20 criterios católicos de discernimiento

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Este escrito se basa en una conferencia de Pete Vere en Atlanta, en el congreso anual de ICSA en octubre 2004.


Tras Vaticano II aparecieron numerosas nuevas comunidades en la Iglesia. Las hay construidas sobre buenas y sólidas bases, las hay que se han desviado del buen camino debido quizás a prácticas dudosas y a carencias doctrinales.

"Hemos rechazado proceder a escondidas, como si sintiéramos vergüenza; y no actuamos con astucia ni falseamos el mensaje de Dios. Al contrario, decimos solamente la verdad, y de esta manera nos recomendamos a la conciencia de todos delante de Dios." 2 Cor 4, 2

Señales de Alarma

Como especialista que soy en derecho canónico me preguntan en qué se basa la Iglesia para evaluar los nuevos grupos que proliferan en su seno. Aunque no sea exhaustiva la lista que sigue comprende suficientes puntos en los que fijarse para examinar una nueva comunidad...

El padre Francis G. Morrisey, es conocido por los estudiantes de derecho Canónico. Como oblato de María Inmaculada, tiene una gran experiencia de vida en comunidad. Profesor de derecho canónico en la Universidad de St Paul y ex asesor de la Congregación Vaticana para la vida religiosa. Tiene por tanto experiencia en la inspección y evaluación de comunidades y órdenes religiosas eclesiales.

Hace unos años Morrisey estableció una lista de 15 criterios a los que añado 5. Aunque no tengan fuerza de ley, la mayoría de los canonistas reconocen su seriedad y son para ellos punto de referencia cuando han de visitar nuevas comunidades. Hay un artículo del padre Morrisey en Informationes « Asociaciones de derecho canónico… » vol.26 (2000) pp 88-109.

Estos son los criterios y mis explicaciones

Las 15 señales de alarma del padre Morrisey


1. Obediencia « total » al Papa

Puede resultar sorprendente. Como católicos ¿no es obligatorio obedecer al Santo Padre ? En efecto lo somos. Y cuando una nueva comunidad manifiesta sincero deseo de obedecer al Santo Padre la mayoría de los canonistas se alegra de esa línea de conducta del grupo.

No obstante, ciertas comunidades utilizan de modo abusivo ese sentimiento de catolicidad. Dichos grupos que se dicen "incondicionalmente obedientes al santo Padre" escogen las enseñanzas que les convienen, no la integridad de sus enseñanzas. Además cuando se les pregunta por algún punto en el que disienten se refieren a su total lealtad al Papa para eludir la autoridad de los obispos diocesanos.

De aquí el segundo criterio.


2. Rechazo a su incorporación en el tejido de la Iglesia local

Como católicos pertenecemos a la Iglesia universal. Es decir a una parroquia y diócesis. El santo Padre también. Es obispo de Roma y pertenece a la diócesis de Roma local. Por ello el ministerio y apostolados de toda comunidad debe centrarse en la iglesia local. Si una nueva comunidad no quiere incorporarse a la diócesis es muestra de que hay evidentemente un problema.


3. Falta de cooperación real con las autoridades diocesanas

Para pertenecer a la Iglesia local una comunidad ha de cooperar con las autoridades diocesanas. Cristo instituyó su Iglesia con una jerarquía y en ésta puso la misión del obispo para ocuparse de la porción de los fieles. Por tanto el obispo y no un grupo religioso o una asociación es quien tiene el encargo de las almas en una circunscripción geográfica determinada y quien es último responsable de ellas. Si una comunidad es reticente a colaborar con las autoridades diocesanas su fidelidad es cuestionable.


4. Recurso a mentiras y engaños para obtener la aprobación

Como católicos hemos de decir la verdad. Nuestro Señor acusó a Satán de ser "padre de la mentira". Toda nueva comunidad debería de ser transparente ante las autoridades de la Iglesia, sus propios miembros y el mundo exterior. Es más que una simple cuestión de honradez: una comunidad que necesita mentir para obtener aprobaciones disimula problemas peores.

La Iglesia tiene experiencia de que todas las comunidades recientes cuando se lanzan al apostolado cometen errores. Sin embargo cuando una comunidad es honrada esos problemas son fácilmente identificables y rápidamente corregidos. Lo que tiene como consecuencia que dicha comunidad gana aprecio dentro de la Iglesia.


5. Demasiada precipitación para poner los bienes en común

Aunque la Iglesia tenga una larga historia de comunidades en las que los miembros deciden poner todo en común, una larga etapa de discernimiento sigue siendo imprescindible antes de tomar una decisión de ese tipo. No todos están hechos para ello y las consecuencias pueden afectar la vida entera. Además las personas encargadas de administrar los bienes comunes se ven sometidas a graves tentaciones. Por ello los canonistas desaprueban la insistencia con la que ciertas comunidades empujan a sus nuevos miembros a poner sus bienes en común.

Dada la poca estabilidad que ofrece la vida moderna y la alta probabilidad de que los miembros abandonen tras unos pocos años, la solución más prudente es que las personas pongan su dinero en fondo fiduciario hasta su fallecimiento. Si deciden marchar podrán recuperar sus bienes para subvenir a sus necesidades una vez fuera de la comunidad.


6. Reivindicación de « revelaciones especiales » o de « mensajes privados » en los orígenes de la fundación del grupo

Aunque sea una señal de alarma no ha de absolutizarse. La Iglesia reconoce algunas apariciones y revelaciones privadas habidas a lo largo de su historia. Sin embargo todas las apariciones no están confirmadas, por ello la Iglesia ha de investigar minuciosamente los mensajes privados sobre todo cuando sirven de catalizadores para la fundación de nuevas comunidades. Si una asociación se niega a dar a conocer a la Iglesia las revelaciones particulares es ya cuestionable tanto la autenticidad del carisma como la aparición.


7. Estatuto especial del/a fundador/a

Está claro que un founder tiene un papel fundamental en la asociación. Sin embargo en lo que refiere el resto de aspectos es uno más, al mismo título que los demás. Es decir ha de respetar las tradiciones, disciplina, constituciones como el resto de los miembros de la comunidad. Si el fundador o fundadora exige platos especiales, condiciones especiales de habitaciones, dispensa de reglas impuestas a los demás o cualquier otro trato específico, es una señal de alarma muy clara. Y es todavía más alarmante cuando pretende exención de ciertas exigencias de la moral cristiana en razón de su estatuto de fundador. (ver el punto 15).


8. Penitencias especiales y severas

Como enseña Santo Tomás de Aquino, la virtud está en medio de los extremos. Por tanto las penitencias impuestas a los miembros de una comunidad han de ser a la vez moderadas y razonables. Las penitencias severas y especiales no siempre son signo de virtud sino una forma de extremismo.


9. Multiplicidad de devociones sin unión doctrinal entre las mismas

El objetivo de los sacramentales y de todas las demás formas de devoción es acercarnos a Cristo y a sus sacramentos, por eso no son supersticiones.

Una comunidad nueva debería asegurarse de que todas las devociones particulares sirven para que sus miembros se unan a Cristo, a los sacramentos y a la misión propia de la institución. Por ejemplo rezar tres Avemarías ante una talla de san José cuando el santo Sacramento está expuesto no es un signo de esta unidad. La adoración eucarística, la devoción a María, la devoción a San José son buenas en sí mismas. Pero ya se recen todos juntos o individualmente debería hacerse como diferentes formas de devoción a la sagrada Familia y no todas a la vez.


10. Promoción de elementos marginales en la vida de la Iglesia

Como dijimos antes cada asociación de la Iglesia tiene como vocación servir a los fieles. Por eso los canonistas sospechan de las comunidades que se dedican exclusivamente a asuntos marginales, ya sea apariciones especiales, compromisos sociales o políticos extremos, revelaciones privadas, etc...

No se puede negar que ciertos acontecimientos extraordinarios permitieron reunir las condiciones necesarias para el nacimiento de una nueva comunidad, San Francisco de Asís fundó la orden franciscana una vez que oyó al Señor decir: "reconstruye mi Iglesia". Sin embargo Francisco no fundó para promocionar sus locuciones interiores. Más bien fue al contrario, las locuciones le inspiraron la fundación en servicio de la Iglesia.


11. Votos particulares

En la Iglesia hay 3 votos tradicionales: pobreza, castidad, obediencia. Votos suplementarios provocan variados problemas. En ocasiones son un medio para los superiores de obtener mayor control sobre los miembros de la comunidad. Particularmente peligroso es que dicho votos no sean controlables desde fuera. Por ejemplo "la alegría", es muy fácil detectar cuando una persona no cumple uno de los 3 votos tradicionales, pero determinar que alguien no vive la alegría es mucho más subjetivo.


12. Cultura del secreto impuesta a los miembros

Cierta discreción y respeto de la intimidad son necesarias en todas las asociaciones eclesiales, pero el secreto no puede jamás ser un absoluto, salvo el caso particular del secreto de confesión. Por eso todo grupo religioso que impone el secreto debe ser mirado con la mayor circunspección. Los miembros han de ser libres para dirigirse a los responsables de la diócesis y a la Sta. Sede si algunos problemas internos de la comunidad no se tratan de forma apropiada. Y dado que esas asociaciones tienen como vocación servir a la Iglesia, todos sus miembros han de tener la posibilidad de conversar libre y abiertamente con los miembros de la jerarquía cada vez que lo vean necesario.


13. Control de la elección de confesor y director espiritual

La confesión y la dirección espiritual conciernen el fuero interno, es decir todo lo que pertenece al ámbito privado de la conciencia de una persona. Una persona dentro de unos límites razonables tiene que tener libertad para escoger confesor y director espiritual. Por otra parte la obediencia a los superiores, sobre todo en el ministerio o apostolado tiene que ver con el fuero externo. Es decir se trata de acciones públicas verificables.

Los roles del confesor y el director espiritual jamás han de confundirse con el de superior. Nunca debería haber el mínimo rasgo de confusión. Los canonistas se preocupan sobre todo cuando hay superiores que se imponen como confesor o como director espiritual de los miembros de su congregación.

Esos superiores habrán de pronunciarse sobre el futuro de la persona y al hacerlo se verán en la tentación de hacer uso de las informaciones obtenidas en confesión.


14. Graves críticas a una comunidad

Tampoco se debe absolutizar, a veces hay buenas razones que las justifican. Aunque hay que examinarlas a fondo, no vaya a ser un "conflicto de personalidades".


15. Desórdenes en el plano sexual

Señal de alarma que habla por sí sola. La enseñanza de la Iglesia no puede ser más clara al respecto. Si hay comportamiento sexual desviado en la raíz de una comunidad, habrá de huirse de ella como de la peste. Quien de ellas sea testigo habrá de informar enseguida a las autoridades competentes.

Añadimos 5 señales procedentes de ICSA (International Cultic Studies Association)

Michael Langone propone una lista de 13 criterios para evaluar sectarismos. Michael Langone, doctor en psicología es director de ICSA. Lleva 30 años estudiando y escribiendo sobre sectas además de publicar Cultic Studies Journal. Los 5 criterios suplementarios proceden de él y se han adaptado al contexto de las comunidades católicas.


16. Esfuerzo desproporcionado del grupo para captar nuevos miembros

Toda comunidad quiere aumentar efectivos. Sin embargo el crecimiento tiene que proceder de la posibilidad ofrecida a los miembros de identificarse con la misión o el apostolado de la comunidad. Además los nuevos reclutas han de pasar un largo tiempo de discernimiento. Por ello toda asociación cuyo objetivo principal es reclutar en detrimento del apostolado debe ser cuidadosamente observada y examinada.


17. El grupo está obsesionado por la colecta de fondos

En principio no hay mal en ello. Cristo y los apóstoles necesitaron dinero. Pero el dinero no ha de ser más que un medio para desempeñar un ministerio o un trabajo apostólico. La búsqueda de fondos no puede ser un fin en si. Por lo demás los medios usados para obtener fondos han de ser honrados y transparentes.


18. Elitismo

La Iglesia reconoce la igualdad de todos los fieles en virtud del bautismo, sean laicos, religiosos o curas. Además reconoce distintos carismas en las congregaciones religiosas y formas de vida consagrada. Algunos son activos, se dedican al ministerio y al apostolado. Otros son contemplativos, su vida está orientada a la oración y la contemplación. Hay matices entre ambos. Por eso una comunidad que discierne las vocaciones por propia cuenta no piensa según el espíritu de la Iglesia. Y todavía peor las vocaciones de mentalidad polarizada que oponen su vocación propia a todas las demás formas de vocación en la Iglesia.


19. Culpabilización para controlar a los miembros

Una vocación en la Iglesia debe decidirse en libertad. La obediencia tiene que ser inspirada por el superior en aquellos sobre los que tiene responsabilidad. Incluso si un superior puede imponer su voluntad a un miembro en particular, la obediencia nunca debe imponerse por medios ilícitos o abusivos. Si un superior se impone siempre por la coerción, hay un problema de salud a largo plazo en esa comunidad religiosa.


20. El grupo separa a los miembros del mundo exterior

En este punto es necesaria la prudencia. Hay una larga tradición de comunidades contemplativas enclaustradas. Pero esas comunidades se comunican con gentes de fuera, amigos y familias. Por eso es preocupante ver asociaciones de laicos que animan a cortar lazos con amigos, familia, mundo exterior. Hay que ser y estar vigilantes con aquellos grupos que animan a no relacionarse más que con personas de la comunidad. Y también merece atención que ciertas asociaciones animan a las amistades con gentes de fuera siempre que sea para promover los objetivos personales del grupo.


Conclusión

Toda nueva asociación en el seno de la Iglesia posee su carisma propio y único. Pero el objetivo de toda nueva asociación tiene que responder a las necesidades particulares dentro de la Iglesia. Una asociación es peligrosa si subordina el bien común de la Iglesia (local y universal) a sus intereses propios o a los de su fundador.

Si varios de estos síntomas están presentes en una comunidad, los católicos han de tener cuidado antes de implicarse en el grupo en cuestión. Dicha asociación es susceptible de tener dificultades con las autoridades legítimas de la Iglesia y degenerar en verdadera secta: es decir, convertirse en grupo destructor que destruye psicológicamente y pone en peligro a sus propios miembros.