A pesar de todo, se puede seguir queriendo a la Obra

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Queridos todos:

Me topé con vuestro portal una noche de guardia, y he estado leyendo vuestros testimonios y vivencias. He de decir que algunos me han arrancado la sonrisa, y con otros me he reído abiertamente; todos me han dado mucho que pensar. Pero si he de recalcar una sensación predominante, debo deciros que sobre todo me embarga una profunda pena. Y al final me he decidido a poner estas líneas, porque creo que entre lo mucho escrito no se representa una vivencia como la mía, que creo que muchos comparten pero no la han contado.

Me da gran pena, en primer lugar, el dolor y la amargura que en estas páginas se recuenta. Muchos hemos sufrido, después de tomar decisiones generosas en plena juventud. Lo que hemos pasado unos y otros, ahí queda, y las lágrimas, zozobras, temores y angustias no se pueden negar. Que personas buenas con tantos ideales hayan tenido que pasar por tales trances para mí sigue siendo un misterio que conoceremos en el Cielo.

También me da pena pensar que parte de ese sufrimiento haya podido ser causado por otras personas, que nos quieren, que han convivido con nosotros, que se esfuerzan por ser santos, que en su inmensa mayoría tienen buenas intenciones, y por lo que sea terminan causando dolor, muchas veces sin querer.

Me entristece ver que en tantos testimonios parecen cobrar mayor relieve los malos momentos, las incomprensiones, los malentendidos, las injusticias; y que estos sentimientos negativos dominen nuestro recuerdo, cuando tantos de nosotros hemos vivido momentos realmente bonitos, hemos conocido a personas estupendas, lo hemos pasado en grande, y hemos gastado años felices entregándonos por los que teníamos alrededor con alegría y tesón. Creo que para muchos de nosotros no fueron todo sombras, pero las luces no se vislumbran en estas páginas.

Me duele que, por encontrar la chispa o aligerar la carga de nuestros recuerdos, a veces se deje que la ironía o el sarcasmo tiña a prácticas que vivíamos antes, y que en sí son buenas y meritorias. Yo aprendí mucho de mis años en la Obra, y a la Obra he de agradecer la disciplina personal, el orden, el saber tratar con delicadeza a las mujeres, el poder comer de todo, el pensar en tener detalles con los demás, haber aprendido a hacer oración, el amor a la Eucaristía y a la Virgen, el conocimiento de la doctrina católica, y el vivir la amistad y el apostolado, que para mí siempre han sido sinónimos. Es verdad que todo eso lo podía haber aprendido fuera: pero la Obra me lo presentó de forma sistemática y constante desde que era muy joven, en muchos momentos de manera muy atractiva, y así se forjó la personalidad que tengo ahora. En la Obra aprendí la maravillosa realidad que es el matrimonio cristiano, desde la teología más profunda de Juan Pablo II; aunque os parezca contradictorio, mis muchos años de numerario me prepararon estupendamente para mi vida matrimonial, y si no os lo creéis preguntádselo a mi mujer.

Me apena que algunos se alegren de que el Opus Dei pueda estar pasando momentos difíciles, y que no se reconozca que el espíritu de la Obra ha dado sentido a las vidas de muchas personas; que haya miles de cristianos que se esfuerzan, día a día, por rezar, por ser mejores padres y madres de familia, por difundir la doctrina de la Iglesia, por servir a los demás con detalles de cariño o con iniciativas de envergadura. Hay muchas obras buenas suscitadas por este espíritu, y personas santas -a algunas las conozco muy de cerca - que lo viven desde hace muchos años y para quienes su vocación ha supuesto una avalancha de bien que se ha extendido al ambiente que les rodea.

Me parece duro que se hable del fundador de la Obra con poco respeto, quizá porque no estoy acostumbrado a que su figura se me presente de esa manera. Que tenía sus defectos, como todos los tenemos, está claro, porque sin defectos no hay lucha y sin lucha no hay santidad; y estoy de acuerdo con que hubiera sido más realista que se nos hubiera dado a conocer su persona en su totalidad, precisamente porque eso edifica más. Pero también es cierto que ahora pertenece al santoral de la Iglesia; ni este Papa es tonto, ni se le engaña al Espíritu Santo, así que a mí por lo menos me parece más prudente ceder el juicio sobre el significado de su vida a los que tienen el mandato de emitir esos pronunciamientos.

He de constatar que siempre me sentí libre en el Opus Dei: libre cuando escribí mi primera carta al Padre, apenas cumplidos los quince años; libre cada vez que renové mi entrega; libre cuando hice la fidelidad; libre también cuando años después llegó el momento de crisis, y después de un proceso desgarrador, de mucha oración y conversaciones interminables, decidí salir y emprender una nueva vida con la ayuda de Dios. Una nueva vida condicionada por lo que viví, y enriquecida por ello. Una nueva vida que asume el pasado, agradece lo bueno, pide perdón por lo malo -lo causado por mí, y lo que haya sido causado por otros -y trata de no juzgar. Y desde que salí, no me ha faltado la comprensión, el apoyo, y la amistad de muchos numerarios que convivieron conmigo, a muchos de los cuales todavía trato en persona y por escrito.

Sé que mi experiencia no es la de todos: quizá sea porque viví la mayor parte de mis años en la Obra en un país en el que siempre se ha valorado la libertad personal. Desde los cargos que he tenido he visto a muchos salir, y creo que siempre nos esforzamos porque se hicieran las cosas bien por ellos. Cuando me llegó el turno a mí, aunque hubo momentos muy duros, gracias a Dios salí adelante. Mi familia, que en su relación con la Obra reúne toda la gama posible, me trató con gran delicadeza y cariño. Pude encontrar piso, ahorrar, aprender a lavar la ropa y a cocinar, y me casé con la primera novia que tuve, que me cayó como enviada del Cielo.

Pero aunque no sea la de todos, mi experiencia es tan real como la de los demás: por eso creo que se debería incluir entre "Tus Escritos", para que todos aquellos que todavía guardan cariño hacia la Obra y aprecio a los que siguen dentro puedan encontrar algo con qué identificarse. Espero que "Orejas" dé lugar a que se recoja un testimonio favorable, porque es sincero y sentido (os aseguro que lo he escrito por mi cuenta, y sigo sin pertenecer al Opus Dei); y no tengo inconveniente para que les deis mi dirección electrónica al que os la pida si quiere entablar una conversación privada conmigo.

Con cariño verdadero por todos los que compartisteis años en la Obra, deseándoos verdadera felicidad y paz, un fuerte abrazo,

José Carlos, 30.09.2003


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