4 observaciones a la Carta del Prelado del Opus Dei en enero

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Por Trinity, 25.01.2008


1. La Carta se propone estimular el espíritu apostólico de los fieles de la prelatura, aprovechando las ideas de la reciente Nota doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe acerca de algunos aspectos de la evangelización. Está muy bien recomendar la aplicación de esas ideas, pero no se puede confundir el buen deseo de hacer participar a otros de los propios bienes, con la imposición de las mismas formas a la hora de vivir el encuentro con Cristo: acercar a Cristo a los amigos no tiene que suponer acercarles a la Obra: unas veces, sí, y muchas otras, no.

2. Me parece patético que se atreva a escribir que «naturalmente, en esto como en todo, no sólo respetamos la intimidad y la libertad de los demás, sino que las defendemos; excluimos toda forma de violencia». Ya se ve que es notable la deformación moral que existe en este punto en los ambientes de la Obra, pues sabiendo los procedimientos que emplean, especialmente con los niños y jóvenes, no se entiende que el Prelado pueda alardear de vivir esos principios.

3. También me parece que es echarle cara afirmar que «cuando el Concilio Vaticano II se acercaba a su conclusión, nuestro Fundador nos impulsó a poner en práctica las grandes enseñanzas de esa magna Asamblea de la Iglesia». Esto jamás se hizo, porque el Fundador estuvo convencido de que en general la asamblea había sido un desastre. Y por eso, además de no poner empeño para que en los medios de formación de la Obra se estudiaran sus documentos, lo que se hizo fue limitarse a citarlo a beneficio de inventario, sosteniendo que lo único importante del concilio había sido el recordatorio de la llamada a la santidad de los bautizados.

4. Tampoco me parece que se pueda afirmar que el Fundador «nos instaba a mantener con todos —católicos y no católicos, cristianos y no cristianos— una perseverante conversación apostólica fundada en la verdad y en la caridad». Aunque aparezcan esas ideas en las cartas que le escribieron a mediados de los sesenta, en su gobierno siempre primaron los resultados, las campañas de los 500, que han marcado de manera deformadora los apostolados de la Obra.



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