28 años como administradora. De la sección femenina... liberanos domine!

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Por Amelia, 28 de diciembre de 2007


Quisiera hacer algunas precisiones que me parecen de justicia, a los escritos de Books, referidos a la administración ["Con mi bata, delantal y gorro", "Algunos hombres buenos"...], publicados últimamente.

No se si ella ha trabajado en administraciones. Yo he dedicado 28 años a ese trabajo, en diversos centros y en tres países, uno de ellos en sudámerica. Unas veces, la mayoría en centros de varones, otras, pocas, en centros de la sección femenina. Y puedo decir que tanto yo, como las auxiliares que trabajaban conmigo preferíamos mil veces hacerlo en los centros de varones, quizás por dos razones: una, porque no interferían en absoluto en nuestro trabajo. Como administradora, el trabajo lo planeaba yo, y lo ejecutaba con las auxiliares, sin intervención alguna de las personas que vivían en los centros. Si acaso, alguna vez había alguna observación que hacer, el director la trasmitía con tal delicadeza y siempre en condicional, que resultaba sencillísimo darle cause y encontrar una solución. La otra razón es que cualquier cosa que necesitáramos y se pidiera a la residencia era generalmente resuelta en el menor tiempo posible y casi siempre con exceso.

Puedo decir que nunca, en los 28 años que dediqué a esas labores, recibí de los varones, una petición fuera de lugar o que supusiese un recargo de trabajo para la administración y puedo decir también que en la medida que podían, nos aliviaban el trabajo mucho mas de lo que cabria esperar de las mujeres. Y nada de esto que he escrito hasta ahora tiene ni de lejos que ver con el síndrome de Estocolmo.

El problema de las auxiliares y de las administraciones en general, no proviene de la sección de varones. El problema tiene su origen en la concepción del Fundador y fundamentalmente en la mentalidad de las mujeres que gobiernan: recordemos que las auxiliares no tienen ni voz ni voto en ese gobierno.

La sección de varones no tiene absolutamente ninguna intervención en el régimen de las auxiliares, y añado que prácticamente ninguna en el régimen de la administración de sus propios centros. Si los residentes ven televisión mientras las auxiliares preparan exquisiteces en la cocina, no es porque ellos lo han decidido así y tampoco porque pudiendo evitarlo no lo hacen: los numerarios no pueden decidir que la administración no trabaje en sus centros los fines de semana, y si atrancaran las puertas para que la administración no ingrese, no pueden autorizarlas a que se vayan de paseo. Si algo así llegara a suceder, las directoras competentes estudiarían el modo de que las auxiliares se pongan a trabajar en algo, tantas o mas horas que las que emplearían a trabajar en el centro en cuestión.

Como cosa anecdótica, podría decir que en mas de una ocasión, el sacerdote del centro me sugirió cosas que podrían aliviar el trabajo de la administración, también en el tema de la cocina. Trasmitidas esas sugerencias a las directoras, fueron casi siempre tomadas como una intromisión intolerable y hasta donde se, fueron objeto de corrección a quién se atrevió a hacerlas.

Cuando decía antes que el trabajo de la administración era planeado por mi, decía solo eso, porque yo también estaba sujeta a una supervisión por parte de una directora de la comisión regional o de la delegación de la que dependía el centro en el que estuviere trabajando, quién a su vez debía dar cuenta de su trabajo y del mío a otra directora superior y así hasta llegar a la cúspide.

El trabajo en un centro de la sección de mujeres, no era en absoluto igual: las residentes numerarias, tuvieren o no que ver con la administración, siempre andaban por ahí, siempre opinaban con mayor o menor delicadeza, dependiendo del carácter y estado de ánimo de cada una: la administradora y las auxiliares, siempre estaban bajo la lupa de las residentes. Y si pedías algo que se necesitaba para facilitar el trabajo, casi siempre se podía prescindir de eso: solo había que poner mas espíritu de sacrificio y mas amor de Dios en lo que se hacia, aunque las auxiliares se dejaran los riñones, la columna vertebral y por supuesto la cabeza en el intento, eso no pasaba nunca con la sección de varones. Claro está que lo que se les pedía había sido aprobado antes por las directoras, que en ese caso solían no tener consideración alguna respecto a lo que se pedía, ni si el centro en cuestión estaba o no en posibilidad de darlo.

Sugerís en tu escrito, que los varones podrían pedir que les pongan un lavarropas en su zona, o que las auxiliares no vayan a trabajar al centro los fines de semana y otras cosas por el estilo. Bien, admito que lo podrían hacer; ahora bien, ¿alguien les va a hacer caso? ¿Están en las asesorías y delegaciones esperando que algo así suceda para que las auxiliares descansen? Puedo asegurarte que no, y si sucediere, las directoras tendrían entre manos el enorme problema de decidir qué trabajo asignarles a las auxiliares para que tengan su tiempo ocupado, porque de eso se trata, de que no tengan un minuto libre: No creo que exista ninguna directora, que esté pensando como hacer para que las auxiliares tengan el fin de semana para ellas, ni para que tengan mas tiempo para ver la televisión, o para ir a estudiar idiomas, ni para visitar un museo ni nada por el estilo. Una cosa por la que si se preocupan, es porque tengan mas máquinas para realizar el trabajo, siempre y cuando no las tengan que comprar y pagar ellas, pero eso en la práctica lo único que supone es una variación en el modo de realizar una tarea, porque el tiempo y el esfuerzo ahorrado, se emplea luego en mantener la máquina en perfecto estado de funcionamiento, reluciente por dentro y por fuera como si acabara de salir de fábrica y correlativamente en dedicar el tiempo ahorrado en hacer alguna otra cosa: el trabajo aumenta, no disminuye.

Me podrán decir que en todo caso el trabajo de las administraciones fue pensado por hombres para ser ejecutados por mujeres: fue pensado por Escribá y al comienzo, encomendado a su madre y a su hermana, bajo su directa supervisión, que fueron por así decirlo las primeras directoras de la administración: ellas se encargaban de manejar a las chicas que contrataban y ellas pasaron sus experiencias a Encarnación Ortega y a las primeras, quienes se encargaron de delinear, junto con el fundador, con mano férrea, como debían trabajar las auxiliares, cuando empezaron a llegar, siempre con la idea de que las auxiliares eran seres semi salvajes a los que había que domar, eso si con la idea de que eran hermanas pequeñas a las que había que mantener bajo una perpetua tutela, porque nunca llegarían a la mayoría de edad. Es una tristísima realidad, no que las auxiliares fueran nada de eso, sino el modo en que desde arriba perciben a las auxiliares.

Yo no tengo mas que agradecimiento para los varones por la delicadeza con que siempre nos trataron, en cambio agregaría a las letanías una invocación: De la sección femenina… ¡¡Liberanos Domine!!!



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