mentón, parecía cemento. Algo espantoso. Y allí le llevé. A urgencias.

En urgencias tampoco nos aclararon gran cosa. En parte porque Minipimer cada vez acertaba menos a emitir un sonido en nuestro código. Me miraba en la sala de espera y me decía "eoea, eoea, e eo a e eio" (encomienda, encomienda, que esto va en serio). Y yo, venga, a encomendar Rosario en mano: Dios te Salve , María, ... y él, aa aía ae e ió, oa o ooo eaoe aa y eaoa e ea ee ae (el Santa María, pero añadiendo el ahora y en la hora de ESTA MUERTE. Amén).

El entuerto se aclaró, para descanso y alegría de Don Braun.

Al parecer, al comienzo de la meditación nuestro hombre comenzó a sentir extraños síntomas en sus labios, le pesaban como morcillas, luego era la lengua, no la sentía, después -a pesar de los esfuerzos que hacía-, la mandíbula toda. Se levantó sin decir nada y se largó a casa con un cangueli considerable.

El farmacéutico hoy está en un país de África, donde no hay agua fría, y el Oraldine lo usará con algún que otro brujo.

Me voy a buscar a La Piedra. Otro día más.

Asomarte a Orejas

Asomarte a Orejas es ver la vida desde otra perspectiva. Te permite contemplar a través de escritos muy personales retazos de biografías, algunas dramáticas, otras más sencillas, de gente que un día amó y se entregó a una causa por una vocación a la opus de dei. Desde Orejas, como un balcón que se asoma a la calle, ves personas, casi puedes reconocer sus rostros, adviertes la belleza o la fealdad, la mediocridad, la santidad, también la miseria de unas historias. El porte. Es una modo de tratarse éste de intelnés, donde no hay trato personal, pero uno está allí, junto a los demás, contemplando, participando incluso en el silencio de la lectura, de esa pequeña multitud - y no masa, porque no se pierde la individualidad, no se anula (como ocurre en un desfile, o en una manifestación). Aquí cada uno es como es, aún sabiendo que esta páginas no son más que breves relatos que subordinamos a la vida que cada uno tiene fuera de la pantalla...

Como en un balcón asomado a la calle, en Orejas ves las maneras de ser, el gesto, la intención de cada quién. Las diferentes maneras de estar en la vida después de "aquello": el que espera, el que desespera, el que perdona, el que no olvida, el resentido, el dolido... incluso el que no se entera, el pardillo, o el imbécil. Yo mismo puedo ser uno de esos imbéciles. Y puedo ser más cosas.

En Orejas, tal y como lo ve cada uno en su pantalla, nada nos va ni nos viene. Uno lee y decide, juzga o no, critica, se emociona o pasa. Pero en esas páginas se leen asuntos que van y que vienen, por eso nos interesan; no tiene nada que ver con nosotros, pero nosotros tenemos que ver con ello porque lo estamos mirando. Como decía Antonio Machado de las canciones infantiles, muchas de estas historias nos dejan "confusa la historia y clara la pena". La mayoría tienen un común denominador, da igual los años pasados allí, un "temple", mal que les pese a algunos.

Un tipo con apellido de marca de comida para pájaros me alude en un escrito el dos de mayo, buena fecha para un fusilamiento, de un modo, contri menos, sospechoso. Comienza bien el chico, con un talante abierto, liberal, muy de nuestros días, "Me gustan las caricaturas de los personajes públicos, y creo que don Josemaría se presta a ello, porque tuvo y tiene una personalidad excepcional. También me gusta la gente crítica, libre, que dice lo que piensa." Pronto cambia el tono y empieza a dar estopa adiestro y siniestro, en un tono pelín histérico, propio de los personajes que menciona -le faltó Aída Nizar- "Pero lo que vengo viendo desde que os conozco, de un mes a esta parte, es que, al paso que vais, se os van a juntar aquí hasta la Maricielo Pajares, el Boris Izaguirre y la Yola Berrocal, qué nivel. El tal Satur, qué grassiosso, va en esa línea." Muy bien, urco, mensaje recibido. Ahora te voy a dar unos cuantos mangazos que te voy a mandar a donde el viento da la vuelta. Listillo.

El tío se calienta, "estas historias siempre cuentan lo mismo: complejos, angustias existenciales, desahogos de maripilis desairadas, con mucho tiempo que perder." Hala, para que os enteréis, cobardes, gallinas, capitanes de las sardinas.

Anido no encomienda, pero poco le falta. Anido anatematiza y se hace un lío pichiglás con eso de "Algunos, además, decís que sois buenos cristianos. Joder. Yo no soy tan cristiano (no me acuerdo ya de la última vez que pisé una iglesia) y no tengo tantos problemas como algunos que siguen, "a pesar del opus", en la fe verdadera. Menos misas y más categoría, señores." O sea que sé, que no eres tan cristiano y tal, no te recuerdas de la última vez que pisaste una iglesia, pero líneas más adelante nos enchufa lo siguiente "De verdad, que no sabéis lo que decís, que diría un Amigo mío. NI el mal fario que os echáis a vosotros mismos". ¡Toma, jeroma, pastillas de goma!, ¡¡¡gueropa!!!. A ver, ¿de qué Amigo hablas?, ¿de Jesús?, ¿tu amigo Jesús?. ¿Pero no dices que no sabes cuando pisaste una iglesia?... ¿O eres de los de Jesús está conmigo, aleluya?., ¿o es verdad que no sabes cuando pisaste una iglesia pero sí que sabes cuando pisaste un oratorio?. ¿Tú te aclaras, Napoleón Chú?. ¿Y qué significa eso de que nos echamos un mal fario a nosotros mismos?. A ver, a ver, que eso me huele a la bruja Lola ,¡¡¡que te voy a de poner dos vela negrááá, mamarracho!!!. ¿Insinúas, criatura de Dios, que nos va a pasar algo?. Tiemblo, Jose Luis (yo, Jose Luis Anido con el D.N.I. no sé cuantos), tiemblo y acudo a ti para que intercedas a tu Amigo y que vuelva al buen camino. ¡¡¡Tu Amigo!!!: ¡anda que no tienes cara, colegui, tronco, pim,pim!.

No quiero pasar -por no extenderme (no hay línea sin desperdicio en su escrito) - tu consejo final a mi persona "¿Seguro que andas bien del vientre, Satur? ¿Obras bien, atus horas? Que te lo mire alguien, que a lo peor es ese tu problema." ¡¡¡Halaaaaaaaaaa, que gracioooooso, qué diver y qué jartá de reírme que me dio!!!. De verdad de la buena que eres muy simpa. En mi próximo cumple te invito a mi fiesta -habrá Fanta, y patatas, y jugaremos a tocar y parar.

Una cosa más, Anido, para que lo sepis. Cuando escribimos aquí, sea quien sea, uno puede tener la impresión al juzgar las historias de tomarlas como algo aislado de una vida, y no, chavalín. Sería de lerdos, y no serviría de nada, si no se sabe sobre quién se acumulan esas determinaciones que a cada uno le sucedieron, porque sólo eso les da su carácter humano, real. Soy yo quien tengo que vivir con este cuerpo y en este cuerpo que, lo reconozco, hace cacas, en este y con este mundo, el mío, en esta clase social, con esta situación económica, con este amor que llevo en los bolsillos, con este repertorio de creencias recibidas, de ideas aprendidas o inventadas. Soy yo, y cada cual, quien imagino, proyecto, anticipo y quiero ser.

Gracias a todas esas cosas, y también a pesar de ellas.

Hala, majete, un bico.

Otra cosa. No es Don Josemaría, es San Josemaría. Y a ver si pisas más la iglesia,¿eh?: más iglesia y menos rollete de Amigo.

Broma

Quizás sean las frases más citadas

Quizás sean las frases más citadas de Alicia en el País de las Maravillas estas de...

--Cuando yo empleo una palabra -insistió Humpty Dumpty en tono desdeñoso- significa lo que yo quiero que signifique... ¡Ni más ni menos!

--La cuestión está en saber -objetó Alicia- si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

--La cuestión está en saber -declaró Humpty Dumpty- quién manda aquí.

Se pueden aplicar a la familia, a Orejas, a la política, al trabajo o a cualquier invención humana. La cuestión está en saber quién manda aquí, dice -no sin cierto aire de perdonavidas.

También sucede en la obra: ¡consigue que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes!. Aún a costa de la realidad.

No me resisto a otra cita, esta vez más larga pero, sin duda, muy interesante. Spaemann propone el siguiente experimento mental en su libro 'Ética: cuestiones fundamentales':

"Imaginemos un hombre que está fuertemente atado sobre una mesa en una sala de operaciones. Está bajo el efecto de los narcóticos. Se le han introducido unos hilos en la cubierta craneal que llevan unas cargas exactamente dosificadas a determinados centros nerviosos de modo que este hombre se encuentra continuamente en un estado de euforia: su rostro refleja un gran bienestar.

El médico que dirige el experimento nos explica que este hombre seguirá en ese estado el resto de sus días; cuando no sea posible alargar más la situación se le dejaría morir inmediatamente, sin dolor. El médico nos ofrece ponernos de inmediato en esa misma situación. Que cada cual se pregunte si estaría alegremente dispuesto a trasladarse a ese tipo de felicidad.

Nos negamos; algo muy fuerte se rebela contra ese tipo de felicidad. Preferimos continuar nuestras vidas tal y como son, con sus sombras, mediocridades y miserias, a esa otra, fuera de la realidad, por muy feliz que se nos presente. Sí, queremos vivir en la realidad de las personas y las cosas que nos rodean, donde van mezclados el dolor y el placer, lo malo y lo bueno, la tristeza y la alegría. Queremos vivir libres."

La obra, estoy seguro, no desea que sus fieles vivan fuera de la realidad, precisamente su espíritu -la santificación del trabajo y de la vida ordinaria- se centra en la realidad pero, ¡ay!, sus mensajes enviados por los distintos cauces que dispone -la charla fraterna, la confesión, la corrección fraterna, la lectura de las cartas del prelado, de las publicaciones internas, de la corrección fraterna, de criterios y costumbres- hace que las palabras signifiquen cosas diferentes porque el que manda, manda, y a tomal viento. Esto es lo que hay.

Conozco ex numerarios que han hablado con toda la sinceridad de su realidad a los directores, esa que les llevaba a la depresión, a la tristeza, al desencanto o a enfrentarse con su miseria, y recibían por respuesta un "Dios sabe más", " deja obrar al Espíritu Santo", "vete al médico", "reza más", "sé más sobrenatural", "todo es para bien", o "vamos a tomar unas cañas"... y a la realidad de esa gente, la suya propia, le importa un comino que nosotros existamos o no: ella seguirá estando allí. Se impone de una manera aplastante. A todos, y con todos.

Esa es la ceguera de la obra. Hace un tiempo dejó la obra una persona con muchos años de entrega, más de treinta, entrega de verdad de la buena, de quilates. Le dolía la vida, esa vida, y lo decía. El amor necesita desarrollarse en libertad, y sentía esa falta de libertad que le oprimía lo más profundo hasta la desesperanza. Una persona para poder amar -y toda vocación es amor- necesita aire libre: la llama más ardiente se extingue en un vaso cerrado. No podía respirar y toda esa atmósfera enrarecida le axfisiaba. Le parpadeó la vela de su vocación durante años hasta que bocaneó e hizo fú .

Cuando se quiso reaccionar ya fue demasiado tarde. Formar en libertad y para la libertad -¡cómo se les llena la boca con esas palabras!- significa respetar al otro y animarle a que se desarrolle tal y como él es en el mundo. Pero cuando se fagocita al otro creyendo, en su voracidad, que eso es amor y buen sentido, cuando se coloca el vaso cubriendo la vela encendida... Una formación así no puede traer nada bueno.

Un sacerdote de esos mayores que hay en la prelatura, al enterarse del abandono de esa persona, comentó "¡¡¡pero qué hemos hecho tan mal que nos lo hemos cargado!!!

Pues sí. Os lo habéis cargado... Pero pronto volará. No estaba herido de muerte.

¡Sigamos con más anérdotas!

¡Sigamos con más anérdotas!

Organizar una convivencia de estudio de un fin de semana para chavales de catorce años fue uno de los millones de errores que he hecho en mi vida -ése creo que fue el mil millones trescientos mil doce.

No sé, un día de mayo te levantas emocionado y piensas que es la mejor idea que jamás haya tenido nadie: encerrarse de viernes a domingo en un chalet de un papi chachi, cerca del mar, en un ambiente sereno, relajado, monacal, y dedicarse a estudiar a saco. Sólo estudio. Algún acto de piedad para que sean piadosos -Misa, Rosario, Oración, lectura, examen- y estudio. Ciento por ciento estudio...

Fuimos veintitantos; tres mayores -más que mayores yo nos llamaría "grandes" (por la estatura), y veinte chavales con la bolsa repletas de libros, apuntes de ocho asignaturas y todo tipo de material de escritorio. Desde luego motivados sí que iban, todo hay que decirlo.

El primer día acabaron hartos de estudiar. Las horas se les habían hecho larguísimas y al llegar la noche estaban como motos, eléctricos. Montamos una tertulia musical de desfogue total. Canciones tipo "Cuando bajo del autobús, ¡tica,tac, tiquitiqui tic, tac!... yo no sé que pasará, ¡tic, tac, tiquitiqui tic, tac!...", o "an de river son babilon", o "sí yo caí enamorado de la moda juvenil..." Horas de horteradas en cascada, una tras otra ininterrumpidamente. Pero, nada, el remedio fue peor: más eléctricos. Yo, como Moisés, necesitaba que alguien me sujetara la guitarra porque mis brazos, agarrotados por horas de rasgueo frenético, decaían y, entonces, perdíamos la batalla; había que agotarlos, así que continuamos "¡¡¡hoy hay paella, qué delicioso majar...!!!". A morir. Al fin, a eso de las tres y media de la mañana, caímos rendidos. Había pasado la primera noche, pero quedaban dos días por delante. Dos largos y tediosos días.

Al día siguiente las ganas de estudiar duraron exactamente dos horas. La sala de estudio improvisada en el chalet parecía una caseta de la feria de Abril, un guirigay. Los grandes procurábamos poner firmes a la peña , "¡¡¡el que no quiera estudiar que salga fuera y que no molesten, joder ya, leche!!!". Efectivamente: allí nos quedamos los tres grandes con don Empolloncín Güevetes mientras los demás campaban a sus anchas por el pueblo, la playa y donde les petaba.

Nos reunimos los grandes y decidimos que ya que no podíamos enfrentarnos a ellos, nos uniríamos y encauzaríamos la convivencia. Un ratín de estudio por la tarde y, hala, a pasarlo guapamente por el pueblo.

Y allí, en ese mismo instante, se nos ocurrió que podríamos jugar al "Buen Samaritano". Maldigo esa hora, esa idea, que aún hoy, sólo de recordarla, me produce sudores fríos y temblor de manos. Me cuesta teclear el ordenata.

El Buen Samaritano consistía en lo siguiente. Un chaval se echaba largo en la carretera simulando que había tenido un accidente, pasaba un coche, paraba para auxiliar a la criatura, y cuando ya había salido del automóvil y se dirigía al moribundo, éste se levantaba corriendo y salía huyendo -ante la perplejidad del sujeto- y salíamos de detrás de un seto veinte tipos aplaudiendo y gritando al unísono "¡¡¡EL BUEN SAMARITANO!!! ,¡¡¡EL BUEN SAMARITANO!!!. Y eso nos divertía que no veas, colegui.

Contado así parece una tontería, pero la verdad es que adornábamos bastante el simulacro de accidente. El chaval se sentaba en la carretera con una bicicleta a su lado. Cuando escuchaba llegar un coche se echaba rápidamente al suelo, la cara llena de mecromina, despatarrado e inconsciente y, simultáneamente (importante dato), daba un golpe a la rueda de la bici para que pareciera que se la acaba de dar bien dada. El efecto de la rueda girando y el chaval inconsciente era decisivo para el éxito de la empresa. Mientras , los demás nos ocultábamos en un seto en el otro lado de la calzada a esperar.

Cayeron buenos samaritanos como moscas. Afónicos quedamos de tanto "¡¡¡EL BUEN SAMARITANO...!!!. Y cada samaritano pedía otro, y otro... Y cada chaval quería ser protagonista de su samaritano. "¡¡¡Ahora yo, porfa!!!".

No sé cuantos samaritanos llevábamos, sé que era ya de noche y que quedaban pocos candidatos de accidentados, cuando sucedió lo peor.

Uno de los chavales , la verdad, era bastante cortito, y no paraba de pedir su samaritano. Se llamaba Jaime y era de apellidos aristocráticos. Yo no las tenía todas conmigo porque el crío era de esos que le decías "Jaime, mira a ver si hay café en la cocina". Se te quedaba mirando un rato en silencio y te soltaba "¿cuál fue la pregunta, profe?". O le decías " Jaime, ¿has traído ropa de deporte?". Y contestaba, después de un prolongado silencio mirándote fijamente, " cuál fue la pregunta, profe?". Claro, con esos mimbres...

Bien. Le instruímos en el arte escénico -Jaime estaba nerviosísimo al lado de la bicicleta-, y nos ocultamos detrás del seto. Se escuchó el ruido de un motor y aparece un pedazo de autobús del tamaño de un buque.

El autobús, que iba muy lento, paró justo delante del seto. No podíamos ver a Jaime. Los grandes nos miramos. Máxima preocupación. ¿Dónde estaba Jaime?; aunque el autobús nos impidiera verle, si él había seguido el plan previsto, tendría que haber salido corriendo. No salió. Decidí acercarme.

La escena que encontré me dejó alucinado: Jaime en el suelo, haciéndose el inconsciente, rodeado de decenas de gentes del autobús que intentaban reanimarlo. Al parecer el chaval, al observar el autobús, la rapidez con que frenó y bajó en su ayuda, no le dio tiempo a reaccionar y decidió hacerse el muerto. Un tipo que decía ser auxiliar de enfermería le atendía con preocupación " ¡NO LO MUEVAN,POR FAVOR!!! ¡¡¡ NO LO TOQUEN!!!... Este muchacho tiene una lesión muy seria, se ha dado en la cabeza." Alrededor del accidentado podríamos estar una veinte personas pendientes de él.

Yo no sé lo que pensaba hacer Jaime -aunque la verdad es que lo estaba haciendo muy, pero que muy bien-, así que pensé acercarme para que me oyera y de este modo, al reconocer la voz amiga, hiciera como que despertaba y asunto zanjado.

- No creo -dije en voz alta y tocándole el brazo-, quizás es sólo una contusión.

Jaime, nada, como si estuviera en coma.

En estas estábamos cuando para un coche. Se acerca un tipo duro, observa la situación y dice muy chulo él.

-Este chaval no tiene nada.

- ¿Cómo que no tiene nada? -le expeta el enfermero. Mire, yo soy auxiliar de enfermería y este crío tiene algo muy, pero que muy serio. Es posible que esté en coma, fíjese si es erio o no es serio. Además usted acaba de llegar y nosotros hemos visto como se la ha dado con esta bicicleta.

- Usted será auxiliar de enfermería, pero yo hace dos horas me encontré a este mismo chaval, en este mismo sitio, con esta bicicleta y con esa cara echa polvo, y yo he parado, y cuando he ido a socorrerle ha salido signando con la bici y luego han salido una panda de imbéciles de allá y me han comenzado a gritar "El buen samaritano, el buen samaritano".

Nunca he sido un hombre valiente, lo reconozco, iba para Tarzán de los monos y me quedé en le mono de Tarzán, así que viendo el cariz que tomaba el asunto, decidí retirarme silenciosamente, pasito atrás, pasito atrás, y como San Pedro, esconderme en la noche. Fui al seto y ordené regresar al chalet.

Volví. El hombre aquel cogió a Jaime de los hombros y le grita.

- ¡¡¡Mira chaval, o te levantas ahora mismo o te llevo a comisaría y te meto una denuncia que arde el basto!!!.

Oír eso Jaime, y como Lázaro, veni foras. Algo increíble. Dio un bote y se plantó delante de todas esa muchedumbre que no daba crédito a lo que veía: un segundo antes hubiesen jurado que ese niño se debatía entre la vida y la muerte y ahora, allí, delante de ellos, les miraba como si nada.

- ¿DÓNDE ESTÄN TUS AMIGOS?; ¿EH?, ¿DÓNDE ESTÁN?.

Pensé que Jaime le diría "¿cuál fue la pregunta?", pero no. Rompió a llorar. La gente subió al autobús entre reproches, insultos al niño de mieeerda y consideraciones sobre como está la juventud y cosas así. Yo, viendo que me iba a quedar a solas con el marrón, volví a marchar y esconderme en el seto. Sí ya lo sé: el capitán es el último en abandonar el barco.

El hombre le dio un sermoncete a gritos, pero por suerte debía de tener prisa y le dejó después de desfogarse un buen rato.

Aquella noche hicimos todos un juramento de no contar nada de esto a nadie, ni en casa ni en el colegio ni nada.

El lunes me llamó el director del colegio y me metió tal paquete, de tal intensidad, que al terminar y decirme " ¡¡¡¿TE HA QUEDADO CLARO?!!!, ¿¡¡¡ TE HA QUEDADO CLAROOOOOOO?!!!". Estuve a puntito de contestar: ¿Cuál fue la pregunta, profe?"

¿Cuál es la pregunta?

¡¡¡Más anérdotas!!!

Daba un curso de preparación para la Primera Comunión en un colegio de cuyo nombre no quiero acordarme. Era un colegio de provincias donde en cada aula se juntaban especies de lo más variado: desde el niño de familia top ten supersocorro que me ataca un Lacoste hasta el urco que le decía a su pápa "pááápa, que me duelen los ojos", y el pááápa le contestaba "no te de preocupes, Riíííchar, que eso es de que vas a romper a leer". No era fácil aunar intereses y formar según un criterio común. Pero, bueno, la verdad es con los años te haces a ese paisaje y te acostumbras a todo.

Entonces yo era un experto en preparar a niños para la Primera Comunión. Y a sus padres...

Tenía mis charlitas preparadas, con sus anéldotas, sus referencias al Evangelio, sus citas. Modestia aparte, me tenían por un tipo simpa y ameno, y ese encargo me caía año tras año. Aquella tarde impartía una charla para padres en una clase. Serían unas cuarenta personas: treinta y nueve madres y un padre. Un señor de esos que tienen cara de papá preocupado por la formación de sus hijos. Las señoras solían venir vestidas para ser vistas por las demás señoras, o sea, "¡ Tu eres la cacatúa de mi amor, ¡¡¡sí señor!!!". Una de ellas era nueva aquel curso. No la describiré no vaya a ser que lea Orejas y pringue, pero era asín como muy exagerada y muy excesiva, de esas que van con airbag de serie incorporado.

La charla era sobre la necesidad del sacramento de la Penitencia y en ese momento glosaba la escena del Evangelio donde el Señor perdona a la mujer adúltera. Se percibía en el ambiente un no se qué de emoción contenida. Tiraba a histrión en mis charlas y tenía a punto de Klinex a las damas. Y en esto, sin previo aviso, sin solución de continuidad , en vena, llega la "Airbag" y levanta la mano.

- ¿Sííí...?, dime - le dije con cara de jefe de planta de perfumería del Corte Inglés.

Muy seria va y me suelta.

- Oiga, ¿por qué me ha mirado a mi cuando ha dicho "adúltera"?

Si me pinchan me sacan pegamento Imedio.

- ¿Qué yo qué...?

- Sí, sí, que usted me ha mirado siempre que decía "adúltera".

Se escuchaban a las mamás diciéndose entre ellas cosas como "Dios mío", "¡¡¡oiiiight!!!, absolutamente perplejas. Yo apenas podía respirar. Puse cara de tonto -ya la tenía aprendida (ver mi foto en capítulo anterior)-, de "¿cuál fue la pregunta?" y balbuceé.

- Pues no me he dado cuenta, se lo juro... le he mirado a usted como podía haber mirado el pomo de la puerta o qué sé yo... De verdad, sin intención.

- Vale, vale - contestó más relajada.

Todavía tengo pesadillas con esa mujer.

Don J. P. Diodeno Hurt, sacerdote ordenado el curso pasado y de prácticas en el colegio antes de su nuevo destino en otro país, entró en mi despacho arrebolado y exultante. Se encargaba de la dirección espiritual de los niños que aquel año recibirían la Primera Comunión. Esos días les preparaba para su primera Confesión.

- ¡Dios mío, Satur, es increíble notar como actúa el Espíritu Santo en estas almas!. Es, a la letra, lo que decía el Señor, eso de te doy gracias porque estas cosas se las has ocultado a los grandes del mundo y se les has enseñado a los humildes...¡ es maravilloso!.

Tiendo a emocionarme con facilidad- en Buscando a Nemo ya me puse a llorar cuando jiña la madre-, así que ya me diréis. Le pregunté por la causa de tanta fiesta espiritual, que diría la supernumeraria chilena de la película de Tabancura, esa de "iba yo un día con mi niña para la Misssa".

- Pues, fíjate, les estoy preparando a los de Tercero para la primera confesión, y hoy he confesado a Pedrito. Nos metemos en el confesionario y cuando termina de decir sus pecados y le digo que diga la jaculatoria, recita el niño "Señor, Tú lo sabes todo, tú sabes que soy un GUSANO".... ¿No es maravilloso?; ¡es lo que decía nuestro Padre!. Y es que además le ha salido de dentro tan espontáneo. Y es el Espíritu Santo, Satur... ¡¡¡cuánto tenemos que aprender!!!.

Mientras le escuchaba sentía como un nudo en la garganta y unas grandes expansiones de querer ser así, un niño en manos del Espíritu Santo. Incluso le glosé a Don J. P. Diodeno Hurt alguna anécdota más de mi experiencia con los niños en ese sentido. Fue una charla enriquecedora.

Al día siguiente entra Don J., P. hecho una furia en el despacho.

- ¡¡¡Mecagüen la gallina Caponata y los críos del turrón!!!.

- ¡¡¡Pero, bueno, ¿qué te pasa?!!!.

- ¿Qué qué me pasa, qué qué me pasa? -contestaba rojo de ira y lanzándome encima de la mesa una cuantas cartelas plastificadas de esas que se colocan en el confesionario por el lado del penitente y que indican las respuestas a la liturgia del Sacramento.

- Tranquilo JP -le calmé- ¿qué es esto?..

Las cartelas estaban muy bien falsificadas, eran igualitas a las originales, salvo que donde tendría que escribir la jaculatoria "Señor , Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo", se escribían variaciones algo curiosas tipo la del GUSANO -que no era la peor. Al parecer J. P. se comenzó a mosquear cuando el primer niño que confesó aquel día le contestó al requerimiento del sacerdote para que expresara su contrición "Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que soy un auténtico y verdadero EXCREMENTO" (¡criatura, ¿qué sabría él qué es un excremento!). J.P. pensó que por mucho que el Espíritu sopla donde quiere, aquello era más bien diabólico.

Calló el sacerdote. Entra otro niño. Y cuando llega la jaculatoria.. ¡¡¡lo mismo!!!: que es un auténtico y verdadero EXCREMENTO. Así que se mete en lado del penitente y pilla que la cartela está falsificada y, lo que es peor, debajo del reclinatorio hay más falsificadas -se supone que para más atentados contra el sacramento perpretados, lo supimos más tarde, por dos alumnos de bachillerato: dos auténticos cabroncetes.

Eran cuatro las cartelas falsificadas y perfectamente plastificadas. En otra decía ser el penitente "UN EPILÉPCTICO SIN PAR". Se jugaba con la inocencia de los niños que no tenían ni idea de que significaba eso y repetían como loros lo que veían escrito.

J.P. Diodeno Hurt dejó de visitar unos días el despacho y omitimos hablar durante un tiempo de la acción del Espíritu Santo en las almas.

Don Manito Ándale de Ya era, cuando le conocí, un sacerdote que dejaba huella: barroco en sus formas, afectado, ampuloso, rococó, histriónico... muy exagerado e imprevisible. Se le tenía por poeta y literato. Él también. Envió una novela al premio Planeta sobre Santa Elena (grandes y muchos debieron de ser los pecados del jurado de aquel año para que la Providencia les hiciera leer semejante ladrillo). En sus días de gloria fue un predicador de masas -las arrebolaba con su verbo encendido y florido- aunque quizás con el tiempo y los años se convirtió en una caricatura de sí mismo. Cuando yo le conocí chapoteaba con gusto en la cursilería sin pudor ninguno. Eran famosas algunas de sus meditaciones -cuando habías asistido a bastantes convivencias con él sabías perfectamente, dependiendo del tema, cual te endilgaba-, donde se recreaba hasta el delirio; por ejemplo, era clásica la escena donde dibujaba la Encarnación " La Niña, al oír las delicadas palabras de aquel portento de hermosura, cerró los ojos..."

Como muchos sacerdotes de su generación era mandón, aristocrático y tocado por el dedo de Dios en alguna de sus virtudes. Era difícil de parar cuando predicaba y con frecuencia se pasaba en quince minutos la reglamentaria media hora, con el correspondiente mosqueo del director de turno. Más de uno le cortó en seco, así en vena, con un "Santa María Spes Nostra Sedes Sapientiae" que parecía más un modo de decir "vete a tomal pol saco, palizas" que una jaculatoria. La verdad es que se lo ganaba a pulso.

En ocasiones le daba el puntazo y te sorprendía. Él pensaba que eran recursos de oratoria que ayudaban a la tribu a meterse más en la meditación, pero a veces provocaba el efecto contrario: un cachondeo y unas risas flojas que hacían imposible que la meditación siguiera adelante. En un curso de retiro entró en el oratorio -era muy ceremonioso en sus andares- se arrodilla al lado del altar, apoya sus manos sobre el mismo y la cabeza en ellas, y en lugar del consabido "Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí..." después de un largo silencio va y suelta "Hermano mío... vas a hacer un rato de oración delante de este Jesús que lleva dos mil años esperándote...". Nadie esperaba semejante entrada, así que empezó la peña a darle un no se qué de risa tonta, de despiporre contagioso y de yuyu que se quedó con tres (y uno era sordo).

Uno de sus recursos favoritos era la repetición, el darle aire de misterio a las anécdotas. Una de sus meditaciones comenzaba con un encuentro que tuvo... "en una lejana ciudad, hace muchísimo tiempo, con un niño... ¿o era niña?... no lo recuerdo..." Y contaba la lección que le dio aquella criatura que ahora no viene al caso. Durante la meditación glosó varias veces eso de " y aquella lección que me dio hace muchísimo tiempo ese niño... ¿o era niña?... no lo recuerdo". Y terminó diciendo "y esta fue la lección que me dio hace muchísimo tiempo aquel niño... ¿o era niña?... no lo recuerdo" Tanto lo había repetido, y con tanta pasión, que uno de los asistentes, Antonio V. (ya fallecido, y un tipo extraordinario) en la oscuridad de la meditación dijo en voz alta "Don Manito, eso te pasa por hablar con travestis en medio de la calle".

Y el oratorio se vino abajo.

Hanibal Lecter a su lado es una catequista...

Hanibal Lecter a su lado es una catequista cantando con sus niños en un fuego de campamento eso de "¡¡¡si los buenos actuamos con las manos, plas, plas, plas...!!!". Me refiero a una de las personas más excéntricas que he conocido. Un tipo original, irrepetible, inimitable y, por muy fuerte que suene escribirlo, de mente perversa. Su hobby era fabular situaciones, crearlas, hacerlas vida, que provocaran en el personal auténticos ataques de histeria colectiva. Doy fe de ello; lo conseguía. Le llamaremos Arround Degüer...

Arround dedicaba todo su tiempo libre a inventar historias sin fisuras que más tarde, siempre en sintonía con algún amigo, las ponía en práctica con el único fin de dejar a la peña absolutamente enajenada, enloquecida, a punto de infarto. Le ponía eso al chico. Ostenta el record de bajas en un día de un club de chavales: volvieron de un campamento cuarenta, como los de Sebaste, y cuarenta se dieron de baja como socios al día siguiente... ¿Motivo?. Hizo correr el bulo - amañaba muy bien a su gente para que interpretaran muy bien el papel de quien cuanta un secreto oculto en la vida de Arround- que durante años estuvo poseído por el demonio. Los críos picaron, y lo miraban entre asustados e imantados. Arround era un buen actor y se paseaba por el campamento con gesto atormentado y, de vez en cuando, tics que denotaban tensión luciferina. En la última tertulia del campamento alguien -un monitor conchavado con él- le preguntó por ese pasado de posesión diabólica. Se puso muy serio y dijo que prefería no hablar de eso porque, aunque estaba curado gracias a un exorcismo, no había superado esa etapa de su vida. La verdad es que es un actorazo. Los chavales, intrigados por esa biografía oculta, insistieron en que contara cómo fue poseído, cómo se vive con Satán en el cuerpo, quién le hizo el exorcismo... Y Arround comenzó su relato. Conforme pasaba los minutos los chicos estaban aterrados de lo que oían. En un momento determinado, al responder la pregunta de otro compinchado sobre si aún tenía relación con Lucifer, contestó muy serio y acompañado de un pequeño espasmo: -Sí, pero, por favor, no hablemos de eso.

Se siguió hablando. Ya era de noche. Muy de noche. El ambiente estaba en máxima tensión. Le preguntaron que como contactaba con Luzbel. Arround, muy nervioso, contestó que lo podía hacer de muchas maneras, por ejemplo, por teléfono: "si ahora en mi interior le pido al Demonio que me llame, me llama. Siempre. Y puedo hablar con él. Es mi gran tentación. Mi miedo. Mi Cruz."

Los críos le miraban hipnotizados y aterrorizados. Otro le dice que no se lo cree. Y Arround se arrodilla en el suelo, cierra los ojos, comienza a respirar con jadeos inenarrables y clama con voz de ultratumba "¡¡¡ SATÁN, SATÁN , LLÁMAMEEEEE!!!. Y en ese mismo instante, ¡¡¡patapám!!!, suena el teléfono. Eran las dos de la noche. Los chavales comienzan a gritar, a abrazarse entre ellos, a ir de aquí para allá por la sala de estar, y el teléfono sonando. Arround grita señalando a un chaval" ¡¡¡tú, coge el teléfono!!!". El chaval, hipersuperacojonado, le dice que su padre. El teléfono sigue sonando. Arround grita "¡¡¡¿lo tengo que coger yoooo?!!!, ¡¡¡¿por qué me habéis llevado hasta aquíííí!!!". Y los chavales gritando "¡¡¡no lo cojas, no lo cojaaaaasss!!!". Y él que sí, que descuelga.

La conversación que tuvo con Lucifer fue ya el delirio... En fin, por abreviar: allí no durmió ni Trazan aquella noche. Al día siguiente devolvimos a los niños a sus padres en un estado cercano al autismo.

El que llamó por teléfono fue uno que estaba en el centro, con el reloj en hora con Arround, que le había dicho "llama a las dos en punto". No era el demonio, pero casi.

Supongo que a estas alturas del relato más de una, y de uno, pensará que me lo invento. Pues de no. Más aún todavía ya de sí, esta anéldota es nada comparada con la que sin lugar a dudas fue su obra maestra, il capolavoro. Porque asustar a criaturas de diez y once años es fácil, pero tener una noche entera a siete morlacos de dieciocho años con el corazón asomando por la boca no es nada, pero nada sencillo. Vamos a ella.

Arround hizo el centro de estudios en un grupo donde estábamos los desechos de provincias. El centro de estudios es una especie de West Point donde se fraguan amistades , camaradas y coleguis de por vida. Uno de esos camaradas de Arround fue un tal Mateo.

Pasaron los años y Mateo estaba de subdirector de un centro, mientras que Arround vivía en otro centro, en otra ciudad. Un día Mateo organizó una convivencia de estudio para chicos de bachillerato en una casa cerca de la ciudad donde vivía Arround. Se llamaron por teléfono, recordaron viejos tiempos, y Arround le propuso un plan de los suyos. A Mateo le encantó la idea y quedaron en ponerla en práctica el sábado por la noche durante la convivencia. Aclaro que ninguno de los siete chicos conocía de cara a Arround (ojo al dato).

Arround atendía en su grupo de supernumerarios a uno que era policía local, que fue con quien amañó parte de la historia que se iba a montar aquel fin de semana.

Estaban estudiando aquel sábado en la sala de estar de la casa, serían cerca de las seis de la tarde, y aparece en el jardín un coche de la policía y un agente que llama a la puerta.

- Hola, buenas tardes -dice el agente al chico que le abre-, ¿puedo hablar con el responsable de la casa?.

Se acerca Mateo y le invita a entrar a la sala de estar.

- Miren -comenta el policía muy serio- se ha escapado un hombre muy peligroso de la cárcel de tal, que está aquí al lado. Tiene delitos de sangre, ha asesinado a tres personas, e imaginamos, porque no lleva dinero, que no puede andar muy lejos. Si ven alguien extraño por favor no duden en comunicarlo, ¿de acuerdo?.

- De acuerdo, oficial.

Los chavales estaban emocionados, muy excitados con la noticia. Mateo les calmó y les dijo que tampoco era para tanto, que a estudiar.

Una hora después llaman a la puerta. Abre uno de los chavales y se encuentra, asombrado y perplejo, con un tipo que lleva unas esposas colgadas de su mano derecha y una pistola en su mano izquierda, gritándole "¡¡¡ADENTROOOO, ADENTROOOO, QUE TE MATOOOO!!!". Todos pegaron un respingo al oír los gritos y al ver entrar al tipo apuntando al chaval y ordenando que se tiraran todos al suelo. Los corazones sonaban como cañonazos, y los ojos parecían sartenes. Se tumbaron en el suelo.

Sí. El de la pistola era Arround.

- ¡¡¡QUE NADIE SE MUEVAAAAAAAAA!!!. ¿Dónde tenéis el dinero?, ¿DONDEEEEEEEEE?.

Allí no contestaba nadie.

-Tú -señala a uno- hazme un bocadillo que me muero de hambre, y como hagas algo extraño mato a uno de estos, ¿me oyes?.

Se levanta para hacerle un bocadillo. Y en estas están cuando aparece el coche de policía en el jardín. Los chavales estaban a punto de infarto, pero aún les quedaba pasar lo peor. Arround, al ver el coche, dice "me voy a esconder en la cocina con el del bocata, como le digáis algo al poli lo mato. Voy a escuchar todo así que cuidadito. Ni un gesto, ni nada. ¡¡¡Lo matooooo!!!".

Llaman a la puerta. Es el poli de antes, el supernumerario.

- ¿ Algo extraño?. ¿Han visto a alguien?.

- Que vaaaaa -responden al unísono- nada de nada de nada. Todo OK, agente.

- Oye -dice el poli- ¿no tendréis una cocacola?, hace un calor que no veas.

Se miran todos. Joder, se le ocurre al tío, precisamente ahora, pedir una cocacola.

- Pues no. Iremos a cenar al pueblo -contesta Mateo.

- ¿ Y un vasito de agua?.

Hala, a por agua. Entra en la cocina el chaval y ve que Arround apunta a su compañero retenido. Arround hace un gesto como diciendo "cuidadín que me lo cargo".

El poli bebe el vaso y se marcha dando las gracias. Alivio en el personal. Sale Arround de la cocina.

- AL SUELOOOOOOO TODOS. ¿DÓNDE ESTÄ EL DINEROOOOO?:

Va a buscarlo Mateo y, en estas están, cuando entra el policía por una ventana que estaba abierta, con la pistola entre las manos y gritando " ¡¡¡QUIETOOOOOOOOOOOOOO, NO TE MUEVAS O TE CEPILLO!!!.

El bote que dieron los chavales tumbados en el suelo al oír los gritos del poli fue antológico. El poli detiene a Arround, le esposa, y todos los chavales, ya envalentonados y viendo al asesino a buen recaudo, histéricos por la tensión pasada, comienzan a increparle con cosas como "¡¡¡cabrón, capullo, gilipollas!!!", mientras aplauden al poli y le dan palmaditas en plan campeón y tal.

La siguiente hora fue puro entusiasmo por lo sucedido. Estaban exaltadísimos, eufóricos, fuera de ellos mismos, rememorando los hechos. Y en medio de tanta efusión, sin previo aviso, aparece por la ventana abierta un tipo pistola en mano al grito de "¡¡¡TODOS AL SUELOOOOOOOOOOOOOOOO!!!".

¿Quién era?. Arround de nuevo; pero esta vez, además de las esposa en una mano y la pistola en otra, con el detalle de estar ensangrentado en cara y camisa (un buen detalle, un golpe de efecto).

- ¿ CON QUE CABRÓN, EH?: ¡¡¡QUIËN ME LLAMA A MI CABRÓN, EH?!!!, ¡¡¡QUIÉEEEEEEEEEEEEENNNNNN!!!.

Los chavales estaban absolutamente aterrorizados. Se daban por muertos. Pero aún les quedaba por ver lo mejor.

Se levanta veloz y raudo Mateo y sostiene una lucha cuerpo a cuerpo con Arround, los dos enzarzados en lucha por coger la pistola. Debió de ser todo un espectáculo verlos encomendando a todos los santos para que Mateo venciera.

Venció. Lo noqueó. Lo redujo. Lo maniató. Llamó al poli, que apareció a los pocos minutos, y se lo llevó. Allí los chavales ya no dijeron nada contra Arround pensando, quizás, que a lo peor volvía, viendo el paquete de poli que era el tío.

No sé si los chavales llegaron a saber la verdad de todo este embrollo.Ya sé que suena a penícula. Sin en cambio, es verdad.

Cuando dejé la opus de Dios, Arround seguía en ella.

Arround, menos mal que caíste del lado del bien porque con esa cabeza no quiero pensar donde hubieses acabado, y cómo hubieses acabado.

Brindo por ti donde quiera que estés.

Niño después de una convivencia con Arround Degüer:

Ñino después de convivencia con Arround

La Piedra, antes de ir a trabajar...

La Piedra, antes de ir a trabajar a Pompas Fúnebres, se ha jugado una cena a que no soy capaz de chuparme la punta del codo con la punta de la lengua. Llevo dos horas intentándolo sin éxito, con un principio de tortícolis planetaria. Son las nueve así que me sumerjo en Orejas, descanso un poco, y sigo luego con la lengua a chupetones: ¡estoy a punto!

Pregunta Luis como es posible que Degüer siguiera en la prelatura. Pues de sí. Es posible. Como fue posible que yo estuviese en ella 27 años de mi vida y de mi corazón -sabiendo la de prelatura (y la no prelatura) lo que sabía de mi. Y es que, en agregados y numerarios, una vez que pasas esa difusa frontera de los tres, cuatro, cinco primeros años de entrega Seur, entonces, de allí la única forma de marcharte es diciendo que te vas. No esperes que te aconsejen ellos porque no lo hacen. Y no por nada especial; no existen estrategias meditadas, o afán de que "no se pierda ni uno", o amor vedadedo... Es, sencillamente, que las cosas son así y, además, allí no manda de verdad nadie...

Allí te dan un encargo de dirección que intentas llevar a cabo siguiendo Vademecums, de Spíritu y tradiciones orales de sospechoso origen que te impiden dar consejos en conciencia. Tengo la impresión de que en la opus hasta el más tonto (sí, ya sé que no hay plazas de tontos, pero alguno he visto: no se me olvidará aquel director, arquitecto de renombre, un Petronio de cincuenta tacos, sienes plateadas y muy piadoso, que en una tertulia de una convivencia de cooperadores comentó "la semana que viene no podré trabajar en tal asunto porque me operan de fimosis". Hala, tócate los nísperos, chuminín). Digo, que me había divertido, que en la opus hasta el más tonto ha sido alguna vez o director o subdirector o secretario, o vocal de no se qué, incluso "Inscrito", pero allí no manda nadie.

No era infrecuente encontrarte en un consejo local planteándote de un numerario o de un agregado "qué coño hace un tío como éste en un sitio como éste", como tampoco era infrecuente que el sacerdote te viniera preocupata con fulanito porque parecía un masón en carnaval más que un numerario... Y allí, a parte de rajar, nadie movía un pelo por remediar la solución. Se hablaba de "hacerle un hombre de vida interior", de llevarle al médico, de reconvenirle. Y si se te ocurría plantear el aconsejarle su salida, enfocar su vida de otro modo, la respuesta habitual era que no, que venga, que nunc coepit, que Dios sabe más y alabín, alabán, alabín bomba. Había excepciones, pero eran eso, excepciones.

Cuando decidí dejar la opus, un director -uno de los cinco que me escucharon durante esa semana de Pasión- me dijo muy serio después de escuchar mi biografía "tendrías que ir al médico", y me animó él me acompañaba (¡qué majeteeee!)- a concertar cita en Navarra. Este tenía fama de llevar a Navarra a media delegación así que le dije "a otro perro con ese hueso". Otro, sacerdote de probada virtud y reconocida santidad, me aconsejó que "hay una medicación que rebaja la líbido y te puede ayudar a someter esas pasiones". Le pregunté que si de verdad tenía alma sacerdotal, y después de conocer toda mi vida hasta el último rincón, no sería más sensato aconsejarme que intentara amar a Dios de un modo más normal, de tropa, con La Piedra y tal... Respuesta: "es tu problema". El tío tenía 70 tacos, los suficientes para ejercer una dirección espiritual lejos de normativas y reglas y cerca de eso que Juan Pablo II llama "expertos en humanidad". Éste era experto en hacer castos a base dejarte el ciruelo empastillado y mustio. ¡Valiente virtud!.

Sí, Luis, Degüer puede seguir en la opus hasta que él decida que eso no es lo suyo, cosa que dudo que alguna vez haga porque está como una absoluta regadera, y lo sabe.

Hay correspondencias en Orejas que te dejan ¡guerapa! total por su sinceridad, a veces descarnada, sangrante y cruda con ellos mismos. A mí me impresiona más eso que el saber si en la opus se actúa asín o asán, o me hicieron esto o lo otro. Sin embargo, creo que ese tipo de personas están muy cerca de eso que se llama vocación. El reconocer las tendencias más bajas -el rencor, la agresividad, la avidez sexual, la vanidad, el orgullo y todas esas mierdecillas que llevamos dentro todos (he dicho todos)- son un buen principio para volver a empezar de verdad (he dicho de verdad). El problema de la purificación, que es el problema que uno descubre cuando ve que anda por caminos de santidad aparente y su realidad es miseria y compañía, no está en no experimentar que uno es un cerdo, o un perro, o un pavo real, sino en alejarse lo suficiente de uno mismo como para reconocerse como tal: soy un cerdo, soy la última mieeeerda que cagó Judas. Es decir, confesar lo inconfesable. De algún modo uno se hace exterior a esas miserias. Se trata de despojar nuestra miseria de su buena conciencia y, con ella, del enorme dinamismo que le confiere el convivir con el ideal. ¡ Cuánto puede lo peor cuando se presenta bajo la máscara de lo mejor!

Si aislamos lo peor de nosotros mismos, sin alimentarlo de mentiras, con ese sentido del humor que da el ver las cosas como algo exterior a nosotros, como si nos viésemos en una película -probablemente provocaríamos en nosotros más risas que lágrimas, más ternura que juicios despectivos-, estamos muy cerca de la inocencia: allí comienza todo tengamos la edad que tengamos.

Sí. A mí hay correspondencias que me admiran por esa sinceridad que está muy lejos de ciertas ascéticas que viven en "el demonio del bien", y que bastantes conocemos. Esas que para recuperar la paz aceptan la ayuda de la vanidad, del miedo, de tantas cosas, que te hacen pensar que ayudas a Dios (¿qué Dios?); el desprecio orgulloso de la carne y del mundo para ser "puro"; el aislamiento del caracol en su concha de "elegido" como vida interior; la abdicación de la inteligencia adornada con el bello nombre de sencillez de corazón (¡sabrán lo qué es eso!)... Prefiero el pecado con todos sus tormentos, la derrota total, que la victoria con semejantes aliados.

Entre la impureza del mal y la impureza del bien me quedo con la primera: uno es un rostro, con cara y ojos, la mía, y la otra es una máscara... aunque, todo hay que decirlo, mi máscara era preciosa... ¡¡¡mi tessssoorrooooo!!!

De cómo salvé de morir quemada a una agregada potente

Hubo un tiempo en los colegios de Fomento - "Fomento no se hunde, Fomento bucea"- que a álguienes le dio por hacer una revolución psicopedagógica- instructiva- lingüístico- espiritual- docente- cognitiva -afectiva- neuromotora -propedéutica- chachi. Y fueron a por ello. No hay pared, nada me turba, nada me espanta... Se desarrollaron todo tipo de programas que abarcaban el cerebro todo, el neuma sustancial, la centrípeta hemisferial del cónquevo de la refractaria basado todo sí en las investigaciones sobre el aprendizaje temprano, que en su día se denominó "aprendizaje precoz", hasta que cayeron en la cuenta que también existen otras cosas que se adjetivan "precoz",...

como la eyaculación, por ejemplo, y se fueron a la cosa del "temprano": Proyecto Optimist con pogramas tipo "A toda vela" de lectoescriptura, o el "Small Bird" que facilita al niño a decir " indesainsain tugueder an ever" con soltura, o el programa de Desarrollo lógico-matemático, donde el niño/a manipula objetos y activa destrezas que alucinas, o el pograma de los Bits de inteligencia, de numeración y cálculo, de Audiciones Musicales, el Rincón del Ordenador, el Baúl Mágico, el Vamos de Creciendo en Pool Position, el de Ayuda al Desarrollo de la Inteligencia del niño Rudo y Tardotontín - tuya mía, mía tuya, auambabaluba auan bambú-, Trabajos por Zonas Tócame Roque... En fin, un mundo de estrategias tan variadas como las estrellas del mar, como las gotas del firmamento: la solución final a todos sus poblemas. La madre de todas las estrategias.

Se marcaron pautas para todos los colegios, para cada aula, para los alumnos singulares, para el profesorado todo. Sin embargo el asunto no funcionaba. Los profesores no entraban por el aro, y el que entraba dejaba pelos en la gatera. Cada maestrillo seguía usando su librillo, el suyo de toda la vida, y esa actitud exasperaba a la guardia pretoriana de los Proyectos. Decidieron dar otra vuelta a la tuerca. Se cambiaron directivos para que actuaran de correa de transmisión, se enviaron asesores a los colegios para evaluar y fiscalizar a la peña... en fin, se pusieron a dar la vara en plan Conejito Duracell.

Me tocó asistir a un curso en Madrid donde nos explicarían de un modo práctico las distintas estrategias. Nos encontramos en la sede de un colegio unas treinta profesoras y profesores de primaria de distintos colegios -ella en las sillas de la derecha, nosotros en las de la izquierda- dirigida la sesión por una Señorita ya entrada en años -alguien comentó que conoció el mar Muerto cuando estaba Enfermo-, con una sonrisa muy yujuju que le cuarteaba el rostro como un mapa de los Monegros. La Seño comenzó a explicarnos que era eso del Proyecto Optimist y ni corta ni perezosa nos dice que, venga, que todos al jardín con un papelito y un lapicerito para hacer nosotros lo que deberíamos de enseñar a los niños. Sólo le faltó ponernos un cartelito en el pecho con nuestro nombre escrito y una cuerdecita para andar todos cogiditos de ella. La Seño sonrió con una amplitud que si se llega a presentar al Cuerpo de Correos le dan la plaza de buzón. Fijo que se la dan.

Nos pasamos la mañana como auténticos gilipollas.Ciento por ciento gilipollas. Era lo que se llama un Paseo de Aprendizaje. Nos llevó hasta un arbolito y preguntó "¿qué es estoooo?". Y algunas -la verdad es que en estos temas siempre hay alguna mujer que se emociona toda y se chuta que no veas - gritaban al unísono "¡¡¡un arboooool!!!". Y la Seño "¡¡¡síííí, muy biennnn!!!. Venga escribirlo en el papelito". Y continuaba "¿y que tiene el arbolito?". Y se atropellaban las respuestas" ¡¡¡hojas y ramaaaaaasss!!!". Y Atapuerca "¡¡¡MUYYYYYYY BIEEEEEEEEEEEEEENNNN!!!. Hala, escribirlo en el papelito".

No sigo porque sólo de recordarlo me pongo de los nervios, me sulfuro y me pierdo. Me viene a la memoria el comentario de varios profesores, mientras escribíamos en el papelito "macho, no es posible que yo esté haciendo esto, no es posible". Muchas veces en mi vida me he sentido un auténtico imbécil, muchas, pero esa, sin duda, fue la que más. Con frecuencia tengo una pesadilla recurrente y es una clase con esa mujer, yo vestido con bata, chupando una piruleta y con un globito en la mano haciendo un paseo de aprendizaje.

Al mediodía fuimos a comer, pero antes hubo un aperitivo. Nosotros en un grupo alrededor de una mesa con patatitas fritas, croquetas y bebidas espumosas. Ellas en otro grupo, alrededor de otra mesa. Conversaba feliz con mis colegas sobre porqué las hormigas se ponen tan contentas cuando escuchan a un albañil decir "¡¡¡traedme el hormigón armado!!! ", y en esto que observó que a mi cigarrillo le falta la brasa -el capullo, que dicen en España. Miro en la maga de la chaqueta del que está a mi lado. Nada. Miro en la manga del otro que está a mi otro lado. Nada. Disimuladamente observo detrás de mí y, en efecto, allá está mi capullo (con perdón)... ¡¡¡en el mismísimo centro del culo de una profesora que ignora que dentro de breves segundos su falda arderá y, con ella, todo su pandero!!!. Todo hay que decirlo: si ese pandero fuera una rebanada de pan habría que untarla con un remo. Algo magnífico.

Tenía muy poco tiempo para actuar -sólo yo conocía la situación- y me debatía entre dos opciones contradictorias: o vivía la Caridad y la salvaba de muerte segura, o vivía la Castidad -se empieza con unos golpecitos y luego no sabes como acabas. Elegí la Caridad y lancé mi mano a las llamas... ¡zas, zas, zas!, le di, sin previo aviso, tres palmetazos bien dados en el culo que se oyeron en Bruno Buozzi. La señorita dio un gritito tipo "¡oight!!, y un respingo que le puso la croqueta en el moño de Monegros, mientras todas las que le rodeaban corearon una letanía de "¡pero bueno, será posible!", y cosas así.

Nuestro grupo, el de hombres, hizo la ola: nunca jamás nadie en Fomento le había tocado el culo a una agregada delante de una Alta Directiva.

Traté de disculparme, pero fue peor el remedio que la enfermedad, porque en mi azoramiento le comenté mostrándole mi cigarrillo apagado -lo escucharon todas: perdona, es que se me ha puesto el capullo en tu falda y tenía que apagarlo. Nunca olvidaré esos ojos.

Al terminar el curso me hizo un aparte en el pasillo la Seño y mirándome fijamente me preguntó.

- ¿Crees en el proyecto?

Callé unos segundos y contesté "Sí, creo". Pensé que la siguiente sería "¿renuncias a Satanás?", pero no.

No soy de natural rencoroso, cuando me hacen una se me olvida enseguida, a lo sumo me duran los resquemores dieciocho o diecinueve años, pero no entiendo cómo esa mujer, por muy agregada que fuese, que salvé de morir de las llamas no me dijo un sencillo "gracias, majete".

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De cómo salvé también de morir abrasada a una hermosísima chica de san Rafael

He asistido a unos cuantos algunos bastantes UNIVS. Año tras año se repetían las mismas actividades, las mismas visitas y casi los mismos horarios. Todo dependía de donde te tocara residir: si ibas a Roca di Papa, donde el viento da la vuelta, chupabas patera de autobús cosa mala, si era en Tiburtino, pues de mejor... podías perderte por Roma y regresar en autobús de línea a la Residencia.

Ya me referí en una correspondencia a las visitas a Villa Tévere para rezar ante los restos santos de nuestro santo fundador y pasearte por los miles de millones de oratorios, pasillos, escaleras, jardines laberínticos, etc, donde lo mismo te encuentras una fuente con tres burros simulando que beben, pero dándose un besito, los muy pillines, que una pintura de un Custodio de la NBA,...

o un Belén con una imaginería de Famosa, o una maqueta de un barco, o un retrato de los primeros de la opus vestidos de Dar Vathen, o una campana que no se sabe si vende bronce o compra badajo, o una afoto de tía Carmen con una especie de perro como un caballo de grande. Villa Tévere da para mucho. Pero cada casa es cada casa, y hay que respetar los gustos de cada cual. Eso es muy personal.

Visitábamos todos los años, éramos cerca de cien, las Catacumbas de San Calixto, que si llega a saber Calixto lo que hacíamos allí para días se pone a excavar túneles en plan aybó, aybó: porque cuando el guía nos tenía en lo más profundo, oscuro y estrecho de la necrópolis, todos en fila de a uno, alguien le preguntaba si podíamos cantar un himno religioso. El guía, emocionado por detalle tan piadoso -lo habitual era que las catacumbas fuesen visitadas por turistas paganos y ateos- decía que sí, se quitaba la gorra esperando el salmo II y alucinaba matutano al escuchar a cien tipos cantando con la música del "hoy hay paella, que delicioso manjar...", "¡¡¡LOS, LOS, LEONES, NO, NO, NOS VAN A COMEEEEEERRRRR!!!". Y allí se armaba la de Lepanto, todo a oscuras, el guía intentando hacernos callar, el dire al fondo del pasillo apelando al buen sentido, los sacerdotes pidiendo respeto al lugar santo, y los huesos de Calixto removiéndose en su nicho...

Y es que, claro, tanta meditación, tanto Rosario, tanta visita a la Cripta, tanto Vía Crucis y tan poco desfogue en peña de 20 tacos, pues a la que se veía una fisura, ¡fium!, escapabas como los gatos.

Visitábamos el Vaticano, subíamos a la Cúpula, pateábamos los museos, las Basílicas todas, las Iglesias más emblemáticas, incluso había expertos en encontrar lugares de lo más exóticos, como una cripta de los Capuchinos, ideada por el hermano de Drácula, al lado de Piazza Barberini, repleta de capillas donde miles de calaveras, fémures, tibias y despojos de la Orden Franciscana formaban esculturas de los más grotesco: Custodias, Imágenes de Nuestra Señora, etc ...o visitar una Iglesia donde se veneraba el Prepucio del Bambino Giesú , el de la Circuncisión. El auténtico, decían.. Impactaba rezar allí, de rodillas, delante de aquel pellejín, que vete tú a saber a quién perteneció.

Una mañana estábamos en una pequeña Iglesia cercana a San Juan de Letrán, allí se venera la columna donde flagelaron a Nuestro Señor. Es una Iglesia pequeña. La capilla de la columna estaba a la derecha y delante, en unos bancos, nos arrodillamos todos a rezar el Rosario. Deberíamos estar en el tercer misterio de dolor cuando se oye el chirriar de la puerta de entrada y vemos dos chicas de unos veinte años. El que dirigía el Rosario tartamudeó al verlas. No era para menos. Las dos eran del UNIV, llevaban el distintivo del congreso-, probablemente de nuestra delegación, y una de ellas, todo sea dicho, la mujer más guapa que ninguno de los que allí estábamos habíamos visto jamás en nuestra vida, y mil vidas que tuviéramos. No es extraño, pues, que tartamudeará el fiel. Era para enmudecer y quedarse absorto. La chica era pelirroja, con melena que parecía una cascada de fuegos artificiales, sus ojos eran como cuando en una joyería te muestran diamantes sobre terciopelo negro. Fascinantes. Alta, estilizada como un junco, andaba así como de puntillas, muy pijina. Pantalón vaquero, blusa blanca, jersey anudado en las caderas. Más que andar la chica dibujaba estelas.

Las niñas se hicieron las tontas, como si allí no estuviéramos cien Petronios de la UNIV, tartamudeando avemarías, carraspeando, con tics en un ojo y cosas así. Lo que estaba claro es que las dos habían quedado con dos de nuestra convivencia para comer por Roma (además ellas a esa hora tenían tertulia con el Perlado), le delataban a la pelirroja los ojos de Scarlette O`Hara buscando entre los bancos a Gable y que parecían gritar "¿dónde estás cervatillo mío, donde te hallas?".

Como que no les va el asunto con nosotros se dirigen a un San Antonio con cientos de velas encendidas que estaba al lado del banco donde dos más y yo rezábamos atropelladamente, las teníamos a escasos dos metros, aunque con piedad. Sudábamos. Sudábamos mucho y las bolas del Rosario resbalaban que no veas. Las niñas cogen una caja de cerillas, miran a San Antonio un ratito en silencio, y la pelirroja hace un gesto muy coqueto con la melena meciéndola de izquierda a derecha y en esto se oye un ¡¡¡FRIUUUUUUUSSHH!!! Y vemos que la magnífica crin de la chica comienza a arder como una antorcha. Las niñas, al ver la pira, pegaron un grito Chuki total. Los cien dimos un respingo del treinta y tres. Fue visto y no visto. Algo espectacular. El cabello, al mecerlo de izquierda a derecha, contactó con una vela y prendió, la laca y la colonia hicieron el resto. Y entonces yo, ¡¡¡sííí, yo mismo!!!, me avalancé sobre ella como un campeón ? olía a socarrado la chavala que no veas- y le metí una mangazos en la cabeza con mi jersey que le puse mirando a la Meca. Después oculté su cabeza, su chupachups habría que decir, en el jersey para que no se avergonzara de su nueva condición y la acompañé a la calle. Al descubrir el jersey me ocurrió lo mismo que a San Francisco de Borja cuando vio los despojos de la Reina: me quedé estupefacto y desengañado de la belleza del mundo. La chica parecía una hucha del Domund, sólo que en vez de ranura tenía un matojín de pelo en el occipital y otro en el parietal.

Marchó como alma que lleva al diablo con su amiga. Y si ahora está leyendo esto lo único que te pido es un poco de agradecimiento, mujer, que te salvé la vida. Aunque quizás sea yo el que deba de estar agradecido por haberte tenido bajo mis brazos, como una palomita, durante unos segundos... ¡¡¡Ayyyyy...!!!

Arnecdotones de noches de verano

Vivíamos en un club de bachilleres un grupo de mamíferos superiores evolucionados y estudiábamos por aquellos años, los setenta, carreras tipo Historia, Filosofía, Ciencias de la Educación, Pedagogía... En fin, de las de dar el callo en la última semana del curso. Un sprint de robar horas al sueño y pimba, curso aprobado. A finales de junio después de originalísimos comentarios del Evangelio tipo "Sea tu sí, sí, sea tu no, no": "encomendemos al Señor para decir sí y encomendar para que digan sí y encomendemos a los que dicen que no para que su no sea sí. Mañana, San Chepín, misa de feria, tiempo ordinario, semana vinticatro, salmo II, Aniversario de la Cruz de Palo. Novenario por la Unidad de los Cristianos". Y de hacer el examen de conciencia, nos íbamos a la sala de estudio a chapar, a fumar como que nos fueran a quitar los cigarrillos y pasarlo guapamente.... ¡¡¡Cómo nos le pasábamos!!!...

Cada noche, a la misma hora, escuchábamos el camión de la basura que iniciaba la recogida en nuestro portal. Cada noche paraba debajo de nuestro balcón -era el piso primero- y el chófer esperaba a que dos coleguis llevasen los cubos -entonces no estaba mecanizado como ahora- y los echasen en el remolque. Debían de ser cuatro o cinco cubos los de nuestra zona. Al terminar, para dar señal al conductor de que palante, de que venga, de que misión cumplida, de que nos vamos, uno de los colegas daba un silbido que parecía la alarma de Cabo Cañaveral. Impresionante. Y el camión arrancaba zumbado.

Uno de los que estudiaba era un chico de San Rafael -no vivía en el centro-, ¿cómo lo diría?, era así como mamífero superior, pero digamos que no evolucionado. Un rudo, que diría el Acetate. Le decías "a que no aguantas más de diez minutos mirando al sol sin pestañear", y el tío se cogía una conjuntivitis de cavar no puedo, mendigar me da vergüenza, o "a que no te tiras un eructo (era un auténtico campeón capaz de decir con un solo regüeldo frases como "Heraldo de Aragón, diario de la mañana". Lo juro.), y se echaba un erusto que era para llevarlo al Forum de las Culturas. Y una noche descubrimos que tenía el don de silbar igualito igualito que el colegui del camión de la basura. Ya digo, un silbido trepanante, de los que al oírlo bajas la cabeza y encoges los hombros. Encontramos un buen modo de descansar de las fatigosas horas de estudio. Serían cerca de la una de la madrugada cuando el camión doblaba la calle y nosotros, invariablemente, cerrábamos las luces de la sala de estudio y nos escondíamos en el balcón. Cuando los dos curritos iban cargados con los cubos de la basura en dirección al camión nuestro hombre pegaba el silbido -¡¡¡FIUUUUUUUSSSSSSS!!!- y el del camión, porróm, porroóm, le daba caña y salía zingando calle adelante mientras los de los cubos, basura al hombro, se ponían a gritarle "¡¡¡PARAAAA, PARAAAAAAA!!!". Después se quedaban observando a los balcones de la calle esperando que alguna sombra nos delatara... pero, nada, no había forma de pillarnos.

La jugada la repetimos varias noches y, el chófer picaba siempre: escuchaba el silbido y despegaba turbo total. Los de los cubos, moscas con el tío del silbido, y con la sensación de que alguien en la oscuridad se les estaba choteando de mala manera, comenzaron a perder los estribos. Con los cubos al hombro gritaban a la noche, a las fachadas, a las farolas, al mundo entero: ¡¡¡SALID AQUÍ SI TENÉIS LO QUE HAY QUE TENER!!!, ¡¡¡CANOSEQUÉ...!!!, ¡¡¡MARINOSECUANTOS...!!!", en fin, cosas que la pluma no debe, no puede escribir. Parecían enloquecidos.

Pero aquello duró lo que duró. Al cabo de unos días el silbidito ya no nos hacía tanta gracia, así que cambiamos de modo de divertirnos. No recuerdo a quién se le ocurrió la idea, pero de lo que estoy seguro es de que ese hombre tenía una amanita phaloides en el cerebro. Se trataba de apagar las luces de la sala de estudio, salir al balcón y dar un alarido lo más terrorífico, helador y aterrador que pudieran pulmones y garganta. Nos ocultábamos y contábamos cuanta gente se asomaba a la ventana, levantaba persianas, salía al balcón, corría temerosas unas cortinas, o corría a ocultarse en un portal... El que más gente hacía salir ese ganaba. Asín de fácil.

Los gritos que pegábamos eran realmente estremecedores, todos, pero el del rudo del silbido era increíble: primitivo, pelopincho, salvaje. Alguna cana se la debo a ese alarido. Ganaba siempre el tío. Como la canción "a nuestro paso se encienden, los balcones y ventanas..."

Una noche se hospedó en el centro un afamado e importante teólogo de la Universidad de Navarra. Uno de los primeros. Asistía a un congreso y por la cercanía a la sede decidió, en mala hora, residir esos días en nuestro club. Era un hombre muy exquisito, educado, como el duque de Windsord, pero con cleriman. Tenía politesse, que se dice. En la tertulia nos contó como estaba la Eclesiología en aquel momento, que para nosotros era lo mismo que si nos hablase de la influencia de la caña de bambú en las flautas de la Polinesia en el siglo IV. Hablaba muy bajito, con profundos silencios... no sé, se le veía un tipo muy listo y muy profundo. Tan listo y tan profundo que sólo le entendía su padre. Supongo.

Aquella noche fuimos a estudiar y a eso de las doce llegó el rudo. El rudo desconocía la existencia del Teólogo en nuestro centro. Y serían las cuatro de la madrugada y ya nos retirábamos a dormir cuando alguien le sugirió:

-Oye, ¿a que no vas a la habitación de fulanito, le pegas un hipoalaridohuracanado, cierras la puerta y nos largamos todos?

El tío que no, nosotros que, venga, que sí, que tú puedes. El que no. Nosotros, que a que no hay, que era un cagao, que no diríamos nada, que... y va el tío y dice "¿ a que voy?, ¿a que me atrevo?. Y allá que se fue, a la habitación donde dormía en serena paz ... ¡¡¡DON ECLESIATÉS ¡DE AQUINO!!!. Y abre el tío la puerta -creyendo que allí dormía un mingas del centro- y pega un alarido que aquel cura debió de ver a Orígenes castrándose, a Napoleón en minifalda, a San Agustín tocando la gaita en Escocia y al mismísimo Ratzinger saltando la comba a lo Clasius Clay. Se unieron los dos gritos, el del rudo y el del teólogo, en un horripilante caos de desenfreno gutural.

Salimos todos zumbando cada uno a su habitación, entre risas entrecortadas. Y pronto el silencio volvió a reinar en los pasillos.

Al día siguiente, en la oración de la mañana, apareció Don Eclesiastés con los ojos agüevadísimos y con cara como de muy, pero que muy cabreado, aunque a lo mejor era vida interior. En el desayuno no se habló del tema.

Después sí. Nos llamó el director y cayó un paquetorro -otro más- que temí la expulsión del entonces Instituto Secular... Al rudo tardamos en volverle a ver el pelo.

Envío foto de 'el rudo':

El rudo

¡Venga ya, hombre!

De vez en cuando encontramos correspondencias en Orejas de gente de la prelatura o afines que, de un modo u otro, siempre acaban por tachar la página de algo que va directamente contra Dios, su Iglesia, que destila odio y rencor, que no sabemos lo que escribimos, ni las consecuencias que para nuestra alma puede tener este comportamiento. Hacemos daño. Nos la estamos jugando. A Dios se le van a hinchar las narices y a la mosca de Orejas le va a caer un palmetazo justiciero que la va a dejar para siempre en la gehena del fuego inextinguible.

¡¡¡Cómo les gusta la cosa de las Postrimerías y del Tremendo Juicio!!!. Normalmente se apoyan en algún texto del Nuevo Testamento para sentar sus argumentos y, encima, siempre terminan rezando por nosotros, dispuestos a hablar con cualquiera que le necesite para hacerle ver el pertinaz error en el que estamos inmersos y recomendando un chute de bífidus activo para llevar una vida sana y una dieta equilibrada en valores...

Para empezar, y va sin coña, un fiel de la prelatura no pinta nada leyendo Orejas. Y que no venga con la historia de que es libre y lee lo que quiere porque no. No cuela. Sé que son bastantes algunos muchos de la opus del Uniquoque los que abrevan en esta charca inmunda -yo conozco unos cuantos-. ¡Pues muy de mal!. Así que a tomal viento fresco y a contarlo en la charla y en la confesión. ¿Qué es eso de leer a Melqui, o a E.B.E, o a Carmen Charo?. Ya no digamos a Ana Azanza (por cierto -es un paréntesis- espero que hayas cambiado de look porque en la afoto de "los libros" pareces la Vice Vocal de San Miguel Cinco Estrellas de la Asesoría de Vila Saqueti...¡sólo falta que a pie de foto ponga "PAX A TODOS"). Es broma, ¿eh?.

Bueno, ya están avisados los fieles de la prelatura. Pero si aún sigues allí, pillín, que sí que sigues, quiero expresar mi opinión desde esta atalaya de que se puede amar a Dios, creer en su Iglesia y vivir en gracia diciendo lo que uno pueda pensar que está bien y mal de la Obra del Unum Subsistens. Incluso puede tomársela un poco así como de cachondeo, porque es que tiene cosas que son para tomárselas de cachondeo. Por ejemplo, eso de ponerle a un chavalín de nombre Josemaría, asín , todojunto, pues me parece que le marca para toda la vida. Porque nadie se llamaba Josemaría todojunto hasta que apareció el auténtico y original: el "notas"; y, claro, vaya donde vaya el chaval, sea cual sea su biografía, la gente le preguntará que qué lo que é eso de Josemaría todojunto. Y el pobre a cortarse. Y si se encuentra con gente de la prelatura y ven escrito el nombre, pues a pensar que el tío es "uno de los nuestros": ¿Túúú... pax?... y el hombre a cuadros. Es como si uno que se llame Jesús José (que los hay) le da un chute ascético y se empeña en registrase Jesúsjosé (para que no le separen el Padre del Hijo). Y lo consigue el tío. Y luego sus admiradores le ponen ese nombre a sus hijos, Jesúsjosé, todojunto, y con tanta jota y tanta ese ya no sabes si le estás llamando, o estornudando, o si vas a prepararte a escupir. Con lo bien que queda J.J.

Otras cosas de la opus no son para echar unas risas; son más serias: serias para bien y también para mal. Y hay que denunciarlas, escribirlas y comunicarlas para que alguien haga algo. O que no lo haga. Es su problema.

Os le explico de otro modo para que lo entendáis y así la próxima vez envías al infierno a tu prima de la pueblo.

Alrededor del año 49 Pablo de Metatarso viajó de Antioquia a Jerusalén y allí se reunió con los discípulos sobrevivientes de Jesús, que había sido crucificado unos diecisiete años antes. Ellos eran los chachis cofundadores y tal -habían conocido y tratado al Señor- y el otro era un tipo que venía con ideas pelín extrañas. Esta Conferencia Apostólica o Concilio de Jerusalén es la base a partir de la cual se reconstruye la naturaleza de las enseñanzas de Jesús, los orígenes de la religión y de la Iglesia que Él creó. Existen dos reseñas casi contemporáneas de este concilio. Una dictada por el propio Pablo en su carta a los Gálatas. La segunda está reunida en los Hechos de los Apóstoles: un informe amable, casi oficial de un incidente en la Iglesia y su resolución satisfactoria. Más o menos como un artículo de Crónica o de Noticias.

La versión de Pablo presenta un cuadro muy distinto. Quizás es el único que comprende la magnitud de las cuestiones en juego: defiende, y de qué modo, su posición frente a los hombres en quienes la vida espiritual está dominada por los temas que los Ancianos debaten en esa habitación de Jerusalén. Pablo está absolutamente seguro de que tenía la verdad; más aún todavía ya: en su carta a los Gálatas, unas pocas frases antes de su versión del concilio, desecha todo lo que implique apelar al juicio de los mortales reunidos en consejo. Para Lucas el concilio es un incidente eclesiástico. Para Pablo es parte de la lucha más grande que jamás se haya librado que tiene dos interrogantes. ¿Jesucristo había fundado una nueva religión, la verdadera?, ¿era el Dios-Hombre?. Si ganaba Pablo, nacía el cristianismo. Si se le desecha, las enseñanzas de Jesús son nada más que el hito de una secta judía condenada a sumergirse en la corriente principal de un antiguo y cerrado credo. ¡¡¡A circuncidarse, yaaaa!!!, ¡¡¡a no de comer canne, ni chistorras, ni pa amb tumaca!!!

Lo de la circuncisión y otros temas en la conversión de los gentiles era un asunto muy grave. Pedro cede, pero le cuesta entender. Es más, no lo entiende. Cuando más tarde llega a Antioquia, estaba dispuesto al principio a tratar a los cristianos gentiles como a iguales de raza y religión, y a compartir con ellos sus comidas en plan colegui, paisa; pero después, cuando llegaron a la ciudad los emisarios de Santiago -otro que no entendía nada- " ¡se retrajo y comenzó a distanciarse, porque temió a los defensores de la circuncisión". Hablamos de Pedro. No era un mingas del tres al cuarto. Y de Santiago, "el hermano de Jesús". Pablo afirma "Pedro estaba equivocado", y se lo dijo "en la cara". Olé tus cojones, Pablito.

Habría que oír qué decían de Pablo los chicos conversos de la sinagoga, los que sí conocieron a Jesús, los puretas. Seguro que también le encomendaban.

Menos mal que se impuso Pablo. Los instintos judaicos de los apóstoles eran intensos y muy conservadores y el ser cristiano hoy sería algo sectario, minoritario, legalista y pequeño. Triste también. Es alucinante leer en San Lucas que después que los apóstoles se separaron de Jesús en Betania "retornaron con mucha alegría a Jerusalén y pasaron todo su tiempo en el Templo exaltando a Dios". Hala, al Templo de Salomón, con la peña de fariseos y escribas y la tribus de Aarón, de Neftalí y de Zabulón. A mover la cabeza al muro de las Lametaziones a lametazos.

Pablo no inventó el cristianismo ni lo pervirtió: lo salvó de la extinción. Pasó del sectarismo estrecho al universalismo militante y del legalismo riguroso al rechazo de la Ley.

El concilio de Jersusalen reveló a un Pedro y Santiago que dirigían con pusilanimidad de "partido de centro" la Iglesia fundada por Jesucristo. Después el centro se desplomó y se rindió al ala judía de los fariseos cristianos: de ahí la vergonzosa negativa de Pedro a compartir mesa con los gentiles de Antioquia. A su tiempo, Pedro rompió con la Iglesia judeocristiana, o la abandonó, aceptó la teología de Pablo, y se le unió en la misión ante los gentiles. Palmó en Roma, muy lejos de Jerusalén... y del Templo.

¿A qué viene este rollazo exegético?, pues a que en la Iglesia, desde siempre, hay libertad y derecho a defender y buscar la verdad. Y hoy también. Y si el Opus Dei tiene modos, formas y dobles lenguajes que no van, pues hay que denunciarlos. Más si uno las ha vivido, hecho, sufrido o presenciado. El cristianismo es una religión histórica: funda sus afirmaciones en hechos históricos que ella misma afirma. Si se destruye, nada queda. Entonces, ¿puede un cristiano examinar la verdad de esos hechos con la misma objetividad que mostraría frente a cualquier otro fenómeno?. Lo cierto es que muchos cristianos no han tenido el coraje o la confianza necesaria para poner la búsqueda de la verdad por encima de cualquier consideración, por santa que pueda parecer. Casi todos ponemos el límite en "cierto punto". El opus también, y mucho. Para la obra todo en ella es divino, divino de la muerte, y cuando se escribe todo es todo. Y con ella como institución no hay manera de hablar ni de aclararse.

Tiene gracia comprobar como incluso los que escriben aquí que pertenecen a la prelatura no dudan en mentir cuando dicen "nadie me impide leer esta página", cuando sí les obligan a consultarlo y dudo muchísimo que les permitan acceder a estas líneas. O cuando escriben "estáis haciendo mucho daño a la Iglesia" y, en su ceguera, no ven el daño que la opus hace a la Iglesia cuando, por ejemplo, la selección y edad de los aspirantes, el grado de información de sus compromisos, el respeto a su posible falta de idoneidad, aceitera, aceitera, aceitera, no se cumplen en muchos casos, dejando con el tiempo en la estacada a bastantes criaturas. Y lo saben: ¡jolines si lo saben!. Pero si preguntas, no saben, no contestan. La culpa es de mi abuela Dolores, que en el culo tiene flores.

Un cristiano que tiene Fe no teme a los hechos. Y si lo hace -atenta la compañía- está destruyendo la naturaleza de su Fe, que es una revelación progresiva de la Verdad: está obligado a seguirla.

Y ya que estamos, no me resisto a transcribir un texto de Gregorio Nacianceno -hoy estoy que me salgo de Acetate- al renunciar al obispado de Constantinopla (no era moco de pavo el carguete) y fue criticado por sus austeridades. El tipo se largó un sermón irónico y colérico que me gustaría saber qué dirían los fieles del opus dei si hoy lo escribiera de algún obispo de nuestros días -que también los hay, como entonces.

"Ignoraba que debíamos rivalizar con los cónsules, los gobernadores y los generales famosos, que carecen de oportunidad de gastar sus ingresos, o que nuestros estómagos debían ansiar el pan de los pobres -y consumir lo que ellos necesitan en lujos, eructando frente a los altares. No sabía que debíamos cabalgar en hermosos caballos o viajar en magníficos carruajes, precedidos por procesiones, mientras todos nos aclaman y nos abren paso como si fuéramos bestias salvajes. Lamento esas privaciones. Por lo menos han terminado. Perdonad mi error. Elegid a otro que complazca a la mayoría".

Pues eso. Y éste, qué... ¿también está en el infierno por dar caña a sus hermanos los obispos, elegidos por el Espíritu Santo y sucesores de Colegio Apostólico?. ¡¡¡Venga, ya, hombre!!!.

Oye, Ferrán...

Oye, Ferrán, eso de llamar a Juan Pablo II, a Juan Pablo I, a Paulo VI y a Juan XXIII "personajillos de poca talla y competencia" no me parece bien. Nada de ironías. Son Papas y merecen un respeto, aunque uno fuera gordo y cuando se reía se le movía la tripota así, como de arriba abajo cuando el santo le decía "yo de usted no he aprendido el ecumenismo" (aunque la pregunta es, ¿aprendiste algo de alguien, majete?); y otro sospechaba que San Pío de Pietralcina era un liante (Juan Pablo I: ver biografía del Padre Pío en la Editorial Palabra), y otro no recibió a San Josemaría durante años y el mismo santo dijo de él, de sus secretarios y cardenales cosas que la pluma no puede, no debe reflejar...

(el que haya escuchado las tertulias de L.F.M.S., que asistió al Vaticano II como secretario de un cardenal aragonés y donde con un puñado de selectos asistentes al mismo tenían tertulias donde el santo les decía sobre Benelli, por ejemplo, que era un "sifilítico" (sic)... el que haya asistido a esas tertulias, digo, sabe lo que escribo... bueno, pues a pesar de eso, de personajillos nada.

Otra cosa es que, como cualquier persona con altas responsabilidades religiosas, políticas o aristocráticas, tienen su biografía repleta de textos como los que señalas: auténticos ladrillos glosando tal o cual figura, por motivo de homenajes, canonizaciones, jubilaciones, fallecimiento o incluso muerte. Todas son de "herramientas", "cortar" y "pegar". Más o menos de celofán, más o menos encendidas, más o menos laudatorias. Si el homenajeado es un notas, tipo beatificación del Gitano Ríííchal, el de la fregoneeeta, pues se dice algo asín como "En las palabras del Ríííchal hemos advertido la vibración del espíritu encendido y generoso de la etnia gitana, nacida en este tiempo nuestro como expresión de la perenne juventud de la Iglesia (...). Consideramos con paterna satisfacción cuanto el Ríííchai ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien, que lo guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible, que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en el Carreful con su fregoneta". (Carta manuscrita al párroco del barrio de Los Palominos). Y a por otra cosa, mariposa.

Si es un personaje que se presenta con coros, miles de tribus con kit de canonización- abanico, silla, parasol, misal, gorra y disident- pues se le dan un poco más de incienso, loa y pomposidad: ¡¡¡LAUDAT JERUSALEM!!!.

En la carta de contestación que Don Fernando, de parte de Don Álvaro, le envía a Topex hay un momento de esos de "cortar y pegar", cuando le escribe "El Padre se apoya en ti, en tu oración, en tu trabajo santificado y en la labor apostólica que realizas. Continúa encomendado sus intenciones."... Porque no tendría tiempo aquel día Don Fernando, pero podría seguir escribiendo "en tu deseo de hacer el bien, que te guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible, que te distingue; el celo ardiente por las almas, que te empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia allá donde estuvieres doquier".

En fin, algo se ha mejorado. Mejor eso que no lo de Bonifacio VIII: "prefiero ser un perro que un francés". Muy diplomático, Boni. O Sixto V que comisionó a cuatro reconocidos arquitectos la reparación del puente: "Fabricio", que une la única isla del Tiber, con tierra firme. Durante el trabajo, los arquitectos reñían constantemente, por celos profesionales. Sixto estuvo disgustado con su actitud, todo el tiempo. Al terminar la obra, los cuatro constructores fueron castigados.

El Papa mandó que los decapitaran, en el mismo puente.

Mandó esculpir en piedra, la efigie de los cuatro pendencieros arquitectos. Y colocarla en cada esquina del puente. Ahora ese lugar es llamado: "Puente de las cuatro cabezas".

Los constructores que trabajaron para el Papa en adelante, ya no sintieron celos profesionales. Cero de celos delante del Papa. Por eso, a Sixto V, se le considera como: "El santo patrón de los constructores." ¡¡¡Qué majete el Sixto!!!

En la edición en idioma español de L'Osservatore Romano, de fecha 16 de agosto de 1996 se lee la siguiente bendición Apostólica.

"Saludo, cordialmente, a las personas de lengua española que están presentes aquí, especialmente a las religiosas de la Congregación de 'Santa Teresa de Jesús' y LOS GRUPOS ESPIRITUALES DE LA 'VERDADERA VIDA EN DIOS'. Les deseo a todos ellos un verano espiritual que les ayude a reafirmar su promesa Cristiana, para que su generosa respuesta a Dios pueda ser testigo de Su Amor en el mundo. Les doy, con afecto y para todos sus seres queridos, la bendición Apostólica".

¿Quiénes son los GRUPOS ESPIRITUALES DE LA VERDADERA VIDA EN DIOS que son tan generosos en sus respuestas a Dios?, pues son unos grupos fundados por una señora que se llama Vassula, vidente muy conocida. A ésta Jesús le coge la mano y escribe por ella; una de sus obras más conocidas es la Verdadera Vida en Dios. Vassula es ortodoxa, no católica. Además su biografía es algo chocante para una mentalidad como conservadora, pues en 1966 se casa por la Iglesia Ortodoxa, unión de la cual nacen dos hijos. En 1980 se divorcia y 6 meses más tarde, el 13 de julio de 1981 se casa con Per Ryden, luterano sueco que es su actual esposo. Es en esta situación cuando empiezan las manifestaciones místicas. O sea, que es ortodoxa, se divorcia a los catorce años de matrimonio, con dos criaturas, y se ajunta con un luterano en seis meses y, encima, sueco. Y luego, venga, a manifestarse Jesucristo con las manos de Vassula escribiendo a troche y moche... ¡Hombre, podía haberse manifestado con una persona un pelín más normal, o más de perfil tipo como una pastorcita, una monjita o una agregada viuda, por ejemplo.

Vassula también tiene Bendición del Santo Padre, Ferrán. Narra un sacerdote católico que le entregó al Papa el libro de Vassulla y le comentó: "Ella se lo dedicó a usted". Con un cálido y sincero interés, el Papa miró el libro, lo abrió y vio el saludo de Vassula y luego, dijo: "Gott segne sie": "Que Dios la bendiga". Hizo la Señal de la Cruz sobre el libro. Después, se lo entregó a Monseñor Mietec, quien recoge los regalos, para que el Santo Padre los vea, después de la audiencia. 14 de febrero de 1998".

Bueno, eso es lo que se piensa él, para mi que el tal Monseñor Mietec, nada más terminada la audencia, lanzó el libro por la ventana a la piazza del Vaticano: dijo "por el Papa, por la Iglesia y por sus vinos... ¡¡¡a tomal pol saco el libro!!!". Y lo tiró.

Ya ves como está el patio. Vamos que, aunque la Iglesia no me obliga, a mi y a ningún católico, a dirigirme a determinados santos o a hacer de esas figuras una parte importante de mi fe -la Iglesia permite el culto pero no lo impone-, pues entre Vassula y San Josemaría me quedo con San Josemaría. A mi eso de que las manos se muevan solas me da mucho yuyu. Le pasa a La Piedra y me da algo: me hago pastor luterano sueco de Arriba del Norte.

Una más, Ferrán. Te envío un prospecto de un nuevo juego que ha salido a la venta. Se llama "Ego Sum". Puede ser una buena idea para que se haga con San Josemaría, o los futuros santos de la prelatura, que se contarán por miles. Se trata el "Ego Sum" de un videojuego para que los niños busquen a Jesús en la Palestina del año 30. Y continúa.

"Ego Sum es un juego de aventura gráfica en tres dimensiones, del tipo "entrar en sitios, explorar lugares, hablar con personajes, coger objetos". El Papa Juan Pablo II ha otorgado una bendición a quienes se aventuren a jugar una partida. Los niños que jueguen a Ego Sum, entre 7 a 14 años, se identificarán con su protagonista, un chaval que, después de un concierto del grupo católico Arca de Noé (primer puesto de música general en Polonia con 500.000 ejemplares vendidos de su primer disco) entra en una iglesia y se ve transportado a Palestina, año 30, donde su Ángel de la Guarda le anima a buscar a Jesús. En su búsqueda hablará con el Zebedeo, los pescadores de Tiberíades, la samaritana, y otros personajes que conocen al Maestro o le han visto, oído, etc."

Se puede hacer lo mismo pero, no sé, que el chaval se encuentra después de un concierto de la tuna del UNIV -último puesto del festival David con "la pesca submarina"- con un joven numerario apóstol que le transporta a Barbastro y de allí a Logroño -si se queda mucho tiempo en la casilla de la nieve con los pies descalzos dibujados en ella se resfría y debe guardar cama (pierde puntos) y de allí a Zaragoza... Y asín. Conoce Encarnita Ortega, pasa los Pirineos y charla con el depravado Fisac, saluda a Isidoro Zorzano y le corta él mismo -sí, sí, el chaval- el pelo al cero porque viene su prima, la de Zorzano, y le tiene que salvar de caer en locuras del corazón, lo mismo que con Don Álvaro en Berga durante la mili (no lo quitéis, orejas, el pueblo se llama así) cuando una niña bien del pueblo trata de seducirle, pero nuestro niño interactivo le anima a que de no siga por allí y le dice que muy lejos el Padre le está encomendando porque algo se huele... Por supuesto cada partida que se juegue, y no sólo una, tiene bendición del Papa. Faltaría más.

Bueno, es una idea. Si vale, pues vale, si no, pues nada.

Llama muchísimo la atención...

Llama muchísimo la atención la cantidad de reglas, cánones, costumbres, normas y pijadinas que encauzan, enjaulan, encorsetan y ordenan el espíritu de la opus. Es colosal el esfuerzo que se hizo desde el principio -que se hace- por hacer un acopio grande y costoso de todo tipo de detalles que abarcan la vida toda de cualquier fiel de la prelatura. No se le escapa nada: desde los modos de vestir, de hablar, de comer, de dar una charla, de recibirla, de usar el coche, de ver televisión, de tratar a la administración, de leer libros, de cantar, de comprar, de confesarse, de rezar... ¡de todo!. Hay guiones, glosas y vademecums para cualquier actividad. Cualquier día editan un apéndice a las "glosas de San Gabriel" sobre el uso del matrimonio y el triquitriqui: cómo se hace, dónde se hace, requisitos para hacerlo, horarios aconsejados, posibles deficiencias, criterios y normas de pudor aconsejadas, prontuario de oraciones para la preparación del acto y disposiciones finales...

Reglas donde se mezcla lo espiritual más profundo hasta lo material más tontaina (como esa del "agregado camarero" cuando se invita a alguien a un centro: ¡¡¡GUEROOOOOOPÁÁÁÁ!!!). Una medallita con reliquia para el jambo que se le ocurrió la idea. Y una patada en el culo también, por imbécil.

Una estructura que pesa en las conciencias de un modo agobiante y obsesivo, especialmente en aquellas que tienden a ser rígidas, legalistas, escrupulosas. Conocí un numerario, notario de prestigio y con una estructura cerebral como los lectores de códigos de barras de Carreful, que la noche que dejó la opus me comentaba llorando: "es que tengo la impresión de ir por una autopista repleta de señales de tráfico contradictorias y que quiero cumplir todas porque si no me angustio. Y no puedo con ellas; aquí pone ochenta, allá cuidado con el viento, acullá peaje, más en de allá peligro de alces sueltos... y me estoy volviendo loco".

Eso fue así desde el principio. San Josemaría era un hombre que tiraba bastante al escrúpulo -él mismo afirmaba que se confesaba tres veces a la semana (Álvaro, recuérdame que esta tarde me tengo que de confesar -y en alguna ocasión se había confesado el día anterior, o aquella misma mañana). Alguien pensará que es vida interior. Vale. Pues yo pienso que no: Escrivá era un hombre obstinado, compulsivo y a veces histérico, con una extraña inclinación por la pasión actoral y el drama ruidoso. No hace falta haber estudiado psicología en Harvard para descubrir en el texto que nos transcribió el amigo Vitrubio en "el teléfono del colegio Romano" (texto que conocí en 1975) una personalidad, contri menos, de preocupar: en menos tiempo es difícil mezclar tantos sentimientos distintos. Su formación era la propia de su tiempo, estudió leyes y alguien le aconsejó, ya desde muy pronto, que debía vestir con un buen ropaje jurídico su obra: durante años forjó una armadura de platino e iridio que se conserva en el museo de pesas y medidas de Villa Tévere.

Escrivá no era tanto una gran cabeza como una suma de fuerzas extraordinarias que tiraban de él en distintas direcciones y, con alguna frecuencia, alguna de ellas saltaba por los aires y le desequilibraban: era de una sensibilidad extrema, un carácter muy fuerte, apasionado, terco... Pero era una persona que trasuntaba convicción. Cuando hablaba de oración, de Dios, o de amor, sabía conmover los más profundos resortes de las personas que le escuchaban. Conocía la fuerza de sus palabras y sobretodo del recurso a la oración como algo primero y último en las personas que le escuchaban. Era su receta, su letanía constante: reza, reza, reza... Pero ése algo de histrión, de buen actor, le perdía. También su vanidad... Es difícil no ver en algunos de sus gestos, de sus acciones, incluso de su gustos al decorar, al distinguir a las personas, matices clasistas, aristocráticos y algo trasnochados, como cuando en alguna tertulia, adelantando el pie izquierdo, juntando las manos sobre el pecho -esas manos le hablaban solas- comentaba "yo que soy doctor en derecho, doctor en sagrada teología, que tengo no sé cuantos doctorados honoris causa...", y se reflejaba en él la tontería del mundo, como a cualquiera. Conocía la energía que irradiaba. Era un don. Y actuaba según la convicción de ser un hombre elegido por Dios -aunque afirmarse de boquilla lo contrario, que era un pingajo, un trapo. "El Papa quitó el índice, pero yo puse el mío...": sí, pusiste allí a Ratinzger, entre otros, con todas sus obras, y luego tus hijos tuvieron que quitarlo de allí zingando cuando el cardenal pasó a ser mano derecha del Papa. Puso a unos cuantos en el Índice sólo por despecho y enfado: un enfado más de los que de vez en cuando le daban.

Escrivá evangelizaba concentrando la atención en unos pocos mensajes relativamente simples que difundía mediante una repetición incansable y una energía furiosa. Por esa razón todos los Orejas -algunos con muy pocos años de pertenencia- y los Opus conocemos tan bien sus mensajes, frases, modos, filias y fobias. Nos lo sabemos todo de él.

Las mejores cabezas de las primeras generaciones de numerarios, sacerdotes y laicos, las dedicó y las encauzó hacia el derecho canónico, y muchos de ellos sirvieron durante años en la administración burocrática interna de la prelatura como pasantes y voceros de sus indicaciones. San Josemaría tenía un carácter muy fuerte y toda esas promociones de sacerdotes y estudiantes que vivían con él quedaron marcados por su pensamiento. Imantaba, aunque muchas veces esos modos, ese carácter, lo observaban con perplejidad y cierto miedo, cuando no con acojone: se sentían espectadores de una representación única, irrepetible -le tenían por santo y por genio- donde el baranda actuaba a sus anchas: reía, lloraba, cantaba, echaba broncas, se sentía incomprendido, te besaba y te despreciaba... y a todos les pedía una fidelidad de perro, marcando a fuego sus modos de gobernar, de dirigir, y de legislar.

Recuerdo que en las primeras tertulias después de su "tránsito al cielo" -Escrivá no palmó, Escrivá se fue al cielo de punta cabeza- muchos numerarios de la primera época venían a contarnos anécdotas de su vida junto a él. Llamaba la atención la cantidad de historias que se centraban en las broncas del Fundador: que si un día cerré mal una puerta y, pimba, paquetorro, que si otro día me pidió una cosa y como retrasé el cumplimiento del encargo dos horas me dijo que de qué iba, que así la opus se iba abajo, que si a otro le dice que si quiere ir a no sé donde y va el colegui y dice que mejor que no y el Chamán le contesta "pues si no quires ir, te vas con tu madre, majadero". Fue tal el cúmulo de anécdotas de cienes de numerarios contando paquetes, paquetines o paquetones de el Hombre de Villa Tévere, que tuvo que darse un aviso diciendo que porfa, que a ver si no nos pasamos... y entonces las tertulias comenzaban "¡¡¡qué de bien se estaba con nuestro Padre!!!, ¡¡¡jamás vi un hombre más divertido y simpa!!!". En fin, que ni tanto ni tan calvo, que sería como cualquiera hombre, un tipo con sus luces y sus sombras.

Como buen escrupuloso le encantaban las reglas y las normas, saber qué hacer, cómo hacerlo, pautar fronteras, señalizar caminos, atenerse a los signos. Son conciencias que recaban constantemente dónde está el límite escrito de la moral y de las costumbres para obedecer sus mandamientos. Sufren con la libertad de espíritu. Son personas inmaduras, con frecuencia inteligentes, que necesitan ir de la mano en su conciencia escrupulosa.

Cientos de canonistas en la opus se dispusieron a pensar y trabajar en esa dirección. Y lo consiguieron. Pero los caminos de las leyes, cuando los dejas en manos de canonistas, son como una tela de araña y acabas enredado en toda esa casuística que termina matando el espíritu para convertirse en una institución más de orden tan natural como un camping, un club de fútbol o un partido político. A la Iglesia también le sucedió en épocas pasadas. Pierde su sentido vocacional y se convierte en ritos, cánones en manos de liturgistas, leguleyos, policías y jueces. Eres libre, dicen, porque hay leyes. Nada más equivocado. Para ser libre necesitas dar respuestas a las preguntas que te hace la vida -eso es ser responsable-, y eso resulta imposible cuando "todas las preguntas" te son respondidas en " ¡todos los códigos", se llamen Glosas, Vademecums, o Reglas... ¿Que tengo que escribir un artículo en Crónica?, pues toma el vademécum y mira lo que hay que hacer. ¿Que deseo invitar a un amigo a comer en el centro?, toma, lee y come, que le decían al profeta... ¿o fue a San Agustín?

Cuando, además, el propio fundador se encargó de que quedara muy claro que todo, absolutamente todo, es sagrado, inviolable y perpetuo, y que el espíritu es "obedecer o marcharse", que allí no sobra un ápice, ni una tilde, entonces, en los directores no se buscan personas libres sino personas obedientes. Al libre el cuerpo acaba por vomitarlo. No lo asimila.

Por esa razón hay tan pocos teólogos en la prelatura. Y los que hay se bañan en aguas poco profundas y muy cerca de la orilla -liturgistas, eclesiólogos, moralistas,etc. Para ser teólogo de los de verdad, hay que plantearse muchas cosas, hay que adivinar, hay que buscar en mundos difíciles y nada reglados, hay que tener imaginación: hay que tener una sensibilidad y una inteligencia libre. También hay que ser humilde. En los sacerdotes de la prelatura no es extraño encontrarte algún snob vanidoso que sueña con su libro, o su folleto de Mundo Cristiano, o su tesis doctoral editada, o su algo teológico; muchos en sus predicaciones envuelven en el celofán de una teología ascética más bien barata y que les reviste de distinción, de arrogancia y de petulancia, y en realidad no son más que abogados, físicos, pedagogos, historiadores o economistas que un día alguien les dijo que si querían ir a Roma para estudiar y ordenarse. Y así lo hicieron. Lo hicieron porque alguien se lo dijo.

Cuentan que en el 1100 la profesión clerical -si así se le puede llamar- se amplió enormemente: quizás una de cada cincuenta personas podía afirmar que habían tomado las órdenes. Y de éstas una de cada seis tendría problemas con las leyes eclesiásticas; en realidad, muchos nunca habían tenido intención de ordenarse sacerdotes. El follón que se armó fue mayúsculo. Como escribió Giraldo Gambrensis, y no es coña el nombre, muchos sacerdotes "están ocupados por amantes entrometidas, cunas que crujen, pequeños recién nacidos y mocosos chillones". No es el caso del presbiterado de la prelatura, supongo, pero sí el que pasados los años -me gustaría conocer la proporción de sacerdotes numerarios elegidos entre los candidatos numerarios laicos con la fidelidad hecha- no sería sorpresa que, además, ese "uno de cada seis" se cumpliera también aquí: bastantes tienen serios problemas de adaptación al mundo clerical y personal (vamos a escribirlo finamente) y que se manifiesta en muchos terrenos, desde el físico hasta el psíquico. Normal.

Me contó uno que trabajaba en la Secretaría General, un tipo que tenía una lengua indiscreta, indomable y algo femenina, que Don Álvaro recibió la visita de Kiko Argüello. Según me comentó el bífido, Kiko se entrevistó con Don Álvaro porque se lo pidió el Santo Padre, vete tú a saber si es verdad o no, para que le aconsejara sobre la organización del movimiento Neocatecumenal. Hablaron y, dice éste, que Don Álvaro le sugirió: búsquese un buen canonista. Al parecer, sigo con la misma fuente, los Kikos tiran mucho de la cosa carismática, del Espíritu y del Aleluya y el asunto canónico no lo tenían resuelto: su configuración jurídica. Vamos, lo más contri de contri con el opus dei.

Efectivamente, toda la batalla que se libró para que el opus del Sumun Subsistens fuera prelatura se hizo con glebas de canonistas que poco a poco se abrieron paso en un mundo tan cerrado y acortezado como el del derecho canónico.

Pero si estás en el Código existes, si no, narices. No eres nadie.

Alguien dijo que no tienes una idea hasta que no haces de ella una institución, y no tienes una institución hasta que no está en un Código. Pues eso.

Satur

Un tipo muy enamoradizo

Desde que salí del barro primordial fui un tipo muy enamoradizo: bastaba que viera una escoba con faldas y algo dentro de mi me impulsaba a hacer y decir unas tonterías que ni ojo vio, ni oído oyó.

En el momento que mis glándulas se aceleraron la cosa se puso mucho peor. La cosa mental, digo. A los catorce años la testosterona, o lo que fuese eso, me convirtió en un tipo que parecía decidido a volver al árbol, dejar de ser un bípedo y darse mamporros en el pecho cada vez que veía una hembra...

Durante esos años me dio por atusarme millones de veces al día el flequillo -dando unos golpecitos al ciruelo de pelo que desafiaba la gravedad por encima de mi frente-, y mirarme de un modo compulsivo a todos los escaparates desde mi mejor perfil. Incluso llegué a creer que mi fuerte estaría en tener una sonrisa achinada, así que me pasé muchas horas de entrenamiento achinando los ojos hasta el estreñimiento preguntándome qué dirían las chicas de mi.

-¿Has visto qué sonrisa más pícara tiene Satur? -podía imaginar que decía una preciosa chica.

-¡¡¡Oh, sííí!!! -replicaba otra Indesainsain Hurt- ¡¡¡me vuelven loca sus ojos chinitos!!!

- No sé, chica... ¿qué prefieres, sus ojos, o ese ciruelo de pelo que le hace tan tan...?

- La verdad, lo mires como lo mires es un encanto... ¡¡¡¡hasta las perras y las gatas se dan la vuelta para verle!!!

Bueno, esto pasó durante unos cuantos años. Pocos. En realidad estaba más colgado que un fuet. Un día decidí declararme a una chica que sólo conocía de verla todos los días al ir al colegio -juro por Sacantancangua que era un diez de mujer, aunque no la conociera más que de vista. Un BMW de la serie 7. Fui directo. A saco.

- Me gustas -le dije dándome un golpecillo en la visera de pelo y achinando los ojos hasta el cagansen.

- Pues tú a mi no.

Y a tomal viento. Allí acabó la historia.

Un mes después descubrí mi vocación a la opus y decidí a los dieciséis años y medio vivir por amor una vida de celibato carapato a muerte.

Pero, claro, una cosa son las ilusiones y el "¡¡¡a la orden, sí, señor sí!!!", y otra es que sigues siendo el mismo urco que eras antes de... aunque no se note. Que sí que se nota.

El tiempo pasó y... ¡¡¡¡¡¡¡UN DÍA!!!!!!

Un día alguien -un Locomotoro conductor de todo menos del codo- me nombró director de un centro. Era un club de bachilleres de así como de colgados: una zona lejos de los barrios pijos donde otros clubes se alimentaban de chavales de obras corporativas y personales top ten. Un centro donde los residentes eran numerarios poco dispuestos a hacer la labor con peña de colegios públicos y que, encima, se dedicaban a labores como arquitectura, banca, inmobiliaria, prensa económica... allí sólo dábamos golpe tres. Aquello era La Fonda Paqui... ¡¡¡Pero qué bien nos le pasemos!!!

Imagino que más de un orejas estará pensando que adónde nos lleva este tío. Tranquis. Vamos bien. Porque tengo para mi -y enlazo con el principio de la anérdocta- que muchos en la opus éramos unos adolescentes, testosterona ciento por ciento, aunque tuviéramos entonces 25, 28, 30 o 40 años. Y es que pasó lo de siguiente.

El centro era, por mi de culpa, por mi de culpa, por mi de grandísima culpa, un desastre. Nos le pasábamos muy de bien, pero aquello en horarios, en asistencia a los círculos, en números de gente a la meditación, a los retiros mensuales, era como el share del Teletienda a las cuatro de la mañana en el canal 29. Habitualmente comíamos cuatro, y la tertulia era como el principio del "Quare femuerunt gentes", pero cantado en gregoriano (eso de quaaaaaaaaaaaareeeeeeeeeee....), algo muy lento, denso, pastoso y aburrido. Estábamos poco motivados, sin sensaciones positivas...

¡¡¡UN DÍA!!!... se abrió la puerta que comunica la administración con el comedor. Yo había tocado la campana como sólo yo sé hacerlo -¡piticlín, piticlín! -(creo que he sido el director de centro con más estilo de todo el opus dei tocando la campanica) y aparece -así, como lo escribo, APARECE- la mujer más hermosa que jamás se ha visto en este planeta y en el siglo XX. Nos quedamos los cuatro mudos, aturdidos, sobrecogidos y blancos como el tipex. Tipex total. Los corazones latían con fuerza y transmitían sus vibraciones a la mesa y ésta al primer plato que saltaba feliz sobre el segundo plato -¡chispum, chispum!. No sé si era numeraria auxiliar, chica de san Rafael, agregada auxiliar (último descubrimiento en orejas), contratada sin papeles o flautista de la filarmónica de Chichinabo, pero lo que sí sé, porque lo vi, es que era inmensamente hermosa. De reportaje de moda de primavera en Telva. Si era de la obra yo la hubiese puesto de portada de Romana y pita hasta Abul Abás El Sanguinario. Un bellezón. Y lo escribo lejos de la lujuria, de pensamiento rijosos y de atentados contra la moral y las buenas costumbres.

Rubia, cabellos que parecían espigas doradas por el sol, por el sol, unos ojos como diamantes sobre terciopelo negro -una mirada de esas que decía el poeta "ojalá que cuando venga la muerte tenga tus ojos"-, una pestañas que eran como el abrir y cerrar de un paraguas, una sonrisa que lo llenaba todo, disparaban los cláxones de los coches y encendía farolas, unos dientes que daban ganas de pedir "¿puedo tocar?" y unas manos como las páginas blancas de telefónica.

Gracias a esa mujer, a esa pedazo de mujer, todo cambió en pocos días. La gente se despertaba feliz, los desayunos eran, aunque no fueran servidos, una fiesta de amigos que ríen y cantan; las comidas estaban al completo, no hay entradas; antes de la cena ya estábamos en amigable conversación toda la casa esperando a que se abriera la puerta del comedor. Escuchar los pasos de ella enllegando a abrir era la mejor melodía que nunca se haya compuesto -tocotoc, tocotoc, tocotoc.

No sé si fue la testosterona o las hormonas esfintereizadas o el conquevo de la refractaria, pero estábamos increíblemente divertidos. Parecíamos pavos reales mostrando sus mejores plumajes... quien contaba chistes, quien trataba de su perspicacia en asuntos profesionales, quien de sus hazañas deportivas, otro de sus proezas, habilidades y destrezas. Y todos, mirando sin mirar, empeñados en que ELLA sonriera y, en el mejor de los casos, hacerla salir a carcajadas del comedor porque, la pobre, no podía aguantar la risa. ¡Qué edad maravillosa donde todos nosotros idealizábamos a la mujer viéndola como un ser etéreo, puro, fantástico!. Incluso me atrevo a decir que esa Doctora Honoris Causa por la Universidad Complutense de la Hermosura Soberana hizo un milagro, y es que uno de los residentes era bizco. Cuando escribo bizco es que era muy bizco, de los que si llora se le moja la espalda, pues bien, en ese tiempo cuando estaba en el comedor le mejoraba el estrabismo que parecía de anuncio de General Ópticos. Ya digo, un milagro.

Hubo momentos, cuando tenía que pedirle alguna cosa que pensé -el director es el único que puede dirigirse a la administración en el comedor-, que me iba a saltar el corazón por la boca y la víscera iba a estampar a la boca del residente que tenía delante.

-Pppp.or fafavoor, ¡puuuu puede saaaaa sacar más de ppppp pan'.

La muerte era aquello.

Poco nos durarían esas alegrías, esa inocencia alegre y festiva, esas ensoñaciones de adolescentes platónicamente enamorados... Enviaron a vivir al centro un sacerdote muy listo que había estado en Roma trabajando en un dicasterio de esos. No era mala persona, pero con una escoba en el culo y un ladrillo en la cabeza poco se puede hacer. Un detalle del personaje: fuimos a comer un día, el sacerdote y tres más, a un restaurante de carretera y pedimos una ensalada para acompañar unos bocadillos. Llega la dulce tabernera con la ensalada y nos le de pone en medio de la de mesa. El sacerdote observa la ensalada con la curiosidad de un entomólogo y le dice a la señora "disculpe, ¿sería tan amable de suprimir el huevo, por favor?". La doña se quedó literalmente a cuadros cuadros. "¿Suprima el huevo?", yo sí que te suprimiría a ti, debió de pensar.

Bueno, pues Fray Escoba notó que tanta risa, tanto corazón en fuegos artificiales y tanta alegría de la huerta no estaba nada bien. Probablemente alguno en confidencia le dijera que, bueno, que tenía cierto apegamiento a la administración -quizás yo mismo se lo dijera, pues hacía la charla con él y no me cuesta reconocerme diciendo eso-, lo cierto es que la chica desapareció. Hizó fú y nunca más se supo. Y la casa languideció, a bastantes sillas del comedor le salieron telarañas, los pasillos eran habitados por fantasmas que deambulaban rosario en mano entre suspiros y ayes, las tertulias musicales eran una cadena de baladas que lloraban amores perdidos, imposibles - "para decir adios, vida mííía, y estar por siempre agradecidooooss", si a tu ventana llega una palomaaaaa...", " Y te vaaaaaas, y te vaaaaaas, rompería casi todo, si no estáááásss". En fin un derrumbamiento del espíritu.

Tarde o temprano se curan los llamados mal de amores. Y la vida siguió. Con los años descubrí que las mujeres son de calne y hueso, y que pisan el suelo al andar y cosas así. Cuando conocí a La Piedra caí en un estado parecido al de entonces, sólo que con 43 tacos. Pensé que ella era distinta a todas las demás, que todo era como en cámara lenta en paisajes idílicos y maravillosos, pensé que Dios había venido a verme. Pero no. Es igual que yo. Quiero decir que tiene fallos, defectos y cosas así. Como yo, que alguno tengo... ¿Pero es normal que vaya a coger el avión y me encuentre este aviso en el aeropuerto?. ¿Es normal?.

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La cosa sexual

Algunos, al parecer, se sienten incómodos tratando la cosa sexual y, más en concreto, la homosexualidad. Alguno ha leído, "no sin asombro" una gran cantidad de correos que hacen referencia a este tema. Aclara el motivo de su perplejidad ... "muchos pensamos que en esta página se hablaba sobre el Opus Dei, no sobre los diferentes modos en que se puede dar rienda suelta a la libertad que tenemos una vez fuera del Opus Dei, y mucho menos si la Iglesia Católica, Jesucristo o los Santos han permitido o no las relaciones sexuales entre personas del mismo género (sexo)". Es verdad que en esta página se habla del opus de dei, pero también lo es que muchas biografías cuentan sus motivos, algunas sus debilidades, otras sus enfermedades, otras sus complejos, dificultades, incluso hay quien ha visto y charlado con su Ángel de La Guardia que, muy cortésmente, le ofreció su móvil: "toma mi Nokia, y si ves alguna pluma, perdona; te le quedas, o me le das, porfa, pero no la tires"... Y es normal, cada uno cuenta la penícula como le pasó...

Hay quien ha perdido la fe y está hastiado, quien ha salido reforzado y con ganas de seguir siendo aquel que fue o quiso ser en el opus, hay quien se ha quedado con los frenos descacharrados y la azotea hecha unos zorros y quien se bebe las lágrimas y se sorbe los mocos como un niño que tiene miedo. Algunos salen muy quemados, muy heridos, muy dolidos y eso produce cosas como el resentimiento, la desconfianza a toda la institución, incluso el odio; otros están muy solos, y ya se sabe que la soledad -si va de la mano de la tristeza- es capaz de muchas miserias. Bastantes callan e intentan olvidar, intuyen que el tiempo, y Dios (si creen), volverán a poner todo en su sitio. Estos últimos son los que en el Opus Dei dicen que son mayoría y que se van agradecidos y contentos... No es verdad: se van con ese temple que te da el que te consideren un fracasado, y con esa tristeza que te produce ver que te miran como un pobre hombre al que no se da un duro por su alma, y que en muy pocos día ya nadie se acordará de ti. Pero callan, ¿qué van a hacer?. Miras hacia delante buscando nuevas amistades, nuevos ambientes, nuevo trabajo donde, a poder ser, nadie del pasado coincida en él.

Piensas que con el tiempo toda ese fiemo que son los errores de tu vida, ese humus putrefacto que hoy pisas alimentará el futuro árbol que un día rebrotará, y esa porquería quedará allá abajo, en las raíces de tu vida.

Un hermoso nogal no lo sería si sus raíces no se hubiesen alimentado de mierda, y a nadie se le ocurre pensar que eso es malo... a condición de que no se ponga encima de la mesa.

Varias correspondencias han decidido excavar en sus raíces, darle a la pala y poner encima de la mesa un aspecto de su vida: su sexualidad. Y dicen "mira, a mí lo que me pasa es que soy homosexual". Desde luego, ser homosexual y numerario, o agregado del opus dei, se intuye difícil: el gallo en el gallinero. Por eso lo cuentan, porque se supone, leyéndoles, el drama que se vivió en esos años de sincera lucha pensando que, quizás, allí poco a poco las cosas se encauzarían de otro modo. Y lo escriben.

Más de uno se sentirá interpelado al leer esas correspondencias, y más de una: de dentro y de fuera.

La sexualidad es un asunto muy complejo, muy personal también y, en mi opinión -que ya me dirás para qué sirve mi opinión- conviene que esté donde tiene que estar, que es en las raíces. También pienso que sacralizarla, tomársela en serio, es un error muy grave. Vivimos en un cuelpo ,cada uno el suyo, y cada uno con su carácter, sus afectividades, sus sensibilidades y sus rarezas. La sexualidad se concreta en cada uno de modos muy diferentes y no siempre sabemos el por qué de todos esos modos. Yo, por ejemplo, ignoro por qué razón si me rascan el cogote me pierdo, pero así, me pierdo. Me pongo, me pongo... y ¡¡¡AUUUUUUU, un lobo en Paríssss!!! Sin embargo, a Dany a lo mejor le rascas el cogote y te da un sopapo que te pone en el jueves de la semana que viene. Y hay quien es frígida, y otros más salidos que un balcón neorrococó... ¡Un lío lo de la sexualidad!: le afecta todo: el tiempo, la cultura, la música, la religión , la herencia, la familia, la educación, las hormonas, los olores, los colores...

Siempre me sorprendió el ejemplo que puso uno en una charla sobre castidad en el centro de estudios. El tío, sin cortarse un pelo, comentó "pues, si cuando por la mañana al ir a Misa al centro ves una señora mayor fregando las escaleras de un portal y que se le ven las bragas, y los mollares, y las chinchorras, y te pasa que cada día la miras y tal, pues lo cuentas en la charla". Todo un ejemplo, sí señor. A mi, la verdad, nunca me dio por allí, pero el tío ese debía de tener la líbido al turmix. Como dice un amigo: he caído tan bajo que cuando me levanto me pego con la cabeza en el culo.

Claro, con esos mensajes, cuando llevas tiempo en el opus del opus, con eso de que había que ser salvajemente sincero, te enterabas de unas cosas tan raras -pero raras, raras,raras-, que al final decías "¡mecagüen la gallina Marcelina: ya no quiero saber más. Bastante tengo con lo mío!". Porque a base de hablar y hablar y hablar, lo único que conseguías era meterte en unos berenjenales de Padre y Señor mío.

También pienso, como el Orejas del sábado, que éste no es sitio para dar doctrina, pasión dominante, y salvar a las almas. Aquí cada uno es hijo de su padre y de su madre y dice la suya desde su punto de vista. No estamos para que alguien me diga "oye , lo del cogote háztelo mirar porque a lo mejor es de médico", u "oiga, esa ansias por que recen todos, y consideren las escenas del evangelio, y vayan al encuentro del Señor Sacramentado como Amigo, y sigan las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia, eso puede ser una paranoia y también se lo tiene que mirar"... No es el sitio.

Yo también, como algunos aquí, intento seguir las enseñanzas de la Iglesia, pero procuro comprender las razones de los demás, sobretodo si me tocan muy de cerca por motivos de familia, de amistad -cuantas veces, por comodidad, también por miedo, te gustaría no saber nada de nadie, y que cada uno viviera su vida- .

Estoy convencido de que la Iglesia alguna cosa tendrá que cambiar. La obedezco; pero la moral sexual de la Iglesia es un caos heredado de tan distintas procedencias mágicas, culturales, científicas y religiosas, y con miles de años de sedimentaciones diferentes, que confunden más que aclaran. A todas las religiones les ha interesado regular, encauzar y normativizar la sexualidad. Es lógico: va muy unida a la fertilidad, al misterio, a la vida y a la muerte. Es estremecedora, si se piensa un poco en ella. Y fascinante también.

Cambiará, como ha cambiado en otros asuntos, como cuando veía con reticencias, algo más que reticencias, el uso de anestésicos en el parto porque la terapia se enfrentaba a las supuestas palabras de Dios en la Biblia "parirás a tus hijos con dolor". Cambiará porque sabe que la sexualidad se ha codificado en base a principios que muchas veces eran, sencillamente, falsos. En ocasiones, pura superstición. Nociones como "pureza" e "impureza", "mancha", andan como por su casa en el dominio de la moral sexual: curioso criterio que no tiene en cuenta la voluntariedad del sujeto. Una enfermedad se puede contagiar involuntariamente, y lo impuro también. Basta echar un vistazo a toda la literatura escrita desde la ética cristiana sobre la menstruación y el semen, para comprobar que muchas cosas que deberían de cambiar han cambiado: en la Edad media los penitenciales cristianos prohibían que la mujer que tuviera la regla comulgase, que tocase los vasos sagrados. Asombra leer la relación de efectos malsanos que producía una mujer durante el período. ¿De dónde se lo sacaban?.¿por qué no eran desmentidas si era facilísimo comprobar lo contrario?.

Santo Tomás escribe "la pérdida desordenada del semen repugna al bien de la naturaleza, o sea, a la conservación de la especie. Por tanto, después del pecado de homicidio que destruye la naturaleza humana viviente en acto, este tipo de pecado parece ocupar el segundo puesto: impide la generación de una naturaleza humana". Hala, chúpate esa: o sea, que el fetillo ya está en el semen y se le coloca en la mujer para que lo alimente y tal. Claro, así vistas las cosas, resulta que cada masturbación es un manojo de abortos.

Esta idea del semen hizo que en Occidente se le diera más importancia a las relaciones homosexuales entre hombres que entre mujeres, o a la masturbación masculina que a la femenina.

Problema complejo éste. La Iglesia todavía tiene masas de fieles que viven en la miseria extrema, en la ignorancia, y en el miedo, junto a ellas convive una nueva mentalidad que no niega su fe, pero que le cuesta aceptar criterios difícilmente comprensibles. Y no por pereza, ni por visiones superficiales, ni por darle rienda suelta al cuerpo y a la vida mollar. Son razones serias, profundas y que piden una explicación. No debe de ser nada fácil regular todo eso.

Hasta hace unos pocos años las instituciones vivían amparadas en discreción y secretismo gracias a que la información estaba reservada a unos pocos. Las comunicaciones, la noticias y las corrientes ideológicas tardaban mucho en llegar de una punta a otra, y con dificultad al pueblo llano. Mucho han cambiado las cosas. ¿Cómo reaccionar al escándalo que denunciaron las religiosas Maria O'Donohue y Maura McDonald, publicados por la revista norteamericana "National Catholic Reporter" y que el portavoz Vaticano, nuestro querido Joaquín Navarro Valls, reconoció que el problema es 'conocido' y que 'se está afrontando', pero lo circunscribió a 'un área geográfica limitada' (África), sobre los abusos sexuales dentro de las congregaciones religiosas. Abusos también denunciados por la religiosa O'Donohue, coordinadora del programa sobre el sida de Caritas Internacional y del Cafod (Fondo Católico de Ayuda al Desarrollo), cuando presentó un informe sobrecogedor al presidente de los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo. El cardenal, sorprendido por las dimensiones del problema, encargó investigar la situación a un grupo de trabajo presidido por O' Donohue.

O`Donohue es religiosa, no lo olvidemos. No trabaja para el grupo Prisa.

La lista de abusos es descorazonadora e inquietante. El informe incluye casos de novicias violadas por los sacerdotes a quienes tienen que solicitar los certificados oportunos, habla de médicos de hospitales católicos que se ven asediados por sacerdotes que les llevan 'a monjas y otras jóvenes para abortar'. O'Donohue cita un caso extremo, el de 'un sacerdote que obliga a abortar a una monja, ella muere y él oficia la misa de difuntos' por la joven fallecida. El informe reconoce que determinadas culturas representan un serio inconveniente para el mantenimiento de los principios de la vida religiosa. En el continente africano, explica el texto, es 'imposible para una mujer rechazar a un hombre, sobre todo si es anciano y en especial si es un sacerdote', y la cultura está lejos de favorecer el celibato.

En el informe de O'Donohue se habla de religiosos que piden a las monjas que recurran a la píldora y, en concreto, se alude a una comunidad religiosa femenina en la que la superiora solicitó la intervención del obispo tras comprobar que una serie de sacerdotes de la diócesis habían dejado embarazadas a 29 monjas. La reacción del obispo fue fulminante: la superiora 'fue suspendida' y sustituida por otra religiosa. Hala, por chivata.

Estos datos han sido avalados por otro informe presentado en 1998 por Marie McDonald, superiora de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África, ésta ya es jefa y todo, en el que se pasa revista a las diferentes estrategias de acoso. Unas veces son sacerdotes que reclaman una especie de contraprestación sexual a cambio de la confesión. Otras el abuso se produce a partir de 'una dependencia financiera de las monjas de sacerdotes que pueden pedir a cambio favores sexuales'. McDonald está convencida de que hay que actuar con rapidez para atajar un problema que aumenta, y no parece satisfecha de la línea de actuación más bien tímida iniciada por el Vaticano.

Es un asunto muy, pero que muy complejo este de la castidad. En África el celibato es un valor muy devaluado y difícilmente entendible. La selección de bastantes sacerdotes deja mucho que desear, incluso para nombrar obispos se ha llegado a recomendar candidatos que sólo tengan una esposa... Lo mismo se podría hablar de zonas de América, Asia, etc... en fin, un mundo más allá de nuestros valores occidentales de puto hombre blanco que vive que te cangas.

A pesar de todo lo escrito estoy convencidísimo de que son muchas más las luces en la evangelización de África, y de la labor misionera de la Iglesia, que las sombras.

La homosexualidad ya es otro cantar. Se mezclan demasiados intereses y ando lejos de comprender exactamente qué es ser homosexual. Tengo claro que no son las mariconadas locas del día del orgullo gay -que me resultan falsas y patéticas-,pero tampoco lo que estúpidamente por no decir otra cosa, repetía en todas sus conferencias un afamado médico sexólogo de la prelatura "que el agujero del culo está para sacar cosas, no para meterlas". No se puede ser más humillante, más incomprensivo y más cerdo.

De todas formas la Iglesia lo dice muy claro en el parágrafo 235, del catecismo de la Iglesia Católica, y el Papa se ha hinchado de repetir allá donde ha ido: "Un número no despreciable de hombres y mujeres presenta tendencias homosexuales profundamente enraizadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza, evitando cualquier estigma de discriminación injusta".

Pues eso.

Regreso de un viaje

Regreso de un viaje pofesional por tierras astures y gallegas y me encuentro con un nuevo ser vivo en casa: una gatita que responde al nombre de Kika -no es neocatecumenal, que conste-. En mi vida pasada, en mi anterior reencarnación en la opus, jamás pude convivir con un animal en un centro -exceptuándome a mí mismo y a alguno más que no diré el nombre. Sí que pude ver los perros, alguno especialmente adiestrado en instintos asesinos, que protegían Cavabianca de asaltos exteriores aunque, como estaban más locos que el doctor Tornasol hasta el culo de copas, en ocasiones atacaban a los de dentro... que se lo pregunten a uno con apellido de escasez que lo despellejaron a mordiscos hasta dejarlo como Mesala en después de las carreras...

Esos perros, por cierto, son los mismos que salían jugueteando por la playa en un reportaje que le hizo la tele a un conocido personaje de la prelatura que trabaja en el Vaticano. Una imagen bucólica, tierna, encantadora. Me imagino la escena.

- ¿Cavabianca?... Oye, soy Peich Brawuenauer, mira, que me van a hacer un raport los de la Uno y que pienso que me podríais prestar la mieeeerda de perros esos que tenéis para una toma en la playa, yo paseando y tal. ¿Cómo los tenéis?.

- Pues, cuidadín con ellos, que te ven en traje de baño y se piensan que eres el Ríííchal y se te llevan la pierna izquierda hasta el ombligo todo.

- ¿Pero tú quién te crees que soy de yo?. Iré de sport, con fulard y chaqueta de ante...

- ¿De antes... de las del Sotanillo?

- De ante de tu padre, pimpím... ¿No teníais un chaval allí que ya le han mordido unas cuantas veces?... pues que le muerdan un poco más y así me los llevo tranquilos y tal.

- OK, Peich. Te los dejo en Viale de la Campanella di Administrazione ya mordidos y tal.

- PAX.

- PAX... Encomendamos.

- Yo también. Mucho.

- Yo más.

Bueno. No es textual. Lo que sí sucedió es que las tomas quedaron fetén, en plan anuncio de Residencia de la Tercera Edad "Prostratos"

El caso es que lo de la gata me tiene preocupado. Estoy con la misma perplejidad que debió de tener el Papa Benedicto XVI cuando vio por primera vez a la fundadora de las madres Ursulinas, acompañada de las primeras, con la toca esa de alerones superaerodinámicos de chúpame la punta, en plan ¡¡¡yabadadadúúúúú, Santo Padreeee!!!. Y el pobre hombre alucinando pepinos y pensando "¿pero quién coño le habrá diseñado semejante moñiga?. Pues asín me quedé yo cuando, en lugar de encontrarme a La Piedra como una fiel Penélope a mi vuelta de mi odisea, me topo con una gatita gris y ojos ámbar que pasa totalmente de mi. Y, claro, encima me vienen con lo que es tan bueeeena, es tan liiiiiimpia, es tan cariñooooosa y te hace tanta compañíííía... que estoy pensando si no me estarán diciendo que yo soy un pringao, un guarro, un palo y un muermo. Tengo que ganar puntos como sea. A mi una gata no me desafía.

Después me dispuse a ponerme al día de Orejas y me encuentro con la correspondencia de Diego, el de la condición de persona NO MIEMBRA (octubra, nomiembra y diciembra...) esta gracieta me ha salido bastante mala, la verdad).

Me inclino a pensar que Diego tiene razón en bastantes de las cosas que escribe. También creo que hay muchísima gente buena dentro de la prelatura y que están haciendo mucho bien, y que están donde tienen que estar. Mis papis, sin ir más lejos Y, desde luego, no intento que nadie se vaya, ni que se quede, ni que suba ni que baje... Creo que ese no es el tema. Si lee bien todos los escritos, cosa que dice no haber hecho, Diego verá por sí mismo cuál es el tema de fondo. Incluido lo de si somos o no católicos. Me gustaría oírte hablar del cura de mi parroquia, campeón, que me hace cogerle las manos al manguta de mi derecha, a la cacatúa de mi izquierda, levantarlas en plan ¡viiiiiva la gente la hay donde quiera que vas!, y mientras hacemos huhuhuhu con la melodía de los "sonidos del silencio" el tío se recita un padrenuestro que sólo le falta ponerse la toca de las ursulinas para ponerle la guinda a la horterada.. y no te cuento más de ese hombre porque soy católico, que si noooooooo...

Lo que me llamó la atención del escrito de Diego fue su redacción. Hubo momentos, leyéndole, que pensé "jolines, qué majete es, qué dulce, qué sensible". Uno iba leyendo cosas como "y le digo una cosita que puede les desanime un poquitito", que a mi me esponjaba los ojitos y parecía que se me saltaban las lagrimitas por las mejillitas. O esa otra de "aladito de Judas", o la de "su paginitas"... mi corazoncito se estremecía ante tanta delicadeza. O cuando escribe eso de "dar consejitos al personal" - allí ya es que sudaba gotitas de bochornosa vergüenza por mi colaboración en esta paginita.

Añade más, "con la de cosas bonitas que hay por hacer". ¿Bonitas, dices, Diego?: ¡¡¡bonititas!!!, te corrijo, con la de cosas bonititas que hay por hacer!!!.

Lo de "heroicos eruditos" lo he mirado en el diccionario y no es diminutivo. No existe el vocablo "erudo".

Y, de repenete, de pronoto, al tío le da un frús, se quita el careto de "Dominique, nique, nique, tan simpa y bonachón" y empieza con que si tiene cojones la cosa, que NO TENÉIS NI PUTA IDEA, que no sois NADIE, digo NADIE, que deberíamos estar acojonados... y nos exhorta a estar preocupados por el otro Juicio (joé con el Juicio de las narices, sale siempre).

A ver si resulta que a ti en ese Juicio te cae alguna chispita por tus pecaditos y tu mala lechecita, NOMIEMBRA.

Por cierto, la Piedra se está pasando ya conmigo.

Cosas de Satur

Me cita Josecar en un asunto

Me cita Josecar en un asunto que sólo de pensarlo me pone la gallina de piel. Toda la gallina de piel. Escribe: No sé si en el movimiento por la integración, que está en auge por varias regiones de España, los colegios de Fomento están en la vanguardia o en la retaguardia. Me imagino que dependerá de los directivos de cada uno; a lo mejor otros como Satur pueden comentar algo al respecto. Pero dados los prejuicios generalizados entre todo tipo de educadores de aquella época, no me extraña que a tu hermana le ocurriera ese triste incidente. Lo entiendo, aunque no lo justifico....

Difícil lo pones. En Fomento existe un programa de Ayuda al Desarrollo de la Inteligencia. Bastante me he reído del asunto por lo que me ha tocado sufrir el implantarlo en algún que otro colegio, y creo que en muchos casos se ha jugado a psicólogos, como en su día jugábamos a médicos, a indios y vaqueros, o a cocinitas... Habrá quien le habrá ido bien y habrá quien le habrán dejado al hijo peor de lo que estaba... porque donde no hay mata no hay patata. Y no hablo de que no exista el menor asomo de mata y patata en el alumno con deficiencias, sino en el profesorado que le pueda atender o en la psicóloga que pueda liderar el proyecto. Las varitas mágicas, los aparatos que lo curan todo (el último del que me hablaron era una tal "Sinotrón" que era como el anuncio de Buterfly Master el nuevo producto reductor de grasas con biolípidos abductores concentrados que no sólo le evita ir al gimnasio, reduce kilos de su cuelpo y desestresa el duodeno, sino que alivia de las siempre engorrosas almorranas, hace crecer el pelo del pubis hasta la liana feliz y facilita un sueño reparador que hará que sus amigas , al verla, comenten ¡¡¡OIGHTTT, ¿pero tú qué coño te has hechoooo?!!!".

Pues el Sinotrón se aplicaba a todo: niñas sin medio hemisferio, hiperactivos desenfrenados, autistas recalcitrantes, vagos de tomo y lomo, niño tipo "oye, ¿has comido? -mirada en silencio... un segundo, dos, tres... y contestación: ¿cuál fue la pregunta, profe?" ... ¡¡¡al Sinotrón!!!. Un cajón de sastre donde cabía todo. No dudo de la buena intención... pero se necesita algo más que buena intención. No se trata sólo de crear expectativas maravillosas y extraordinarias y potitas. Muy potitas.

Por cierto, que el Sinotrón costaba lo que su nombre indica... un cojón de pato. Y los programas de Ayuda al Desarrollo de la Inteligencia, el otro. Del mismo pato.

No me burlo de los chavales. Yo mismo soy una biografía con mucha fe de errotas. Me educaron los padres jesuitas y tengo en la cara más huellas dactilares que la INTERPOL, pero si llego a caer en manos de la Siniestra Sinotrón estoy seguro que ahora me estaría haciendo la raya del pelo a lápiz o a bolígrafo.

Es un tema muy delicado éste de la integración escolar Josecar. Mucho. Dependen muchos factores: la calidad de los padres -como los tuyos, o como la suegra de Adri (por cierto, vaya revolcón te dio ayer, eso en Kárate se llama "Preston Llave", es aquella que, una vez que te la han hecho, abres los ojos y ves tus propios testículos delante de tus propios ojos: un nudo de miembros difícil de describir...); también la calidad, preparación y profesionalidad del profesorado que debe aunar uniformidad con diversidad en un aula (eso sí que es de Preston Llave); de los medios e interés del centro: horarios (no se puede atender nada ni nadie cuando tienes que dar 25 horas semanales de clase -Lengua, Historia, Religión...-, acompañar tu curso a la plática, cuidar el estudio mientras unos van a Misa (a "Misasuntos") preceptuar a 23 fieras, recibir a los padres, y fuera de horario algún petardo/a que te viene con que su hijo no puede hacer educación física por tiene mocos, y que qué pasa, que yo donde pago me cago, vigilar el comedor (así te sale de gratis la comida del colegio, y eso que te ahorras), sustituir al pedazo de cabrón que se ha ido de convivencia, o de retiro, o con su prima la del pueblo, y te endilgan ocho horitas más y una palmadita de "¡venga, campeón, que pa eso estamos!, por el Padre". Y te piden, a más a más, que rellenes el parte de preceptuación, con tus crucecitas marcadas conforme has preceptuado todos tus chicos dos veces por mes (por cierto, que allí las colaba, lo de poner las x, hasta el mismísimo san Juan Mª Vianney). O te viene un mingatriste de Madrid apretando con los Equipos Técnicos y que hay que hacer la programación corta de Lengua, de los BITS de Inteligencia, de los rincones del aula y del Monomio de la Bernarda...

Y no acaba aquí la cosa, Josecar, no te vayas tú a pensar. Un día cualquiera, sin avisar, se te presenta un cura de Madrid, uno de esos que van en bicicleta de un solo piñón y te sube el Tourmalet sin pestañear, y, venga, reunión a las cinco de la tarde. Y, emocionado, porque no hace otra cosa que chutarse con La Historia de un Sí y alta teología, teología de la buena, hijos míos, tipo folletos de Mundo Cristiano Juvenil, y está más fresco que una lechuga, te mete una soba sobre la importancia de la dirección espiritual, las pláticas, la frecuencia de sacramentos, la devoción a nuestro Santo Fundador, la importancia del agua bendita en nuestros oratorios , el cuidado de la liturgia, el fomento del Vía en los niños , la incidencia de los mass media en los hábitos impúdicos de nuestros alumnos, los remos de la barca de Pedro, el trato con el Custodio del Colegio, la conveniencia de leer vidas de santos, la asistencia a los clubes y Juan Pablo II te quiere todo el mundo, ¡¡¡TOTUS TÚS, TOTUS TÚS!!!... que, claro, sales de allí, y te encuentras con el de "¿cuál fue la pregunta?, o con un papi decepcionado porque no educamos en la integración, y no los mandas a hacer gárgaras porque el que necesita un Programa de Ayuda al Desarrollo de la Inteligencia eres tú.

Y un chute de Sinotrón. Sinotrón, en tu culo campeón.

Por cierto , Josecar, ¿qué tal te fue la conferencia?. ¡¡¡Te pillé!!!

Predica

Nos escribió Conchita Regojo

Nos escribió Conchita Regojo. Yo pensé que era un seudónimo , algo así como el masculino de Rejalgar , pero no: existió Conchita Regojo. Me acordé de una corrección fraterna que me hizo un sacerdote cuando en una charla cité a Dorotea de Chupitea -creo que hoy es beata- nombrándola como Dorotea Chúpatesa. Bueno, no fue exactamente una corrección fraterna. El tío no se esperó ni a consultarla. Allá mismo, delante de la peña, me metió un paquete sobre que a las personas santas hay que tratarlas con respeto y tal. Pero, ¿qué culpa tengo yo de que se apellide Chupitea?. Suena a vasito de licor en vasco: dame una chupitea de orujoa, Txomin...

A lo que iba. Conchita Regojo comienza directamente en vena: que mala LECHE tenéis. Y después, sin audiokinetrón que pueda con ella, se pone en plan "soy una mula, mi niño, mi niñooooo...". Con zapateado y soltándose la melena. Como, dicen, que comentó un conocido escritor viendo bailar en directo a Lola Flores: "¡joé, parece el Cristo de Velásquez cabreado!"

Conchi, no te enfades, arréglate, te sienta bien ese vestido gris. Se puede escribir lo mismo de otro modo y quedas fetén. No generalices. Esto es un foro donde cada uno dice la suya. No todos pensamos del mismo modo, ni todos, aunque nos unan años en una institución, la vemos igual. En una correspondencia comenté que yo había sido muy feliz en mis años en la prelatura -y es cierto-, y al día siguiente me contestó otro diciendo que él para nada. Bueno, pues qué le vamos a hacer.

A mi que la gente sea del opus me parece muy bien. Vamos, ni bien ni mal. Allá dentro hay muy buena gente -y ese no es el problema. Pero a uno le da la impresión, el tufillo, de que hay muchos dentro que les cuesta dar el paso de salida, de decir "oye, que me voy, que esto no es lo mío" porque hay toda una tela de araña de frases, proverbios, refranes, mensajes, profecías y malasventuras, que les atenazan, les paralizan y les castran. Y eso no puede ser. Eso no está bien.

Y esa es una de las funciones que tiene esta página: que vean, que sientan, que palpen, que muchísimos hemos salidos y somos gente normal y razonablemente feliz, que no es verdad que fuera del opus no hay más que tristeza y decepción, que no es verdad que somos unos cerditos buscando su pequeño placer, que no es verdad que nos jugamos la felicidad terrena y, quizás, la eterna, que no es verdad que no sabremos amar y que todo nos parecerá una mierda.

Y por mucho de Dios que diga que es el Opus, por muchas bendiciones de Papas, de Cardenales, obispos, curas, monaguillos que tengan, por muchas campanas que oigan, por muchos milagros que le adornen y por mucho que Escrivá no fundara nada porque el Opus se lo insufló el mismísimo Dios, no se puede mentir así a la gente, no se le puede acojonar así al personal. No se puede insistir una y otra vez que basta ver la vocación -vocación , dicen, que es una auténtica llamada de Dios personal y directa- una vez a en la vida y a los catorce, quince o dieciséis años para no dudar nunca más de ella. Es un tema muy grave éste, muchacha que vives de rentas. Muy grave. Y algunas de las consecuencias de esta siembra de miedo se leen en estas páginas. Demasiados enfermos del espíritu, demasiadas depres sin sentido y alguno/a pasado de vueltas.

Por eso te digo, y te lo escribo de verdad y de corazón, yo defiendo al que siga su camino porque ése es su camino, pero defiendo también -con toda mi mala leche- al que vea que no es su camino, al que lleva tiempo que no da una, que está enfermo, o ciego, o muy triste,..o, sencillamente, que quiere irse. Y tiene miedo. Pues a ése le digo que, venga, que zapatilla.

Que en el otro lado le está esperando, también, Dios. Y que no es verdad que pasa algo. No pasa nada.

Más aún sí de ya todavía te diré. Aquí no se inventa nada. Son muchísimos los testimonios que se basan en escritos del propio fundador, en textos entrecomillados y con referencias a su correspondiente cita, ya sea de alguna glosa, del libro de meditaciones o del catecismo de la opus. ¿Quién inventa las frases del rejalgar, de que no se da un duro por el alma de uno que abandona y tira su vocación...?. Y no sigo porque se cuentan por decenas las profecías del acojonamiento divino.

¿Hay cosas buena en la opus?. Pues sí, Conchita, sí, las hay. Pero también malas, muy malas y perversas. Y hay que ir a por ellas. ¿Rendirse?,nunca. No vale justificar la historia subrayando los defectos personales de los putos humanos para salvar la institución y su pretendido origen sobrenatural. No, no: hay cosas que no se pueden dejar escritas para que una banda de insensatos, ingenuos y fanáticos las tomen como auténtica Palabra de Dios, porque la arman. Recuerdan al "ciegos que guían otros ciegos..."

Los lenguajes en la opus son muchos, variados y calculadamente dirigidos a distintos sectores. Los códigos de interpretación son muy distintos según seas numerario, agregado, supernumerario o cooperador. No a todos se les dice todo, ni de la misma forma, ni con el mismo sentido. No a todos se les predica las mismas doctrinas. Se cuentan por miles los supernumerarios que se enteran de la mitad de la mitad. Auténticos durmientes que van a lo que van, cumplen lo que cumplen, cuentan lo que cuentan y asisten a lo que asisten. Un cachondeo. Principalmente son los que se escandalizan al leer esta página; esos y cooperadores, o gente que confunde ideología con fe y mezcla el PP, la COPE, el opus, las reliquias de Santiago, Paloma Gómez Borrero y Crónicas de un Pueblo.

Pero ex numerario/as y ex agregado/as, numerario/as y agregado/as, pocos. Es difícil rebatir textos escritos.

Para muchos la fe, así en pequeñito, está engarzada a lo cultural, a lo político y a la cosa pública. Se es católico como se pudo ser animista si llega a nacer en Boswuana, o musulmán en Turquía. Me tocó esto. Y junto con la fe -unas creencias, unos mandamientos, una liturgia-, se cumplen con unos ritos donde todo es blanco o negro. Se es de derechas, o demócrata cristiano, o nacionalista, se obedece ciegamente al líder, al programa y a las consignas del momento, no se duda de la eficacia de los programas, aunque su estulticia sea planetaria : muchos semáforos y pocos criterios.

En la opus, y no sólo en la opus, hay bastantes supernumerarios que son gente conservadora, de orden. Son del opus como podrían ser de la cofradía de María de Magdalena Ortiz de Landázuri y Chavela Vargas. Es una pertenencia donde prima más la adhesión que el amor, la uniformidad por encima de la aventura personal, la seguridad a la sorpresa.

Cuentan que viendo Escrivá de Balaguer y Albás una penícula de guerra, en una escena donde cienes y cienes de paracaidistas caían desde un avión en tierras enemigas, el santo se incorporó y dijo "¡¡¡eso es el opus dei!!!, un grupo de soldados que caen en tierras enemigas que hay que conquistar para Cristo. Cada uno solo, con su fusil, su mapa con las instrucciones y solo. Y el que regresa, regresa.".

Quizás tuviera razón y eso tendría que ser el opus, pero qué lejos ha quedado de esa idea. Ahora son la guardia real, con sus plumitas, sus pantaloncitos coloradines, sus borlas de purpurina y su paso de la oca.

Ser cristiano, se ha dicho, es ser revolucionario del amor. Ser cristiano tiene mucho de ingenuidad, de locura, de eso que los listos, también dentro de la iglesia, llaman "hacer el gilipollas". Es imposible vivir la Fe de verdad y no hacer el gilipollas. Te las dan por todos los lados.

Al opus no le escandaliza que bastantes miembros supernumerarios, especialmente en Latinoamérica, vivan a un ritmo de vida de marajás. Un ritmo que el la P. M. H. ( la Puta Maravilla Hindú). Tipos que se van de safari a África, por ejemplo, y de paso visitan los restos del marqués, y aquí no pasa nada. No es un ejemplo cualquiera éste. Y a esa gente le importa un comino si en orejas se dice la verdad o no. Para ellos el Opus es una maravilla. Fallarán las personas, pero la institución no. Nunca. La prelatura es de origen divino, no como otros... Hombre, a mi también me gustaría vivir como un manguta y que, encima, me tengan asegurado el cielo....Tiene gracia como les gusta predicar eso de que hay gente muy mala que Dios no castiga en vida y le permite todo tipo de excesos y placeres regalados porque después, en la vida etenna les van a dar pal pelo con sopletes y todo tipo de fogones....

¡¡¡Ayyyy, Conchita, que no sé quién tiene más mala leche!!!

Creo que Tomás no insulta en su escrito

Creo que Tomás no insulta en su escrito. Está quemote y nos llama mentirosos, pero eso no es insultar. A mi me suena más a enfado de niños que se sacan la lengua y dicen " uh,uh, chínchate, mentiroso, más que mentiroso", y el otro " verdadoso, uh,uh, y tu padre más, rasca, rasca", y el de antes " pues, sí, sí, mentiroso capiroso, hala, y se lo voy a decir al Isra, mi helmano, uh,uh...". En fin, tonterías...

Reconoce que se puede dejar la opus después de dieciocho años y ser EL HOMBRE MÁS FELIZ DEL MUNDO. O sea, éste no siente rejalgar ninguno. Ya es un buen testimonio. Está esperando su segundo hijo -¡¡¡enhorabuena, otro López en el manicomio!! -, y se queja de que exageramos, sacamos las cosas de contexto, no vivimos la CARIDAD y juzgamos intenciones. Y, hombre, algo de razón tiene. Como botón de muestra el último de Dionisio que saca sus demonios particulares y mete un viaje a varios numerarios que ya te digo, colegui. Si alguno de ellos lee la correspondencia del Dioni se queda con la misma cara que una amiga mía ya entradita en años que se fue a hacer la cirugía estética y estuvo siete horas con el cirujano...¡¡¡para hacerle el presupuesto!!!. Pues lo mismo.

Yo también he dado algún viaje, y algún estiramiento. Es mi otro yo, que me pierde. Mi lado malo.

De todas formas, hay varios asuntos en la correspondencia de Tomás que me han dejado estruprefacto y no puedo menos, para salir de dudas, que preguntárseles y que me les diga, o me les aclare.

Primera.- Afirmas que te has casado con una mujer "más que estupenda". Pregunto " más que estupenda", ¿respecto a quién?. Estupenda , ¿en qué sentido?. Estupenda de que está estupenda, o estupenda de que es estupenda. Estupenda porque sólo tienes esa Penda y no has conocido más Pendas que ella, o, por el contrario, es tu penda porque después de muchas horas de vuelo esa Penda es tu Penda. La genuina. La Piedra, por ejemplo, también es estupenda, y más que la tuya, por si no lo sabías, pim, pim. Es como Vimp limpia hogar, que hasta podrías comer dentro de tu fregadero. Y, por si no lo sabías, que sepis que La Piedra fue Dama de Honor en el IES Rigoberta Menchú - no confundir con Conchita Regojo -en no sé qué año, que ahora no me acuerdo y ella no está en casa para poder consultar.

Acláremele, Tomás.

Segunda.- Cuando escribes una relación de cosas que no hicieron bien contigo allá dentro en una dices "decirme que atendiera las charlas en un idioma determinado". Macho, por más vueltas que le doy al asunto no pillo. ¿Qué idioma era ese tan determinado?. ¿El de los signos para sordomudos?, ¿el esperanto?...¿Asistía algún chinito Mitoka Tokiski por la labor y te obligaron a recibir la charla en Cantonés?

Dame paz, y explícamele, porfa.

Tercera..- Afirmas que la obra está formada de hombres y mujeres de canne y hueso y por eso hay errores. Y categóricamente, y en mayúsculas, escribes "ESTO LO SABEN HASTA LOS MONOS". Vamos a ver, Tomás, los monos no pueden saber eso por la sencilla razón de que son animales - ¡¡¡NO POSEEN NUESTRA INTELIGENCIA!!!. Funcionan por instintos. Hombre, esto que lo escriba un urco, pues pase, pero tú, que conoces la relaciones intra Trinitarias ad extra, ab intra , y ab salón ab salón, hijo mío, pues como que no. Y, además, no sólo tenemos canne y huesos, también está el alma, inmortal, indivisible y principio de nuestra propia subsistencialidad, contri menos. Eso también lo debería de saber, ¿eh?.

Cuarta.- "Me fui con paz, con alegría y con serenidad". Bien, si Paz, Alegría y Serenidad son tres mujeres, pues trago. Allá tú, Pero si son tres virtudes, me cuesta creerlo. Todo tu escrito está repleto de mayúsculas - en intelnés escribir con mayúsculas denota cabreo, desazón, nervios exaltados, ánimo turbado. Relee los escrito y das sensación de todo menos de paz, alegría y serenidad. Te deseo las tres y que reencuentres tu presencia de ánimo.

Quinta.- "El Opus Dei me ha enseñado desde usar el desodorante hasta las Relaciones Intratrinitarias y todo lo que hay en medio de esos dos extremos". Frús total, machote. Aquí sí que me has dejado tipex total. Yo recuerdo que al marchar al Centro de Estudios mi mamá me hizo la maleta, ayudada por mis hermanas y mi padre, felices todos y contentos (¡¡¡BIEEEEENNN, SE VA SATURRRR PARA SIEMPRE, VAMOS, VENID, AYUDADME A HACERLE LAS MALETAS!!!) y en el neceser me colocó un desodorante marca Williams Stick de color azul oscuro. Lo estoy viendo. Pero lo tuyo ya es de traca, colegui. Ni el Iiiiisra, el henmano del Ríííchal, el del Carefúúúl. Y, luego sólo de pensar el apuro que debió de pasar el que te tuvo que explicar el uso del deodorant se me ponen los vellos como escarpias, incluso los de los brazos.

- Mira, Tomás, esas flores que te salen del sobaquín , ese rasca rasca que tienes, esa olor a Papeleras de Navarra, es porque no usas desodorante... esto es un desodorante, ¿ves?. Se quita el taponcín de arriba, chuiiiick, y esto así de color como más chuli se echa en el sobaquete... se levanta el brazo así parriiiba y pimba, pimba, venga, a darle. Y luego en el otro sobaco. ¿Vale?.

- Vale. ¿Y no se mancha la camisa?.

- Ay, no, que se me había olvidado el detalle. No se pone encima de la camisa. Eso nunca. Directamente sobre las flores y luego, repito, luego, te pones la camisa, o el polo.

Desde luego, ya les puedes estar agradecido.

Lo de las Relaciones Intratrinitarias. Te voy a contar una historia que me pasó a mi, por si te sirve. Iba un día paseando por la playa pensando en cómo sería la esencia de Dios y, en esto, que me encuentro con una niña que está con un pozalito cogiendo agua del mar e intentándola llevar a un agujerito que había hecho en la arena. La observé en silencio. Segundos después le pregunté

- Niña, ¿ porqué te afanas en llevar el agua del mar a tu agujerito regojo?.

- Es que quiero - contestó con dulce voz - meter toda el agua del mar en él.

- Juá, juá, juá - reí al escuchar la respuesta bisoña de la niña - pero,¿no ves que eso es imposible, pequeña flor, no puede introducirse toda el agua del mar en ese agujerito.

Y, entonces, cambiándole la voz a la de un camionero de Atalanta (era un ángel) me dijo " Y TÚ QUIERES METER LA INMENSIDAD DE DIOS EN ESA PORQUERÍA DE CABOLO, IMBÉCIL. Y A VER SI LEES MÁS, ATONTAO , continuó, QUE ESO MISMO ME PASÓ CON SAN AGUSTÍN HACE OCHOCIENTOS AÑOS Y ESTÁ ESCRITO POR ALLÍ.

Imagino que no te lo creerás, Tomás (como aquel otro Tomás incrédulo) así que aquí te envío la instantánea. Se aprecia a la niña-ángel y algo del agujerito regojo.

en la playa

Pillaste, Josecar

Pillaste, Josecar. Me tenías inquieto porque había facetas en tu pelsonalidad que no conseguía entender. Y en tu última correspondencia -gracias a una alusión que haces a un escrito mío -me dije "caíste, Maciste": Josecar no tiene imaginación. Y eso explica muchas cosas.

"Termino -escribes- con una pregunta totalmente trivial, que me ha estado intrigando y me recordó Satur cuando en uno de sus correos recientes utilizó - sin venir a cuento, como siempre - un verso de José Luis Perales: ¿es verdad que la canción de Perales que dice, "a veces me pregunto si en verdad valdrá la pena, dejar la vida entera en un papel, no sé, no sé" se refiere a la petición de admisión?".

Contesto primero tu duda Peraliana. José Luis, Pepelu para los amiguetes, ha dicho siempre que no es, ni ha pertenecido, ni ná de ná, con la obra del Máximo Total Simplicísimus. En una entrevista en el Mundo digital a la pregunta de si era verdad que era del opus contestó "¡¡¡ quééééééééééééé´!!!, ¿¿¿comooooooorrrrrrrr???". Con eso está dicho todo. Y, hombre, si te pones a interpretar letras de canciones tampoco creo que Concha Velasco, nuestra Concha, sea de la prelatura porque cuando canta eso de "¡¡¡no te quieres enteraaaaar, yé, yé, que te quiero de verdad, yé, yé, yé...!!!" se refiera a la resistencia a querer pitar de una posible aspirante y se le anime con la canción a una entrega total por amor al Amor que le quiere de verdad. Ya no quiero pensar como interpretar la de "Es una laaaataaa el trabajar, todos los días te tenés que levantaaaarrr...", compuesta, pobablemente, por un jesuita -¿el Padre Vergés quizás? -para minar el mensaje central del espíritu de la obra: la santificación del trabajo y de los deberes ordinarios del cristiano ande esté y a la hora que esté, como Martini.

Aclarado el tema que tanto te intrigaba, vamos a lo nuestro. O sea, que en mis correos utilizo cosas "sin venir a cuento". Puede ser. Pero también puede ser que tú no poseas imaginación y veas, entiendas e interpretes las cosas tal y como las escuchas, las lees, o las ves. Eso hace que te quedes sinceramente perplejo y desconcertado. Me he encontrado, y me encuentro, muchos como tú en mi vida, y no es fácil convivir. En el fondo es un choque de visiones entre mundos donde se vive sin sentido del humor, o con sentido del humor, o... rayando la locura (puede ser mi caso).

Tendría yo diez añitos y un día mi padre, un hombre bueno, serio, reservado, contemplativo y muy ordenado en sus asuntos, escuchó que alguien gritaba como un poseso en su despacho. Era yo. Era yo, pero enloquecido por una serie de dibujos animados, Chazán, que al terminar de verla me impulsaba a encerrarme donde fuera y repetir lo que había visto. Aquel día le tocó el despacho de mi padre. Cuando mi padre abrió la puerta se encontró a su hijo gritando mientras daba un gigantesco bote de su sillón a un armario, sudando las babas de la trompeta de Louis Astromg, y con unas vitolas de puros que hacían de anillos en mis dedos. Anillos que rompía mientras gritaba emocionado al comprobar la fuerza de mis miembros al cerrarse - ¡¡¡AJJJJJJ... UACHHHHHH!!!!-, y que tiraba al suelo (todo el suelo era una alfombra de vitolas rotas y esparcidas por doquier). Era su colección exclusiva, magnífica, primorosamente ordenada en cajitas por fechas, antigüedades y calidades. Era su secreto, celosamente guardado, de años dedicados a una colección que era su orgullo... Y, ahora, allí mismo, delante de sus narices, su hijo Saturnín, con ojos de loco, afónico de tanto griterío para asustar a miles de enemigos que hasta unos segundos antes querían invadir la Tierra -nuestro planeta, Josecar - todas las vitolas eran mierdecillas de ovejas.

Nunca olvidaré esa cara. El que enloqueció entonces fue mi padre. Me enganchó del cuello y como si fuera un guiñapo de trapo me arrastró hasta la bañera, vestido (vestido yo... y mi padre, claro), me introdujo en ella, abrió el grifo de agua fría y comenzó a gritar "¡¡¡A VER SI MADURAAAAASSS, COJONES, A VER SI MADURAAAAASSS!!!" , mientras mis hermanas y madre se asomaban temerosas al pasillo pensando que Abraham sacrificaba, por fin, a Isaac.

¿Ves?. Yo tenía imaginación y mi padre no.

En todos los centros de la obra me encontré con gente sin imaginación. El colmo fue uno, sacerdote, sesenta años, que me dijo un día a solas, después de la confesión "oye, mira, a mí lo que me pasa es que no tengo imaginación y, pues que no te entiendo. No sé cuando hablas en broma o cuando en serio, y me tienes desconcertado, porque yo todo me lo tomo en serio... ¿qué podrías decirme antes cuando es en broma o es en serio?". Como te lo cuento, Josecar. Hay que ser muy buena persona para andar así por el mundo. Éste mismo me contó que, recién ordenado, viendo que no entendía el tema de las relaciones entre novios y la cosa sexual, la delegación le envió a que tuviera una charla con un sacerdote con experiencia y probada virtud, y me comentó "¡¡¡me dijo cada cochinadaaaaa!!!". Ya te digo, blanco y negro.

Recuerdo que en un centro donde habitaban seis o siete de esta raza comenzaba el círculo breve. Ya sabes, se inicia con la formula de "Ven , oh santo Espíritu...", y en esto que entro en ese momento y, mientras me arrodillo, extiendo los brazos como un avión en vuelo rasante y digo "¡¡¡ ÑÑÑIIIIIIAAAAAAMMMMMM!!!". Ya ves, una gracieta de las que no vienen a cuento: quería darle plasticidad al asunto del Espíritu Santo sobrevolando sobre la sala de estar. No hizo ninguna gracia. Y la cara del director me recordó, y mucho, a la de mi padre con las vitolas. Suerte que allí no había bañeras. El paquete se oyó en el Cortile de San Dámaso.

Cuando uno no tiene imaginación todo se lo toma muy en serio. Si reza las tres avemarías de la noche y en la última no sabe si lleva dos o tres, vuelve a empezar, por si acaso, o si las ha rezado a la carrera, repite vocalizando logopeda total, que es lo mismo que el niño que va por la calle jugando a no pisar las junturas de las baldosas y si pisa una vuelve a empezar. Les gusta mucho el mecanicismo religioso, saber a qué atenerse, conocer muy bien los criterios, las normas, las frases hechas. Si en un círculo breve te sorprenden que has cruzado las pielnas dan un salto como Santa Claus en una playa nudista, si son ellos los que por descuido han cruzado la pielna dan un respingo como si se hubieran torcido un testículo, por ejemplo. En realidad, como si eso fuese una falta, quizás un pecado. Se es así.

No me defiendo, yo también soy de otra manera, pero reivindico el buen humor, que es hijo de la imaginación. La religión, y sobretodo la cristiana, es un universo de imaginación, de metáforas colosales, de símbolos que significan mucho más de lo que ves. Es más eso que el mecanicismo pietista. El relato del nacimiento de Cristo es una maravilla de alegría, de sencillez... es difícil encontrar páginas más alegres. La imaginación de Jesús era fantástica, basta echar un vistazo a las parábolas de la Misericordia y ver la alegría que se respira en ellas. Alguien dijo que son las palabras del UNO (un hijo, una oveja, un dracma...) Su manera de perdonar, de darle importancia a lo que tenía importancia, y quitarle a lo que no tenía, es sorprendente por su sensibilidad, inteligencia, conocimiento del corazón humano y buen humor. A Jesús dudo mucho que le importara que se cruzaran las pielnas, que se rezaran más o menos largas listas de oraciones o que los brazos estuvieran más o menos en cruz.

Escrivá decía que perder el buen humor es cosa muy grave. Pues, mira, tenía razón. Yo creo que es letal. También decía "que estén tristes lo que no son hijos de Dios". Para él, sobretodo, eran hijos de Dios los del opus dei. Le gustaba mucho repetir eso de "hijos de Dios en el Opus Dei". Sin embargo, en la obra se acaba confundiendo alegría y buen humor con buena educación, no es lo mismo, con politesse. Y poca gente alegre, alegre de verdad, se ve con los años.

A mi también me parece que escribes cosas que no vienen a cuento, pero son muchas correspondencias y se ve que eres así. De vez en cuando te metes en unos jardines... En la contestación que escribiste a Tomás López, el de la Guerra de las Axilas, tienes una primera parte medida, sosegada, pausada, serena, pero hay una segunda parte que es de patinaje sobre hielo con tutú y doble tirabuzón. Un troncazo de secuolla cuaternaria.

Escribes "Y si realmente te importa su alma y su felicidad ("de cien, las cien", ¿recuerdas?), lo primero que hemos de ofrecer es caridad y comprensión. Si tienen una visión descarnada de la Obra y de sus miembros, por favor no se la refuerces. Sé que no es fácil, yo fallo muchas veces, pero empecemos por no arrojar insultos como "mentirosos" y "bellacos" (no estoy seguro, pero creo que se escribe con b). Perdona que te lo diga, no me imagino a ese "alter Christus" que tú y yo queremos ser escribiendo esas cosas". ¡¡¡Vaya troncazo!!!. Y, además, ese "¿recuerdas?" está de más. En plan catequista coleguita con poverello mocosín. Sobra.

Y eso de que de cien almas, las cien... cuidadín, que allí hay mucha leña que cortar. Y lo del alter Christus, lo mismo.

Yo no quiero ser un alter Christus.

¡¡¡Vaya la que se ha armado con Josecar!!!

¡¡¡Vaya la que se armó con Josecar!!!. En mi opinión Josecar es necesario en la página. Sin él ya nada sería igual. Joseca'los es Joseca'los y no cambiará nunca, ¿pero se trata de eso?. Es cierto que, a veces, se mete en unos jardines y se encharca que no veas, que su tono didáctico- moral- afectivo - reflexivo alehop puede resultar para algunos irritante. No sé. Yo creo que san Esteban, el protomártir, debía de ser un poco como Joseca'los , que dice que le escuchaban los judíos y se ponían de los nervios todos y el tío, erre que erre, mirando al cielo en plan "¡¡¡mis ojos han de ver a Jesucristo mi Señooooorrr!!!" y, claro, los judíos más cabreados y, venga, a darle de pedradas y guantazos. Y no es eso, hombre. Es buen chaval. Palizín, pero buen chaval...

A mi José me cae muy bien, y le entiendo. Hay que saberlo degustar, como esos caldos que aconsejan beberlos con el retronasal miembro epiglótico para saborear su afrutado aroma y el recuerdo amaderado de las cepas de Aydajou. A Joseca'los hay que saborearlo. Es denominación de origen, ciento por ciento D.O.

¿Qué defiende la opus?. Pues muy bien. También hay quien se mata por el Barça, o por el Bocachuniors, o con la Petit Terin, la mujer más pequeña del mundo. Inclusamente hay quien colecciona jotas de los adoquines de la Pilarica con versos como "me encanta verte en la escalera/ porque te veo las pantorrillas/ y también un poco de roña/ que llevas en las rodillas", y te dicen que eso es lo más de lo más. Pues vale.

¿Se nos va a negar esos finales fantásticos de Joseca'los?. Esos "si necesitas ayuda, no dudes en pedir mi dirección a los orejas, estaré encantado de poder charlar de paz , amor y socorrismo incluso", o esos "gracias a Brisas, a Pablo, a Carmen Charo, a Satur - gente que le habíamos dado caña hasta en el velo del paladar -, gracias, de verdad, porque me siento más cerca de Jesús ofreciéndole esta humillación por la salvación de la Humanidad Redonda y el Universo Infinito Sí". ¡¡¡Eso es impagable!!! Entiendo que a más de uno/a se le abran las carnes y se licúe todo y aún quiera darle más tralla... Pero él es así. Y lo necesitamos. Además, nos quiere. Eso se nota. No se le puede comparar con Nicole Di Bari, o el señor de las Moscas, o Adelito, que se fue con otra, y no le seguiremos ni por tierra ni por mar, ni en buque de guerra, ni en un tren militar (Adel, Adel, yo no sé si todos los de tu pueblo son tan tontos como tú, porque mira que eres tontaina y pim pim, paleto más que paleto, que naces en verano y sales botijo, hijo. Y si yo hubiese sido tu director, vamos, te acompaño hasta tu pueblico con banda, alfombra roja, pendones y, encima, te doy dos besos. No salgas de tu pueblo, campeón, y sigue comiéndote los moquicos).

Hala, ya me he quedado tranquilo con Adel.

Reinvindico a Joseca'los. Aunque sea predecible lo que pueda escribir -como lo soy yo o Epi, o Amapola - es importante que diga la suya. Aunque la suya se parezca bastante a la versión de Romana, aunque a veces cante más que una pegatina de esas que llevan los camioneros "Mi Paqui y mi Loli van conmigo" en el Papamóvil, hay gente que le respeta, le ayuda o, sencillamente, contrasta . No todos semos iguales.

Hace años conocí un médico muy prestigioso, un gran personaje, supernumerario, con más hijos que los innumerable mártires de santa Engracia. Era un humanista. Conversar con él era un disfrute. Por razones que no viene al caso contar, solía escapar cuando cerraba la consulta para acompañarle a casa y hablar de todo y de nada. Una noche, lo recuerdo bien porque fue nuestra última charla juntos -murió de infarto horas después (en el prospecto de Satur, en las contraindicaciones, dice que su abuso puede causar migrañas, diarreas y, en ocasiones, la muerte)- le comenté el caso de un chico del colegio -le atendía él como médico -"a éste le puse entre la espada y la pared y no hubo forma de sacarle nada". El doctor me miró como yo mismo miré ayer mi móvil cuando le sorprendí cayéndose del bolsillo de mi camisa hasta el water al levantar la tapa para no dejar gotitas de pipí y que la Piedra se sintiera orgullosa de mi. Ver suicidarse así un Nokia, perdido entre la mieeeerda, fue muy duro. Pues asín me miró el doctor, y me pegó un paquete Samurai.

Aquel hombre no entendía cómo tenía la desfachatez de decir sin sonrojarme que ponía a un chaval "entre la espada y la pared". Yo entonces tampoco le entendí a él, pues era táctica habitual en el apostolado y en el proselitismo, si se requería un tercer grado. Lo hicieron conmigo, y yo sólo repetía lo aprendido. Vamos, no es que fuera una espada y pared, era la Gran Muralla China y el trabuco de Kin Kon. Me hizo ver la gravedad de esos modos. Y hablamos de la opus. Él tenía varios hijos numerarios, alguno director altísimo, otro sacerdote, algún numerario de a pie, algunas numerarias. Habló de sus hijos y, más indignado que apenado, se quejaba de uno de ellos, el director altísimo "Zutanín ha dejado de ser Zutanín, no es el Zutanín que eduqué. Es puro Opus Dei, sin ninguna personalidad, sin aristas propias, sin personalidad definida, sin corazón... No reconozco al hijo que tuve, al chaval que venía del colegio y tenía su forma de ser, esa que hacía que fuera él y no ninguno de sus hermanos. Ahora viene a casa y sólo habla de cosas institucionales, sabes perfectamente el consejo que va a dar a sus hermanos, a su madre o a mi porque es el que ha hecho propio según los criterios de la obra: está institucionalizado hasta las cachas.

Habló del sacerdote. Todo lo contrario. Lo veía más realizado, más libre, más humano, se le reconocía. No era una acortezamiento de tío.

También comentó del tercero, acaba de hacerse de la obra, "éste es un pajarito enjaulado, se marchará, o se marchitará". Diana: se fue, aunque algo marchito.

Pues aquí, en orejas, hay de todo, y Joseca'lo es pelín institucional, y qué le vamos a hacer, y otros somos más de pallá, pues nada.

Amo a Joseca'lo, qué caray.

Estoy convencido que Orejas jamás cambiará nada del Opus Dei. Nada. Lo que no entiendo es como supernumerario/as, agregados/as, numerario/as que están dentro, que nos leen -no son pocos- y que alguno te escribe diciendo que esto, esto y esto no lo ven, que no son modos, que me chirrían las ruedas, no hagan nada por cambiar esas cosas y se contenten con ir tirando, mirar hacia otro lado, y si les mean decir que llueve.

No entiendo tampoco que gente que estuvo allí tan sólo dos, tres o cinco años, salgan tan tatuados, tan quemados, y que años después esas cicatrices sigan abiertas. Me parece muy serio, y dice mucho de la formación recibida en los primeros años. Una formación que deja demasiadas conciencias atormentadas.

Por cierto, alguien comentó que había que felicitar al primero que usó la denominación "La Opus" en Orejas. Fui yo. Pero no es mía. El mérito es de una madre de un colegio donde yo daba clases. Una de esas gorditas, pequeñitas, currantas ,con una delantera que parecía un lanza misiles, que te daban ganas cuando estabas delante de ella de levantar las manos y gritar "¡¡¡no dispare, por favor, no dispare!!!" -pastelera la buena señora- que cuando venía a tutoría te duraba cinco minutos, no como esas otras (¡ suspirito!), más In the Sunshine Buterfly Master, que es que no se te hacía la hora. Pues esa primera que hablo, un día llamó al colegio para concertar entrevista y ver si apuntaba al Isra, y descolgué yo el teléfono.

-Colegio Montemontemonte, dígamelllll? -¡¡¡ ¿Qué é el colegio de la ópu!!!?

Y volví a colgar porque me iba en risas flojas.

Animo Joseca'lo.

Dales duro

En la opus se anima con machacona repetición

En la opus se anima con machacona repetición a ser otro Cristo... ¿Otro Cristo?. Fuerte, colega, muy fuerte, y de nefastas consecuencias, el creerse "otro Cristo". ¿Cuál es el criterio de esa identificación?: ¿los sentimientos?, ¿las obras?, ¿las palabras?, ¿los gestos exteriores?... Hay que conocer muy poco, o muy mal, a Jesucristo para afirmar con esa rotundidad que uno puede ser otro Cristo. ¿Cómo se hace?: amando, rezando, con disciplina interior y exterior, sacrifícate y habla de Él por doquier, se me contestará. San Pablo lo dice muy claro -se argumentará- "tened los mismos sentimientos que Cristo tenía en su Corazón"...

Sí, pero Cristo es Dios. Y Él mismo dijo que cada vez que se lo hacéis a uno de estos me lo hacéis a mí, o que en el Juicio sentenciará "tuve hambre y narices, tuve sed y que te den, estuve preso y allá tú". O sea, que todos somos de algún modo Cristo. Todos somos personas dolientes, necesitadas y con nuestro poso de miseria. Tarde o temprano sentiremos en nosotros el zarpazo de la soledad, de la pobreza, de la enfermedad, de lo peor en cualquiera de las miles de formas que tiene de presentarse y que nos hacen sentirnos unos tipos "que están jodidos". No seremos "otro Cristo" en el sentido opusino de perfección, de disciplina, de gravedad, de santidad, de seriedad de mulos, de gestos con unción... pero seremos el Cristo que dice Él que sí es. O sea de que, que a lo mejor no se trata tanto de querer ser a base de echarle cojones al asunto, como de dejarse ser, saberse amado. El que ha pasado por eso sabe de qué hablo.

Nunca me he sentido otro Cristo, en el sentido opusino chachi "Talita Cumi", ni en el mejor de mis momentos. En el mejor de mis momentos se confundían en mí desde los pensamientos, acciones y propósitos más altos, hasta la pobre condición de Satur -cada uno tiene la suya- llena de cosas, no escribiré malas y superpecadoras, sino ridículas, tontas, pequeñas, estúpidas y absolutamente humanas. Porque semos pelsonas humanas de calne y güeso. Semos asín. Todos.

En el peor de los momentos, esos en qué constatas de una manera inquietante que eres un desastre, que percibes lo fracasos, las mentiras, las torpezas y las miserias de tu vida de modo que parece que ya no hay solución. Incapaz de arrepentirte porque ya no distingues la bondad de la maldad de las cosas vividas, que estás perdido y no te queda fe en ti mismo. Entonces Cristo dice "ese soy YO". Ese es el Cristo que yo he sentido. El que me ha hecho feliz. Me quedo con Ese. Justo cuando ya nadie da nada por ti. Ni siquiera San Josemaría Escrivá de Balaguer y de Barbastro Todo y de Allende Lasfronteras y Másallá. Ni dos céntimos daba por mí. Muy santo, sí señor.

Un día antes de dejar la Opus yo era para ellos "otro Cristo". Uno de los suyos. Un tipo simpa, alegre, entregado en plan "así rezaba, así así, así rezaba, así, así, así rezaba así así, así que rezaba que yo le vi", o "así hacía apostolado así, así...", o "así era en la tertulia así, así... así li era que yo li vi". Al día siguiente de mi marcha yo era el último esputo de Tom Waits. Escrivá decía que a él le trataron como a una escupidera. Pues a mi también, majete, a mi también.

Hace unos día me escribió una ex numeraria que vivía en mi misma ciudad y que dejó la obra unos meses antes que el menda -ya ha pasado tiempo y se puede contar. Como los de la Freidura cuando lo dejas te dicen que mejor no te despidas y que salgas así como de tapadillo, pues la chica se fue. La gente preguntó por ella y se contestaban evasivas, lo que hizo que las lenguas de ese corral de difamadore/as y maledicentes les dieran por conjeturar. Un día alguien le llamó preguntándole si estaba embarazada y si el padre era Satur. Todo solucionado: el Satur y la Nume son papis. El Satur mojó churro y, claro, lóhico, los dos desaparecieron, ocultando su vergüenza y el fruto de su rijosidad. Como decía Bono de Blair " ejque ej de jilipollaj".

Por supuesto ni ella estaba en estado de gravidez, ¿o es ingravidez?, y yo no sé ni qué cara tiene esa mujer. No puedo decir si es guapa, fea, equidistante, mollar, lista, tonta, cuasirefleja... qué se yo. Porque si es de las que cuando muera la velan boca abajo, pues vaya papelón. Porque uno tiene su puntito de vanidad y, ya que calumnian, al menos que digan "hombreeee, es que era un pedazo de cuerpo de mujer. Era como el Arcángel "¿Quién como TÚ?".

Hubo más, pero ¿a qué contar?. Escupideras Reunidas La Prelatura, aunque ellos escupen más fino, así como entre el colmillo y el molar y con kleenex. Ellos escupen por amor. Deplorable espectáculo el de esos "beatos" roídos por sus propias pasiones ocultas y sucias que, como perros encelados, siguen al olfato la huella del pecado de la carne en otros -sea cierta o no- y detectan su llaga, pero no para lamerla. Para morderla.

¿Por qué cuento esto?. Pues porque si no lo cuento, reviento. Porque al enterarme de lo de esa mujer me puse de una mala lecheeeeeeeee... Claro, ahora entiendo que alguno no me salude. Pensará viéndome pasear con La Piedra, mirándonos como besugos y balanceando las manos mientras damos saltitos al unísono cantando "dime si tú, hoy, quieres bailar corazón el vals de las mariposas conmigooooo", "mira ese cerdo, deja preñada a una numeraria y luego la abandona tirada en el barro y se va con esa tontaina que no sabe que lleva en el brazo una pitón"... porque la calumnia queda y se instala en el subconsciente y siempre queda lo de "cuando el río suena...". Alguno me contestará, "tienes que olvidar y perdonar y asemejarte a Jesús que amó hasta la muerte y muerte de Cruz". Perdonados están. A mi eso de "perdonar es olvidar" me parece que no es del todo cierto. Perdonar también puede ser reírte de ti y de ellos, de los que te hacen daño. Reírte si hacerles daño, pero no olvidar. Hay que denunciar para que otros no caigan en lo mismo.

Hay mucha gente que cambia de una estado a otro, de una verdad a otra, de una posición vital a otra y, sin embargo, se mantiene al mismo nivel moral. No hubo cambio, aunque lo pareciera. No basta cambiar, hay que elevarse. Entonces las cosas se ven de otra manera. Esa mujer frívola que, a consecuencia de una "conversión", se vuelve dura y despiadada para con las debilidades de la carne, en realidad no ha cambiado de nivel moral: ha pasado de un término a otro. Si antes era put , ahora es reputa. Si su conversión va acompañada de una comprensión y una piedad más profunda con el pecado que acaba de abandonar es señal de que realmente hubo ascensión. Puse un ejemplo de mujer, pero se puede hablar de hombres de virtud rígida que se dan un tortazo y descubren el misterio de la fecundidad del mal, que la tiene, y se vuelven más raros que la cara de Kerry... Pues yo a los de la opus los veo así, estuve allí: los comprendo y me dan pena y me hacen gracia. Pobrines.

Pero tengo mi derecho a la pataleta como San Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás de Villa Tévere y Cepeda y Ahumada que aprovechaba Es Cristo que pasa o Amigos de Dios, o las cartas, o las tertulias, para quejarse de lo mucho malo que lo pasó, de lo mucho que le persiguieron y de lo mucho que le calumniaron, inclusamente lo mandó escribir en piedra... y yo tengo Orejas para lo mismo, qué caray. Que el Santo cuando cascaba se quedaba ancho.

Y es que tiene gracia el jambo. Porque luego decía "yo no he necesitado perdonar porque el Señor me ha dado un corazón mú grande y mú planetario". Y lo bueno es que se lo creía. Lo del Padrenuestro no iba con él. Aunque depende del día, porque otras se levantaba diciendo que era un pecador, o que era un trapo, o que era el cacharro de la basura... Y otro día andaba a gritos con lo de os quiero más que vuestras madres o, como en la famosa tertulia en Villa Tévere, esa que dijo "estoy viendo a Cristo en medio de vosotros, vosotros ahora no lo véis, pero yo sí...". Y otro agarra a un albañil que está en un tranvía y va y se le abraza, se le restriega, y monta un pollo del patín de la baraja ante el acojone del personal de la ruta Lavapiés - Cibeles y el alucine del baranda que le insultó. Otro día dice que las monjas son bobas y otro le da a un taxista que le ofendió un propinón que ya podrían aprender sus hijos y dar lo mismo a los ex cuando empiezan una vida de cero. Eso no lo copian los mangutas. Escrivá era un campeón

Me imagino al taxista desde entonces, cada vez que se subiera al auto un cura, diciéndole de todo, por si caía otra propinilla guapa.

- ¿A dónde le llevo, cuervo de mieeeerda?.

- ¿Cómo me ha llamado?

- Cueeeeervo de mieeeerda.

- Pues, hala, toma, cien euros, majete, pillín, y déjame que te pellizque ese mofletín que dice tantos pecadotes.

Y volvemos a lo de siempre. ¿Son las personas, o es la Institución?. Pues son algunas personas por culpa de la Institución. Porque es la Institución la que te obliga a irte a la francesa, sin despedirte, con nocturnidad. La que te dice que mejor no des el cante y que desaparezcas una buena temporada porque si no, escandalizas y haces mucho daño. Es la Institución la que quiere enterrar al muerto -frase exacta de un director "Satur está muerto, pero aún no lo hemos enterrado"-, y se entierra consiguiendo que no sigas en la misma ciudad si es pequeña, que te olvides para que te olviden... y, una vez lejos, afirman, los directores, que trabajas en un colegio lejos, o que estás en tal ciudad, como si nada hubiera pasado. Luego, meses más tarde, la gente sabe que abandonaste la opus y comienza a imaginar, de la imaginación a la palabra, de la palabra al cotilleo, del cotilleo a la murmuración, a la calumnia y a la escupidera.

Y uno, o una, lejos o cerca, sin poderte defender, porque sabes que dicen, pero no qué dicen, sabes que te miran, y no alcanzas a entender. Y no te llaman preguntando cómo estás, o qué necesitas... Y duele ver que tantos años de entrega sincera, más o menos presentable a los ojos de los demás y de Dios, pero sincera, tantos años de cariño, de compartir tantas cosas, no les han servido para nada. A ellos.

¿Otros Cristos?. Como diría mi madre tocándose la punta de la nariz con el dedo índice "ponte aquí, que se ve Pamplona".

Ya sabemos que se presentan muchas ocasiones de poder ser otro Cristo sirviendo calladamente en esos pequeños detalles que pasan inadvertidos a los ojos de los hombre, pero no de Dios. Sin ir más lejos, ayer me encontré a mi anciana vecinita que venía cargada del hiper. Y me dije que ese era un buen momento de hacer la buena obra del día. Y allá me fui. Como siempre hay malpensantes que no me creerán, allá va documento fotográfico

Satur, otro Cristo

En ese momento sé que Jesús me sonrió, como al tamborilero.

Al sobrecogedor relato de María Cristina...

Al sobrecogedor relato de María Cristina creo que le falta matizar alguna cosa, y no por mala fe de ella. Es muy probable que el tal Jorge cuando era numerario tuviese el mismo carácter que el tal Jorge cuando lo dejó. Ya me referí a ese tipo de cambios que, en realidad, no cambias nada. Crees que en otro estado, en otra vida más sencilla y menos tal, uno será distinto, pero no. Es una ley universal que las personas podemos mejorar o empeorar, pero no cambiar. Otra cosa es elevarse un poco del nivel que tenía uno y comprender, aceptarse en todo y tirar palante...

Yo conviví con un Jorge, un tipo brillante en su profesión, con duende, atractivo humanamente, muy buen deportista y todo fashion. Pero tenía unos puntazos, unos ramalazos de violencia, algo superior a él mismo, que daban mucho, pero mucho miedo. Luego se tranquilizaba y era un encanto, como el príncipe de Shrek. Entonces tendría treinta tacos y preocupaban los arranques del tío, pues hacía la convivencia insoportable. No había quien le parara cuando se le hinchaba la vena: rompía puertas -no hablo de una, ni de dos-, abofeteaba rostros humanos de pelsonas, gritaba y se hería con piedras como el poseso de Gerasa... verlo jugando a fumbol era un espectáculo, pues era impepinable que tarde o temprano la montaba y se liaba a leches con el más pintao. Los que han asistido a las convivencias de Fátima, esas que se hacían torneos de furbolito entre todos los clubes de España, y le han visto, saben de quien hablo. Verlo una vez le hacía inolvidable. Vivir con él ya era hacerse un peircing de por vida.

Un día dijo "me voy". Y los directores, como al Jorge de Cristina, no lo retuvieron ni un día. Quedaron todos fenomenal. Al enemigo, puente de plata.

No creo que ni Jorge, ni éste del que escribo, saliesen con la idea de seguir con los puntazos. Seguramente creerían, sinceramente, que al cambiar de estado cambiarían los modos. Y, probablemente, en su noviazgo no contaran nada de esos prontos. Y, más probablemente, no emergerían en los años del amod vedadedo. ¡Ay!, pero un día se les contraría, o se sienten no sé como y, zumba, te montan un pollo Fredy Kuguer Comeback. El principio del fin del acabose.

Hay mucho de patológico. Una buena marca con tara de fabricación.

Conozco uno muy de la prelatura, fue numerario también, que a su mujer, cuando al tío le peta y le da el trallazo, le pone de rodillas y le grita "¡¡¡dime que me quieres!!!, ¡¡¡dímelo!!!". Le dice eso, o lo que le salga de los cojones. Un tirano. Un loco.

Pero en esto la opus poco puede hacer. No creo que sea la opus la que provoque estas reacciones. La opus tiene que replantearse, si de verdad busca la santidad de sus fieles en la vida ordinaria, muchos modos.

Cuando la formación se da sin respetar la naturaleza de cada quien, su modo de ser y su carácter, imponiendo un único puchero y confiando que la gracia de Dios lo puede todo, es fácil que unos cuantos bastantes acaben con la azotea hecha unos zorros. La gracia de Dios lo puede todo, pero actúa respetando naturalezas individuales, sensibilidades muy diferentes, afectos, querencias que son influidas por la cultura, por la herencia y por muchas cosas. Imponer un único criterio en la mortificación, en el modo de hacer oración, en la castidad, en el trato con la familia de sangre, en la filiación con el Padre... ¡¡en todo!!!, es causa de muchos descalabros mentales.

Contaba un sacerdote ya mayor -juro que le oí escuchar esta anéldota, por muy inverosímil que parezca- que cuando le explicaron que debía de ofrecer una mortificación diaria por el Padre no se le ocurrió otra que meter los dedos en el enchufe de su habitación y recibir una descarga que le dejaba aliviado para todo el día. Yo, la verdad, escuchándole, pensé "este tío está como un Elvis en el solideo de Rouco Varela". Porque no fueron unos cuantos días, según contaba, sino que al cabo de un par de años comentó en la charla que tenía unos dolores de cabeza del treinta y tres y que si podía cambiar la mortificación por el Padre. Le aconsejaron de que sí, de que vale.

Son sensibilidades distintas. Recuerdo que en una tutoría con padres, serían las tres y media de la tarde -glosando a San Juan (fue un momento inolvidable)- al cruzar las piernas mientras hablaba de las excelencias de su hijo, tuve eso que llaman un pinzamiento testicular. Fue un flash. Sentí una horquilla, una especie de cabalcavía, un cambio de pelotas que se dice en tenis, y en ese mismo instante sentí que la Tierra giraba en el sentido contrario a las agujas de un reloj. Pegué un botepronto, a la vez que emití un gritito, saliendo zumbado de la habitación para dar saltitos por el pasillo como quien canta eso de "arriba, arriba, abajo abajo". Los padres, claro, alucinando y blancos Pascual huperisados. Regresé al cabo de unos minutos, más o menos digno, y seguimos como si nada.

Bueno, pues a lo mejor el cura del párrafo anterior le pasa eso mismo y dice "venga, por el Padre". Y aguanta la horquilla sin mover una ceja. ¿Él tendría más amor de Dios que yo?. Pues no lo sé.

Ya digo, las sensibilidades. Con las disciplinas pasa lo mismo. Hay tíos que se daban manteca al compás -como decía ÉL-, ¡pimba, pimba, pimba! Y uno, en la habitación de al lado, mirando las cuerdas a calzón quitado, te dabas una en el culín y ya te estabas rascando diez minutos hasta el siguiente pimba. Aunque, en fin, en los centros de mayores pocas sinfonías de esas oías.

La ducha de agua fría. Hay peña que se mete en un congelador y se fuma un puro, pero otros sufríamos espasmos, jadeos indescriptibles, contenías alaridos inenarrables y al salir, si ibas a hacer pipí, tenías que cantar eso de "Chiquitita dime por quééééé...".

Las cartas al Padre. Pues hay gente que eso de escribir se la da muy bien y se enrolla que no veas, colegui, tronco, y de una anésdota te saca dos folios... pero otros les cuesta más y no saben qué escribir, ni para qué, ni porqué y leías alguna que eran para enmarcar "Querido Padre: estoy en el curso anual con la ilusión de la primera vez -de hecho esta es la primera vez. Le quiero mucho. Le pide su Bendición su hijo, que le quiere. Mernabo.". Y, hala, a la piscina.

La cuenta de gastos. Hay quien tiene la mentalidad de contable, así como muy ordenada y muy excel, y te entregaba unas cuentas como los presupuestos generales del Estado -se contaba de uno (yo no me lo he creído nunca, pero se contaba) que en un cuenta de gastos puso "Putas... 5.000 pts"). Y otros íbamos con un papelucho, cuando ibas, con tres días de gastos patéticos que ponía "Tabaco Ducados...150 pts". Un derroche.

Se aconsejaba imitar a Jesucristo, pero por el camino reglamentario -"Nuestro amadísimo y santo Fundador". Y ese hombre tenía cosas muy difíciles de imitar; de hecho él mismo afirmaba "en esto no me imitéis". Normal. Sólo de imaginarme poniendo las filomatics en las disciplinas y dejar el baño Viernes 13 the return ya es que me eriza el pelo de la espalda y hombros. No se puede imitar lo único que vemos de una persona, hay que imitar los sentimientos que los dictan. Y eso no se ve. Muchas veces la mejor manera de imitar a alguien es hacer lo contrario de lo que ves en ella. Para una persona naturalmente violenta, como el Jorge de turno, que tiene puntazos de esos que se les hincha la vena de la frente, evitar conflictos, soportar injurias, supone una magnífica victoria sobre sí misma. Pero una persona timorata y débil de carácter que siga ese ejemplo sólo conseguirá aumentar su cobardía. La verdadera imitación supondrá superar el miedo.

Se puede hacer la misma acción y uno puede subir y otro bajar. Si hay que imitar a alguien lo primero que habrá que saber es a qué corresponden sus acciones, si es a fuerza o debilidad, amor o egoísmo, sinceridad o mentira, y entonces realizar actos no precisamente iguales, sino que emanen del mismo nivel moral. La fidelidad al maestro no está en copiar servilmente y tontamente las maneras de éste, sino en traducirlas para uno mismo. En adaptarlas. Si no, imitando mecánicamente, se puede traicionar.

Lo que en Escrivá podía ser natural y espontáneo en muchos de sus hijos se vuelve artificial, mecánico y violento.

Cuando se hace violencia interior, sin respetar en la formación ese modo de ser de cada cual, se acaba rompiendo muchos frenos y la caída en enfermedades del alma es impepinable. Esa es la causa de tanta baja, de tantos durmientes y de tantos, que después de haber dejado la opus hace muchos años, y habiendo pertenecido poco tiempo a ella, todavía estén tocados por esos modos. Demasiada huella, demasiado tatuaje, para tan poco tiempo.

Cambiando de tema. En mis viajes de acá para allá encontré en una gasolinera un CD de un jambo que al ver la afoto sentí una compulsión, una voz interior que me decía "cómpralo, escucha y come". Así lo hice. Creo que José Ángel necesita ayuda: esa mirada al Altísimo pidiendo el consuelo que aquí no encuentra, ese rostro apurado filomatic que pide una caricia que, pobablemente, su madre se niega a darle; esa madre que, como otra Mónica, sufre en silencio que su hijo lleve mocasines de pala corta de color rojo y sin calcetines, adivinándosele una mata de pelo en el empeine que anuncia todo un mundo de Abrotano Macho... Y me acordé de José Carlos.

José Carlos, ya que vienes a Madrid, podrías quedar con José Ángel y charlar. Puedo darte su dirección, es buen chico, y poco a poco, como por un plano inclinado -ya sabes, ¿lo recuerdas?- dar paz a esta alma que sufre. Incluso, soñad y os quedaréis cortos (¿recuerdas?), podría llegar a ser cooperador y, ¿quién sabe?, quizás agregado. Yo, la verdad de numerario no acabo de verlo. Venga José Carlos, que de cien almas nos interesan las cien...

José Angel

En la última correspondencia

En la última correspondencia de Pentium entrecomilla una frase que recuerdo haberla repetida hasta el infinito y más allá: "aquello que no te da paz, no es de Dios".

Con actitud de "Flor de Loto", uno escuchaba al pequeño saltamontes supernumerario que su hija se había quedado embarazada de no se sabe quien, que pasaba por una difícil situación económica, que andaba con problemas de separación porque ya no aguantaba más...

Y uno escuchaba sereno, tranquilo, pacíficamente bienaventurado, levantaba el dedo índice y decía con voz de anuncio de ING Direct: no pasa nada. Achilipú, apú, apú, todo lo que te quita la paz no es de Dios. Ten paz. Mucha paz. Ama y haz lo que quieras. Omnia in bonobús, lo importante es que seas feliz y que te salves.

En la opus corren consejos de esos como moneda de cambio por doquier y se expanden con una rapidez endémica, repetidas como loros, sin saber exactamente si esas frases son verdad, media verdad, una ilusión, una cosa potita, un celofán, o qué é lo qué é que significa de algún modo sí, ya... Pueden nacer de un curso anual donde ha asistido un Jefe Indio de Bruno Buozzi, Caballo Loco, y que en una meditación ha dicho la frasecita y, hala, diez tíos sacan la agenda y la apuntan enfervorecidos y poseídos por una extraño movimiento interior. Salen del curso anual y te la sueltan en el centro en un círculo breve, o en una charla y, zamba, otros que tiran de Finocam y la escriben. A su vez estos, reciben charlas de otros, o dan un círculo a supernumerarios, o hacen una corrección fraterna y, patapamba., te endilgan la sentencia... Y meses después miles y miles de pelsonas cuelpos humanos de los cinco continentes van diciendo "aquello que no te da paz, no es de Dios". Dicen eso como pueden decir "A menudo me recuerdas a alguien, tu sonrisa la imagino sin miedo".

A mi eso de que "aquello que no te da paz, no es de Dios" me parece que no es verdad siempre, en todos los sentidos, ni para todas las personas. Más aún: esa frasecita ha hecho que haya mucha gente con una paz muy cercana a la indiferencia, al allí me las den todas y al " iros a tomal pol culo todos" o, dicho más finamente, "que cada perro se lama su pijo".

Necesitamos, de hecho somos así, ser apasionados, contemplar y amar esta vida -que es relacionarse con los otros- e implicarnos en ella. Y que nos afecte. Jesucristo es un hombre apasionado. Una vida desapasionada no es una vida buena. Quien no se cabrea ante una injusticia, quien no llora ante el dolor ajeno, quien no se asombra ante la belleza - no hay mejor paisaje que el rostro humano - está falto de algo esencial. Es un microcefálico, microcordial y micromina. La pasión nos manifiesta un valor o un desvalor.

El problema de ser apasionados es que la propia pasión nos desfigura las proporciones en que deben de ser contempladas. No es un buen termómetro para entender si la vida nuestra va bien o va mal. Cuando uno se apasiona se afinca en las perspectiva de las cosas en vez de ponerse en el lugar de las cosas. La pasión descubre valores, pero no su jerarquía. Por eso hay que tenerla cierto respeto, pero no se atempera con la paz de flor de loto.

Cuando yo era un golferas - más golferas que ahora - me metía en sidrales movido por pasiones y movimientos un tanto curiosos. Eran los míos. Me consolaba la frase "son cosas que me pasan", como si eso no fuera conmigo, como si yo no fuera exactamente el responsable de esas aventuras, por llamarlas de alguna manera, de esos juegos que chapoteaban entre la ternura, la guarrondería, los afectos, las expansiones, la soledad y esas cosas que ni son del todo malas, ni son del todo buenas, pero son muy egoístas. Muy tristes también. "Son cosas que me pasan", pensaba. Me disculpaba invocando la pasión, en ocasiones disfrazada de pena -cuantas situaciones raras se mantienen por no contristar, por no dar pena... Pero bien sabía uno que eso no servía de disculpa, que esa ceguera no era legítima. No somos animales y podemos cegarnos artificialmente hasta límites insospechados para evitar la responsabilidad.

Muy bien, puedo actuar durante años como si no viese, pero soy responsable de mi ceguera. Y allí ya no caben excusas, componendas, ni argumentos más o menos bien construidos... Y ese momento, que son los momentos más de Dios que existen, cuando sientes qué es eso de la Conciencia y que debes de hacer algo. Esos momentos piden todo menos paz. Y son también, en medio de esa zozobra, momentos donde Dios está muy cerca.

Después acudes a una dirección espiritual mecanicista, a uno de esos que habría que darles de beber agua del pozo de la Virgen Mejicana para que aprendieran a querer, y ante problemas así, donde hay que saber corregir, animar y ayudar a tomar decisiones muy personales, te sueltan "tranquilo, no muevas ficha, estás zozobrando y "aquello que no te da paz, no es de Dios".

Pero un día caes en la cuenta de que sí debes de tomar una decisión. Tú solito y con Dios a tu lado. Sabes que no puedes esperar nada de gente institucional y con un código de barras en la cabeza.

Y decides, sin paz, algo acojonadete porque no sabes donde irán tus días, intuyendo que Dios está contigo, a pesar de rejalgares, de profecías de chichinabo, de promesas de infiernos en vida, de sensaciones de soledad, de traición, de miedos...

Pasa el tiempo y sí. Dios estaba muy cerca de esas decisiones que sólo uno/a puede tomar.

Hace una mañana lluviosa y fría

Hace una mañana lluviosa y fría. Una mañana de esas de domingo que invita a leer un buen libro y leer serenamente mientras escuchas las gotas golpeando el cristal. Eso estaba haciendo hasta hace una hora. Estaba leyendo un tratado sobre "La influencia económica de los movimientos migratorios de los simios en las Islas Fidji " y, llevado de la pasión que el texto me transmitía, comencé a crujirme los dedos, costumbre que arrastro de la infancia...

La verdad es que soy un auténtico atleta en "crujir dedos": puedo provocar hasta tres "clicks" por dedo, con distintos sonidos e intensidades (alguno realmente escalofriante). Debía de ir por el crujido 24 o 25 cuando La Piedra, que estaba en la cocina, vino hacia mí disparada como un defensa junto a la línea de fondo. Sus ojos me recordaron la carátula de "El Resplandor".

- ¡¡¡Para yaaaaa!!! -gritó. ¡¡¡Me estás haciendo enloqueceeeeerrr!!!

- Pero, ¿qué hi hecho?

- ¿Cómo que qué hi hecho?, ¿CÓMO QUE QUÉ HI HECHO?... ¿Tú te crees que es normal andar a tu edad con el click, clic, clic?.

- Bueno. No te enfades, pitufinita. Tengo una idea (recordando el examen que Josecar nos propuso un día en Orejas). ¿Por qué no escribimos una lista de las cosas que el otro hace y que nos vuelven locos?.

- ¿Una lista?

- Sí, asín podríamos ver en qué podemos...

- Eso me enloquece aún más. ¡Una lista!, ¡pues vas tú bueno! Además, hacer listas quita todo el romanticismo y la espontaneidad.

- De todas formas, le digo, ¿sabes lo más divertido, muamuasel?. Creo que no encontraría una sola cosa tuya que escribir en mi lista.

- ¡¡¡Ohhhhh!!!, eres un cielo.

- Ya. ¿Puedo crujir los tres dedos que me quedan?.

La Piedra y yo tenemos unas cuantas cosas en común, pero nuestros rasgos enloquecedores también están allí y, de vez en cuando, uno se pregunta porqué me pasé los primeros veinte años moldeado por mi madre, los siguientes veintisiete por la opus, y los que me queden de vida por una mujer que enloquece cada dos por tres porque grito como Tarzán, me crujo los dedos, dejo el mantel repleto de migas de pan, o soplo en un restaurante una botella de vino vacía imitando el sonido del cuerno celebrando el Regreso del Vikingo Odín.

Estoy convencido que para los componentes de un matrimonio -o como se llame ahora eso de vivir juntos-, convivir día a día es sin duda el único milagro que el Vaticano ha pasado por alto. Lo de convertir el agua en vino lo hace cualquiera, hombre; lo de encontrarse con tu Ángel de la Guarda, o con el mismísimo Lucifer en persona, eso no es nada. A mi se me presenta Belcebú y le digo "ven aquí, majete, que te voy a presentar una chica y te quedas con ella una semanita... ¡¡¡Te vas a enterar tú de lo que vale un peine!!!. Ya me gustaría ver a San Josemaría casado con una de Barbastro, o de Logroño, o de Zaragoza, y a ver si se andaba con lo de "clase de tropa", o con lo "de hacer versos de la prosa diaria"... Si, encima, como en una tertulia en Brasil, se cachondeaba de esas casadas que se presentan delante del marido con un pantalón ceñido que marcaba su "globo terráqueo" (sic)... ¿Qué pasa, San Josemaría?, ¿de guasa con las culonas?. ¿O sea, que en la opus no hay culonas, o qué?. Porque algunas sí que he visto que tienen un culazo que no se saben si venden retales o compran mollares -numerarias, agregadas y supernumerarias. ¡¡¡Y con pantalones!!!. Conocí una que le ponían bombillas de noche para que los aviones no le aterrizaran. Con eso lo digo todo.

También conocí una, secretaria de una facultad de la Universidad de Navarra, que los profesores le llamaban "la culo bien". Con esto también lo digo todo: pocos "culosbien" verían allí para que ése llamara tanto la atención.

Si hubiese otra reencarnación, como aseguran unos cuantos millones, yo cogería a Escrivá y le diría "te toca casarte, campeón". Y a torear en la plaza, que desde la barrera se ven las cosas muy bonitas y muy fáciles.

También es cierto que mi otro yo, cuando piensa en La Piedra, lleno de esperanza, me dice: La amo tanto, y sobretodo ella a mi, que no me importa si cree que soy un loco que sin ella no iría a ninguna parte, o si piensa que soy un niño que debe de ir con un cordel de la mano y con un cartel con imperdible en el pecho que diga "Satur", o que intente corregirme con una insistencia maravillosa, la pobre.

Dentro de unos minutos entrará en el despacho y me dirá "¿has aparcado bien, amol de mis amores, rey mío?". Me lo pregunta desde hace tres años y medio todos los días. Todo porque una tarde aparqué mal -juro que la culpa fue del coche, que se empeñó en que cabía allí- y la puta grúa hizo el resto. Al día siguiente teníamos que asistir a una boda y, claro, se armó: entre que ella tardó en maquillarse más que Gunilla Von Bismarck y el coche, que se había ido por allí, pues llegamos al Bautizo del primer hijo de los novios.

Matas un perro y te llaman "mataperros".

Otra pregunta infinita la hace por las noches: cari, ¿has cerrado la puerta de la nevera?. Y uno le dice "sí, margarita preciosísima, la cerré, y también a ti, con siete cerrojos, en mi corazón" (Camino da para mucho).

- ¿De verdad?

- Ahá, de verdad de la buena.

Unos minutos después irá a la cocina y comprobará que, efectivamente, la puerta de la nevera está cerrada. No es nada personal, es simplemente que las mujeres no confían en la gente de otro sexo, sobretodo desde que una noche -también hace tres años- te dejas la puerta del frigorífico abierta de par en par y se echa todo a perder. Todo es todo.

No sé por qué razón me ha salido una correspondencia asín. ¡¡¡¡Y yo que quería comentar lo de los fachas del último escrito de Nachof!!! Suerte que La Piedra no lee Orejas... aunque, qué coño, la quiero. Amo a esa mujer.

Más anécdotas

Fue en Torreciudad, en 1976. Por aquellos años en la opus había gestos de la liturgia que no estaban bien vistos, uno de ellos era el dar la paz en Misa. En los centros se saltaba esa línea del Misal y se pasaba directamente al Agnus Dei. Pero en las ceremonias públicas alguno decía eso de “daos fraternalmente la paz”, más por quedar bien delante de algún obispo o de sacerdotes diocesanos que por otra cosa. Es el caso que nos ocupa. Era una Misa concelebrada con varios sacerdotes que asistían con fieles de distintas diócesis a honrar a Nuestra Señora de Torreciudad. Llegó el momento de la Paz y el párroco todo solemne mira a los fieles, abre los brazos en señal de acoger al templo todo y dice enfático “DAOS FRATERNALMENTE LA PAZ”. En estas estábamos, dispuestos a sacudirla con la fila entera, cuando se oye una voz gravísima, profunda y potente que dice “¡¡¡NI PAZ, NI POLLAS!!!”.

Parecía una Teofanía, como si el mismo Dios desde el Óculo Eucarístico del Santuario la hubiese pronunciado. Hasta tal punto que yo mismo, que estaba dispuesto gentilmente a dar la mano al de mi izquierda, di un respingo pensando “joé, a ver si palmo por esto”. Nos quedamos todos, y todas, quietos, indecisos, atemorizados.

Y es que el párroco llevaba un micrófono a modo de pinganillo en la casulla y al ir a abrazar a Don M. S –sacerdote numerario de voz grave y pelín intransigente– y decirle “paz contigo”, el otro le soltó la frase, nada litúrgica por otro lado, que dejó traspuestos al presbiterado y a los fieles.


Y ya que ésta será la última correspondencia de la serie, sigamos con más anéldotas. ¡Marchaaaaaa!.

En un UNIV asistió un estudiante joven, ¿qué habrá sido de él?, que no tenía ni idea no sólo de la opus de dei, sino de ná de ná. Estaba verdísimo en todo lo que se refería a la vida interior, la ascética, la mística, los medios necesarios para salvarse y las relaciones intratrinitarias. Ya digo, verde. Y durante la convivencia se le provocó un uñero en el dedo gordo del pie izquierdo. Alguien le vendó con unas gasas , y aquel vendaje parecía el turbante del Maharajá de Bramaputra. Algo muy aparatoso. Llegó la audiencia con el Santo Padre y al que le vendó el dedo gordo del pie no se le ocurrió mejor cosa que pedir una silla de ruedas y colocarse con el tío en primera fila, junto a los enfermos de verdad: parapléjicos, autistas... Efectivamente, el Papa, al terminar la audiencia, acostumbra a bajar y atenderlos uno a uno con un gesto de cariño. Todos los de nuestro grupo observábamos a nuestros dos hombres, en medio de esa primera fila, el uno con la pata chula, el vendaje que llegaba hasta el guardia suizo de la escalera, y el otro detrás con cara de buen samaritano. El Papa estaba por entonces ya mayor y apenas cruzaba palabra con nadie y se limitaba a una caricia, dejarse tocar la mano... hasta que llegó al Bramaputra. Alucinante: le abrazó, le acogió la cabeza en su pecho y le dio tres bendiciones. No una, no, ¡¡¡tres!!!. Nos quedamos todos a cuadros.

Por la noche, en la tertulia, le preguntamos el motivo de semejantes muestras de cariño y dedicación para con él. Y el tío, sin cortarse un pelo, nos contó “pues estaba yo viendo que se acercaba el Papa y pensaba en qué decirle y, en esto, que me fijo en el papel que nos dieron al entrar (un díptico donde estaba escrito el Ángelus, la Salve y alguna oración para seguir durante la ceremonia), y veo una frase que me gustó mucho “he aquí la esclava del Señor”, y me dije “pues le digo esto”. Y va el urco, coge la mano del Santo Padre y le dice así como muy dolido “he aquí el esclavo del Señor”.

El Papa, claro, un tipo que le dice que es el esclavo del Señor, con ese pedazo de vendaje y en silla de ruedas, debió de pensar que ese hombre tenía de todo: próstratra mórbida, cáncer terminal, anorexia nerviosa, microfimosis de Hopskins, alzheimer y almorranas... un retablo de dolores, un esclavo del cuerpo. Y le bendijo tres veces, le acogió en su seno y le consolólo como pudo. Así que para otra vez ya lo sabéis: uñero y silla de ruedas. Se moja fijo.

Don Gabriel Mernabo era un supernumerario con fama de santidad. Hombre muy bondadoso, muy entregado –era celador desde hacía muchos años- piadoso, con afán de almas, apostólico, generoso... La verdad es que es un gran tipo. Tenía un porrón de hijos, varios de ellos numerarios y numerarias, de los que se sentía muy orgulloso de su vocación. No tenía un no para nadie, y menos para la prelatura. Los hijos se habían hecho mayores y cada uno había volado. Su chalet en las afueras de la ciudad se había hecho grande y siempre estaba disponible para cualquier actividad.

Un día una de sus hijas le pidió si podían disponer de la casa para una convivencia con chicas de san Rafael. Mernabo no puso inconveniente, excepto que él y su mujer debían de estar viviendo en ella también.

-¡ Guay! –dijo alegre su hija– asín verán como es nuestra familia... algunas de ellas no se han educado en un ambiente cristiano y sabrán contrastar. Les irá bien.

El primer día de convivencia fue una maravilla. Mernabo y su mujer daban gracias a Dios de poder colaborar en la labor apostólica de su hija preparando el desayuno, acompañándoles a Misa, rezando el Rosario en familia, cantando en las tertulias.

- Tienes unos padres encantadores– comentaban las chicas. ¡¡¡Tu padre, sobretodo, se le ve tan bueno!!!.

Mernabo tenía una sonrisa, unos gestos, que daban mucha paz.

El segundo día también fue perfecto... pero la madrugada del tercero Mernabo sintió que algo en su vientre no funcionaba. Le venían “rayadicas”, como si un gato le corriera de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, en su interior. Vamos, que se iba en mierda. Así que el buen hombre sale zingando de la habitación sprintando hasta el lavabo y, patapám: está ocupado por una de las niñas de la convivencia. Da unos suaves golpecitos - ¡toc, toc, toc!

-¿Sííí? –contesta una voz angelical?.

- Pejjjjdona ujjj – la voz de Mernabo, aunque quería aparentar dulzura, era tan patética como su situación -¿tienejjjjj para mucho ujjjjjjj?

- Un momento, por favor.

Mernabo no disponía de ese momento, así que se dirige disparado al baño de la planta superior. También cerrado... toc, toc, toc. Otra niña angelical.

- ¿Síííí? –susurra

- Disculjjjjjpa aujjjjjj –la voz de Mernabo, por mucho que se esforzaba porque pareciera la de siempre, denotaba matices que hacían dudar de su salud mental y, por lo tanto, de que no sólo esa chica le abriera; nadie lo haría- ¿te falta aujjjjjj mucho para saliiiiiiiiijjchhhhh?”

- Un ratito.

A Mernabo se le escapa, apenas le pueden quedar cuatro o cinco segundos de retención, así que baja zumbado al lavabo de abajo a ver si tiene suerte y está libre...¡¡¡horror!!!, está ocupado. Y ya, perdida toda esperanza, la paciencia y la presencia de ánimo, se pone a golpear la puerta a puñetazo limpio como una energúmeno mientras grita al mundo entero “¡¡¡ABREEEE, PUTAAAAA, ABREEEEEEEE!!!”, ante el acojone de la niñas, la hija, la mujer y la estampa del entonces beato Josemaría, que no daban crédito a lo que se oía y, sobretodo, veía.

Así fue.

Es cierto que podía haber puesto en práctica el consejo de Camino . ése que habla de “Bendito sea el OLOR, amado sea el OLOR, santificado sea el OLOR, glorificado sea el OLOR”, y haberse quedado allí, lleno de paz, como un torero. Pero eso es fácil de decir y difícil de hacer.

Ahora, cuando sus hijas le hablan de convivencias, a Mernabo se le pone una caraaaaa.

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